GERNIKA
26 abr 2007
GERNIKA EN EL CORAZON DE TODOS.
Para todas y todos en el mundo, para que no olvidemos, para que nunca más suceda, en el 70 aniversario.
La redacción.
Era un lunes, día de mercado. Había mucha gente en las callejuelas de la villa de Gernika, que tenía 7.000 habitantes. A las cuatro y media de la tarde las campanas de la iglesia empezaron a repicar, y cinco minutos después apareció el primer avión, que soltó seis bombas explosivas de 450 kilos, seguidas de una lluvia de granadas. Minutos después apareció otro avión. El infierno duró cuatro horas. Cuarenta y dos aviones en total bombardearon y ametrallaron la villa y sus alrededores, donde se habían refugiado sus vecinos. Toda la ciudad ardió. El incendio tardó en apagarse. Balance: el 70% de los edificios quemados y un número indeterminado de muertos, entre 800 y 1.600. Setenta años después los historiadores aún no se ponen de acuerdo sobre el número de víctimas de aquel lunes negro que convirtió Gernika en una ciudad mártir y una ciudad símbolo, grabada para siempre en nuestra memoria colectiva. Los aviones pertenecían a la Legión Cóndor alemana y a la Aviación Legionaria italiana. El nombre clave era Operación Rügen.
Este crimen de guerra no fue el primero ni el último del siglo XX. En 1915 Winston Churchill ordenó los primeros bombardeos con armas químicas contra poblaciones civiles en Iraq. Después de Gernika hubo otras ciudades mártires como Coventry, Hamburgo, Dresde, Hiroshima o Nagasaki. Después de España, toda Europa. Después de Europa, Asia, de Palestina a Corea, de Vietnam a Camboya.
Los Gernikas de hoy se llaman Gaza, Tel Afar, Faluya, Samarra y Nayaf, así como Grozni o Kandahar. Los aviones que escupen las bombas mortíferas ya no llevan la cruz de hierro, sino las enseñas de los países «democráticos». El lugar de los «rojos enemigos de Dios» contra los que decían luchar Franco, Hitler y Mussolini para salvar a Occidente, lo ocupan hoy los «islamistas» y el «eje del mal», que según Bush, auténtico Hitler de nuestros días, va de La Habana a Pyongyang, pasando por Caracas, Beirut, Damasco, Jartum y Teherán. Y la «comunidad internacional», antaño paralizada ante el martirio de Etiopía y España, hoy en día, ante el martirio de Palestina, Iraq y Afganistán, está peor que paralizada, es cómplice de los cientos de Gernikas que se repiten ante nuestros ojos cansados, día tras día.
Fausto Giudice
Unos versos de Miguel Hernández:
Que vienen, vienen, vienen los lentos, lentos, lentos, los ávidos carniceros. Que nunca, nunca, nunca su tenebroso vuelo podrá ser confundido con el de los jilgueros. Que asaltan las palomas sin hiel. Que van sedientos de sangre, sangre, sangre, de cuerpos, cuerpos, cuerpos. Que el mundo no es el mundo. Que el cielo no es el cielo, sino el rincón del crimen más negro, negro, negro. Que han deshonrado al pájaro. Que van de pueblo en pueblo, desolación y ruina sembrando, removiendo. Que vienen, vienen, vienen con sed de cementerio dejando atrás un rastro de muertos, muertos, muertos. Que ven los hospitales lo mismo que los cuervos. Que nadie duerme, nadie. Que nadie está despierto. Que toda madre vive pendiente del silencio, del ay de la sirena, con la ansiedad al cuello, sin voz, sin paz, sin casa, sin sueño.
