comentarios.
26 ene 2007
El movimiento popular y el proceso electoral
ALBERTO ALONSO CRIOLLO
Un balance político de la situación actual tiene que partir de que la crisis del sistema político oaxaqueño sigue vigente; el Movimiento Popular no ha sido derrotado; ya ha generado importante cambios en la actitud de la gente y en las instituciones y tendrá una influencia decisiva en el proceso electoral de este año. La buena nueva para la izquierda progresista y la gente que ha salido a las calles para protestar durante 8 meses del conflicto político, es que se ha abierto un amplio espacio de oportunidad para consolidar la transición política oaxaqueña. De entrada por lo menos tres consideraciones determinantes.
1.-A pesar de las campañas publicitarias del gobierno y de los místicos esfuerzos de auto convencimiento gubernamentales, es incontrovertible el hecho de que el Movimiento no ha sido ni puede ser desarticulado, está en proceso de reorganización y que, por el lado del gobierno, no ha atinado a diseñar una estrategia de fondo que prefigure una solución del conflicto.
Efectivamente el Movimiento ha cedido en cuanto a capacidad de convocatoria y movilización como un resultado de la política de terror, confrontación y exterminio con que la soberbia, que no la inteligencia gubernamental, ha confrontado al Movimiento Popular. Sin embargo, lo que los cabezas duras del gobierno no entienden, es que el miedo sólo paraliza momentáneamente y a la larga profundiza el sentimiento de agravio que espera solo una oportunidad para manifestarse. El hostigamiento abierto y arbitrario contra miembros de la APPO; la estrategia de divisionismo en contra del gremio magisterial; los duros ataques a personajes relevantes de la sociedad civil e incluso de la Iglesia son ejemplos a la mano de la torpeza y el autoritarismo con que opera el estrecho criterio gubernamental.
Todo lo anterior significa que las causas del conflicto permanecen ahí, incólumes. El gobierno otra vez está desaprovechando la oportunidad de generar condiciones reales de distensión porque finalmente siente que es el gran vencedor y opera en un espacio de ceguera situacional que le impide percibir la provisionalidad del estado de correlación de fuerzas. De hecho, la estrategia de confrontación gubernamental no percibe que esta abriendo nuevos frentes de conflicto que lo están llevando al descrédito y la bancarrota política.
2.-Aunque el movimiento no esté en su punto más alto de ebullición, ha tenido efectos de fondo en la transformación del sistema: ha generado cambios normativo institucionales y ha propiciado la recodificación de lo real en donde ahora se puede percibir con más facilidad las asimetrías, traducidas en agravios, generadas por el orden político existente. Todo esto implica que hay cambios actitudinales de la gente que percibe que la vía electoral es la única oportunidad para abrir el cerrado pacto de las oligarquías autoritarias del estado y del país.
No hay de otra, a pesar de las andanadas publicitarias que aseguran que ha regresado la normalidad, la gente ha volcado su atención sobre la política y desarrolla en consecuencia una actitud crítica, evaluativa que incrementa de modo natural los cuestionamientos sobre el sistema.
Lo mismo en lo que corresponde a los cambios institucionales provocados por el Movimiento. A pesar de sus evidentes limitaciones y sus pérfidas intenciones, hay algunos avances en la reforma electoral aprobada el año pasado, la cual no hubiera sido posible sin la presencia avasallante de la presión popular. Esos cambios, por más que lo quiera escamotear el grupo gobernante, contribuye a la depuración del sistema.
3.- Todo lo anterior significa que el proceso electoral de este año estará profundamente influido por los efectos del Movimiento. Se han generando ya, espacios amplios de oportunidad que en el escenario más viable, incidirán en la conformación de una cámara plural que puede estar dominada por primera vez en la historia del estado, por la oposición. De hecho, este proceso electoral es el espacio ideal para consolidar los cambios en las preferencias electorales que aparecieron en la elección federal del 2006 y da oportunidad a la población de cobrar las facturas por todos los agravios acumulados.
Los espacios de oportunidad están conformados ya, sin embargo, no todo es miel sobre hojuelas, las competencias electorales finalmente son contiendas entre actores que pueden cometer errores y aciertos. En el caso de las fuerzas políticas que pugnan por la transformación del estado, harían bastante bien en tomar la competencia en serio, armar campañas profesionales y, sobretodo designar candidatos que realmente se identifiquen con la bandera del cambio y las causas populares. Hay que cerrarle el paso a esa gran corriente "pactista" que pulula en algunos partidos de oposición. No vaya a suceder, otra vez, que la causa progresista sea encargada a los mismos personajes que en los hechos han demostrado que son aliados y beneficiarios del viejo régimen.
