OAXACA SE CURA DE ESPANTO
7 jul 2008
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Oaxaca se está curando de espanto: una larga lucha por la dignidad.
Silvia Gabriela Hernández, Kiado Cruz, Rubén Valencia
Rebelión
“ Este no es un movimiento de líderes sino de bases”
La APPO nunca ha sido una organización sino el nombre de un movimiento. La crisis actual no representa una ruptura, que se da en esta coyuntura, entre los actores o grupos dentro de la APPO sino más bien un rasgo de la esencia de este movimiento. Es el resultado natural de un proceso en el cual algunos de sus actores han querido definir a este movimiento como si fuera una organización o un partido político; pretendiendo apropiarse de él y montarse en su representación. La lucha de la APPO no ha sido solamente en contra del gobierno de Ulises Ruiz sino en contra de todos los autoritarismos, presentes aún en los pueblos, las colonias y las organizaciones sociales. Esta lucha en contra del autoritarismo se extiende a muchos ámbitos, incluída la misma sección 22 donde, por mencionar un ejemplo, en su momento los maestros se deshicieron del liderazgo de Rueda Pacheco.
Para entender lo que está sucediendo en Oaxaca debemos remontarnos a su pasado inmediato. En principio, cabe recordar que somos el Estado con mayor diversidad cultural del país y con mayor población indígena; de 570 municipios, 418 se rigen por sistemas normativos internos (asambleas). A través de la lucha por la autonomía indígena se ha logrado el reconocimiento parcial de sus sistemas de gobierno; sin embargo, se sigue luchando por el pleno derecho a autogobernarse. Además, Oaxaca es un Estado que históricamente ha generado diversos movimientos sociales. Ya en el pasado se destituyó a tres gobernadores, el último a finales de los setenta.
Cuando concluía el sexenio de José Murat, el “gobernador” anterior a Ulises Ruíz, había una política de “dinero o plomo”, o sea, o te compraba o te reprimía. Incluso antes de éste, en el sexenio de Diódoro Carrasco también se imprimió un sello “duro”. Aún así, muchos pueblos, organizaciones y regiones enteras estaban dando la pelea por ejercer el derecho a autogobernarse. Como los casos de Loxichas, Unión Hidalgo, San Blas Atempa, Xanica y Benito Juárez en los Chimalapas, por mencionar algunos. Las organizaciones sociales, por su parte, también habían sufrido una política represora de los gobiernos estatales; hubo una fase de desmovilización y desarticulación de los movimientos y sectores en lucha. En este escenario se da en Oaxaca, por primera vez, la presencia de un candidato de “centro izquierda” que había sido funcionario del gobierno estatal, y que compitió por la gubernatura contra Ulises Ruiz.
En evidente fraude, y en medio del descontento de la población, llega al poder Ulises Ruiz con la consigna “ni marchas, ni bloqueos ni plantones” y, de manera autoritaria, cambia la sede de los poderes de gobierno (que ya se estaba preparado desde antes), lleva la sede del ejecutivo a un pueblo que está a media hora de la ciudad capital; también sacaron de la capital la sede del poder legislativo y actualmente, se continúa esta política, con la construcción de la ciudad judicial en el municipio de Reyes Mantecón. Así es como se da el banderazo para convertir a Oaxaca en una ciudad al servicio del turismo, una especie de Disneylandia colonial, siguiendo el plan con una serie de remodelaciones para reconfigurar el paisaje urbano: la más visible es la remodelación de Zócalo donde con exceso de dinero y autoritarismo se cortan árboles y levantan pisos centenarios de cantera para crear un espacio más afín a los “extravagantes” gustos de la clase gobernante. Además, se lleva a cabo un robo millonario al patrimonio cultural y al presupuesto. El gobierno consintió la ampliación de las instalaciones de la terminal de autobuses hacia los terrenos del barrio de Jalatlaco, uno de los más antiguos de la ciudad, generando con esto una gran inconformidad que originó la formación de un consejo ciudadano en este barrio.
Por otro lado, el gobierno de Ulises Ruíz emprendió una campaña de hostigamiento en contra del periódico Noticias, que incluyó la usurpación de sus bodegas e instalaciones; esto como venganza porque su director apoyó la campaña de su opositor “más cercano” en las elecciones a gobernador, quien según el imaginario de la gente había ganado la elección.
En todo este contexto la Sección 22, que aglutina al magisterio oaxaqueño, empezó el 15 de mayo, como cada año, un paro de labores en exigencia de una serie de demandas, entre las cuales se encuentra el aumento salarial por la vía de la rezonificación por vida cara (que el salario refleje el costo de vida en Oaxaca). Cabe aclarar que estas movilizaciones del magisterio no contaban con todo el respaldo de la gente, por distintas razones. Aún así y por todo lo anterior, cuando el 14 de junio la policía del Estado entra al Zócalo de la Ciudad a desalojar a los maestros y los reprime brutalmente provoca espontáneamente una solidaridad como no se había visto antes hacia el movimiento magisterial.
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