Y EL NEOLIBERALISMO CABALGA
8 ene 2010
El desasosiego
LUIS JAVIER GARRIDO
El inicio de 2010 está teniendo un efecto devastador sobre la clase política mexicana, que ha entrado en un desasosiego pocas veces visto, culpándose sus integrantes unos a otros del desastre al que han llevado al país, e inventando todo tipo de supuestas reformas tratando de adquirir una imposible legitimidad pero sin presentar otra alternativa para México que la de seguir imponiendo los programas neoliberales.
1. El significado del año que comienza ha impactado a los mediocres y corruptos burócratas del PAN y del PRI que siguen tratando de desmantelar al Estado surgido de la Revolución Mexicana, pero que no pueden negarse a una realidad que, aunque busquen ocultarla los medios oficialistas, les transmiten encuestas e informes sobre el creciente malestar popular generado por el empobrecimiento y el desempleo, los aumentos desenfrenados a los productos básicos y la sangrienta demagogia de la falsa guerra contra el narco, así como por la impunidad de quienes ocupan los cargos públicos, y que no dejan de evidenciar las luchas sociales que se dan en el país, y de manera muy significativa la del SME.
2. La lucha de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), que en los pasados tres meses ha impactado al país, resume de manera contundente al México de hoy, pues a) es la lucha de decenas de miles de mexicanos despojados de manera atrabiliaria de su empleo y que defienden sus derechos fundamentales, pero que al mismo tiempo están b) luchando por las garantías esenciales de la clase trabajadora del país (derecho al trabajo, libre sindicalización, contrato colectivo, salario mínimo, derecho de huelga, seguridad social) que panistas y priístas quieren desaparecer en nombre del mercado, y, además de todo, c) están defendiendo el derecho inalienable de los mexicanos a manejar el recurso estratégico de la electricidad, que Felipe Calderón y sus amigos quieren entregar a las multinacionales españolas y estadunidenses con las que tienen turbios arreglos, por lo que constituye d) una defensa del orden constitucional del país, pisoteado por Calderón con la complicidad del Poder Judicial, como e) un alegato por la supervivencia de la nación.
3. La paradoja es significativa de lo que es el México de hoy, pues mientras el responsable aún sea de facto el Poder Ejecutivo, en connivencia con diversas corporaciones extranjeras y sin ocultar su servilismo ante éstas, pisotea los derechos de los trabajadores y del país, cuya defensa debería ser la prioridad de su gestión. El SME y su líder Martín Esparza, están defendiendo no sólo a sus 44 mil afiliados, sino a la totalidad de los mexicanos que tienen derecho a recibir la energía eléctrica con un precio moderado, y al destino de la nación, que aún aspira a tener un proyecto propio.
4. El intento del gobierno panista, avalado por el PRI, de desmantelar a Luz y Fuerza del Centro para poder acelerar la privatización del sector energético, denunciado desde octubre por el SME, está teniendo ya sus principales consecuencias ilegales para los usuarios, que no tienen contrato alguno con la CFE, empresa que, como se advirtió desde entonces, está ya enviando recibos de cobro por el servicio, ahora mensuales, con el mismo monto de los anteriores, que eran bimestrales, por lo que el alza del servicio es ilegalmente de por lo menos 100 por ciento.
5. El conflicto entre el gobierno del PAN y el SME ha desnudado una vez más la mecánica del poder actual, pero a pesar de la gravedad que tienen todas sus implicaciones, una resalta porque evidencia que en las condiciones actuales México no tiene viabilidad alguna, y es la de la ausencia de una legalidad en el país derivada de la inexistencia de un Poder Judicial autónomo. Al subordinar las mafias de la derecha que gobiernan a la Suprema Corte y los tribunales a sus intereses políticos y económicos tornaron inviable el sistema de poder en que se sustentan.
6. Los grotescos festejos oficiales por el bicentenario y el centenario, que se anuncian todos los días buscando enmascarar la realidad de un país, que es cada vez menos independiente, y en el que todo se decide al margen de la legalidad constitucional de 1917, no hacen otra cosa en consecuencia que poner de relieve que en México el gobierno panista de Felipe Calderón, en su empeño de enajenar la nación, no respeta las leyes de la República.
7. Al comenzar 2010, y a punto de cumplirse 200 años del inicio de la Independencia y 100 del comienzo de la Revolución Mexicana, México atraviesa por una crisis económica, social, política y moral sin precedentes, que pone en entredicho su viabilidad como nación soberana, evidenciando la ineptitud y corrupción de una clase política sometida por completo a los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales, y de la cual el gobernante de facto Felipe Calderón es el mejor ejemplo, por lo que el espectáculo que dan al país priístas y panistas tratando de evadirse de su responsabilidad es doblemente repugnante.
8. El patético mensaje de año nuevo de Calderón trasmitido el Día de Reyes y el bochornoso espectáculo que dan priístas y panistas pretendiendo evadir su responsabilidad no hace más que acentuar un creciente nerviosismo de los políticos de uno y otro signos ante el desastre institucional que no carece de sentido. En 1810, cuando inició su gobierno en nombre de la corona española el 59 virrey Francisco Javier Venegas, marqués de la Reunión, había un desastre social e institucional, que subsistía un siglo después en los días en que Porfirio Díaz iniciaba en 1910 su octavo periodo presidencial tras un fraude electoral, y que ahora ha vuelto a instaurar el gobierno antinacional y antipopular del también espurio y conservador Felipe Calderón Hinojosa, que no puede ocultar que se halla a la deriva.
9. Las decisiones fundamentales las están tomando en México cada vez más las agencias del gobierno de Barack Obama, una serie de corporaciones trasnacionales de origen estadunidense y español, el Vaticano y la jerarquía eclesiástica y un grupo de seudo empresarios mafiosos que se asumen como salinistas y que han hecho del PAN y de Calderón su instrumento con el aval del PRI, y este proceso es el que hay que revertir.
10. El pueblo de México, en todo caso, señalará en estos meses decisivos por venir el derrotero de los próximos años, y la lucha de los electricistas del SME constituye hoy el mejor de los ejemplos.
LUIS JAVIER GARRIDO
El inicio de 2010 está teniendo un efecto devastador sobre la clase política mexicana, que ha entrado en un desasosiego pocas veces visto, culpándose sus integrantes unos a otros del desastre al que han llevado al país, e inventando todo tipo de supuestas reformas tratando de adquirir una imposible legitimidad pero sin presentar otra alternativa para México que la de seguir imponiendo los programas neoliberales.
1. El significado del año que comienza ha impactado a los mediocres y corruptos burócratas del PAN y del PRI que siguen tratando de desmantelar al Estado surgido de la Revolución Mexicana, pero que no pueden negarse a una realidad que, aunque busquen ocultarla los medios oficialistas, les transmiten encuestas e informes sobre el creciente malestar popular generado por el empobrecimiento y el desempleo, los aumentos desenfrenados a los productos básicos y la sangrienta demagogia de la falsa guerra contra el narco, así como por la impunidad de quienes ocupan los cargos públicos, y que no dejan de evidenciar las luchas sociales que se dan en el país, y de manera muy significativa la del SME.
2. La lucha de los trabajadores del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), que en los pasados tres meses ha impactado al país, resume de manera contundente al México de hoy, pues a) es la lucha de decenas de miles de mexicanos despojados de manera atrabiliaria de su empleo y que defienden sus derechos fundamentales, pero que al mismo tiempo están b) luchando por las garantías esenciales de la clase trabajadora del país (derecho al trabajo, libre sindicalización, contrato colectivo, salario mínimo, derecho de huelga, seguridad social) que panistas y priístas quieren desaparecer en nombre del mercado, y, además de todo, c) están defendiendo el derecho inalienable de los mexicanos a manejar el recurso estratégico de la electricidad, que Felipe Calderón y sus amigos quieren entregar a las multinacionales españolas y estadunidenses con las que tienen turbios arreglos, por lo que constituye d) una defensa del orden constitucional del país, pisoteado por Calderón con la complicidad del Poder Judicial, como e) un alegato por la supervivencia de la nación.
3. La paradoja es significativa de lo que es el México de hoy, pues mientras el responsable aún sea de facto el Poder Ejecutivo, en connivencia con diversas corporaciones extranjeras y sin ocultar su servilismo ante éstas, pisotea los derechos de los trabajadores y del país, cuya defensa debería ser la prioridad de su gestión. El SME y su líder Martín Esparza, están defendiendo no sólo a sus 44 mil afiliados, sino a la totalidad de los mexicanos que tienen derecho a recibir la energía eléctrica con un precio moderado, y al destino de la nación, que aún aspira a tener un proyecto propio.
4. El intento del gobierno panista, avalado por el PRI, de desmantelar a Luz y Fuerza del Centro para poder acelerar la privatización del sector energético, denunciado desde octubre por el SME, está teniendo ya sus principales consecuencias ilegales para los usuarios, que no tienen contrato alguno con la CFE, empresa que, como se advirtió desde entonces, está ya enviando recibos de cobro por el servicio, ahora mensuales, con el mismo monto de los anteriores, que eran bimestrales, por lo que el alza del servicio es ilegalmente de por lo menos 100 por ciento.
5. El conflicto entre el gobierno del PAN y el SME ha desnudado una vez más la mecánica del poder actual, pero a pesar de la gravedad que tienen todas sus implicaciones, una resalta porque evidencia que en las condiciones actuales México no tiene viabilidad alguna, y es la de la ausencia de una legalidad en el país derivada de la inexistencia de un Poder Judicial autónomo. Al subordinar las mafias de la derecha que gobiernan a la Suprema Corte y los tribunales a sus intereses políticos y económicos tornaron inviable el sistema de poder en que se sustentan.
6. Los grotescos festejos oficiales por el bicentenario y el centenario, que se anuncian todos los días buscando enmascarar la realidad de un país, que es cada vez menos independiente, y en el que todo se decide al margen de la legalidad constitucional de 1917, no hacen otra cosa en consecuencia que poner de relieve que en México el gobierno panista de Felipe Calderón, en su empeño de enajenar la nación, no respeta las leyes de la República.
7. Al comenzar 2010, y a punto de cumplirse 200 años del inicio de la Independencia y 100 del comienzo de la Revolución Mexicana, México atraviesa por una crisis económica, social, política y moral sin precedentes, que pone en entredicho su viabilidad como nación soberana, evidenciando la ineptitud y corrupción de una clase política sometida por completo a los intereses de las grandes corporaciones trasnacionales, y de la cual el gobernante de facto Felipe Calderón es el mejor ejemplo, por lo que el espectáculo que dan al país priístas y panistas tratando de evadirse de su responsabilidad es doblemente repugnante.
8. El patético mensaje de año nuevo de Calderón trasmitido el Día de Reyes y el bochornoso espectáculo que dan priístas y panistas pretendiendo evadir su responsabilidad no hace más que acentuar un creciente nerviosismo de los políticos de uno y otro signos ante el desastre institucional que no carece de sentido. En 1810, cuando inició su gobierno en nombre de la corona española el 59 virrey Francisco Javier Venegas, marqués de la Reunión, había un desastre social e institucional, que subsistía un siglo después en los días en que Porfirio Díaz iniciaba en 1910 su octavo periodo presidencial tras un fraude electoral, y que ahora ha vuelto a instaurar el gobierno antinacional y antipopular del también espurio y conservador Felipe Calderón Hinojosa, que no puede ocultar que se halla a la deriva.
9. Las decisiones fundamentales las están tomando en México cada vez más las agencias del gobierno de Barack Obama, una serie de corporaciones trasnacionales de origen estadunidense y español, el Vaticano y la jerarquía eclesiástica y un grupo de seudo empresarios mafiosos que se asumen como salinistas y que han hecho del PAN y de Calderón su instrumento con el aval del PRI, y este proceso es el que hay que revertir.
10. El pueblo de México, en todo caso, señalará en estos meses decisivos por venir el derrotero de los próximos años, y la lucha de los electricistas del SME constituye hoy el mejor de los ejemplos.
Ideas muertas
Denise Dresser
MÉXICO, DF, 4 de enero.- Atrapados. Rezagados. Atorados. Palabras del 2009 que capturan el sentir colectivo y el ánimo nacional. Palabras que revelan un país incapaz de responder a los retos que tiene enfrente desde hace años. Un entorno global cada vez más competitivo y una revolución tecnológica de la cual México se niega a formar parte. Una vasta transformación económica más allá de nuestras fronteras, que está creando nuevos ganadores y nuevos perdedores. Una lista de líderes políticos y empresariales que han hecho poco por prepararnos para la nueva década. Y finalmente, la razón principal detrás de la inacción enraizada en nuestra cultura política y en nuestra estructura económica: la pleitesía permanente de tantos mexicanos a las “ideas muertas”.
Ideas acumuladas que se han vuelto razón del rezago y explicación de la parálisis. Sentimientos de la nación que han contribuido a frenar su avance, como argumentan Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín en el ensayo Un futuro para México, publicado en la revista Nexos. Los acuerdos tácitos, compartidos por empresarios y funcionarios, estudiantes y comerciantes, periodistas y analistas, sindicatos y sus líderes, dirigentes de partidos políticos y quienes votan por ellos. La predisposición instintiva a pensar que ciertos preceptos rigen la vida pública del país y deben seguir haciéndolo. Y aunque esa visión compartida no es del todo monolítica, los individuos que ocupan las principales posiciones de poder en México suscriben sus premisas centrales:
• El petróleo sólo puede ser extraído, distribuido y administrado por el Estado.
• La inversión extranjera debe ser vista y tratada con enorme suspicacia.
• Los monopolios públicos son necesarios para preservar los bienes de la nación, y los monopolios privados son necesarios para crear “campeones nacionales”.
• La extracción de rentas a los ciudadanos/consumidores es una práctica normal y aceptable.
• El reto de la educación en México es ampliar la cobertura.
• La ley existe para ser negociada y el estado de derecho es siempre negociable.
• México no está preparado culturalmente para la reelección legislativa, las candidaturas ciudadanas y otros instrumentos de las democracias funcionales.
• Las decisiones importantes sobre el destino del país deben quedar en manos de las élites corporativas.
Estos axiomas han formado parte de nuestra conciencia colectiva y de nuestro debate público durante decenios; son como una segunda piel. Determinan cuáles son las rutas aceptables, las políticas públicas necesarias, las posibilidades que nos permitimos imaginar. Y de allí la paradoja: Las ideas que guían el futuro de México fueron creadas para una realidad que ya no existe; las ideas que contribuyeron a forjar la patria hoy son responsables de su deterioro. Desde los pasillos del Congreso hasta la torre de Pemex; desde las oficinas de Telmex hasta la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; desde la sede del PRD hasta dentro de la cabeza de Enrique Peña Nieto, los mexicanos son presa de ideas no sólo cuestionables o equivocadas. Más grave aún: son ideas que corren en una ruta de colisión en contra de tendencias económicas y sociales irreversibles a nivel global. Son ideas muertas que están lastimando al país que las concibió.
Son ideas atávicas que motivan el comportamiento contraproducente de sus principales portadores, como los líderes priistas que defienden el monopolio de Pemex aunque sea ineficiente y rapaz. O los líderes perredistas que defienden el monopolio de Telmex, porque por lo menos está en manos de un mexicano. O los líderes panistas que defienden la posición privilegiada del SNTE por la alianza electoral/política que han establecido con la mujer a su mando. O los líderes empresariales que resisten la competencia en su sector aunque la posición predominante que tienen allí merme la competitividad. O los líderes partidistas que rechazan la reelección legislativa aunque es un instrumento indispensable para obligar a la rendición de cuentas. O los intelectuales que cuestionan las candidaturas ciudadanas aunque contribuyan a abrir un juego político controlado por partidos escleróticos. O los analistas que achacan el retraso de México a un problema de cultura, cuando el éxito de los mexicanos en otras latitudes – como el de los inmigrantes en Estados Unidos– claramente evidencia un problema institucional.
La prevalencia de tantas ideas muertas o moribundas se debe a una combinación de factores. El cinismo. La indiferencia. La protección de intereses, negocios, concesiones y franquicias multimillonarias. Pero junto con estas explicaciones yace un problema más pernicioso: la gran inercia intelectual que caracteriza al país en la actualidad. Nos hemos acostumbrado a que “así es México”: así de atrasado, así de polarizado, así de corrupto, así de pasivo, así de incambiable. Nuestra incapacidad para pensar de maneras creativas y audaces nos vuelve víctimas de lo que el escritor Matt Miller llama “la tiranía de las ideas muertas”. Nos obliga a vivir en la dictadura de los paradigmas pasados. Nos convierte en un país de masoquistas, como sugiriera recientemente Mario Vargas Llosa.
Puesto que México no logra pensar distinto, no logra adaptarse a las nuevas circunstancias. No logra responder adecuadamente a las siguientes preguntas: ¿Cómo promover el crecimiento económico acelerado? ¿Cómo construir un país de clases medias? ¿Cómo arreglar una democracia descompuesta para que represente ciudadanos en vez de proteger intereses? Contestar estas preguntas de mejor manera requerirá sacrificar algunas vacas sagradas, desechar muchas ortodoxias, reconocer nuestras ideas muertas y enterrarlas de una buena vez, antes de que hagan más daño. Porque, como dice el proverbio, la muerte cancela todo, menos la verdad, y México necesita –en el 2010– desarrollar nuevas ideas para el país que puede ser.
Denise Dresser
MÉXICO, DF, 4 de enero.- Atrapados. Rezagados. Atorados. Palabras del 2009 que capturan el sentir colectivo y el ánimo nacional. Palabras que revelan un país incapaz de responder a los retos que tiene enfrente desde hace años. Un entorno global cada vez más competitivo y una revolución tecnológica de la cual México se niega a formar parte. Una vasta transformación económica más allá de nuestras fronteras, que está creando nuevos ganadores y nuevos perdedores. Una lista de líderes políticos y empresariales que han hecho poco por prepararnos para la nueva década. Y finalmente, la razón principal detrás de la inacción enraizada en nuestra cultura política y en nuestra estructura económica: la pleitesía permanente de tantos mexicanos a las “ideas muertas”.
Ideas acumuladas que se han vuelto razón del rezago y explicación de la parálisis. Sentimientos de la nación que han contribuido a frenar su avance, como argumentan Jorge Castañeda y Héctor Aguilar Camín en el ensayo Un futuro para México, publicado en la revista Nexos. Los acuerdos tácitos, compartidos por empresarios y funcionarios, estudiantes y comerciantes, periodistas y analistas, sindicatos y sus líderes, dirigentes de partidos políticos y quienes votan por ellos. La predisposición instintiva a pensar que ciertos preceptos rigen la vida pública del país y deben seguir haciéndolo. Y aunque esa visión compartida no es del todo monolítica, los individuos que ocupan las principales posiciones de poder en México suscriben sus premisas centrales:
• El petróleo sólo puede ser extraído, distribuido y administrado por el Estado.
• La inversión extranjera debe ser vista y tratada con enorme suspicacia.
• Los monopolios públicos son necesarios para preservar los bienes de la nación, y los monopolios privados son necesarios para crear “campeones nacionales”.
• La extracción de rentas a los ciudadanos/consumidores es una práctica normal y aceptable.
• El reto de la educación en México es ampliar la cobertura.
• La ley existe para ser negociada y el estado de derecho es siempre negociable.
• México no está preparado culturalmente para la reelección legislativa, las candidaturas ciudadanas y otros instrumentos de las democracias funcionales.
• Las decisiones importantes sobre el destino del país deben quedar en manos de las élites corporativas.
Estos axiomas han formado parte de nuestra conciencia colectiva y de nuestro debate público durante decenios; son como una segunda piel. Determinan cuáles son las rutas aceptables, las políticas públicas necesarias, las posibilidades que nos permitimos imaginar. Y de allí la paradoja: Las ideas que guían el futuro de México fueron creadas para una realidad que ya no existe; las ideas que contribuyeron a forjar la patria hoy son responsables de su deterioro. Desde los pasillos del Congreso hasta la torre de Pemex; desde las oficinas de Telmex hasta la Secretaría de Comunicaciones y Transportes; desde la sede del PRD hasta dentro de la cabeza de Enrique Peña Nieto, los mexicanos son presa de ideas no sólo cuestionables o equivocadas. Más grave aún: son ideas que corren en una ruta de colisión en contra de tendencias económicas y sociales irreversibles a nivel global. Son ideas muertas que están lastimando al país que las concibió.
Son ideas atávicas que motivan el comportamiento contraproducente de sus principales portadores, como los líderes priistas que defienden el monopolio de Pemex aunque sea ineficiente y rapaz. O los líderes perredistas que defienden el monopolio de Telmex, porque por lo menos está en manos de un mexicano. O los líderes panistas que defienden la posición privilegiada del SNTE por la alianza electoral/política que han establecido con la mujer a su mando. O los líderes empresariales que resisten la competencia en su sector aunque la posición predominante que tienen allí merme la competitividad. O los líderes partidistas que rechazan la reelección legislativa aunque es un instrumento indispensable para obligar a la rendición de cuentas. O los intelectuales que cuestionan las candidaturas ciudadanas aunque contribuyan a abrir un juego político controlado por partidos escleróticos. O los analistas que achacan el retraso de México a un problema de cultura, cuando el éxito de los mexicanos en otras latitudes – como el de los inmigrantes en Estados Unidos– claramente evidencia un problema institucional.
La prevalencia de tantas ideas muertas o moribundas se debe a una combinación de factores. El cinismo. La indiferencia. La protección de intereses, negocios, concesiones y franquicias multimillonarias. Pero junto con estas explicaciones yace un problema más pernicioso: la gran inercia intelectual que caracteriza al país en la actualidad. Nos hemos acostumbrado a que “así es México”: así de atrasado, así de polarizado, así de corrupto, así de pasivo, así de incambiable. Nuestra incapacidad para pensar de maneras creativas y audaces nos vuelve víctimas de lo que el escritor Matt Miller llama “la tiranía de las ideas muertas”. Nos obliga a vivir en la dictadura de los paradigmas pasados. Nos convierte en un país de masoquistas, como sugiriera recientemente Mario Vargas Llosa.
Puesto que México no logra pensar distinto, no logra adaptarse a las nuevas circunstancias. No logra responder adecuadamente a las siguientes preguntas: ¿Cómo promover el crecimiento económico acelerado? ¿Cómo construir un país de clases medias? ¿Cómo arreglar una democracia descompuesta para que represente ciudadanos en vez de proteger intereses? Contestar estas preguntas de mejor manera requerirá sacrificar algunas vacas sagradas, desechar muchas ortodoxias, reconocer nuestras ideas muertas y enterrarlas de una buena vez, antes de que hagan más daño. Porque, como dice el proverbio, la muerte cancela todo, menos la verdad, y México necesita –en el 2010– desarrollar nuevas ideas para el país que puede ser.
Cuernavaca: de la mano de la DEA
JORGE CAMIL
El operativo en el que murió Arturo Beltrán Leyva fue indudablemente una escalada en la guerra contra el crimen organizado; un cambio radical de estrategia, o una nueva aventura que pudiera conducirnos a incrementar la violencia. ¿A qué se debió el cambio? Pudo ser consecuencia de la intervención cada vez mayor de la DEA, que ahora tiene presupuesto para realizar labores de inteligencia humana en México, y encuadrándonos en el modelo de Colombia investiga posibles nexos del narco con la guerrilla mexicana. O pudo ser iniciativa de Felipe Calderón para mostrar avances en una guerra fallida que hoy, merced a la nueva estrategia, pudiera convertirse en un combate sin cuartel. Los informes sobre el operativo (torpes, parciales, incongruentes) revelaron inconsistencias importantes: primero apuntaron a una excelente labor de inteligencia de la Armada (aunque por razones obvias se ocultó la participación de la DEA, que horas después se vanagloriaba en Washington de la exitosa labor conjunta). Es obvio que atribuyéndole la autoría a la Armada se justificaba su incursión en una ciudad sin litoral, aunque poco después esa patraña se haya ido por la borda cuando los medios revelaron que el hallazgo pudo ser consecuencia de un pitazo para cobrar la recompensa de 2 millones de dólares ofrecida por Estados Unidos. Por lo que toca a la participación de la Armada, cada día más involucrada en esta guerra, y a la extraña ausencia del Ejército, se dijo que el Jefe de jefes vivía y operaba en Morelos protegido por la policía y miembros del Ejército. Así que no se podía arriesgar el éxito a posibles filtraciones (¿qué hará el gobierno si se corrompe la Marina: recurrir a los marines de las barras y las estrellas, como Álvaro Uribe en Colombia?). Hasta aquí es imposible no asociar los hechos, la abierta participación de la DEA y la feroz matanza de Beltrán Leyva y sus escoltas, con el modus operandi utilizado para capturar y matar a los hijos de Saddam Hussein, por quienes antes se había ofrecido una recompensa de 20 millones de dólares (es la pauta que sigue Estados Unidos). En ambos casos se evacuó completamente el área para tender un hermético cerco militar que permitiera desatar una inclemente lluvia de fuego. Las evidencias muestran que en ambos casos se buscó dejar a las víctimas sin posibilidad de escape. (Para el obispo Raúl Vera los marinos mexicanos fueron a ejecutar, no a aprehender: fue una ejecución extrajudicial, declaró a La Jornada.) Los videos del departamento de Beltrán Leyva recordaron las imágenes dantescas del ataque a la casa de los hijos de Hussein. Venían por él, concluyeron vecinos de Beltrán Leyva en Cuernavaca. Por eso fue muy revelador que el procurador general hubiera iniciado su conferencia adelantándose a los hechos: la PGR no asesina presuntos culpables, declaró. Fue significativo, también, que a 15 días de la masacre la PGR continuara explicando la ausencia del Ejército y apaciguándolo: es un ariete en la lucha contra el crimen organizado, dijo el procurador. Después, un poco obligado, añadió que el Ejército tuvo la importante misión de facilitar seguridad perimetral para detener individuos armados que pudieran acudir a salvar a su jefe. (Lo que nos faltaba: ¡rencillas entre Ejército y Marina sobre el narco!). Las represalias no se hicieron esperar: el cártel ordenó de inmediato la muerte de la familia del maestre Melquisedet Angulo, festejado inoportunamente como héroe del momento. Después vendría el escarmiento en los medios: charcos de sangre por doquier, paredes derruidas y macabras fotos de Beltrán Leyva, desnudo y cubierto de billetes y símbolos religiosos ensangrentados: un acto de barbarie no suficientemente aclarado, que violó el protocolo procesal, y los más elementales principios de un Estado democrático. ¿A qué vino el aparatoso despliegue de fuerza, cuando el mismo día del operativo se registraron 64 muertos y decapitados en varias entidades, y las cifras de 2009 muestran un narcoejecutado cada 60 minutos? (Milenio 2/1/10). Calderón es un hombre obstinado, que se molesta cuando alguien insinúa que estamos en proceso de convertirnos en un Estado fallido. No obstante, él mismo reconoció en el congreso de Guatemala que la guerra contra el narco no es una obsesión: “se justifica porque el narco busca apropiarse de nuestra sociedad”. (Previamente, en junio de 2008, había reconocido en Madrid que el crimen organizado comenzaba a oponer su propia fuerza a la fuerza del Estado, a oponer su propia ley a la ley del Estado, e incluso a recaudar contra la recaudación oficial.) Aunque todos reconocen el fracaso de una guerra sin objetivos claros, Calderón está condenado a continuarla (como George W. Bush en su momento en Irak), porque es el leitmotiv de su gobierno. Ante la caída de la economía, el desempleo y el fracaso de las reformas prometidas, la guerra contra el narco es un tema en el que nadie le pide cuentas, porque nadie tiene una clara definición de lo que constituyen ni la victoria ni el fracaso.
JORGE CAMIL
El operativo en el que murió Arturo Beltrán Leyva fue indudablemente una escalada en la guerra contra el crimen organizado; un cambio radical de estrategia, o una nueva aventura que pudiera conducirnos a incrementar la violencia. ¿A qué se debió el cambio? Pudo ser consecuencia de la intervención cada vez mayor de la DEA, que ahora tiene presupuesto para realizar labores de inteligencia humana en México, y encuadrándonos en el modelo de Colombia investiga posibles nexos del narco con la guerrilla mexicana. O pudo ser iniciativa de Felipe Calderón para mostrar avances en una guerra fallida que hoy, merced a la nueva estrategia, pudiera convertirse en un combate sin cuartel. Los informes sobre el operativo (torpes, parciales, incongruentes) revelaron inconsistencias importantes: primero apuntaron a una excelente labor de inteligencia de la Armada (aunque por razones obvias se ocultó la participación de la DEA, que horas después se vanagloriaba en Washington de la exitosa labor conjunta). Es obvio que atribuyéndole la autoría a la Armada se justificaba su incursión en una ciudad sin litoral, aunque poco después esa patraña se haya ido por la borda cuando los medios revelaron que el hallazgo pudo ser consecuencia de un pitazo para cobrar la recompensa de 2 millones de dólares ofrecida por Estados Unidos. Por lo que toca a la participación de la Armada, cada día más involucrada en esta guerra, y a la extraña ausencia del Ejército, se dijo que el Jefe de jefes vivía y operaba en Morelos protegido por la policía y miembros del Ejército. Así que no se podía arriesgar el éxito a posibles filtraciones (¿qué hará el gobierno si se corrompe la Marina: recurrir a los marines de las barras y las estrellas, como Álvaro Uribe en Colombia?). Hasta aquí es imposible no asociar los hechos, la abierta participación de la DEA y la feroz matanza de Beltrán Leyva y sus escoltas, con el modus operandi utilizado para capturar y matar a los hijos de Saddam Hussein, por quienes antes se había ofrecido una recompensa de 20 millones de dólares (es la pauta que sigue Estados Unidos). En ambos casos se evacuó completamente el área para tender un hermético cerco militar que permitiera desatar una inclemente lluvia de fuego. Las evidencias muestran que en ambos casos se buscó dejar a las víctimas sin posibilidad de escape. (Para el obispo Raúl Vera los marinos mexicanos fueron a ejecutar, no a aprehender: fue una ejecución extrajudicial, declaró a La Jornada.) Los videos del departamento de Beltrán Leyva recordaron las imágenes dantescas del ataque a la casa de los hijos de Hussein. Venían por él, concluyeron vecinos de Beltrán Leyva en Cuernavaca. Por eso fue muy revelador que el procurador general hubiera iniciado su conferencia adelantándose a los hechos: la PGR no asesina presuntos culpables, declaró. Fue significativo, también, que a 15 días de la masacre la PGR continuara explicando la ausencia del Ejército y apaciguándolo: es un ariete en la lucha contra el crimen organizado, dijo el procurador. Después, un poco obligado, añadió que el Ejército tuvo la importante misión de facilitar seguridad perimetral para detener individuos armados que pudieran acudir a salvar a su jefe. (Lo que nos faltaba: ¡rencillas entre Ejército y Marina sobre el narco!). Las represalias no se hicieron esperar: el cártel ordenó de inmediato la muerte de la familia del maestre Melquisedet Angulo, festejado inoportunamente como héroe del momento. Después vendría el escarmiento en los medios: charcos de sangre por doquier, paredes derruidas y macabras fotos de Beltrán Leyva, desnudo y cubierto de billetes y símbolos religiosos ensangrentados: un acto de barbarie no suficientemente aclarado, que violó el protocolo procesal, y los más elementales principios de un Estado democrático. ¿A qué vino el aparatoso despliegue de fuerza, cuando el mismo día del operativo se registraron 64 muertos y decapitados en varias entidades, y las cifras de 2009 muestran un narcoejecutado cada 60 minutos? (Milenio 2/1/10). Calderón es un hombre obstinado, que se molesta cuando alguien insinúa que estamos en proceso de convertirnos en un Estado fallido. No obstante, él mismo reconoció en el congreso de Guatemala que la guerra contra el narco no es una obsesión: “se justifica porque el narco busca apropiarse de nuestra sociedad”. (Previamente, en junio de 2008, había reconocido en Madrid que el crimen organizado comenzaba a oponer su propia fuerza a la fuerza del Estado, a oponer su propia ley a la ley del Estado, e incluso a recaudar contra la recaudación oficial.) Aunque todos reconocen el fracaso de una guerra sin objetivos claros, Calderón está condenado a continuarla (como George W. Bush en su momento en Irak), porque es el leitmotiv de su gobierno. Ante la caída de la economía, el desempleo y el fracaso de las reformas prometidas, la guerra contra el narco es un tema en el que nadie le pide cuentas, porque nadie tiene una clara definición de lo que constituyen ni la victoria ni el fracaso.
