COHETERÍA EN OAXACA

14 jun 2007







INICIA LA JORNADA DE LUCHA Y CONMEMORACIÓN.

Eran las 4:27 horas de este día 14 de junio de 2007, cuando una serie sucesiva de tres estampidos de cohetones marcó el inicio de una cantidad impresionante de estallidos de cohetería se sucedió por más de una hora por todos los rumbos de la ciudad de Oaxaca. Del centro histórico a las zonas suburbanas, de norte a sur, de este a oeste, una y otra y otra vez más se escucharon las detonaciones.

El estallido de cohetería ha sido la primer actividad del día, luego a las 6 de la mañana ha salido al aire la voz de la estación radiofónica “Radio Plantón” aunque con algunas fallas técnicas. Hace un año precisamente sus instalaciones fueron allanadas por la policía estatal y destruido su equipo.

El que por todos los puntos de la ciudad hallan sido quemados cohetes hace evidente que le movimiento social está vivo, vigente en su lucha; aunque el terrorismo de estado haya provocado que las expresiones de descontento y lucha hayan variado en sus métodos. Es decir, los militantes ya no actúan al descubierto y arriesgando ser identificado y encarcelados. Únicamente las megamarchas por su enorme cantidad de marchistas se realizan de manera masiva. El movimiento con los cohetones ha iniciado triunfalmente la celebración del 14 de junio día en que hace un año, el pueblo y magisterio oaxaqueño propinaron una derrota histórica a las fuerzas represivas del poder espurio de Ulises Ruiz Ortiz, sátrapa asesino.








UN BREVE RECUENTO:

Represión policiaca contra maestros en Oaxaca deja al menos 92 heridos
El gobernador Ulises Ruiz afirma que los mentores contaban con armas y granadas
El zócalo fue retomado por los profesores

Maestros detenidos durante el operativo en Oaxaca Foto Blanca Hernández
El 22 de mayo la Asamblea Estatal de la Sección XXII del SNTE había decidido plantarse de manera masiva en las calles del Centro Histórico de la ciudad de Oaxaca, Oax. Ello ante la cerrazón y negativa a negociar su pliego de peticiones económicas y sociales, de parte del gobierno del estado de Oaxaca, encabezado por Ulises Ruiz, gobernador que mediante un fraude electoral llegó a la gubernatura.
El tirano Ulises Ruiz, respondió al plantón mediante dos medidas, la primera, una campaña en contra de los maestros mediante espots televisivos en los que se denigraba a los maestros haciéndolos ver como intransigentes y violentos, demás, de impreparados e improvisados. La segunda, mediante desplegados de de parte de la Cámara de Diputados local, de filiación priísta (El mismo partido del gobernador) y de las organizaciones de empresarios, en ambos casos demandando la intervención de las fuerzas públicas para desalojar a los maestros del Centro y “restaurar el orden”.
En días previos al 14 de junio, se rumoraba de un eventual desalojo, los maestros no creyeron que el gobierno usara la represión en lugar del diálogo y la negociación. Era impensable e increíble que en pleno siglo XXI, se optara por la fuerza bruta. De esta manera, los maestros, confiadamente continuaron su plantón, muchos de ellos por ser originarios de otros lugares de la entidad, se hacían acompañar de su familia, esposa e hijos, dormían sobre cartón y se cubrían con tendidos de lona y plástico, ahí mismo cocinaban sus alimentos y algunos tenían televisores para seguir de cerca las noticias sobre su movimiento. En el edificio sindical, enclavado en el mismo centro histórico, transmitía por la frecuencia 92.5 de FM la estación “Radio Plantón”, con un alcance limitado a la ciudad.
El 14 de junio el gobierno de Ulises Ruiz Ortiz decidió acabar por la madrugada con el plantón, lo hizo con la fuerza pública del estado aun cuando había insistido en su "disposición al diálogo". El saldo del enfrentamiento de policías con maestros fue de 92 heridos, entre mentores, niños y elementos de seguridad, aunque la dirigencia magisterial aseguró que como resultado del choque murieron dos personas en noche no se habían confirmado los decesos. Sin embargo, un profesor pudo observar como una anciana que transportaba flores para su venta en el mercado “20 de noviembre” cayó abatida por una granada de gas lacrimógeno que le impactó el cráneo, la mujer fue recogida por un vehículo policíaco en la primera calle de “Aldama”. En la zona sur del centro de la ciudad.
La Cruz Roja informó del traslado al hospital del ISSSTE de una profesora embarazada que, a causa de la intoxicación por gases lacrimógenos, abortó. En el mismo nosocomio se atendió a un joven de 23 años, de nombre Daniel, quien fue herido en un ojo por una granada de gas, a quien una bomba de gas lacrimógeno le estalló sobre el ojo izquierdo.
A las puertas del hospital del ISSSTE, su hermana dijo: "Daniel no tenía nada que ver, él iba a la escuela, estudia agronomía y los policías lo bajaron del coche. Lo golpearon con los toletes, está muy grave, a punto de perder el ojo".
EL DESALOJO.
El desalojo violento del zócalo oaxaqueño y las 56 calles que mantenían ocupadas los profesores se inició a las 4:50 de la madrugada con la irrupción de agentes de la Unidad de Operaciones Especiales, de la policía preventiva, así como de la Unidad Ministerial de Intervención Táctica de la procuraduría estatal y del Grupo de Operaciones Especiales del ayuntamiento de Oaxaca de Juárez, las fuerzas represoras allanaron el Hotel del Magisterio, ubicado al poniente de la ciudad, en búsqueda de los dirigentes sindicales, no los encontraron, se dirigieron luego hacia el centro. En el hotel del magisterio fueron arrestados el secretario de Escalafón del comité ejecutivo de la sección 22 del SNTE, Roberto Pérez Gazga, y el administrador del albergue, de nombre Miguel.
RADIO PLANTÓN, TRANSMITE SU AGONIA.
Diez minutos antes de las cinco de la mañana, Eduardo Castellanos Morales, profesor de secundaria, conducía la transmisión en vivo de Radio Plantón -la estación del magisterio oaxaqueño-, fue quien dio la noticia en vivo de los acontecimientos.
Momentos antes de que la policía sin orden de cateo allanara el edificio sindical y destruyeran el equipo de transmisión, el Güero Castellanos alcanzó a decir: "Se oyen bombas, son las cinco de la mañana; los granaderos se acercan, están entrando al edificio para reprimirnos, se escucha la explosión de las granadas". Luego silencio, Radio Plantón no ha vuelto a transmitir de manera continua desde hace un año y ahí se detuvo al Güero Castellanos y a Acelo Ruiz Méndez, estudiante de la universidad privada Mesoamericana, y a Oziel Martínez Martínez, a quienes posteriormente, se les inició un proceso por terrorismo, portación de armas de fuego y de explosivos,
El entonces líder sindical, Enrique Rueda Pacheco, secretario general de la Sección XX, había alertado a sus compañeros los llamó a "resistir organizadamente la represión que está operando el gobierno estatal en una actitud irracional. Enfrentemos organizadamente esta embestida con la cabeza fría y el corazón ardiente. Preparen trapos o pañuelos, mójenlos con agua para resistir los gases lacrimógenos y defender este espacio, como lo hemos hecho durante 26 años de lucha".
Enfundado con un paliacate y gorra, no fue reconocido por la policía y logró escapar por la calle de “Vicente Guerrero” con rumbo al oriente de la ciudad, para luego trasladarse a la Escuela Secundaria Técnica no. 6, desde donde se pretendía organizar la resistencia y contra ataque.
La policía entró con violencia al plantón por las calles de Bustamante, Las Casas, Armenta y López, Independencia, Hidalgo y Valdivieso, entre otras, para desalojar a por lo menos 2 mil trabajadores de la educación que se habían quedado en guardia nocturna, algunos con sus hijos, que aún dormían. Los policías dispararon centenares de bombas de gas lacrimógeno para dispersar a los manifestantes por diferentes arterias. Las maestras y esposas de los maestros con sus pequeños hijos intoxicados, encontraron refugio en los edificios de la Facultad de Derecho de la Universidad “Benito Juárez” y en la escuela primaria “Pestalozzi” ambos situados en el Centro Histórico.
Media hora después, cinco y media de la mañana, los profesores se reagruparon y se enfrentaron con palos, varillas, tubos y piedras a los agentes en las esquinas de las calles de Independencia y 20 de Noviembre; Independencia y 5 de Mayo; Macedonio Alcalá y Morelos; Morelos y 20 de Noviembre; Morelos y 5 de Mayo; Bustamante y Guerrero; Flores Magón y Trujano.
Mientras los agentes lanzaban granadas de gas lacrimógeno y pimienta, los maestros -cubiertos del rostro con paños mojados- respondían con piedras e inclusive con las bombas que tomaban del suelo y devolvían a los uniformados. La policía, además, disparó hacia los maestros y, debido a ello, resultaron heridos de bala el profesor Daniel Mendoza Reyes y un policía que "fue lesionado por sus propios compañeros. Ellos mismos le pegaron, porque nosotros no traemos armas".
Con las primeras luces del día, a las 5:56 horas, hizo aparición un helicóptero matrícula XAUCJ de la aviación civil, que arrojó decenas de granadas de gas durante cuatro horas. Sentado en la puerta de la aeronave, un policía con el rostro cubierto con pasamontañas arrojaba las bombas con la mano, otro más lo hacía con un fusil lanza granadas. Gracias al uso de la aeronave, las fuerzas represivas lograron establecer un cerco defensivo de cuatro manzanas alrededor del “Zócalo” de la ciudad, los gases se expandían hacia los hogares de los vecinos, la mayoría de estos salió de sus casas para dar apoyo a los maestros con agua, vinagre y coca cola, siendo ésta última, eficaz neutralizador de los efectos de los gases.
A las 7:10, los profesores empezaron a tomar autobuses para usarlos como arietes. Un vehículo fue llevado hasta el zócalo, donde fue incendiado y chocado frente al hotel Marqués del Valle. Otro autobús fue utilizado contra los preventivos en Independencia donde, según versiones de la policía, tres de ellos fueron embestidos. Escenas similares se vivieron en Melchor Ocampo, Xicoténcatl, Guerrero y 5 de Mayo. A esas horas la noticia circulaba por celulares y teléfonos, gracias a ello, habitantes de la ciudad y colonias, estudiantes universitarios y de otras escuelas, se unían a los profesores, algunas campanas de templos replicaban y el zafarrancho se generalizó.
Poco antes de las 8 de la mañana, los maestros, pueblo, estudiantes acorralaron y cercaron a los agentes policíacos, gases, chorros de agua a presión usados por bomberos y particulares alquilados con sus pipas, no pudieron contener el embate del pueblo y magisterio, la policía tuvo que replegarse en la Alameda de León y en el zócalo, donde destruyeron casas de campaña y el improvisado campamento de los mentores; pero ya eran dueños de apenas dos manzanas de calles.
El avance popular, logró llegar a las puertas de los edificios donde las maestras, esposas e hijos de los maestros, se habían encerrado, salieron intoxicados pero rápidamente se les trasladó a lugares seguros, entre hospitales y anexos a templos que les abrieron sus puertas. Ahí les procuraron auxilio.
En la confrontación, se descubrió que desde la habitación 206 del hotel Marqués del Valle, en la plaza principal, dos agentes de inteligencia les disparaban gases lacrimógenos. Fueron atrapados Javier López López y Gerardo Ballinas Mayez, quienes al registrarse a la una de la mañana de hoy dieron como domicilio el 105 de la Calle del Panteón. A López y Ballinas los maestros -que derribaron las puertas de cuatro habitaciones hasta que los encontraron en la 206- les encontraron una maleta con granadas de gas lacrimógeno.
El empuje de los combatientes obligó a los uniformados a abandonar la plaza principal en franca huída hacia el sur de la ciudad, por la calle de Bustamantel, en la estampida, ocho preventivos se quedaron rezagados, entre ellos el subdirector operativo, Margarito López. En calidad de rehenes fueron entregados a la Cruz Roja para un intercambio de maestros presos.
''Ahí muere, también somos pueblo'', gritó uno de los policías, pero fue capturado. A las 9:20, después de 5 horas, pueblo y magisterio hacían sonar la campana de palacio de gobierno, descalabrados e intoxicados se incorporaron al festejo, fue una VICTORIA HISTÓRICA.
El tirano Ulises Ruiz, jamás volvería a enfrentar de manera masiva a los maestros. Lo haría de manera criminal mediante un convoy de patrullas, camionetas y motocicletas, que por las noches se desplazaba disparando sobre los campamentos de los maestros y las barricadas de los vecinos en las calles del centro y las colonias de la ciudad. En este contexto la cifra de muertos alcanzaría la cifra de 23.
A las 11 de la mañana de ese día, el gobernador cínica y desfachatadamente afirmó que "no hubo enfrentamiento" y aseguró que había hablado telefónicamente con el secretario de Gobernación, Carlos Abascal, para solicitar el apoyo de la Policía Federal Preventiva (PFP) y que el funcionario había accedido. "Están por llegar cuatro aviones de la PFP y otros agentes por carretera", dijo. En esa fecha y días posteriores, no se concretó la amenaza. Y por otra parte, los datos desmintieron las palabras del tirano.
En el hospital del IMSS, informó su director, Rosalino Vásquez Cruz, fueron internados -además del policía y del maestro heridos de bala- los también agentes Perfecto Pacheco Vásquez, Laureano Mendoza Ramírez, Eutiquio Galván, Toribio López Ahuizote e Isidro Ramos Zárate. Además, los civiles Benito Laureano Santos Reyes y Hortensia Alcántara Martínez, por intoxicación a causa de los gases lacrimógenos.
En el hospital del ISSSTE fueron ingresados los maestros Blanca Alicia Sánchez, Adelina Méndez, Heriberto Jamenson Hernández, Fidel Solano, Herón Valentín Moreno, Víctor Manuel Castillejos Pineda, Victorino García Luis, Javier Cruz Pérez, Daniel Bautista Díaz, Bonifacio Avendaño Valdivia, César Estrada López, Jesús Ortiz Garzón, Victorino Ruiz Mendoza, Rolando Gómez Zárate, Efraín Olivera Juárez, Alberta Guzmán Reyes, Dagoberto Toribio Acevedo y Filemón Caballero Ríos, quien sufrió desprendimiento del globo ocular, así como el menor Isaac Chávez Paz.
Algunos de los lesionados fueron dados de alta el mismo día, luego de que se les atendió por intoxicación e irritación extrema en los ojos por el gas lacrimógeno lanzado desde un helicóptero, el cual realizó una decena de sobrevuelos a lo largo del día y por la noche. Testigos de la represión aseguraron que, además de los adultos, se atendió "a niños que salieron de aquí sin poder caminar, algunos con brazos y piernas fracturados".
El fallido desalojo fue el primer acto represivo de los muchos que se sucedería hasta el día de hoy en que de manera selectiva se busca y persigue a militantes y simpatizantes; pero la lucha no acaba, la sangre derramada, las vidas segadas, fructifican, alimentan el valor de las y los oaxaqueños. La mega marcha conmemorativa y las barricadas dan cuenta de ello.