OAXACA UN PUEBLO VICTORIOSO.
3 nov 2006

- NOTICIAS Y COMENTARIOS RELATIVOS AL 2 DE NOVIEMBRE –
"La Jornada".
Férrea resistencia civil en la UABJO y calles aledañas
La zona de Cinco Señores, auténtico campo de batalla. Siete horas de enfrentamiento de la PFP contra estudiantes, paterfamilias y colonos.
Más de 70 lesionados, entre ellos tres periodistas
Se reportan 60 detenidos
Al filo de las 2 de la tarde los federales se replegaron. Piedras, cohetones, gases lacrimógenos y múltiples mentadas enmarcaron el zafarrancho.
ENRIQUE MENDEZ, GUSTAVO CASTILLO; OCTAVIO VELEZ ENVIADOS Y CORRESPONSAL.
Oaxaca, Oax., 2 de noviembre. Desde el amanecer de Día de Muertos y durante siete horas la Policía Federal Preventiva (PFP) enfrentó la resistencia civil más contundente desde su llegada el sábado, esta vez en Ciudad Universitaria y en el crucero de Cinco Señores, donde miles de estudiantes, vecinos y padres de familia repelieron a los uniformados con piedras, petardos y tanques de gas encendidos a modo de lanzallamas. Esa zona se convirtió, así, en un auténtico campo de batalla.
Por momentos, los artefactos explosivos prendieron fuego a las tanquetas, pero éstas cuentan con un sistema de extinción automático por agua. Los policías y los grupos de operaciones especiales tenían la orden estricta de no violar el campus de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO) y respondieron con cientos de granadas de gas lacrimógeno -disparadas inclusive desde dos helicópteros-, agua lanzada a presión desde las tanquetas y con las mismas piedras que les eran arrojadas.
Provocadores del gobierno estatal
El Operativo Juárez 2006, como se sabe ahora que se denomina, tenía como único objetivo liberar la circulación en Cinco Señores y la avenida Universidad, entre el Periférico y la Avenida del Sol, pero grupos de supuestos priístas y policías estatales, identificados inclusive por la Secretaría de Gobernación, provocaron el avance policiaco. La intención de generar más violencia tiene, además, el objetivo de que la PFP se mantenga el mayor tiempo posible en Oaxaca, no para mantener el orden, sino sostener a Ulises Ruiz en el cargo.
De hecho, casi al inicio de la operación para liberar las vialidades, la policía federal había dado una muestra de distensión al liberar a dos personas, pero a las ocho de la mañana los grupos ligados al PRI lanzaron cohetones a los agentes y así comenzó el embate.
El choque se amplió por toda avenida Universidad y calles aledañas. Dentro de las instalaciones, por granadas lacrimógenas, piedras y el agua de las tanquetas combinadas con químicos resultaron heridas 40 personas, 22 más en las inmediaciones, así como 10 policías, cuatro de ellos graves.
La policía detuvo a 30 personas -entre ellas Luis Antonio Félix Domínguez, de 14 años de edad- que fueron consignadas por la presunta comisión de los delitos de ataques a las vías de comunicación, sedición, asociación delictuosa y lesiones. El menor será entregado al Consejo Tutelar.
El vocero del gobierno estatal, Miguel Angel Concha, aseguró que quienes participaron en estos hechos ''no son oaxaqueños y provienen de grupos violentos de San Salvador Atenco y el Distrito Federal, conocidos como cegeacheros y panchosvillas'', e inclusive cuando se le cuestionó sobre la intervención de comandos de choque priístas, aseguró que la administración de Ulises Ruiz ''respeta las expresiones partidistas''.
A causa de las bombas molotov con fragmentos de metal y clavos y piedras fueron heridos los fotógrafos de Proceso, Miguel Dimayuga y Germán Canseco, y de El Universal, Daniel Jaramillo, quien fue trasladado en helicóptero al hospital de la 28 Zona Militar, porque un clavo de un petardo se le enterró entre la tetilla y la axila derecha, mientras otro más le atravesó el codo izquierdo. La onda expansiva del petardo le causó traumatismo auditivo, pero fue dado de alta por la tarde.
Un cohetón le estalló cerca al camarógrafo del Canal 9 de la televisión estatal, Jorge Brindis, quien solamente quedó aturdido, y el fotógrafo de Centro Medios Libres, Mario Mosqueda Hernández, fue golpeado por varios policías, que lo hirieron con toletes en la cabeza, la espalda y un brazo.
A pesar de que en el operativo de liberación del cruce de Cinco Señores participaron unos 2 mil agentes federales, la resistencia popular finalmente los replegó y regresaron, literalmente arrastrando los pies, a su base del Parque del Amor, y la PFP determinó no regresar este día a Cinco Señores ni a la UABJO, aunque por la noche Radio Universidad difundió la especie de que intentarían una incursión de madrugada.
''Soy borrachito de la calle''
A las 7:45, un contingente de la policía federal llegó al crucero de Cinco Señores, seguido de maquinaria pesada y camiones de volteo para levantar la basura. En el frío amanecer, los grupos de operaciones especiales detuvieron a Manuel Castellanos López y a René Barrios, que se quedaron rezagados en la barricada, y los subieron a una Van blanca. Al ser detenido, Castellanos negó ser parte de las barricadas. ''¿Yo? Soy borrachito de la calle. Sólo salí por un mezcal'', explicó.
Un trascavo destruyó la ofrenda de muertos a los maestros y brigadistas asesinados, y hasta ese momento la incursión no generó mayor conflicto. Sin embargo, 25 minutos después aparecieron varios embozados en la esquina de Universidad y Reforma Agraria, que dispararon cohetones y los federales recibieron respaldo de una compañía de Policía Militar que avanzó y lanzó granadas de gas hacia el campus. Este hecho generó que desde Radio Universidad se hiciera un constante llamado a que la ciudadanía rodeara las instalaciones. ''¡Vamos a bloquear! A todos los compañeros les invitamos a que vengan a Radio Universidad, a las bocacalles, pero no nos confrontemos con las fuerzas federales'', delimitaron los locutores.
En plena avenida, decenas de estudiantes y mujeres reclamaron la liberación de Castellanos y Barrios, y personalmente el jefe del Estado Mayor de la PFP y ex delegado del Cisen en Oaxaca, Ardelio Vargas Fosado, los entregó a condición de calmar los ánimos.
Iniciado el enfrentamiento, el comandante declaró: ''Yo cumplí, ellos no''.
Los disparos de artefactos hacia los agentes, las fuerzas especiales y la Policía Militar obligó a un nuevo avance, esta vez por la parte posterior de la universidad, sobre la Avenida del Sol, para retirar camiones que se incendiaban justo frente a un centro bautista, que es utilizado como el centro de mando del Operativo Juárez 2006.
Fuentes gubernamentales de alto nivel confirmaron que desde hace por lo menos un mes, el gobierno federal conocía desde esa iglesia los movimientos en el área, y hoy fue parte importante para conducir el desplazamiento de fuerzas y para advertir de los movimientos que realizaban los seguidores de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca y estudiantes.
Justo ahí, cientos de estudiantes hicieron retroceder a una columna de 50 policías preventivos armados con toletes y lanzagranadas, que se replegaron hasta un circo. Los agentes de operaciones especiales recogían las piedras que se les lanzaban desde la unidad deportiva de la universidad, para utilizarlas como proyectiles contra sus oponentes. Un petardo atravesó la bota de un federal y le abrió la espinilla derecha.
Durante 15 minutos, jóvenes y policías -incluidos los estatales de civil- se disputaron palmo a palmo el terreno frente a la iglesia bautista y la Plaza del Valle.
Pero en ese momento los federales recibieron refuerzos de dos compañías más, tanquetas, dos helicópteros que realizaron vuelos a baja altura sobre el campus y lanzaron granadas de gas lacrimógeno. Uno de ellos aterrizó frente a la rectoría para abastecer a las tanquetas con latas de químicos.
La intervención de grupos de provocadores del gobierno hizo que dos de ellos fueran detenidos como presuntos integrantes del movimiento. ''¡Estamos de su lado, trabajamos para lo mismo!'', clamaba uno para reclamar su liberación, que se logró finalmente con una llamada desde una oficina gubernamental a la PFP y la intervención de otro policía: ''¡Ese es de nosotros!''
Desde la entrada de la unidad deportiva dos policías traían en andas a Trinidad Michel López, indígena de Santo Domingo Teojomulco. ''¿Tú qué?'', le espetó a pocos centímetros un policía. Con todo el miedo que le imponía ser esposado con un cordón de plástico por policías armados, Trinidad respondió: ''Yo vengo de mi rancho''. Maniatado por la espalda, los uniformados lo tomaron de los pies y el pecho y lo arrojaron, boca abajo, a una camioneta pick up de la PFP. Antes de irse, un federal lo golpeó en el rostro.
Otros federales intentaron romper con palas las cadenas que sujetan las puertas del campus, frente al Instituto de Ciencias de la Educación, pero se confirmó la orden de no entrar. Al otro lado de la avenida, a unos metros de Cinco Señores, la violencia dio paso a un respiro: un estudiante encaramado sobre los restos todavía humeantes de un automóvil les recitó a Benedetti. Nadie se movió ante la voz que enfrentó a la policía con el poema titulado ¿De qué se ríe?
El chavo estaba inspirado y reclamó: ''Sé que están de policías no por que hayan querido o porque sean burros, sino porque las condiciones del país los hicieron elegir entre irse de su patria o enrolarse en esa corporación ante la falta de oportunidades. No les critico su decisión, pero deberían estar de este lado porque son igual que nosotros. Véanse la tez, las manos, son del mismo color que nosotros, también son huicholes, mixes, tarahumaras. El color de la tez los evidencia''.
El silencio duró hasta que bajó de la chatarra y fue despedido con aplausos. El padre de un estudiante ''que lucha por mejores condiciones'' dijo estar ahí, en la defensa de la universidad a pesar de los cohetones, los cocteles molotov y los gases lacrimógenos, por convicción, y pidió a los federales irse de Oaxaca.
Al final de la avenida, en la Plaza del Valle, comenzaba el otro episodio de la batalla, y en la esquina de Reforma Agraria los jóvenes prendieron pacas de forraje en las chatarras y se formó una barrera de fuego. Ya eran las 11:30 y el enfrentamiento se reinició, ahora con dos tanquetas antimotines, sólo que uno de los Cobra -como se les conoce en la PFP- tuvo un desperfecto que causó la hilaridad de los universitarios protegidos en la autonomía de su alma máter. Adentro, en Radio Universidad, los locutores insistían: ''No tenemos armas. Tenemos piedras, cohetones para enfrentarlos y vamos a resistir''.
Por casi una hora, cientos de jóvenes fueron repelidos hasta el Periférico y la iglesia de Cinco Señores, y otros más por Reforma Agraria hasta 20 de Noviembre, y al final de esa calle hasta las puertas de la universidad. Diego Hernández, joven de 20 años que defendía su identidad de panadero y que sólo pasaba por el lugar, fue detenido. Empero, un uniformado le mostró una fotografía en la que aparecía motivando a sus compañeros a lanzar piedras contra los policías.
Ahí también fue aprehendido el catedrático de la facultad de derecho de la UABJO Armando Jiménez Vázquez. Cuando lo subieron a una camioneta de la PFP para trasladarlo a la Base Aérea Militar 22, de El Tequio -en calidad de detenido-, le quitaron una mochila terciada en la espalda en la que portaba decenas de clavos insertados en fragmentos de tubos de plástico.
Poco a poco, los lances de los jóvenes, sus padres y vecinos hicieron retroceder a las tanquetas que habían llegado hasta las puertas de Radio Universidad. Durante una hora más continuaron lanzando cohetones y petardos, y la transmisión radial convocó a unas cinco mil personas que confluyeron por la prolongación de La Noria, avenida Ferrocarril y el Periférico, y repentinamente habían cercado a la Federal Preventiva, que comenzó a replegarse a las dos de la tarde hacia el supermercado Chedraui.
A las tres de la tarde, cansados, los policías regresaron a su base del Parque del Amor. Sin embargo, para los mandos de las fuerzas federales, el retiro de Cinco Señores no se trató de una derrota, sino de un repliegue estratégico para regresar en las próximas horas.
''No fue un fracaso, se evitó un baño de sangre, porque no teníamos por qué cambiar los toletes por metralla'', explicó un comandante policiaco.
Finalmente la vialidad no fue despejada, porque más tarde la barricada volvió a levantarse. Miles de personas se congregaron ahí para recuperar su posición, y de cuando en cuando los dos helicópteros arrojaban granadas, y el humo se esparció por el aire de una tarde de otoño en un Día de Muertos oaxaqueño.
Astillero .
Julio Hernández López
Liberadores
Torpezas criminales
Política desaparecida
Asomo a los abismos
Auxilio a un joven lesionado durante los enfrentamientos que sostuvieron ayer estudiantes oaxaqueños con la Policía Federal Preventiva, frente a la universidad Foto Blanca Hernández
Irak de barro negro en Día de Muertos. La Policía Federal Preventiva es una fuerza de invasión que está siendo repelida por la mayoría de los pobladores, de tal manera que sus presuntas incursiones liberadoras son repelidas activamente por los insurrectos. Tropa entrampada en sus supuestos avances, que juega fatigosamente a desmontar barricadas que horas después son repuestas por tercos ciudadanos. Ganadores del zócalo que en realidad les fue estratégicamente cedido, los hombres de gris incursionan con saldo rojo por distintos puntos de la ciudad: Penélopes de verde olivo que tejen y destejen el sudario de la represión a la espera de la suerte de su Odiseo Ruiz.
El uso de la fuerza pública necesariamente es un desastre cuando no le acompañan la inteligencia, la prudencia y -¡oh, palabra tan en desuso en los salones palaciegos!- el patriotismo. Acicateado de manera definitiva por el embajador gringo ante la muerte del periodista Brad Will, Vicente Fox ha creído posible torear el conflicto oaxaqueño con el envío de la preventiva policía militarizada, para heredarlo al atónito abogado Calderón. Pero ese asomo de diazordacismo sólo ha servido para que el repudiado gobernador de la entidad se crea fortalecido y para que las tareas de presunta 'limpieza y orden" de la PFP se conviertan en diarias refriegas contra la población.
Ayer se vivió en la ciudad universitaria de Oaxaca un ejemplo claro de la torpeza criminal con que se están tomando las decisiones en las alturas gubernamentales (Chente anda en la cursi gira del adiós; Lipe se aferra a la cantaleta de avestruz de que él todavía no es responsable de nada). Una temprana acometida en las inmediaciones de Radio Universidad generó una respuesta masiva y encendida que hizo retroceder a las fuerzas federales e incluso realizar un retiro que supo a victoria a quienes abiertamente se les opusieron. Por la tarde, desde la ciudad de México, los mandos de las tropas entrampadas emitieron un lamentable boletín de prensa en el que de lo sucedido acusaron a los universitarios -que estaban en su casa académica- porque alertaron de los riesgos que por aire y tierra tenían a la vista y porque convocaron a defender esa cabina informativa a los ciudadanos que consideran esa emisora como un servicio civil básico.
Un gobierno federal inteligente, prudente y patriota habría tenido ayer material de sobra para entender lo que hasta ahora se ha negado a asumir: que el movimiento social oaxaqueño, que es contra Ulises Ruiz y por cambios verdaderos en la entidad, tiene una amplia base social, una organización horizontal que con frecuencia es superada o rebasada por segmentos populares de gran rebeldía y que frente a esa realidad política, social y cultural, el uso de las armas es sólo un peligroso remedo de solución, pues los "liberadores" del pueblo de Oaxaca lo único que pueden hacer es protegerse de sus presuntos defendidos e incluso se ha llegado al extremo de que quien está tomando la iniciativa política y buscando esquemas de distensión es la APPO y no el gobierno federal que luego de arrojar a los miembros de la PFP a su pequeño Bagdad pareciera políticamente inexistente, virtualmente disuelto: poderes federales desaparecidos (Fox) por pretender sostener los poderes estatales desaparecidos (Ulises) a cambio de que apoyen otros poderes en vías de desaparición (Calderón).
Los terribles hechos de Oaxaca ya no podrán resolverse, sin embargo, con el mero retiro de las fuerzas federales invasoras. El fin de sexenio de Fox ya está manchado de sangre pero, además, este tramo de extremo abandono presidencial de la tarea de medio gobernar ha abierto las puertas al retorno de la guerra sucia. En Oaxaca se están practicando de manera sistemática violaciones a los derechos humanos, entre otras cosas con el pretexto de conseguir información y combatir a una supuesta guerrilla que estaría infiltrada en las acciones de resistencia de los oaxaqueños (presunción hasta ahora no comprobada). Mediante el fraude electoral del pasado 2 de julio se cercenó a los mexicanos una parte de su capacidad de decidir y, mediante el cierre de filas a favor de Calderón en los medios informativos electrónicos se ha reducido la capacidad de análisis, crítica, denuncia y movilización de los ciudadanos; ahora, con la guerra sucia, se busca aniquilar las directivas de los movimientos sociales, asentar el miedo colectivo e inhibir o aniquilar, según se pueda, toda muestra de oposición al dominio foxista-calderónico sustentado en las armas, la burocracia y el erario y no en una aceptación popular.
El asomo a los abismos que se tuvo ayer -el riesgo de la muerte de estudiantes, por ejemplo- debería obligar a la confección de esquemas de diálogo y discusión políticas que permitan destrabar un conflicto en el que las autoridades formales -los gobiernos federal y estatal- están quedando peligrosamente aisladas y derrotadas -lo que les deja como único recurso el de la violencia- y en el que los esfuerzos de distensión que realizan las organizaciones populares no tienen interlocución ni viabilidad reales.
Astillas:
La estructura eclesial de Oaxaca está llamada a tomar un papel importante en el proceso de paz que necesita aquella entidad. De manera oficial, los sacerdotes de aquel estado han hecho señalamientos directos sobre la barbarie que está frente a sus ojos. Refiriéndose sólo al primer día de incursión de la PFP en la ciudad de Oaxaca, los religiosos escribieron a Vicente Fox: "en nombre de Dios, y en nombre de este sufrido pueblo agraviado históricamente por poderes autoritarios y corruptos, pedimos: cese la represión". El párrafo final de ese texto señala: "Queremos hacerles notar que las instituciones del gobierno federal están propiciando las condiciones para movimientos sociales de mayor magnitud no sólo en el estado de Oaxaca sino en otros lugares del país". Y, mientras Calderón juega a la macroeconomía y a los diálogos, ¡fin de semana, pero sin felicidad!
Francisco López Bárcenas
La insurrección popular en Oaxaca
Los pueblos de Oaxaca están insurreccionados. El gobierno federal les declaró la guerra para sostener en el poder a un cadáver político que se llama Ulises Ruiz, figurilla de turbio pasado, cuyo mérito más importante es haber sido el mapache mayor de los fraudes electorales, aspecto que su partido, su grupo político y él mismo consideraron suficiente para gobernar el estado más pobre del país, pero también más digno. Con esos antecedentes y la prepotencia con que se ha conducido, abusó del poder inclusive antes de ganar las elecciones; se peleó con las otras mafias políticas del Estado para no compartir el poder y mandó reprimir a la oposición verdadera, la que no transa su sometimiento a cambio de unas migajas, la que no reclama limosnas, sino derechos. No contaba con que la paciencia popular tiene un límite y él lo rebasó. Si en estos momentos todavía se considera gobernador es gracias al apoyo político y policíaco de El Yunque, la organización de la ultraderecha mexicana que usufructúa el poder agazapada tras instituciones de la república, todo para que un usurpador llamado Felipe Calderón pueda asumir el poder de la Presidencia de la República el próximo primero de diciembre.
Pero todos calcularon mal. Pensaron que serían suficientes las botas, los cascos y las armas de la Policía Federal Preventiva (PFP) para que el pueblo abandonara la lucha. No pensaron siquiera un momento que frente a un pueblo que levanta la bandera de la dignidad como escudo no hay fuerza policíaca que pueda detenerlo. No aprendieron nada de la rebelión indígena en Chiapas ni de otras luchas populares de este triste sexenio que termina bañado en sangre india, campesina y popular.
En aquellas luchas, como en ésta, los insurrectos recogen el guante que les avientan desde el poder y a cambio devuelven flores blancas a los personeros de los asesinos. Por eso la de Oaxaca es una rebelión inédita, una revuelta pacífica pero firme: la lucha de un pueblo que ya no está dispuesto a seguir siendo pisoteado. Y no exagero si afirmo que en nuestro país es la primera rebelión de este tipo en este convulsivo siglo que vivimos.
Las mafias políticas enquistadas en los gobiernos son incapaces de entender que a los rebeldes ya no les importa cuántos de sus compañeros han perdido la vida ni cuántos más la perderán, porque han caído de cara al sol, con la frente en alto, y muchos más están dispuestos a seguir su camino. Tampoco comprenden que no les interesa cuántos cientos más pierdan su libertad en las cárceles de los asesinos, pues bien saben que no hay barrotes que los detengan y mientras más presos estén más libres se sienten. Ya no importan los desaparecidos, porque con su ausencia son los que más presentes están en la lucha.
Lo único que les interesa es continuar la lucha, demostrar que frente a la brutalidad policíaca se puede oponer una resistencia pacífica, que frente a la incapacidad del funcionario por encontrar salidas políticas a las demandas populares el pueblo las puede ir construyendo, como de hecho está haciendo. Y si no, que pregunten a las miles de personas que un día después de la ocupación de la capital por la PFP se movilizaban para exigir su salida, a los que tras la destrucción de las barricadas colocan otras, a los que en las comunidades se organizan como retaguardia de los que están en el frente, a los que en el Distrito Federal se mantienen en huelga de hambre.
Atendiendo a los últimos acontecimientos se puede concluir que la rebelión oaxaqueña no tiene reversa y sólo hay dos maneras de ponerle fin: lanzando toda la fuerza del Estado contra los insurrectos o quitando la causa de la rebelión, es decir, que el gobierno federal y la clase política dejen de sostener a Ulises Ruiz como gobernador, sobre todo porque nunca ha gobernado y no lo hará aunque siga detentando el puesto. Cada una de ellas tiene sus propios costos.
La primera desenmascararía al "gobierno del cambio" como lo que es en verdad: un gobierno de derecha, antipopular y represivo al servicio de los capitales nacionales y extranjeros, dispuesto a pasar por encima de quien se oponga a sus propósitos; el otro implicaría que ese mismo gobierno tuviera un rasgo de humildad y reconociera que sostener al repudiado gobernador y sus estrategias para desactivar la insurrección popular fueron un fracaso. Del lado de los insurrectos cada uno de estos escenarios podría generar diversas reacciones. En el primer caso es muy probable que logren someter a los pueblos levantados, pero no podrán evitar que los grupos armados entren en acción y muy probablemente no sólo en Oaxaca, sino en varias partes del país; en el segundo es seguro que las cosas vuelvan a su normalidad y con una agenda de reformas y un grupo ciudadano respetable que las opere es probable que hasta se sienten las bases de un nuevo pacto social. Esto último es lo más deseable, pero para que sea posible es necesario no dejar solos a los oaxaqueños insurrectos.
Luis Javier Garrido
La APPO
La brutal ocupación policiaco militar de Oaxaca decretada por Vicente Fox y Felipe Calderón el viernes 27 para reprimir al pueblo oaxaqueño, que prosiguió ayer de manera irracional con la ofensiva castrense para tomar el campus de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO), pisoteando el principio constitucional de la autonomía universitaria, no resolverá ninguno de los problemas de la entidad, sino que agrava la crisis nacional y hace evidente una vez más la inviabilidad histórica del gobierno PRI-PAN en nuestro país.
1. La represión del gobierno de Fox al pueblo oaxaqueño a escaso un mes de dejar el gobierno, acordada con el que pretende sea de manera ilegal e ilegítima su sucesor, el usurpador Felipe Calderón, no ha logrado más que incrementar el número de muertos y heridos y hacer más grave el conflicto, planteando al país el riesgo enorme que hay para todos los mexicanos si este mismo grupo de extremistas de derecha prosigue en el poder imponiendo las mismas políticas
2. La resistencia popular del pueblo oaxaqueño contra el gobierno de Fox, encabezada por la APPO, llama ya la atención en el mundo entero, y sigue haciendo inviable para el gobierno panista una salida al conflicto por la vía de la fuerza, pero la cerrazón de Fox y Calderón, quienes quieren ocultar que tienen las manos llenas de sangre, es mayor, y con criterios fascistoides pretenden criminalizar a los agredidos, y en particular a la APPO y a algunos de sus dirigentes más visibles, como Flavio Sosa, tratan de arrojar la culpa de la situación al gobierno estatal priísta eludiendo su responsabilidad, y se obstinan en negar la realidad pretendiendo que no hay violencia y negando su responsabilidad en los muertos.
3. Los voceros del gobierno federal y las plumas del régimen han iniciado una violenta campaña en los medios, como en otras ocasiones, para tratar de tergiversar la realidad y confundir a los mexicanos, y su obsesión es pretender que el origen del conflicto radica en la cancelación que hiciera en 2006 el gobierno de Ulises Ruiz de los apoyos por cerca de 400 millones de pesos a las organizaciones sociales que conformaron la APPO, en las demandas salariales de los maestros de la sección 22 del SNTE y en la corrupción del gobierno local, desconociendo el papel del gobierno foxista en el agravamiento de las condiciones de vida de los oaxaqueños en este sexenio.
4. La actuación del gobierno de Fox en el conflicto sintetiza muchas de las prácticas perversas de su sexenio, entre otras la pretensión totalitaria de imponer una versión de la realidad, aunque sea por vía de la fuerza. La violentas acciones de la PFP de ayer, con un despliegue pocas veces visto de tanques y helicópteros para tomar el campus de la UABJO, buscaban detener a la dirigencia del movimiento, y acabar con la APPO, pero también recuperar Radio Universidad para acallar al pueblo oaxaqueño y tratar de imponer, como aquí lo han hecho, una voz única sobre lo que acontece.
5. La batalla de Oaxaca entre el pueblo inerme y el gobierno armado de Fox ya es hoy una cuestión nacional que atañe a todos los mexicanos, indignados en su mayoría por la barbarie foxista, pero es también cuestión internacional. Mucho más tras el asesinato a sangre fría, el viernes 27, del periodista free lance estadunidense Bradley Roland Hill en el municipio de Santa Lucía del Camino, en un crimen que comparten priístas y panistas, Ulises Ruiz y Vicente Fox, todos ellos asesinos. ¿O qué acaso Fox y Calderón no preparan para el país un escenario para el próximo gobierno en el que los grupos paramilitares serán claves para el pretendido "control de la sociedad"? ¿Y qué no están ya esos grupos en Oaxaca?
6. La incapacidad del gobierno foxista para enfrentar el conflicto de Oaxaca vino de su pretensión de aparentar que ha resuelto todo a) sin estar dispuesto a ceder a las demandas sociales del pueblo oaxaqueño expresadas por la APPO, y b) sin lesionar en lo mínimo los acuerdos que forjaron él y Calderón con las dirigencias del PRI en el marco de la alianza estratégica PRI-PAN para el próximo sexenio, tendientes a lograr la aprobación del "paquete estratégico" de cambios neoliberales. De ahí que se empecine en no querer ver la dramática situación del pueblo oaxaqueño y de oponerse a que Ulises Ruiz deje la gubernatura, con el argumento de que su remoción abriría la vía para que en unos meses más el PRI perdiera las siguientes elecciones constitucionales.
7. Los comentaristas del oficialismo, que pretenden que la subordinación de los cuadros priístas al PAN debe ser a cambio de nada, pues lo que se requiere es un gobierno más abiertamente de ultraderecha, se preguntaban, sin ocultar el antipriísmo furibundo del que hacen gala (lo que no oculta que hace pocos años eran filopriístas entusiastas), en una interrogante mal formulada, "¿cuántos muertos más vale Ulises Ruiz?", cuando deberían preguntarse: "¿cuántos muertos más valen los programas neoliberales sustentados en la alianza PRI-PAN?" O "¿cuántos muertos más se requieren para dejar prendido con alfileres en una presidencia espuria a Calderón?"
8. El aparente cambio de estrategia del gobierno federal en Oaxaca en los últimos días obedece en todo caso a la decisión tomada en Washington de prescindir ya no de manera gradual sino bruscamente del PRI en un posible gobierno de facto calderonista, y conminando a Fox y a Salinas a acelerar el proceso político tendiente a una desaparición más rápida del priísmo del escenario nacional. El comunicado del embajador estadunidense Tony Garza, tras el homicidio de Hill, exigiendo se retornase "al imperio de la ley y el orden en Oaxaca", que fue orden para Fox y sin chistar envió a la PFP, hubiese sido inadmisible en otros tiempos por constituir una injerencia inadmisible, pero ahora pasó desapercibido pintando el pelelismo de los actuales gobernantes panistas.
9. El conflicto de Oaxaca debe enfrentarse por la vía del diálogo y no por la fuerza de los cuerpos represivos, como han exigido todos los sectores pensantes a Fox y Calderón, la mancuerna que pretende gobernar en el "interregno", pero la ineptitud y falta de voluntad democrática de los panistas, mostrada en este año con las salvajes represiones en Sicartsa y en Atenco, no hace vislumbrar que la razón de la sociedad pueda imponerse fácilmente a los intereses y a la obnubilación ideológica de la extrema derecha en el poder. Calderón evidenciaba su miopía en el comunicado que leyó su vocero mientras se combatía en los alrededores de Ciudad Universitaria de Oaxaca, pues indicó que deseaba que las acciones policiaco-militares culminaran "con éxito" para alcanzar lo que llamó con la estulticia que lo caracteriza "la normalidad de la vida pública en el estado de Oaxaca"
10. La "normalidad" de la vida pública en Oaxaca se logrará no cuando triunfe la fuerza, y ni siquiera cuando se vaya Ulises Ruiz y se empiecen a atender las exigencias del pueblo de Oaxaca que hoy legítimamente representa la APPO, sino cuando ese pueblo pueda ser dueño de su destino sin estar sometido a las minorías que hoy mandan en el país, y que están encontrando en los panistas su instrumento preferido.
Jorge Camil
Oaxaca: ¿yo por qué?
Oaxaca, la joya de México, se fue separando paulatinamente de la República Mexicana frente a la indiferencia de todos; se fue desmoronando. ¿Y yo por qué?, decíamos los ciudadanos de otras entidades, ocupados como estábamos en nuestras actividades diarias. ¿Yo por qué?, mientras la gobernabilidad desaparecía y la violencia se hacía cada vez más evidente en las páginas de la prensa nacional. (¿Las televisoras?, por Dios, si aún no habían recibido instrucciones; no tenían línea, para ser más precisos.) Aún recuerdo el dramático cartón de Ahumada en este mismo diario, cuando el problema no había adquirido las proporciones de hoy: mostraba el entorno geográfico de Oaxaca en forma de balsa que hinchadas las velas se hacía a la mar del olvido, separándose poco a poco del territorio nacional.
Para tener liderazgo hay que mostrarlo, y ante la indiferencia de un Presidente que cuenta las horas que faltan para abandonar el cargo; un Presidente que bajó anticipadamente la cortina (y en vista del rotundo fracaso de la Secretaría de Gobernación), el presidente electo podía haber intervenido en forma contundente para iniciar su gobierno con el pie derecho; por aquello de ganar la Presidencia desde la Presidencia, y para no tener que legitimarse después con un hecho de sangre, como el quinazo de Salinas. (¿Y yo por qué, si aún no soy presidente en funciones, y sería "impropio" que actuara en el sexenio de mi antecesor, aunque fuese solamente para salvar vidas humanas?) Y así, con la indiferencia de todos, el conflicto se hizo cada vez más grande, y más peligroso. Como si no hubiéramos aprendido la lección de 68 y la de Atenco...
Oaxaca es un triste ejemplo de la actitud que nos caracteriza en el extranjero: el país del mañana, del un momentito, del no tengo facultades, del carezco de instrucciones; el país del "ahorita viene mi compañero y él se lo arregla". "Que renuncie Ulises Ruiz, él es el del problema, ¿yo por qué?" Y arriba de nosotros, en las alturas del Poder Ejecutivo, se debe haber escuchado: "¿Y yo por qué, si estoy a punto de abandonar el cargo, y no quiero dejar el poder con las manos manchadas de sangre?" ¿Y Atenco?, donde el problema, otra nebulosa kantiana, se dejó en manos de muchos: el gobernador del estado de México, los granaderos, la PFP, el subcomandante Marcos, y tantos otros, para que al final no hubiese culpables.
¿No sabíamos que en México nadie renuncia a un cargo público? Te renuncian, que es diferente. O más bien te renunciaban, cuando los presidentes tomaban decisiones. Así, por la buena, por el bien de la comunidad o de la patria, nadie lo hace. Con lo cual la pretendida renuncia de Ulises fue desde el primer momento una quimera. ¿Quién renuncia al poder, al dinero, a la "gloria" de gobernar "su estado"? ¡Por favor! Oaxaca dejó de ser Estado para convertirse en papa caliente, o en víctima de alianzas políticas inconfesables: yo apoyo a tu gobernador si tú apoyas mis reformas. Como si las reformas o el efímero gobierno de un Estado justificaran la pérdida de vidas humanas. Al final, cuando fracasaron Gobernación, el Presidente actual y el presidente electo, y no se dio la añorada renuncia, había otro actor político a quien la Constitución le imponía la obligación de resolver el conflicto: el Senado de la República. Aquí se terminaba el "yo por qué". Como son nuevos, los señores senadores, tal vez no conozcan el artículo 76 de nuestra Carta Magna que dice: "son facultades exclusivas del Senado... declarar, cuando hayan desaparecido todos los poderes constitucionales de un Estado, que es llegado el caso de nombrarle un gobernador provisional, quien convocará a elecciones conforme a las leyes constitucionales del mismo Estado". ¿Es posible que alguien cómodamente apoltronado en el Senado, y en su sano juicio, hubiese pensado que continuaban vigentes los poderes constitucionales en Oaxaca? Pero no, después de las muertes y del desalojo con violencia los señores senadores, muy comedidos, "exhortaron" al gobernador a abandonar el cargo. (¡Caray, ni en Suiza!), con lo cual otorgaron al bellaco la oportunidad de fabricar un espejismo legal en su defensa: ¡una pretendida controversia constitucional! ¿Controversia constitucional: contra un simple punto de acuerdo exhortándolo a solicitar licencia o abandonar el cargo?
Pero en fin, vivimos en río revuelto. Me siento orgulloso de la cobertura de La Jornada: las notas, la estupenda foto de Eduardo Verdugo (una batalla campal donde brigadistas de la APPO huyen despavoridos aplastados por tanquetas), el cadáver de Jorge Alberto López, velado a ras del suelo con la bandera nacional y una cruz que dice "fuera Ulises"; autobuses ardiendo, y ciudadanos combatiendo con resorteras (como en la intifada), o protegidos por la bandera.
Me conmovió el artículo de Luis Hernández Navarro, un merecido homenaje a Brad Will, periodista independiente de Indymedia, que murió en una calle de Santa Lucía del Camino, Oaxaca, de dos balas certeras en el pecho. Dicen que Felipe Calderón planea hacer del turismo un motor de crecimiento: ¡buena suerte!
"El Universal".
Chocan APPO y PFP 6 horas
Permanece el área bajo control de activistas
OAXACA, Oax.- Esta ciudad vivió el más intenso enfrentamiento entre elementos de la Policía Federal Preventiva (PFP) e integrantes de la Asamblea Popular de los Pueblos de Oaxaca (APPO), desde la llegada de efectivos federales a la entidad, el domingo pasado.
La confrontación se alargó por más de seis horas durante un operativo para liberar vialidades en inmediaciones de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca (UABJO).
De acuerdo con la PFP, el saldo inicial es de 13 heridos, entre ellos los fotógrafos y reporteros David Jaramillo, de EL UNIVERSAL; Miguel Dimayuga, de Proceso; y Jorge Brindis, del Grupo Imagen. También resultaron lesionados 10 elementos policiacos.
En cambio, la Liga Mexicana de Derechos Humanos reportó 62 heridos y la APPO 200, cinco de ellos graves. La Procuraduría oaxaqueña informó de 32 detenidos.
La movilización de la PFP comenzó a las 7:45 de la mañana. A esa hora se informó a los universitarios que el objetivo no era ingresar al plantel, bastión de la APPO.
Dentro de la UABJO los ánimos estaban exaltados, mientras la PFP retiraba vehículos que bloqueaban el tránsito vehicular. En los alrededores comenzaron a escucharse los cohetones de alerta, con los que la APPO llama a sus simpatizantes.
Cuando un batallón de uniformados avanzó hacia el callejón de acceso a Radio Universidad, un grupo de jóvenes lanzó bombas molotov, los efectivos respondieron con disparos de cilindros de gas lacrimógeno. A partir de este momento comenzó el enfrentamiento.
Los federales fueron literalmente bombardeados por una lluvia de petardos, piedras, palos y cohetones, desde dentro y fuera de la casa de estudios universitarios.
Los jóvenes rodearon a elementos de la PFP, quienes iniciaron el retiro con el apoyo desde el aire de un helicóptero. La zona fue retomada por estudiantes.
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