NOTAS SOBRE OAXACA

11 dic 2006

Astillero
Julio Hernández López
Superar el miedo
· Oaxaca: vuelta a las calles
· Denuncia pública de agravios
· Primer revés a la "mano dura"

A pesar de la noche cerrada en que las fuerzas federales y estatales le han sumido, la parte de la sociedad oaxaqueña que ha estado en lucha volvió a salir a las calles a ejercer los derechos civiles que le han tratado de arrebatar. Esa recuperación de derechos fue el primer resultado de la manifestación dominical que explicablemente tuvo menos asistentes que las versiones anteriores ­el saldo de miedo posterior a los enfrentamientos del pasado 25 de noviembre­, pero que, sin embargo, volvió a la brega política. A diferencia de las marchas precedentes, la de ayer no tiene su punto de valoración en la cantidad de asistentes ­siendo, de cualquier manera, masiva­, sino en la actitud reiterada, terca, indoblegable, de protestar, denunciar, actuar.
Esa reiteración de la vía política ­cuando los estrategas de las cañerías insisten en relacionar la resistencia oaxaqueña con opciones armadas, genuinas o hechizas­ tuvo además un acento humanitario que ayudó incluso a mitigar los apetitos clientelares de la izquierda electoral, que por primera vez acompañó al movimiento de la APPO.
En la primera línea de la caminata fueron colocados los familiares de presos, desaparecidos y muertos políticos de la entidad, y las consignas ya tradicionales contra Ulises Ruiz tuvieron cerrada competencia con las que exigían liberación de detenidos y castigo a quienes retorcieron las leyes para instalar un no declarado estado de excepción en Oaxaca (con extensiones carcelarias a Nayarit y a Tamaulipas).
El número de manifestantes, su talante cuidadosamente pacífico y controlado ­nadie con la cara cubierta, ninguna provocación­ y el enfoque preferencial a la denuncia de la represión, mostraron a los propios marchistas, y al país entero ­en especial al gabinete bonsái y sus ramificaciones en Los Pinos­ que el movimiento social oaxaqueño sigue adelante y que no hay ni puede haber solución sin tratamiento político y social (y no con la fórmula policiaca y militar).
Domingo soleado en el que Leonel Cota llegó decidido a instalar al PRD como nuevo ingrediente escenográfico. Dirigentes del partido que nunca antes había asumido compromiso con la lucha de la APPO ahora caminaron en primera fila del segmento reservado para las "personalidades políticas" (atrás de los familiares de ciudadanos alcanzados por la represión). Y, ya en la Plaza de la Danza, donde desembocó la marcha, Cota se convirtió en orador enjundioso que prometió adhesiones, defensas, castigo a infidentes y traidores, solidaridad sin condiciones. Tanta ayuda y compromiso explícitos harán, desde luego, que la dupla PRI-PAN, de por sí macizamente aliada en la defensa de la plaza oaxaqueña, se aferre ahora más a la idea de que Ulises Ruiz continúe en el cargo, pues su eventual caída sería ahora un triunfo capitalizable por los siempre oportunos perredistas. Por fortuna, luego de Cota habló doña Rosario Ibarra de Piedra.
El resurgimiento del ánimo oaxaqueño combatiente ­madurado a golpe de represión, cuidadoso ahora de no desbordarse ni permitir aceleres "espontáneos"­ es la primera derrota explícita del modelo calderonista de la mano dura.
En una primera Decena Trágica, el presidente formal de México ha cometido demasiados errores ­el relacionado con los presupuestos de la UNAM y lo cultural, por ejemplo, así como los nombramientos increíblemente equívocos, continuistas y, en algunos casos, aberrantes (como esos que significan el mantenimiento de la línea de política exterior de Luis Ernesto Derbez)­, pero hasta ahora no se ha generado ninguna oposición activa y organizada contra dislates y agravios. Si acaso se va nutriendo una silenciosa convicción colectiva de que los riesgos de la presidencia felipista son aún peores de lo que en una primera visión conformista se suponía. Pero la mayoría de esa gente preocupada por el neofranquismo Chapelén no logra ir más allá de la queja (en buena parte porque el referente político de esa inconformidad, que es López Obrador, sigue empecinado en giras de consolación que insisten en un discurso electoral desgastado y movilizan a la gente para ceremonias de condolencias políticas que no tienen mayor trascendencia estratégica).
Pero en Oaxaca, con dirigentes sujetos a órdenes de aprehensión, centenares de presos trasladados perversamente a cárceles situadas en otras entidades y a muchas horas de distancia, centenares de torturados, desaparecidos y amenazados, y la confabulación criminal de los intereses calderonistas y ulisistas, la gente que lucha en Oaxaca por un cambio de fondo ha decidido volver a salir a las calles, retomar las pancartas y las consignas y demostrar que la lucha política (obviamente pacífica) es el fatigoso pero necesario camino que hay que recorrer. Nunca antes ha habido un movimiento social (ni regional ni nacional) que resista tanto al peso represor del Estado. Lo que suceda en Oaxaca y con la APPO habrá de marcar la ruta y las expectativas de la resistencia popular a los excesos del poder.


Hermann Bellinghausen
Nuestra mejor frontera
¿Qué pensar cuando los de arriba devienen obsesivos, fanáticos invocadores del orden, actúan en completo desorden y se disponen a dar el salto mortal que separa "la legalidad", incluso la suya, del "estado de excepción"? Significa que están mal parados. Que el repudio popular que enfrentan es formidable y cada día, más costoso de apagar.
Nos echan en cara escuadrones, aprehensiones ilegales, generales y almirantes, tortura normalizada, desapariciones, patadas en la mesa, empleo protonazi de los medios de comunicación (como esa "Radio Ciudadana" que Goebbels heredara a la banda de Ulises Ruiz). Brincan las cercas constitucionales con mucha mayor facilidad que cuando topan gente que resiste, barricadas y plantones.
El gobierno hace famosas cada día más cárceles del país, con ese método de escarmentar en ergástulas horribles, y si lejanas mejor, a los rebeldes de Oaxaca (y otra gente que venía pasando) y Atenco. Tal severidad la exhibían sólo al capturar grandes capos o hermanos incómodos. Qué tiempos aquellos, recientes pero idos. Y estos criminales la pasan en chirona más a gusto que Catarino Pereda, Ignacio del Valle, Jacobo Silva Nogales y los centenares más de presos políticos, quienes bajo la línea de flotación de los derechos humanos adornan las fachadas del régimen calderonista.
El escenario es preocupante, mas también alentador. Una burguesía poderosa y rica como nunca que sin embargo tiembla. La apanica su fragilidad. Cuerpos de hierro, piernas de madera apolillada.
Funcionarios como Francisco Ramírez Acuña, Eduardo Medina Mora, Miguel Angel Yunes o el investigable Juan Carlos Romero Hicks no aprobarían una solicitud de empleo en un país democrático.
Resulta que siempre sí hay clases sociales. Que las de abajo son inocultables, y mayoría. Agraviadas y hartas como nunca. Pareciera más práctico pegarles por separado para dividirlas, o meterles programas "sociales" de doble filo (Oportunidades, Procede y los que inventen), o mediante inducción de alcohol y drogas. Pues si la "chusma" (feliz expresión del ideólogo panista Chespirito) se junta, pegarle se complica. Puede salir una cabeza de Hidra, como en Oaxaca, y todo por no escuchar ni negociar sino traicionar a la manera zedillista (o peor, ulisista: acepto dialogar, y en la puerta de mi despacho te aprehendo y consigno).
No es el México de Díaz Ordaz, repiten muchos. Tampoco el de Zedillo. La sociedad es otra, y la ilegitimidad de los tres poderes sí importa. Prevalece un descontento general, profundo y organizado. El número de mexicanos infelices es mayor que nunca, y el nuevo régimen les garantiza menos educación, cultura, salud, protección legal.
Bienvenido a esta Oaxaca nacional. Allá arriba llegaron al límite. Los de abajo no se detienen ya ante el riesgo, de todos modos están muriendo. Y para mayor inconveniente aman la vida, por eso no les gusta como viven, y eso que saben hacerlo bien con bastante poco, comunitariamente. Saben que se puede.
Para empezar, México es más indígena de lo que se acepta censal, mental, históricamente. Y conforme avanza el siglo XXI se generaliza en el pueblo la experiencia de los indígenas, el sector más lúcido y claro de su mexicanidad. Enseñan a la Nación generosidad, tolerancia, comunalismo. Se encuentran preparados como nadie para resistir y perdurar.
¿Paradoja? Sucede que el sistema económico, el Estado y los medios de comunicación no son democráticos, no lo pueden ser ya, mientras las clases subordinadas se insubordinan porque son democráticas, practican el consenso, la responsabilidad, el bien común, el ejercicio desinteresado de los cargos que reciben. También ellos, y no sólo los depredadores corruptos de arriba, están transformando el país.
El aparato político y económico apesta. El judicial-represivo también. Pero abajo las aguas se mueven. México, el de abajo, anda, sigue andando. Los pueblos resienten el temor a la bota del poderoso y sin embargo no les gana. Están hartos, no desesperados. Son nuestra mejor frontera. Dentro de sus bordes cabe todo lo que México sí es. Las demás "fronteras" son una impostura en favor de quienes se enriquecen explicablemente y nos destruyen.