PEOR QUE PRISIONEROS DE GUERRA!
17 jul 2007

En la foto el "doctor en derecho" Sergio Segreste, quien en el sexenio pasado fue ¡PRESIDENTE DE LA COMISION ESTATAL DE DERECHOS HUMANOS! Un Hitlercito de guarache en traje de campaña, se anota el cobro de una vida en su bitácora de "campaña"
LUIS IGNACIO VELÁSQUEZ
La imagen es aterradora. Media docena de hombres permanecen de rodillas, con las manos al suelo, mientras los policías les vendan los ojos. Todos los detenidos muestran signos de golpes, principalmente en la cabeza. La sangre mancha sus camisas, playeras o dorsos desnudos.
Su posición es de indefensión total y, sin embargo, se les trata como enemigos, en el más militar de los términos. Se les humilla hasta el extremo, se les despersonaliza, se les ofende en la dignidad para mostrar quién es que tiene el poder, la fuerza.
Se les exhibe como animales para justificar el discurso frívolo: ellos son unos provocadores, malvivientes, jodidos, que destruyen a Oaxaca, pero aquí está la policía para imponer orden, para acabar con las lacras sociales, para proteger a los buenos ciudadanos, los que quieren el progreso. En pocas palabras, los beneficiarios del poder.
Los uniformados saben que más que los golpes físicos, son las embestidas a la dignidad humana la que deja una huella perenne, la que hará pensar dos veces las cosas cuando se intente otra vez cuestionar la autoridad de los poderosos, alzar la voz para expresar la inconformidad. Lo saben desde el 68, desde el “halconazo”, desde el 2006, aquí en la ciudad.
Por eso cada uno de los uniformados se afana en su tarea. No hablan, gritan, ordenan. No conminan, golpean. No conducen a los detenidos a las patrullas, los arrastran, los botan a las bateas como piltrafas. Los golpean no porque los provoquen, sino para demostrar que ellos tienen poder sobre su destino o, por lo menos, el fin de la tortura.
Entre esos cuerpos doblados a la mitad, humillados, dolidos más en el alma que en el cuerpo, busca afanosamente Constantino García a su joven hijo, Sergio Yahir, que fue detenido en las escaleras de El Fortín, cuando acudía a presenciar la Guelaguetza Popular.
Sin saber qué hacer o a dónde ir, el afligido padre recuerda que fue a él a quien intentaron llevarse los policías preventivos, pero la debilidad física del muchacho de 17 años lo convirtió en la presa.
“A mí me iban a agarrar, me tiraron piedrazos, aunque pude escabullirme antes de que me atraparan, pero se llevaron a mi muchacho, los golpearon y se lo llevaron para arribar (al auditorio)”, agrega sin atreverse a pensar sobre lo que puede sucederle a su hijo en manos de los cuerpos policiacos.
Mientras tanto las fuerzas del orden cumplen su trabajo.Los detenidos son en su mayoría jóvenes, algunos de los cuales dijeron ser universitarios.
