LA MAFIA EN EDUCACION

15 feb 2007

Educación, la tragedia nacionalPorfirio Muñoz Ledo15 de febrero de 2007


Bajo el título "Un sexenio de oportunidad educativa", el Banco Interamericano de Desarrollo acaba de dar a conocer una "nota de política sectorial" que es, en realidad, un balance escueto y descarnado sobre el lamentable rezago de la educación mexicana, sus causas y las principales tareas que deberían acometerse. El estudio parte de análisis cuantitativos realizados por otras agencias, en particular la OCDE, que dan cuenta del despeñadero en que se precipita la competitividad del país.
En este documento de política se describen sumariamente los principales retos a los que se enfrenta nuestro sistema educativo en cuanto a la cobertura, calidad y eficiencia de sus distintos niveles y se enumeran algunas de las reformas impostergables para que México de un salto adelante en el escenario global. En este campo se juega, como en ningún otro, la viabilidad de nuestra democracia, la construcción de ciudadanía, la cohesión y la equidad sociales, la productividad de la economía y los términos de nuestra inserción en el mundo.
Algunos datos son aterradores: a pesar de que - con veinte años de retraso- se estableció en 1993 la obligatoriedad de la escuela secundaria, el ¡58%¡ de los jóvenes entre 12 y 14 años no ha aprobado ningún grado posterior a la primaria; incumplimiento del mandato constitucional en más de la mitad de los educandos potenciales. Sólo un 34.5% de la población en edad de recibirla se inscribe en el primer grado de la media superior y únicamente un 18.8% lo hace en el tercero. Cuando los países más avanzados de América Latina se acercan ya a la atención universal en ese nivel.
El retroceso en la cobertura va acompañado de un deterioro creciente en la calidad de la enseñanza, ambos superiores a los de cualquier otro país de desarrollo semejante. Se ha iniciado una espiral involutiva que conduce hacia el cuarto mundo a la mayoría de la población, mientras una minoría se incorpora a los circuitos productivos modernos por vía de la imitación o de la migración. El sistema educativo es así el espejo de nuestra abismal desigualdad, la causa eficiente de nuestra incompetencia económica y el pantano donde naufragan los atributos de nuestra soberanía.
La redención de esta tragedia nacional se torna cada vez más difícil. La posposición de las reformas durante tres decenios exige remedios cada vez más drásticos, cuando el debilitamiento del Estado disminuye la capacidad para tomarlos. Tal vez se ha hecho realidad la premonición de mi antecesor en la titularidad de la Secretaría de Educación, cuando me dijo, en arrebato teatral, que su única solución era volarla y volverla a construir. La obra de demolición se antoja indispensable, pero más aun la de reinvención. Ello supone la remoción de sus grandes lastres: la deserción política, el deterioro fiscal y la primacía de un gremialismo voraz.
En el repaso de las más notorias deficiencias, el estudio se topa siempre con la misma piedra; como en las antiguas estructuras imperiales, todos los caminos lo conducen.al sindicato. Afirma sin soslayo que ese organismo es "el mayor obstáculo que enfrenta actualmente el sistema educativo mexicano", ya que su presencia preponderante en la "gestión del recurso educativo la ha politizado y ha impedido las reformas necesarias para introducir parámetros modernos, equitativos y transparentes que permitan elevar el profesionalismo del magisterio y por ende su calidad". El secuestro del sistema por una constelación de organizaciones gremiales altamente corporativizadas lesiona prácticamente todos sus componentes. Detentan el monopolio de la formación, la capacitación, la capilaridad, la distribución y la promoción del personal docente. Levantan barreras a una evaluación genuina, que considere no sólo el rendimiento de los educandos, sino el de los maestros, las unidades escolares y los métodos de enseñanza. Obstruyen los procesos de descentralización, deforman los criterios de remuneración, contribuyen a la deserción escolar y socavan la interacción entre la sociedad y la escuela y entre los padres de familia y el proceso educativo.
Todas estas deformaciones parten de una confusión perniciosa entre la función sindical, la planeación y gestión educativas y la autoridad pedagógica. A través de su inserción en todos los ámbitos y niveles de la administración, vuelven rehenes a los altos funcionarios y someten la voluntad de los mandos intermedios, surgidos del propio magisterio. Diluyen la alteridad propia de toda relación de trabajo; son a un tiempo los caciques del personal y los dueños de la empresa. Detentan el poder pero no asumen la responsabilidad. La iglesia en manos de Lutero.
Este modelo de relación laboral pervertida se impuso en la medida que se aceptó el cobro de facturas políticas en la fuente de trabajo. Mediante el disfrute de un número inmenso, pero nunca cabalmente cuantificado, de "plazas comisionadas" y la permisibilidad de utilizar al personal docente en movilizaciones políticas, los líderes ensanchan su poderío a costa de las horas de clase perdidas y de la impotencia creciente de las autoridades formales del sistema. Semejante dialéctica, que en el antiguo régimen generaba tensiones internas, se entronizó más tarde sin freno, como consecuencia de la pérdida de visión de Estado.
Reviso estos días la Historia oral que concedí hace tiempo al profesor James Wilkie y que está próxima a publicarse. En el capítulo VI, El educador narro con detalle mis conversaciones con el Presidente López Portillo, antes de aceptar la Secretaría de Educación. Entre las grandes cuestiones que abordamos, le expliqué las relaciones con el sindicato y acordamos separar asépticamente las esferas de lo político y lo educativo. Habiendo sido coordinador de la campaña electoral, me negaba a pagar deudas electorales.
Convenimos que el dirigente sindical tendría un cargo de gabinete a condición de no interferir en las grandes reformas que debíamos emprender. Al poco tiempo se rompieron los compromisos. Las causas principales: el proyecto de descentralización educativa, la transformación del sistema de preparación de maestros y los estragos causados por nuestro feroz combate a la corrupción. En contradicción con sus solemnes promesas, un año después el Ejecutivo solicitó mi renuncia y el más ambicioso plan de educación concebido hasta entonces quedó enterrado para siempre.
El deterioro de la autoridad educativa fue gradual pero irreversible. Nunca como ahora sin embargo se había entregado la plaza con tanto descaro. La contribución de la maestra Gordillo a la defraudación del sufragio público no tiene precedente en el historial del gremio. Al punto que ha patentado un mercenariato electoral en cada entidad federativa. Es ésta la versión más nociva del predominio de los poderes fácticos. Resulta una contradicción insalvable que el gobierno emplee todo el poder contra quienes amenazan su seguridad externa y entregue por otra parte a sus depredadores internos las instituciones depositarias del futuro de la nación. He aquí una tarea ingente para los reformadores del Estado.

José María Pérez Gay
Documenten, señores, no inventen

Campamento de la coalición Por el Bien de Todos en Reforma y Juárez, a raíz del conflicto poselectoral del año pasado Foto: Guillermo Sologuren /Archivo
Ayer por la mañana, el señor Carlos Tello Díaz afirmó, en una entrevista televisiva, que el mismo 2 de julio -título de su libro- Andrés Manuel López Obrador había admitido en el círculo de sus colaboradores más cercanos, a los que señala: Federico Arreola, César Yáñez y José María Pérez Gay, su derrota electoral. Desde hace varias semanas Tello Díaz me buscó -cuatro o cinco veces- para hacerme una entrevista sobre la noche del 2 de julio. "Busqué también a José María Pérez Gay, a quien le mandé un cuestionario por correo electrónico, una de cuyas preguntas hacía referencia a la reacción de AMLO frente a las elecciones en el hotel Marquís.
'Si respondo a tus preguntas me deja-rías sin la crónica histórica que con el título Explico algunas cosas publicaré en unos dos meses', me contestó Pérez Gay. Yo ignoro si los tres estuvieron presentes en el episodio que describo, pero sé que uno de ellos sí escuchó la confesión de Andrés Manuel y que la comentó en los primeros días de julio con al menos tres personas, a través de las cuales tuve conocimiento del episodio. Mis fuentes para recrear esta escena, que es clave, son entonces todas indirectas, pero confiables.''
No quise darle la entrevista a Tello Díaz por dos razones: en primer lugar, porque escribo una crónica no de la noche del 2 de julio, sino de los años con Andrés Manuel López Obrador. En segundo, porque no creo en su trabajo. Si el método de investigación de su libro La rebelión de las cañadas le funcionó sólo a medias, y mucha gente advirtió en él la crónica de una delación, aquí en su libro sobre el 2 de julio fracasa cuando intenta ''una crónica minuto a minuto del día más importante de nuestra historia contemporánea'', porque en realidad reduce el proceso electoral sólo a los dimes y diretes, a los rumores de fuentes anónimas y no fidedignas, a ''la crónica de sociales'' de los grupos cercanos, y al repaso de las cifras que todos conocemos y en las que demasiados no creemos.
Su método es el de la no-inexactitud de sus afirmaciones, y si en lógica la doble negación es un hecho, en el espacio de la moral es lamentable. En su momento más melodramático, Tello Díaz es cuando menos grotesco. Andrés Manuel López Obrador nunca dijo esa noche, y lo recuerdo con toda precisión, nada parecido a la admisión de una derrota, más bien lo contrario. Tello Díaz, infatigable explorador de Amazonas, debería regresar con los yanomami, porque lo que el Amazonas non da, periodismo non presta.
Tello Díaz insiste en no revelar sus fuentes, con lo cual tratándose de un asunto tan importante declara que esas fuentes no existen, y que yo sepa su palabra como la de cualquier periodista vale por lo que documenta, no por lo que inventa. Si Tello Díaz quiere ser fabulador ahí está el espacio de la novela, si quiere ser periodista ha empezado muy mal: con la calumnia y la mentira.
Al ver cómo Tello Díaz hace dela mentira su Archivo General de la Nación, repito que es un calumniador, y yo sí puedo revelar mis fuentes: los testimonios de Federico Arreola, César Yáñez y yo mismo, y no la ridiculez de ampararse en lo que le dijeron que dijera sin decir quién se lo dijo.


La derrota de Calderónjosé gil olmos
México, D.F., 14 de febrero (apro).- Cifras extraoficiales señalan que en los primeros tres meses de gobierno de Felipe Calderón el narcotráfico ha cobrado la vida de 230. Este solo dato muestra cómo el presidente ha iniciado con una derrota y que la guerra contra el tráfico de las drogas tiene que ser más que una declaración política para quedar bien con Estados Unidos o los socios comerciales de Europa.Cuando iniciaron los operativos militares a principios de año Felipe Calderón dijo que la lucha en contra de los narcotraficantes iba a costar vidas inocentes; pero en una imprudencia propia de un gobernante bisoño, aseguró que se ganaría en esta guerra.Nada más imprudente de Calderón que anunciar la victoria sobre un negocio mundial que genera 500 mil millones de dólares anuales, de los cuales 70 mil millones de dólares se quedan con los narcotraficantes mexicanos que le dedican 10 por ciento de sus ganancias al pago de favores de las autoridades federales, estatales y municipales, así como a las policías y agentes aduanales de mar, aire y tierra.Cifras no oficiales señalan que durante el sexenio de Vicente Fox murieron 9 mil personas en la lucha contra el narcotráfico o en la pelea que existen entre los distintos grupos del crimen organizado. Además, hubo 70 mil detenidos y fueron asesinados 29 periodistas.Estos números exhiben el fracaso del gobierno foxista y el tamaño del problema del narcotráfico en el país. No se trata de un problema que afecte a un determinado grupo de la sociedad, sino de un fenómeno que abarca a amplios sectores sociales que han encontrado en el tráfico y producción de estupefacientes la salida para sobrevivir en un mundo de marginación y olvido gubernamental.No es nuevo decir que hay familias enteras, desde la abuela hasta los nietos, que se dedican a vender éxtasis, crack, ice, cocaína, marihuana y heroína en “tienditas” que no son otra cosa que sus propias casas perdidas en las colonias más jodidas del país. Tampoco es nuevo recordar que miles de familias campesinas han cambiado el cultivo del maíz y frijoles por la amapola y marihuana.No se diga del crecimiento del consumo entre los mexicanos. En los últimos cinco años se incrementó en 300 por ciento, según cifras oficiales, pero podría ser más, pues cada vez se escuchan más historias familiares con hijos, padres, amigos y conocidos con graves problemas de adicción.El gobierno calderonista ha tomado el camino más fácil, el de los efectos e ilusiones mediáticas, pero con resultados magros. Además de los 30 mil elementos del Ejército y Marina que han utilizado en los últimos seis años, Calderón puso en operación otros 15 mil de la Policía Federal Preventiva (PFP), que en realidad son militares. Es decir, el combate al narcotráfico se militarizó pero con ello únicamente se está atacando la superficie del problema porque las redes de corrupción política, policial, militar, incluso gubernamental, siguen sin incólumes. “Los institutos militares de la República son más fuertes que cualquier banda de delincuentes, y vamos a utilizar toda la fuerza del Estado para responder a quienes desafían a la autoridad y a la sociedad, para responder a quienes retan a las instituciones y ponen en peligro el futuro del país”, dijo Calderón ante las criticas de los escasos resultados de los operativo en Michoacán, Guerrero y el famoso “triángulo dorado” que forman Sinaloa, Durango y Chihuahua.El procurador general de la República, Eduardo Medina Mora, por su parte, advirtió que habrá una respuesta “más contundente y más efectiva” contra los cárteles de la droga que se resisten a desocupar espacios que le pertenecen a la sociedad.“En la medida que haya una respuesta o una reacción del crimen organizado a las acciones que pretenden rescatar para la ciudadanía el derecho de vivir en paz, más contundente será la respuesta del Estado mexicano”, señaló.Pero la estrategia calderonista no toca la raíz del narcotráfico y mucho menos se tiene un programa para detectar la infiltración del narcotráfico en la estructura de poder gubernamental y en el sistema financiero nacional.Tampoco ha tomado en cuenta sus efectos en la población. Hasta donde se puede ver no existe ningún recurso especial para atender la adicción entre las familias más pobres, las que no pueden pagar un tratamiento de 40 a 150 mil pesos mensuales en las clínicas especializadas. Además, no existe ningún programa de ayuda para las zonas campesinas de Sinaloa, Michoacán, Guerrero, Oaxaca, Veracruz, Durango, Chihuahua y otros estados donde se concentra la producción de enervantes.Es evidente que Calderón solamente está tratando de seguir una táctica efectista, administrar el problema y no resolverlo. Y que el uso inconstitucional del Ejército para labores de persecución de delincuentes traerá consecuencias para esta institución pues la lucha en contra del narcotráfico es ya una derrota para el panista.