LA DISPERSION DE MOVIMIENTOS LE SIRVE AL PODER.
24 abr 2008
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Movimientos sociales en México: Ideas para un nuevo ciclo de lucha
Víctor García Zapata
Rebelión
La etapa actual de los movimientos sociales en México muestra los rezagos de las etapas de organización y movilización comprendidas principalmente durante el sexenio pasado, y evidencía la necesidad de iniciar un nuevo ciclo de protesta – movilización – organización para hacer frente a los embates neoliberales, algunos de los cuales definen los conflictos actuales.
Tras los intensos periodos de lucha determinados por la acción unitaria de referentes como la Promotora de Unidad Nacional Contra el Neoliberalismo, el Dialogo Nacional, la APPO o La Otra Campaña, y tras las masivas movilizaciones post electorales, los movimientos parecen encontrarse en un momento de dispersión y reflexión cuya mejor perspectiva sería derivar en un nuevo periodo de lucha que continúe la disputa de la nación a los grupos políticos y empresariales que están en el poder representados por Felipe Calderón.
La evidencia de la crisis ética y moral del PRD y la consecuente posibilidad de su caída electoral en el 2009, confirma que los movimientos sociales tendrán que ser, como han sido hasta ahora, la principal plataforma de movilización y organización popular, lo que convoca a pensar profunda y colectivamente cuales y como se construirán las mejores condiciones para iniciar una nueva etapa que intensifique la lucha.
La diversidad de tipos de movimientos en México impide pensar en que todos habrán de aglutinarse en un solo espacio de coordinación. Mientras algunos tienden a conformar frentes de masas a partir de la convergencia de organizaciones sindicales, populares, campesinas y políticas, otros tipos de organizaciones prefieren actuar en redes conformadas por pequeños colectivos autónomos. También forman parte del espectro movimientista nacional las organizaciones armadas, los grupos vecinales y comunitarios y las organizaciones civiles y No Gubernamentales. En muchos casos, las diferencias corresponden a las perspectivas transformadoras entre quienes, por ejemplo, aspiran al derrocamiento del gobierno actual y la
consecuente toma del poder por parte de las clases subalternas, y quienes, por su lado, se plantean la transformación social a partir del trabajo de base.
Más que pretender diluir la identidad de uno y otros, el reto para coincidir en un mismo periodo de lucha consiste en que las corrientes de los movimientos eviten deslegitimar las acciones de los otros referentes, que disminuyan al máximo las tensiones entre corrientes disímbolas, que permanezcan abiertos posibles canales de comunicación, y se mantenga la disposición a activar redes de solidaridad en casos de urgencia.
Por otro lado. La legitimación de las causas movimientístas podría ser uno de los elementos relevantes del nuevo ciclo de lucha.
La militarización del territorio nacional, las ambigüedades de la recién aprobada reforma judicial y la complicidad entre el gobierno de Calderón y los medios de comunicación hegemónicos para utilizar al narcotráfico como elemento criminalizador de los movimientos sociales, coloca a los movimientos ante la necesidad de echar a andar estrategias legitimadoras capaces de posicionarse en importantes segmentos de la opinión publica e incrementar los costos políticos, como ha hecho el EZLN, de cualquier intento represivo por parte del Gobierno Federal.
En tiempos recientes, los movimientos han generado importantes planteamientos que, aunque se ha convertido en eje de acción de muchos tipos de actores, difícilmente han trascendido la esfera movimientista y no han logrado posicionarse en el imaginario de la población. Es el caso, por ejemplo, del Programa Mínimo No Negociable, aprobado en el 2do Dialogo Nacional, en febrero de 2005 tras un intenso proceso de acuerdo entre las distintas fuerzas convergentes en dicho espacio y, más recientemente, del Pacto Político por la Soberanía Energética y Alimentaria que las organizaciones participantes en la gran marcha del 31 de enero pasado, por la renegociación del TLC, en especial de su capitulo agrario, presentaron recientemente al Gobierno Federal.
Si bien es cierto que la legitimidad de las causas depende sobre todo de la justeza de sus demandas no resulta ocioso implementar medidas orientadas al mejor y mayor conocimiento de las razones de la lucha y, en la medida de la posible, a facilitar la incorporación de nuevos sectores e individuos a su consecución. Esto puede ser valido tanto para fortalecer las demandas de acciones gubernamentales concretas como para los planteamientos que proponen medidas transformadoras del orden social actual por un orden anticapitalista.
Así pues, no debiera dejar de considerarse la pertinencia de implementar mecanismos comunicativos para que los movimientos aclaren a la población en general los agravios que dan razón a la lucha, las demandas para superar dichos agravios, las propuestas alternativas para mejorar las situaciones actuales y, entre otros, las distintas opciones de respaldo a dichas demandas y propuestas.
En ese sentido, y tomando en cuenta la creciente complejidad de la sociedad civil y de la conformación de los movimientos, podría ser conveniente pensar en el diseño de un Sistema de Estrategias, conformado por las distintas estrategias sectoriales que pueden influir para la obtención de determinada demanda. Hoy, por ejemplo, habría que pensar como es que pueden potenciarse la propuesta de Ley de Amnistía diseñada por el Frente Nacional Contra la Represión en tanto que para su impulso pueden intervenir y coordinarse sectores diversos con distintas capacidades y posibilidades, como: organizaciones de familiares de presos políticos, organizaciones de Derechos Humanos, organizaciones y partidos políticos, sindicatos solidarios, intelectuales y personalidades con peso en la opinión pública, periodistas con espacios en medios masivos de comunicación, medios de comunicación alternativos, autónomos y comunitarios, así como legisladores. No está de más mencionarlo: la liberación de todos los presos políticos, entre los que se encuentran Ignacio del Valle, Héctor Galindo, los Hermanos Cerezo, Jacobo Silva y Gloria Arenas, y la presentación de los desaparecidos, es uno de los temas prioritarios para el presente y los próximos periodos de acción movimientista.
Otro aspecto importante para la intensificación de la acción de los movimientos sociales es el que tiene que ver con la relación con Andrés Manuel López Obrador.
El ex candidato presidencial ha sido, del 2006 a la fecha, el principal factor de convocatoria popular, sin embargo sus códigos y métodos de acción no resultan inclusivos de los distintos tipos de estrategia de los movimientos. La disyuntiva permanente desde que se creó la Convención Nacional Democrática es si sumarse o no a las decisiones de AMLO en tanto que nunca se ha abierto la posibilidad de acordar una estrategia común. Hasta ahora López Obrador ha funcionado a partir de construir redes de incondicionalidad que participan en la operación de sus propuestas pero que no intervienen en la toma de decisiones tácticas, estratégicas y programáticas del posible movimiento.
Así mismo, ha soslayado la construcción programática. Si bien resultan loables sus posicionamientos y sus convocatorias para impedir la privatización de PEMEX, o mejor dicho, la privatización de actividades de la industria petrolera hasta ahora reservadas constitucionalmente al estado, lo cierto es que su decisión de no proponer una política alternativa para revertir el atraso y la descomposición que los gobiernos neoliberales le han provocado a PEMEX y a la industria energética en general, representa hoy una grave carencia de las acciones en defensa del patrimonio nacional, pues acota la posibilidad de la acción legislativa y limita los horizontes de las movilizaciones populares.
Resulta preocupante, además, que AMLO insista en que no importa que la lucha en defensa del petróleo provoque el desgaste político de la movilización. Muchas son las batallas que están por venir y se trata de enfrentarlas con uno o varios movimientos sociales dinámicos y vigorozos, no desgastados en su capacidad de acción y frente a la opinión pública. No hay porque asumir, mucho menos si lo que preocupa es el futuro del país y de fuerzas progresistas y no la reivindicación de trayectorias personalistas, que la firmeza de la lucha y la radicalidad son aspectos excluyentes de la búsqueda de legitimidad, viabilidad y crecimiento de los movimientos. Además, la radicalidad no solo debiera estar definida por acciones espectaculares posiblemente útiles, como las tomas de las tribunas que, quizás, evitaron el llamado “fast track”, si no también por la formulación de propuestas alternativas, por la clarificación de los horizontes y por la implantación nacional de la lucha.
En tanto que los planteamientos de AMLO responden a una estrategia individual aun no clarificada, un buen tema para la discusión es si su centralidad promueve la movilización y organización popular o, en realidad la contiene.
Por todo lo anterior corresponde a los movimientos, independientemente de AMLO, al tiempo de movilizarse contra los avances de la derecha, generar una dinámica propia, inclusiva, con objetivos tácticos y estratégicos claros y con planteamientos programáticos alternativos en cuyo diseño se incorpore al mayor número de organizaciones e individuos y en torno a los cuales se definan los horizontes de lucha. Todo esto, sin descartar la unidad en la acción tanto con AMLO y la CND como otros actores con los que pueda coincidirse en determinados temas, como la defensa de la industria petrolera nacional, asunto hoy prioritario.
Otro aspecto importante es el que se refiere a los calendarios de la lucha. Mucho se ha hablado, por ejemplo, del horizonte del 2010 como fecha fatal para la transformación nacional. Si bien no pueden preverse grandes estallamientos sociales, sobre todo por que no se tiene conocimiento de algún proceso organizativo con ese objetivo, lo cierto es que la proximidad de la fecha provocará en muchos sectores de la población la disposición a repensar el modelo de nación que tenemos y hacia donde tendríamos que orientar esfuerzos venideros. Los movimientos sociales, las fuerzas organizadas, tendrían, en buena medida, la posibilidad de convocar a discusiones colectivas que potenciaran y canalizaran esa disposición hacia la construcción de un proyecto de nación solidario, tendiente al anticapitalismo.
En fin, nuestro país cuenta con un sin numero de fuerzas movilizadas que en muchas ocasiones han sido los verdaderos vehículos de expresión y lucha popular. Seguramente así seguirán siendo, de todos depende que para ello se construyan las mejores condiciones posibles.
En el PRD la movilización debe respaldar al grupo parlamentario y éste apoyar la movilización
Pedro Echeverría V.
Rebelión
1. Pareciera que todo el problema de la dirección política y económica de un país y del mundo es un asunto de poder. Quien posee el poder decide, determina, manda y, aunque no tenga la razón, sigue imponiéndose. Por eso todo mundo está tras el poder y cuando lo posee lucha con su vida para conservarlo o para hacerlo más grande. Por eso todos los partidos buscan el poder: unos buscan cargos políticos, otros acumulan capitales, otros más usan las iglesias y muchos otros buscan el poder de las masas. Al parecer siempre es y será el poder. Unos lo buscan para ejercer individualmente y otros para usarlo colectivamente. No son iguales porque unos con plena convicción defienden sus privilegios para dominar y mandar y otros, por lo menos eso dicen y buscan hacer, quisieran que sean las masas las que determinen los rumbos. Los primeros pertenecen a las derechas y los segundos, aunque han logrado muy poco, se ubican en la izquierda. La búsqueda del poder es imparable, porque desde él se definen políticas y rumbos.
2. Por eso, aunque los enemigos de las acciones en las cámaras y en las calles se revuelquen en su propio lodo, la experiencia que el FAP ha aportado para hacer avanzar la lucha social ha sido muy importante. Poco debe importar que el presidente ilegítimo Felipe Calderón y su sacristán Germán del Mar sigan pidiendo a Bush que lance rayos y centellas aplicando el llamado Plan Mérida, o que los conductores de radio y TV sigan exigiendo mano dura (represión) contra los lópezobradoristas “que están provocando el caos”. La toma de las tribunas en las cámaras legislativas, el acordonamiento y bloqueo de los accesos parlamentarios impidió que se aprobara la privatización del petróleo, tal como el PAN y el PRI lo habían acordado. Estas acciones demostraron que un parlamento de izquierda (que quiera representar los intereses de los trabajadores) de nada servirá sin el apoyo del movimiento de masas. Siempre será derrotado por la fracción parlamentaria de la burguesía que cuenta de manera permanente con todos los recursos y medios para ello.
3. En adelante el PRD, no solo no debe dividirse por las claras deferencias de estrategia política, sino que debe encontrar el camino para que esas dos concepciones pudieran complementarse. Un tercio de legisladores de izquierda o centroizquierda en las cámaras no sirve de nada frente a dos tercios de legisladores de derecha (PAN/PRI) que además cuentan con todos los apoyos; pero esa “minoría” es otra cosa cuando cuenta con la razón y un fuerte movimiento de masas en las calles, como sucedió estas semanas. Por otro lado, aunque los poderosos movimientos en las calles pueden triunfar por sí solos, la realidad es que se facilita más la lucha cuando se tienen representantes en el parlamento. ¿Qué hubiera pasado si no se tomaban las tribunas y la gente en la calle no hubiera demostrado su fuerza? Es indispensable combinar estas formas de lucha para parar en seco las privatizaciones y esas reformas llamadas “estructurales” porque buscan entregarle de manera total el poder a la clase dominante.
4. Esas reformas privatizadoras no deben ser aprobadas por ningún motivo. No podemos, no debemos entregar dócilmente derechos que nuestros padres y abuelos conquistaron con sacrificios, cárceles y muertes. Los ortega y los encinas tienen que entenderlo y si no lo hacen entonces habría que pensar, con razón, que están plenamente comprometidos o vendidas al poder. Negociar no es pedir favores, de ninguna manera. Es llegar a acuerdos con base en nuestras razones y nuestra fuerza. ¿Cuál es la fuerza del PAN y del PRI? Esos partidos tienen su fuerza entre los banqueros, industriales, grandes comerciantes, entre la clase rica; pero también entre la clase pobre que es víctima de la propaganda de los medios de información y de la iglesia. Pero esa fuerza no la pueden llevar a las calles porque tienen miedo a que se les voltee. No puede un Slim, Azcárraga, Zambrano, ponerse al frente, pero sí cuentan con activistas de derecha bien pagados, que están al servicio de ellos, que pueden hacer ese encargo.
5. ¿Qué caso tendría que después de importantes ponencias y claras exposiciones, en las que se demuestren que la privatización es un camino equivocado porque lesiona los intereses de la población, se pase a su aprobación por los legisladores del PRI y del PAN que permanecieron sordos durante el debate porque ya traen consigna? Por eso el planteamiento de que el referéndum o el plebiscito sea el medio para aprobar o reprobar debe ser una exigencia. Un asunto tan importante como la privatización debe ser discutida a fondo por toda la población y es ella misma la que debe decidir de manera directa. Si de todas maneras la decisión sobre la privatización del petróleo fuera decidida en las cámaras, ¿Qué caso entonces tendría que el pueblo participara en el debate? El referéndum y el plebiscito, aunque no sean la panacea, deben figurar entre los métodos de decisión del pueblo.
6. Al gobierno y a los empresarios, acostumbrados a mandar en su casa, en la empresa y en todas partes, les causa terror que la gente proteste y que salga a las calles a defender sus derechos. Aunque el PAN y el PRI también han hecho mítines y manifestaciones les han tenido miedo a las masas por aquello de que pudieran salirse de su control. Ellos, como toda clase dominante, prefieren “dialogar” entre ellos para luego imponer sus acuerdos. ¿Qué ha pasado cuando los legisladores de izquierda no buscan ni organizan la movilización de sus militantes y simpatizantes? Simplemente les imponen todo y salen llorando o maldiciendo como cobardes sus derrotas. ¿Para qué participar en un parlamento cuando se es minoría y se sabe que no hay posibilidad alguna de ganar? Lo único que hace la oposición de izquierda o centro izquierda es legitimar las medidas que antes ha tomado la clase dominante. Otro resultado se obtiene cuando un gran movimiento apoya a sus legisladores.
7. El poder del Estado capitalista es grande. Sólo podrá ser enfrentado con otra fuerza que sea capaz de aglutinar a las masas de trabajadores explotados y oprimidos. El PRD, en particular el movimiento lópezobradorista, que tanto miedo provoca entre la clase dominante, en las condiciones actuales, toda vía puede cumplir el papel de aglutinador. Mientras otras organizaciones de izquierda tienen objetivos más particulares, incluso muy limitados a región o profesión, las demandas del PRD (junto con los otros partidos del FAP) tienen mayores posibilidades de de agrupar. Pero para ello el PRD no solo debe ser un partido para elecciones; debe también impulsar comisiones obreras, campesinas, indígenas, de mujeres, de jóvenes, de artistas, etcétera, que impulsen las batallas económicas, políticas, sindicales, profesionales, en los demás campos. Sólo crecerá electoralmente el PRD si pone adelante las luchas sociales de los diferentes sectores de la población y los coordina para que triunfen en sus luchas.
8. El PRD no debería dividirse, aunque sí debe reconocerse que en él hay dos grandes corrientes que deberían respetarse mutuamente. Quizá tengan que acudir a personas externas que pudieran adoptar una posición independiente de las corrientes (como Lorenzo Meyer, Crespo u otros) para ayudar a unir para luego, mediante un congreso nacional, sacar un partido renovado. Deben analizar los perredistas una estrategia en la que quepan diferentes formas de lucha, así como diferentes alianzas que pudieran coordinarse. Su base central o fundamental debe ser la movilización nacional y en los estados, y todos los cargos por voto popular y en las estructuras de gobierno deben estar ligados al movimiento de masas. Si no fuera así entonces los funcionarios sólo serían auténticos burócratas al servicio de un poder. Y si una corriente se apropiara del gobierno como se ha hecho de manera tradicional, sería exactamente más de lo mismo. Se tendría que usar otro tiempo para deshacerse del ella.
