EL ESPURIO NOMBRA A UN ESPURIO.

17 ene 2008

El secretario en Bucareli, ilegal.

Plaza Pública
Miguel Ángel Granados Chapa

Pareció que un mínimo rubor había condicionado el cargo recibido por Juan Camilo Mouriño de su amigo Felipe Calderón el 4 de diciembre de 2006: se le hizo jefe de la Oficina de la Presidencia y se le dotó de mayor poder que a los secretarios de Estado porque no podía ser uno de ellos, ya que no es mexicano por nacimiento. Y sin embargo, al asumir ayer la Secretaría de Gobernación, pasando por alto ese impedimento, Calderón y Mouriño infringen la ley, por más que el funcionario nacido en Madrid haya buscado tender una cortina de humo sobre su origen.Mouriño nació en Madrid el 1 de agosto de 1971, hijo de Carlos Mouriño y María de los Ángeles Terrazo Blanco, ambos naturales de Galicia. Ella nació en Avión, el mismo pueblo de donde son originarios los Vázquez Raña. Sin embargo, fue presentada por su ahora muy conocido hijo menor como mexicana, al optar por la nacionalidad del país al que llegó a los siete años de edad. El 2 de octubre de 1989 Mouriño obtuvo certificado de nacionalidad mexicana por nacimiento, por ser “hijo de madre mexicana”. Para efecto de su registro como candidato a diputado federal, Mouriño hizo certificar notarialmente ese documento el 7 de abril de 1997.Ni ante la Secretaría de Relaciones Exteriores ni ante la autoridad electoral mostró el certificado de naturalización de su señora madre, si lo hay, indispensable para saber si fue expedido cuando la familia residía en España o si fue obtenido tras llegar a México en 1978.La opción que hizo Mouriño en 1989, dos meses después de cumplir 18 años de edad no fue óbice para que se ostentara como súbdito español. El diario campechano “El Sur” mostró que en agosto de 1996 Mouriño ingresó a territorio mexicano mediante el pasaporte 8800581, expedido por el Ministerio de Relaciones Exteriores de España, a través de su consulado en Miami, y obtenido en la época en que el ahora secretario de Gobernación estudiaba en la Universidad de Tampa.Se diría que la actual redacción del artículo 30 de la Constitución valida el estatus jurídico de Mouriño para ingresar en el gabinete formal. La fracción III de ese precepto extiende la condición de mexicanos por nacimiento (requisito para ser secretario de Estado, según el artículo 90 de la propia carta constitucional) a los hijos de padres mexicanos por naturalización, o de padre o madre en esa circunstancia. Pero el texto data apenas del 20 de marzo de 1997 y, por tanto, no es aplicable a quienes nacieron en fecha anterior. Al decidir obtener la nacionalidad mexicana en 1989, Mouriño partió del supuesto de que no la tenía.A mayor abundamiento, el artículo 32 reformado también hace 11 años establece que “el ejercicio de los cargos y funciones para los cuales, por disposición de la presente Constitución, se requiera ser mexicano por nacimiento, se reserva a quienes tengan esa calidad y no adquieran otra nacionalidad”. La portación de un pasaporte español mostró que en su momento, si no es que actualmente aún, Mouriño había adquirido otra nacionalidad, lo que también lo inhabilita para el cargo.Es probable, en consecuencia, que la actuación del nuevo huésped principal del ministerio de Bucareli esté afectada por la ilegalidad, por una suerte de incompetencia de origen.El refrendo que el nuevo titular de Gobernación otorgue a los decretos presidenciales —y cada uno de los actos que realice a partir de ayer miércoles— puede ser impugnado porque no satisface uno de los requisitos constitucionales para ser secretario de Estado.Al designarlo no obstante esa fragilidad jurídica y convertirse con él en infractor de la Constitución, Calderón ha mostrado que las proclamas cotidianas por el estado de Derecho son mera palabrería. Mostró también que por encima de la ley está su interés en que la política interior —de forma deficiente gestionada por el secretario depuesto— quede a cargo de su mano derecha, la persona de mayor confianza entre quienes lo rodean.Al retirarse contra su voluntad de Bucareli, el ex gobernador de Jalisco, Francisco Ramírez Acuña, no se ahorró recordar a quien lo nombró y ahora lo despide la antigüedad de su apoyo a su aspiración presidencial. En efecto, en mayo de 2004 el ahora político en desgracia presentó al entonces secretario de Energía —que lo fue sólo por 48 horas más después de aquel lance— como su candidato a la Presidencia de la República, en un rumboso mitin efectuado en el rancho de Abraham González, que seguramente a esta hora habrá dejado de ser subsecretario de Gobernación.En aquel momento, Mouriño era subsecretario de Electricidad en el ministerio que Calderón encabezó por sólo unos meses. Se aducía entonces como razón para que ejerciera ese cargo su experiencia legislativa. En efecto, como diputado en la LVIII legislatura, había encabezado la Comisión de Energéticos, pero no hay en esos años registro de alguna iniciativa o dictamen que mostrara las capacidades del legislador en esa materia. Más bien se le había asignado ese cargo por la presencia de su familia en el mercado de combustibles en la Península de Yucatán, donde el Grupo Energético del Sureste, fundado por Carlos Mouriño Atanés, pionero de la reconquista española de la economía mexicana, era ya una presencia dominante.El tránsito de Mouriño a un cargo en el gabinete tiene un ángulo positivo. Como secretario de Gobernación ejercerá atribuciones sobre las que rendirá cuentas, a diferencia del privilegio que lo acompañaba como virtual vicepresidente de la República. México, D.F.


Señor Mouriño, esas mañas no son de niño

jcalixto@milenio.com
Esto es, más o menos traducido al español, lo que han dicho los detractores de Juan Camilo Mouriño, el flamante nuevo secretario de Gobernación, instituto que parecía más inútil que el Chelito Delgado en el Cruz Azul. Jugador que hoy, desde Francia, anuncia que, como las chachas, “no se halla”. Quizá sea éste el único caso de un argentino que padece el mexicanísimo síndrome del Jamaicón. Con su rústico estilo, Ramírez Acuña no resolvía broncas, las propiciaba. Bueno, cómo estará el rencor contra Mouriño que, además de llamarlo el Córdoba Montoya de Calderón (no exageremos, Joseph Marie era el Darth Vader del emperador Salinas Palpatine, mientras que Juan Camilo con trabajos es el Smithers de Jelipillo), lo acusan de yuppie y de ser más guapo que Peña Nieto. No entienden que si lo que se dice de él es cierto, se retomará alegremente la vieja escuela de los secretarios de Gobernación adictos a lo oscurito, incapacitados para sonreír, control freaks y profesionales de la cuchillada trapera, en el mejor estilo de Díaz Ordaz, Luis Echeverría y Bartlett. Una bonita tradición que se perdió con la llegada de Santiago Creel, nuestro secretario totalmente palacio. La metrosexualidad acabó con nuestros políticos temibles de mítica perversidad y folclorismo autoritario.Lo malo es que don Juan Camilo se haya iniciado criticando al EPR (sobre todo porque después de que los guerrilleros se declararon solidarios con Carmen Aristegui, parecería que el campechano está con quienes han tratado de lincharla sólo porque está en las antípodas de Pedro Ferriz de Con), sin celebrar su buena intención de avisar sobre cualquier atentado para evitar tragedias. Esto, además, tendría que ser retomado por el gobierno calderonista: echarnos aguas cada vez que vayan a cometer los estropicios que acostumbran. Por ejemplo, nos quieren asustar con que tendremos el primer lugar de gordos, cuando sabemos que, dadas las previsiones económicas, eso es prácticamente imposible. Pero, ¿no habría sido mejor que, en vez de mandar a la base de datos a Ramírez Acuña, que ya hacía falta, el moche de cabezas hubiera empezado por ese engendro llamado Carlos Hermosillo de la Conade? Un petimetre que logró el retiro de Ana Guevara, la última gloria nacional, quien cometió el error de señalar lo que todos sabemos: que el deporte en México está más decaído que las operaciones estéticas de bubis en Estados Unidos por culpa de la recesión. Ya, échenle algo que si mata cucarachas, qué no matará.


Un sándwich de Mouriño

gomezleyva@milenio.com

¿Qué no te gusta de Mouriño?
—Su aire de Gestapo. Tiene un aire de Gestapo.
—¡Qué es eso de un aire de Gestapo!

—Hay algo de represión en él, algo de derecha muy dura, aunque sea un joven muy educado y muy cordial. Está en su historia biográfica y en el propósito político que trae. Va a ser una mano mucho más dura que la anterior. ¡Cuidado con la represión!Porfirio, inevitablemente Porfirio. Quedamos de vernos temprano, pero dice que su secretaria le sobrecargó la agenda. Sólo tengo unos minutos y no voy a dejar ir la oportunidad de pedirle a Porfirio Muñoz Ledo, recién estrenado coordinador del Frente Amplio Progresista, un juicio sobre el recién estrenado secretario de Gobernación, Juan Camilo Mouriño. ¿Qué más?—El cambio que vimos hoy es el traslado del ranchero mañoso al joven duro. Es un joven inteligente y decidido a hacer política y a hacer historia de aquel lado. Sus ojos como de lince dejan ver un proyecto trasnacional y transexenal. Por un azar y por un descuido de otras bancadas asumió muy jovencito la presidencia de la Comisión de Energía de la Cámara de Diputados. Y dicen que en esa época se multiplicaron las concesiones de gasolineras, yo no lo afirmo. Su llegada a Gobernación revela que el tema de la agenda nacional, fundamental, es la energía. En la energía les va una nueva vinculación trasnacional, un proyecto precario de crecimiento económico y, sobre todo, la realización del sueño de los yunques: el proyecto de 20 años de gobierno del PAN.

La próxima nos vemos temprano, le digo.
Sí, responde, “y si es a la hora de la comida, nos echamos un sándwich de Mouriño”.
—¿Un sándwich de Mouriño con qué?
—Con picantito suave.

Advierte Cencos sobre mayor preferencia al capital español
De la redacción
La llegada de Juan Camilo Mouriño Terrazo a la Secretaría de Gobernación es poco favorable para las condiciones que vive el país, dada su escasa experiencia en materia de política interna, advirtió ayer el Centro Nacional de Comunicación Social (Cencos).
Resaltó que el nombramiento de quien ha sido el más cercano colaborador del presidente Felipe Calderón “torna incierta la interlocución con los actores políticos del país, entre ellos las organizaciones civiles y sociales”. Recordó que con Francisco Ramírez Acuña prevaleció la mano dura, marcada inclusive desde su paso como gobernador de Jalisco.
Un hecho que da cuenta de esta afirmación es la represión ocurrida en 2004 en Guadalajara contra los ciudadanos que se manifestaban en la Tercera Cumbre de Jefes de Estado de Iberoamérica.
Además, señaló el organismo civil, con Mouriño al frente de la política interna del país existe el riesgo de que por la estrecha relación que mantiene con empresarios españoles, que tienen fuertes intereses económicos en México, se le dé mayor preferencia al capital ibérico por encima del nacional, en detrimento de la economía del país.
En un comunicado, el Cencos también hizo un llamado a la sociedad a mantenerse atenta ante el rumbo que tomen las deliberaciones legislativas, porque “con el nuevo secretario de Gobernación no se garantiza que sean equitativas, por la relación que mantiene con los empresarios ibéricos en la nueva ‘reconquista’ de los hombres de negocios sobre nuestro país, entre ellos, los de telecomunicaciones que ya tienen presencia en México”.



Clase Política
Miguel Ángel Rivera
Movimientos en Bucareli
La designación de Juan Camilo Mouriño como secretario de Gobernación sirvió para hacer legal lo que ya era una práctica, pues muchos de los asuntos de la dependencia los manejó el joven funcionario desde su despacho en Los Pinos.
El anterior titular de esa dependencia, Francisco Ramírez Acuña, no hizo caso o no vio las señales: primero le retiraron las funciones relacionadas con seguridad nacional, luego perdió la interlocución con los partidos políticos y el Congreso de la Unión, y hasta la atención a los afectados por desastres, pues la coordinación federal se encomendó a la también defenestrada secretaria de Desarrollo Social Beatriz Zavala, quien al menos tiene el consuelo de regresar al Senado y a un cargo en el PAN.
El presidente Felipe Calderón Hinojosa reafirma que el control de los asuntos políticos está en Los Pinos, como hace muchos años el entonces mandatario Luis Echeverría dijo que Hacienda se manejaba desde la sede presidencial.