Las deshoras del PRI

25 oct 2006

Tomado del periódico "La Jornada"


Los priístas tradicionales, aquellos formados en las luchas burocráticas, en los pasillos del poder autoritario, en el tráfago de los intercambios de favores y hasta en las complicidades de gran calado, no se atreven a ensanchar su enfoque en el tiempo para otear lo que aguarda un poco más allá de la alianza con el PAN y el gobierno de Felipe Calderón. Les resultaría sumamente molesto para la suavidad, para la audacia con la que piensan mangonear a sus contrapartes en el legislativo y desde las gubernaturas. Si mucho, les asignan el idiota papel de las comparsas, de los viajantes sin destino que llevan atado un precio de escasa monta.
Para los priístas, situados entre partes casi irreconciliables a la izquierda y derecha de sus cercanos y personales intereses, la cosecha por ahora será abundante, piensan sin duda alguna. Así lo esparcen a diestra y siniestra los gobernadores de ese gran partido o lo que aún queda de él, que es bastante más de lo que aparece a primera vista. Así lo dan a conocer sin el menor de los rubores o con la menor atención hacia los costos que ello va acumulando en la exhausta, pero dura mirada de los electores.
La participación de los mandones priístas en el caso Oaxaca es por demás ilustrativo. Se rehúsan a sacarle al presidente Fox el buey de la barranca, sin darse cuenta que es su mismo mamífero el que ocasionó, en parte sustantiva al menos, todo el desaguisado. Defender el espacio de poder que implica una gubernatura se ha confundido con la permanencia de Ulises Ruiz, un auténtico emblema del pasado que engrosa sus filas. Los priístas se niegan a entender lo que sucede en tierras oaxaqueñas porque no quieren intranquilizar sus ya muy alteradas conciencias. Esperan que la represión, de llevarse a cabo, no los alcance, que las culpas recaigan sobre alguien más. Que la sangre, que obligadamente correrá, no tiña los ojos y la memoria de los votantes de ese convulsionado estado y, por ineludible extensión, de todos los demás mexicanos. Para ganar el tiempo necesario y evitar nuevas elecciones se aferran al acuerdo básico de gobernabilidad con el PAN. El día primero del sexenio y las reformas estructurales son su arma de combate, su escudo indestructible frente a los timoratos panistas y al débil gobierno entrante de Calderón