EL MOVIMIENTO SOCIAL MAGISTERIAL.

13 sep 2006

EL MOVIMIENTO SOCIAL MAGISTERIAL.

Por: Ángel Pereyra.

Con particular dedicatoria a Manuel Espino Barrientos.
Dirigente nacional del PAN.


El primero de mayo de este año, los representantes sindicales del magisterio oaxaqueño, entregaron en mano al ejecutivo del estado su pliego de peticiones. Con este acto, cumplían el ritual anual creado por la figura de patrón sustituto subsumido en la firma del Acuerdo Nacional para la Modernización de la Educación Básica en 1992. Se abría otra etapa de negociaciones entre el patrón sustituto y la representación sindical de los profesores oaxaqueños. Tal negociación, impuesta por el Acuerdo, había de inicio desbordado las atribuciones del patrón sustituto, dando origen a concesiones salariales extra presupuestales que arrojarán un déficit sustantivo para el sector educativo, puesto que se comprometían recursos federales no autorizados. Era el costo de la paz social, dirían algunos gobernantes años atrás. Bajo el mismo argumento, se negoció sistemáticamente la ley, cancelando o reservando buen número de órdenes de aprehensión giradas ante supuestos delitos de carácter federal.

En esta ocasión, la negociación se veía favorable al patrón sustituto y a su política de línea dura hasta ese momento desarrollada. La organización magisterial había tratado de ser debilitada apostando a la creación y sostenimiento estatal de una sección paralela rociada de denuncias de corrupción de algunos líderes. Los profesores esperaron pacientemente respuesta, finalmente, el 22 de mayo, decidieron como lo han hecho anualmente, instalarse en plantón representativo en el centro histórico de Oaxaca. Es probable que el primer berrinche lo hicieran las señoras Secretarias de Cultura, y Turismo del gobierno estatal, quienes habían declarado, que gracias a las obras de remozamiento del centro histórico, cobrarían al turismo hasta por respirar. La obra inconclusa aún, formaba parte de un amplio programa de modificación de la imagen integral de la capital oaxaqueña; ponerla al día con las exigencias de los capitales, reservando, por supuesto, el derecho de admisión. Entre otras cosas, se trataba de un programa con una visión absolutamente limitada a la obra constructiva, sin reparar en los principios básicos de restauración. Cambiar lo viejo por lo nuevo, no significa respetar el ambiente urbano. Con ello se pretendió recuperar un bastión social perdido por los agravios del sexenio anterior. Esta intervención habría de encontrar no solo la oposición abierta, sino la repulsa de algunos sectores de la población capitalina, y la respuesta chovinista y pueblerina de los corifeos habilitados por el secretario de gobierno. Sólo para citar un ejemplo, en un foro de discusión de especialistas en urbanismo, habrían de aparecer porros universitarios e intelectuales orgánicos, para “discutir” con los ponentes.

La respuesta del gobernador oaxaqueño al punto central del pliego de demandas magisteriales sería tajante: imposible. La rezonificación salarial, un asunto que el propio gobierno del presidente Zedillo había iniciado años atrás, concretado solamente en el estado de Chiapas, se convertía a partir de esta respuesta, en un obstáculo aparentemente insalvable. Para este rubro, el gobierno estatal propuso una aportación de 60 millones de pesos, cuando el año anterior habían destinado poco más del doble de esta cantidad. La representación de los profesores rechazó la respuesta, dando inicio a una serie de acciones de resistencia. Nada nuevo bajo el sol. El gobierno del estado por su parte, rompió las negociaciones bajo el argumento de no poder hipotecar el futuro de Oaxaca, e inició una campaña mediática en contra de los profesores (Ocultando los 700 millones de bonos petroleros). La campaña sería secundada abiertamente por la iniciativa privada y sus organismos empresariales. El paraíso oaxaqueño creado en la cabeza del gobernador, compartido y aplaudido por miembros de su gabinete: urolandia, se empezaba a esfumar antes de concretarse en la realidad real. Su brazo ejecutor sería un presidente municipal con agudo síndrome constructivo, pero inútil en la administración y atención de las demandas populares.

La política de mano dura impuesta desde el momento de la toma del poder por el gobernante y su equipo de colaboradores, parecía tener éxito y hasta cierta aceptación de la sociedad. Las medidas represivas impuestas a las organizaciones sociales con la intención de impedir las manifestaciones en Oaxaca, parecían hasta ese momento funcionar de acuerdo al libreto, pero cuando los profesores salieron a la calle, se acabó la clara y entrañable transparencia. Durante la etapa previa, serían asesinados, detenidos u obligados a exiliarse algunos luchadores sociales. En todo ello se percibía la mano del secretario de gobierno, pero nadie levantó la voz. La respuesta del magisterio seguía siendo la de todos los años, bloqueos, tomas de oficinas, plantón, pronto se resolvería el asunto, se supuso. Las medidas del gobierno estatal también sin imaginación, trataron de dividir para vencer, maicear para debilitar, coptar para apropiarse.

En estas condiciones se llega al 14 de junio, la fecha de inflexión de este conflicto. Violando las leyes y los derechos fundamentales, en la madrugada de ese día, el gobierno oaxaqueño tomó la determinación de acabar totalmente con el conflicto. La solución final. Se toma la decisión de aprehender a toda la dirigencia magisterial. Primero los buscan en el Hotel del Magisterio, sede de la Asamblea Estatal, no los encuentran, pero aprehenden al encargado y a otra persona. Ante estos resultados, los cuerpos policíacos se trasladan a la sede de la Sección 22, prácticamente en el corazón del plantón, en donde tampoco logran su objetivo, pero en el tránsito, destruyen la estación de radio conocido como Radio Plantón y siembran armas de uso exclusivo del ejército con el objeto de legitimar sus acciones. Ante su fracaso, optan por desalojar a los profesores en plantón. Tomados casi por sorpresa, los profesores se repliegan e inician una lucha con piedras y palos, contra policías equipados, armados y un helicóptero que lanzaba granadas de gas pimienta y aturdidoras. Después de cinco horas de lucha, los profesores apoyados por el pueblo, echan a correr a los policías, quienes abandonaron en su desordenada huida, parte de su equipo de defensa, escudos cascos, chalecos antibala. Un contingente policial arrinconado sobre la fachada del palacio de gobierno, disparará sus armas como último recurso, pero emprenderán desordenada huida.

El gobernado declararía al día siguiente que no había habido enfrentamiento, que estaba notariado que la policía había irrumpido desarmada, tenía la razón, el día anterior, los profesores habían bailado un minuet con los policías, pues en urolandia, nunca pasa nada. Se trataba, de un reality show parte del programa de la guelaguetza. Durante el enfrentamiento, al menos, habitantes del centro histórico se solidarizaron con los agredidos. Abrieron sus puertas para refugiar, dieron agua, cocas, trapos y vinagre, a los profesores, no faltaría quien creyera que se trataba del demonio y haciéndoles la cruz a los agresores, trataría de detenerlos.

A partir de este hecho, el denominado movimiento magisterial se encontró en el camino con una sociedad agraviada tras un sexenio rico en anécdotas; la quema de puestos de periódico por vender el diario Noticias, finalmente tomado por porros; el autoatentado de la parabrisas que movió a la pena. Sociedad agraviada en la elección de gobernador, pero ahora, solidaria, que finalmente cuajó en la organización de la Asamblea Popular del Pueblo Oaxaqueño, una organización de organizaciones. En las nuevas circunstancias, el magisterio sacrificó sus demandas gremiales por una sola, la salida del gobernador, quien a partir de ese momento sería desconocido como tal, consecuentemente como interlocutor, pues el pliego de demandas había desaparecido ante los acontecimientos. Ante el incremento de la fuerza social, el gobierno continuó maniobrando en su objetivo de dividir y debilitar la organización magisterial. Los profesores realizarán finalmente una mega marcha, replicada por una marcha de acarreados por la estructura gubernamental. El gobierno estatal había apostado a la polarización social, no al diálogo. Había olvidado que entre los oaxaqueños, los rencores son profundos, y tardan en sanar. La política de represión no había funcionado, ahora surgía la de confrontación social, con lo que pretendía salvar el propio pellejo. Una tesis similar al macarthismo, pero más emparentada con la de Bush en Irak.

En este clima de franco deterioro de la imagen gubernamental, los maestros oaxaqueños determinan el boicot a las elecciones, bajo la consigna de: ni un voto al PRI, ni un voto al PAN. El boicot a las elecciones federales habrá de resultar más que exitoso, una compleja interacción de factores, encontrará coincidencia con el planteamiento magisterial y se expresará en la respuesta del pueblo oaxaqueño. El partido revolucionario institucional perderá por primera ocasión en el estado de Oaxaca, nueve de once diputaciones federales y las dos senadurías. Oaxaca había dejado de ser la reserva del voto priísta. La intervención de la Secretaría de Gobernación para solucionar el conflicto fracasa ante su intento de establecer una mesa de negociaciones con presencia de funcionarios del gobierno estatal. En la primera oportunidad los dirigentes magisteriales habrán de bajar del caballo al tal Ulises. Como una medida para recuperar la capacidad de interlocución, el gobierno estatal remueve algunos funcionarios, y nombra a priístas distinguidos de distinta corriente a la del propio gobernante. Dos de los nombrados serán puestos a prueba, pero con diferente canal de interlocución con quien los nombra.

La Asamblea Estatal del Magisterio comunica un nuevo boicot, ahora a lo que las autoridades e intelectuales orgánicos del ancient régimen denominan desvergonzadamente, la fiesta máxima de los oaxaqueños: la guelaguetza. Nuevo triunfo para el magisterio. Nueva derrota para el gobierno estatal y los empresarios aliados. Se les cayó el teatrito. Los profesores incorporarán a la tradición de los Lunes del Cerro un renovado carácter popular. En tanto, los exquisitos miembros del comité de autenticidad e intelectuales orgánicos, se rasgarán las vestiduras en los medios oaxaqueños. Para entonces, la tradición oficializada había ya muerto. Una sola voz inteligente se escucharía en torno a este asunto, la de Luz María González Esperón.

Así las cosas, los miembros de la Sección 22 organizan la Guelaguetza Popular, abriendo las posibilidades de recuperar una fiesta estrictamente del pueblo. Durante este proceso, los actos de provocación y vandalismo han sido perpetrados por agentes o simpatizadores del gobierno estatal. La radio popular, adquiere la mayor importancia y ésta radica ahora en una emisora; Radio Universidad, tomado por los estudiantes universitarios y mantenida gracias al apoyo del movimiento social. El atentado a balazos a Radio Universidad, marcó a sus autores intelectuales, quienes nunca esperaron la respuesta popular. El pueblo respondió casi de inmediato en defensa del medio. Fruto de este acontecimiento, días después, será tomado por un rato, el cuartel de policía municipal.

Los últimos acontecimientos prefiguran una capital del estado tomada prácticamente por el movimiento social. En el interior de la entidad, algunos municipios en manos de militantes del partido revolucionario institucional han sido tomados por los pueblos. En tanto, algunos miembros de la iniciativa privada comienzan a dar un golpe de timón. El primero de agosto en un acto sin precedentes, las mujeres oaxaqueñas marcharán por las calles de la ciudad. Por la tarde, en un acto histórico, tomarán las instalaciones de canal 9 y las radiodifusoras estatales instaladas en un mismo edificio. Sin embargo, el gobierno estatal inicia una nueva política, la guerra de baja intensidad, que en momentos ha llegado al disparo de armas de fuego en contra de los contingentes de la Asamblea Popular, contra los voceadores y daño a las instalaciones de Radio Universidad.

Nada de lo anterior consigue desmovilizar al magisterio y al pueblo, ante ello, el endurecimiento de la represión, secuestro y detención de líderes magisteriales fabricándoles delitos, nuevo atentado contra el periódico “Noticias”, disparos contra manifestantes, asesinatos a mansalva en la mixteca y en la ciudad de Oaxaca.

Los medios y los políticos locales y de fuera ante el conflicto oaxaqueño, en la generalidad han mostrado una visión interesada en defender al desprestigiado régimen priísta de Ulises Ruiz, o en el mejor de los casos, una ignorancia supina. Sucesivamente han atribuido el movimiento oaxaqueño a Elba Esther Gordillo, AMLO, el PRD, el EPR. No atinan ni en sus explicaciones ni en sus pronósticos. Ignoran o se hacen ignorantes de la historia de una organización sindical que en 26 años se ha enfrentado a enemigos muy superiores a los enanos actuales.

Habrá que hacerles conocer que el movimiento democrático magisterial oaxaqueño nació, creció y se fortaleció, teniendo como adversarios y enemigos a la estructura nacional charra del propio sindicato “vanguardia revolucionaria”; al gobierno federal en sucesivas administraciones, de López Portillo a Salinas de Gortari; a la aplanadora priísta con la fuerza y el poder de sus mejores años; a los sucesivos gobiernos estatales, desde Vásquez Colmenares hasta el usurpador actual; a los quinta columna creados y alentados por el estado al interior de la propia organización, del Comité Estatal vanguardista de los años 80, al Consejo Central de Lucha de hoy día.
Lo sucedido no ha sido más que los golpes de la forja, la fortaleza del movimiento nace y se renueva permanentemente a partir de las características propias del magisterio oaxaqueño y su herencia histórica, magisterio que no admite ni tutores ni caudillos. Magisterio que es fiel a sus principios rectores.

De ahí que todo aquel que pretenda hacer una lectura del movimiento deberá partir de estos hechos; de paso, es de hacerse notar que la estrategia implementada por la camarilla de Ulises Ruiz consistente en el “descabezamiento” del movimiento, tendrá como consecuencia la aprehensión de dirigentes, uno tras de otro, el dolor y sacrificio de sus familias; pero jamás la destrucción del movimiento, por cada caído habrá diez reemplazos, literalmente, que les quede claro.

De ahí que las interpretaciones de “expertos politólogos” de los medios nacionales (columnistas, comentaristas o merolicos) mueven a risa en la mayoría de los casos e indignación ante las patrañas y calumnias.

De ahí que las declaraciones y hechos de los dirigentes nacionales y estatales de los partidos políticos definen posiciones y les ubican históricamente. No ignoren y no tengan duda, Oaxaca y sus maestros no olvidarán la solidaridad de unos y las afrentas de otros, los maestros, en el aula habrán de relatar y preservar la historia ante las nuevas generaciones y estas pondrán a cada quien en el lugar que le corresponda.