EN EL PARAISO NEOLIBERAL

11 ene 2010

Estamos listos
GUSTAVO ESTEVA
¿Será? ¿Estamos realmente listos? Mucha gente se resigna pasivamente a las alzas, al desempleo, a la falta de opciones, aunque afectan directamente su supervivencia. Se reducen a apretarse el cinturón. Otros muchos canalizan su enojo a diversas ilusiones: que las cosas mejorarán pronto, que las próximas elecciones permitirán que los nuevos dirigentes pongan todo en orden, que 2010 será el año de la recuperación y podremos escribir nuevas páginas de gloria…
Quienes reconocen la gravedad de la crisis económica y la profundidad de la crisis política se encierran a menudo en el marco dominante de ideas e instituciones, se aferran a ellas. Aunque adviertan que el país se cae a pedazos y que la destrucción natural y social resulta cada vez más insoportable, se afanan en imaginar alguna solución sin salirse del marco conceptual e institucional establecido. Lo hacen con creciente desesperación e impotencia, porque lo que así logran concebir parece enteramente insuficiente ante la magnitud de las dificultades actuales.
Incluso aquellos que reconocen que sólo una sacudida profunda, una especie de sociomoto, podría propiciar los cambios que hacen falta, prefieren el estado de cosas, con toda su violencia y deterioro, a la destrucción que parece ser compañera inevitable de tales conmociones. El valor simbólico de 1810 y 1910 se emplea como recordatorio del enorme precio que fue preciso pagar por esas revoluciones y es también ocasión de infundir miedo a las propuestas de cambio.
No pueden o no quieren darse cuenta de que vivimos en otra época. La revolución que necesitamos no será como las que se produjeron después de 1789. El derrumbe de los paradigmas de revolución hasta ahora dominantes ha abierto nuevos caminos emancipatorios, como el de los zapatistas. En estos términos se expresó Javier Sicilia en el seminario internacional que tuvo lugar en Unitierra Chiapas, del 30 de diciembre al 2 de enero. Personas de muy diversas edades y regiones de México y de una docena de países escucharon con atención las intervenciones de un grupo destacado de ponentes de Argentina, Estados Unidos, Francia, India y México. Se demostró, una vez más, la vitalidad del imán zapatista, que los medios persisten en ignorar. (Pueden escucharse todas las intervenciones del seminario en www.radiozapatista.org)
Fue evidente la convergencia de los participantes. Desde muy diversos puntos de vista y con esquemas analíticos muy diferentes hubo consenso en cuanto a la gravedad de la catástrofe: no es algo que se nos viene encima; ya estamos en ella, no tiene precedente y pone en entredicho hasta nuestra supervivencia. Hubo también consenso en cuanto a la necesidad de actuar. Un cambio social y político es inevitable en México y en el mundo, subrayó don Pablo González Casanova. Expresaba así una convicción general de los participantes, que coincidieron igualmente en la necesidad de impulsar las formas pacíficas del cambio. Hace falta, subrayó don Pablo, profundizar en una política revolucionaria que asegure el éxito de otros modos de producción y acumulación que se vinculen en una nueva relación con la naturaleza y la vida.
John Berger, por su parte, hizo ver que para actuar necesitamos reconocer la historia que estamos viviendo y lo que le pasa al mundo. A fin de resistir la prisión-mundo en que nos encontramos, es preciso considerar “lo que veo cuando cierro los ojos, para pensar en lo que he visto, y después, con los ojos bien abiertos… actuar y ser persistentes”.
Para todo eso, señaló Sergio Rodríguez Lazcano, estamos listos. Se ha estado formando un nuevo nosotros, el sujeto histórico de la transformación, el de todos aquellos, en México y en el mundo, que están decididos a asumir desde abajo sus responsabilidades en la circunstancia actual y luchar, al lado de los zapatistas, por las transformaciones que hacen falta.
No bastan las buenas intenciones, apuntó Luis Villoro: contra los males del capitalismo mundial sólo cabría una resistencia organizada que abriera el camino a un mundo diferente.
Tampoco es hora de parches o ajustes marginales. Asistimos a la insurrección de los saberes sometidos y de las imaginaciones reprimidas. Mientras todo lo que es sólido se disuelve en el aire y las ideas y obras de la modernidad entran en su crisis terminal, amanecen ya y empiezan a adquirir visibilidad nuevas formas de ser y estar en el mundo, nuevas formas de pensarlo y nuevas formas de lucha.
Nuestro nosotros, desde abajo y a la izquierda, se amplía y fortalece continuamente. A pesar de las cegueras dominantes y en parte por ellas, estamos listos.

Astillero
Ya basta, Felipe
Moreira y Godoy reviran
Dejarse de tarugadas
Narcoparábola del bolear
JULIO HERNÁNDEZ LÓPEZ

Felipe Calderón avanza exitosamente en el proceso de desmantelamiento de su precaria plataforma civil de sostén político (al tiempo que hace avanzar en extensión territorial e impunidad agresiva a su supletoria red de control armado). Inconscientemente optimista en privado, y demandante en reuniones oficiales de que sus diplomáticos hablen bien del país para así tratar de combatir la percepción internacional de que éste vive en un caos sangriento, el personaje más oscuro de la tragedia mexicana ha abierto fuego contra los gobernadores en general (aunque los panistas se hagan los que Los Pinos les habla), acusándolos de opacidad en sus ejercicios locales (Felipe, verdugo del IFAI, hablando de transparencia) y generando a su vez que algunos de esos mandatarios estatales le estén ya revirando mediante insólitas y retadoras descalificaciones públicas.
Un priísta y un perredista han dado muestra de esa acelerada descomposición. El coahuilense Humberto Moreira ha emitido un sonoro ¡Ya basta, presidente! (es de entenderse que, en su ofuscamiento, el norteño gobernador familiar se refería a Calderón) y ha acusado a ese funcionario nacido en Morelia de grillar a los estados y le ha conminado a dejarse de tarugadas (¡Jesús de Veracruz de Fidel Herrera: el mexicano de lenguaje más crudo lo habría dicho con más apego al alvaradeño tardío!), pues de lo contrario vamos a terminar mal como país, según nota enviada desde Saltillo a La Jornada por el corresponsal Leopoldo Ramos y publicada ayer. Indignado por el asesinato de un joven reportero del Zócalo de Saltillo, Valentín Valdés, que había sido levantado por personas presumiblemente relacionadas con el narcotráfico, el gobernador de Coahuila dijo: ¡Ya basta, Presidente! Desde Los Pinos, encerrado, está dirigiendo una guerra que emprendió, con no menos de mil soldados cuidándolo, y a La Laguna sólo envía 300 efectivos.
En la capital de Michoacán, Leonel Godoy, marginado y permanentemente colocado bajo sospechas, aprovechó la oportunidad para criticar epistolarmente a su paisano panista porque a él, gobernador oficial de la entidad, no le informan de la presencia de secretarios del gabinete calderónico para realizar actos en los que invariablemente están el dirigente estatal del PAN y la precandidata familiar a la gubernatura, Luisa María Calderón, llamada Cocoa, a quien su hermano Felipe convirtió en una suerte de comisionada futurista de Los Pinos para asuntos electorales y políticos del panismo michoacano.
No sólo se han puesto en pie de guerra discursiva contra el Opaco Felipe algunos gobernadores, sino también el precandidato presidencial priísta de apellido Beltrones, que ha denunciado el incumplimiento del hermano de la precandidata Cocoa en cuanto a no aumentar el precio de combustibles durante el año pasado, cosa que en los últimos días de 2009 hizo el calderonismo para tratar de aprovechar las distracciones populares de temporada asestando un incremento más en esos renglones energéticos. Manlio Fabio planteó que no se le deben dar más atribuciones a un presidente (se habla de Calderón) que no escucha, y en ese tenor hizo malabares para amagar con no aprobar la de por sí deshilachada propuesta felipesca de reforma política pero, al mismo tiempo, sostener que el PRI analizará ese proyecto de transformaciones sin prejuicios ni vetos.
Como puede verse, la nación arde mientras CalNerón toca desafinadamente una lira que ni siquiera existe (esta columna necesitada de clichés solicita por adelantado la disculpa de los profesionales y aficionados que ya en otras ocasiones han reprochado que se usen aquí imágenes neronianas flamígeras y desquiciadas que serían históricamente imprecisas o falsas). En lo económico se oye el crujir por doquier, mientras F.C. sigue obsesionado con pelear contra Carlos Slim y mientras su devaluado gabinetillo económico no es capaz ni de enfrentar decorosamente a legisladores federales normalmente manejables, y en lo social van de la mano el desencanto y la ira, entre un alto clero decidido a reinaugurar cristiadas a propósito de la normatividad capitalina relativa a matrimonios entre personas del mismo sexo y la posibilidad de que adopten hijos.
Las noticias de inicio de año pasan, pues, por el hecho de que Calderón trabaja arduamente (lo logrado a lo largo del maratón Lupe-Reyes es escalofriante) en el desmantelamiento del aparato tradicional de sustento político, generando más tensión, violencia y confusiones, aumentando día a día el número, calidad y peligrosidad de sus adversarios (la guerra contra el narcotráfico fue escalada mediante la ejecución del llamado Jefe de jefes) y fortaleciendo gradualmente la red policiaca y militar en todo el país. ¡Feliz (gulp) Año Nuevo!
Astillas
De cómo el narco se metió hasta la cama de los gobernadores, según Calderón (confidencias hechas el pasado viernes ante embajadores y cónsules): Un gobernador pedía ayuda desesperada. Me decía: Ayúdeme, presidente, porque están metidos ahí, en la comunidad donde yo gobierno. Y yo le dije esto. Bueno, pasa un poco que un día en tu casa le dices a tu esposa, mira, ahí dejé entrar a la cochera de la casa a tres muchachos que se van a dedicar a bolear los zapatos del vecindario. Y ya me aseguraron que no van a hacer más que eso, que no te preocupes, no va a pasar absolutamente nada. Y les abrí la puerta. Y, luego, te los encuentras cuando vas a cenar en tu casa, y te vas a echar un sándwich. Te los encuentras en el refrigerador comiéndose tu sándwich. Y luego te los encuentras en tu clóset poniéndose tu ropa. Y, finalmente, cuando entran a tu casa y a lo más íntimo de tu casa entonces vienes y me dices: Oye, cómo los sacamos. Yo te pregunto, es que: ¿cómo los dejaste entrar? Y, mientras este tecleador agradece a los lectores el privilegio de volverse a encontrar en este espacio crítico, ¡hasta mañana, en esta columna reposada!