A CAMBIO DE LA POBREZA MAYORITARIA

9 ene 2008





En la partidocracia no hay partido sin poder ni poder sin partido

Pedro Echeverría V.
Rebelión


1. Casi 20 mil 740 millones de pesos costó a contribuyentes el funcionamiento ordinario cotidiano de partidos políticos durante los últimos 11 años, pues el flujo de dinero público, de acuerdo con registros del IFE, creció en pesos reales, a pesar de que la población cargó con sacrificios económicos. Mientras millones de personas, por un lado, tuvieron que enfrentar problemas de empleo, poder de compra e insatisfacción de necesidades en educación, salud y alimentación, así como la carencia de apoyos para proyectos productivos, por otro lado, los partidos iniciaron un viaje en la bonanza: camionetas, boletos de avión, aerotaxis, celulares, oficinas confortables para jefes con grandes salarios y prestaciones, incluso parecidos al del Presidente de la República (que obtiene casi 300 mil pesos al mes) Esta bonanza sepultó el pasado de restricciones que en otras décadas padeció la oposición. (Ver El Universal)
2. Por eso se ha dicho con mucha razón: si quieres tener altos salarios para siempre, funda un partido o ingresa como dirigente en alguno registrado. La política que es el arte de hacer posible lo imposible, de poder hacer real la utopía, desde hace muchas décadas se ha convertido (al parecer) en un magnifico negocio para los más altos dirigentes de todos los partidos cuyos directivos se han dedicado a brincar de un cargo a otro. Lo que durante 50 años se criticó al PRI, de establecer una dictadura de algunos personajes en el poder, ahora lo realiza exactamente igual el PAN, el PRD y otros partidos. Hay más de 100 personajes en la llamada oposición que pueden sumar 25 años brincando de un cargo a otro: de diputado local a diputado federal y de aquí a senador para luego pasar a una presidencia municipal, a una gubernatura o a directivo del partido. 25 años ocupando cargos, impidiendo que los más jóvenes y críticos asciendan.
3. Pueden haber Frentes que aglutinan partidos, Movimientos que luego se convierten en partidos o partidos evidentes con otro nombre. La realidad es que los partidos, con sus nombres formales, llevan más de 150 años de existencia en el mundo, aunque antes hayan tenido otra designación, como las logias masónicas en México a principios del siglo XIX o los seguidores de caudillos políticos o militares. Los partidos son parte de un todo, nacieron para conquistar el poder o por lo menos ser parte del mismo. Poseen objetivos definidos, programas, estrategias y tácticas, siempre enfocados a la toma del poder. Así surgieron los partidos conservadores (para conservar el poder); los liberales, de proclamaban la libertad de comercio, de trabajo, etcétera; los laborista que proclaman la defensa del trabajo; los comunistas que luchaban por la propiedad y el bienestar común e igualitario o los socialcristianos que unían la doctrina cristiana con la política.

4. En México los partidos como tal surgen durante la dictadura porfiriana (1876/1911) Aunque antes a los conservadores, liberales, juaristas, iglesistas y lerditas se les haya antepuesto los nombres de partido, en realidad no funcionaban como tales, sino que eran seguidores de corrientes políticas o caudillos. Los anarquistas agrupados con Bakunin, que se confrontaron con Marx en la Primera Internacional, extendieron su influencia en varios países, entre ellos México. Así conocimos aquí a Plotino Rodhakanati que abrió escuelas anarquistas entre el campesinado, a Julio López Chávez que encabezó una rebelión campesina en Chalco contra Juárez y las leyes sobre tierras que despojaron a las comunidades y el mismo Flores Magón que desde fines del siglo XIX comenzó a difundir el periódico Regeneración y fundar círculos de obreros libres con los que logró organizar las huelgas obreras más importantes contra la dictadura porfiriana.

5. Los partidos que se registraron antes e inmediatamente después de la Revolución, respondieron a los intereses de caudillos revolucionarios. Por eso al fundarse el Partido Nacional Revolucionario (abuelo del PRI) tuvo como uno de sus objetivos principales unificar a los caudillos para establecer una dictadura “democrática” y “nacionalista” en el país. El Partido Acción Nacional nació 10 años después, en 1939, para combatir desde la derecha (junto a empresarios y alto clero) a la Revolución Mexicana. Asumió la Presidencia de la República en el 2000 gracias a los acuerdos que firmó con el salinismo y el neoliberalismo que instrumentó. 50 años después, en 1989, se fundó el PRD a partir de una gran escisión en el PRI, cuando este partido adoptó de manera abierta el modelo neoliberal y privatizador. Estos tres principales partidos son los que hoy, mediante acuerdos, mantienen el poder en el país junto a otras poderosas instituciones.

6. Los partidos en México cambiaron radicalmente en 1977 cuando se integraron con plenitud. Por eso apunta El Universal que el cheque mensual de la secretaría de Hacienda, siempre puntual y equivalente a más de 90% de los gastos día a día, operó una transformación en los partidos, mismos que dejaron de parecer una suma de voluntades en torno de un ideal; embarnecieron y lograron la talla de corporaciones patronales. Hoy cada partido político maneja nóminas que los equiparan con una empresa: tienen demandas por despido, retienen impuestos a trabajadores, pagan prestaciones, abastecen sus almacenes con materias para operar y rentan servicios y lugares. La idea de que en México la democracia es cara, la definió con nitidez una cuenta adicional a la del gasto diario de los partidos: más de 7 mil millones de pesos suministró el erario a dichas entidades para cuatro campañas federales ricas, destinadas a conquistar el voto de un pueblo pobre.

7. Los partidos son poderes institucionales separados del pueblo. Reciben el poder del Estado y demás instituciones privadas. No buscan ser independientes, por el contrario, se amalgaman como clase política para defenderse y seguirse aprovechando del poder y de los privilegios que este les otorga. Incluso el PRD, que debería ser un partido distinto por ser de centro/izquierda, por sus comportamientos en las gubernaturas, en la legislatura y por la forma de desarrollarse internamente, cada día es más idéntico a los partidos de la derecha, el PAN y el PRI. La partidocracia, junto con la Presidencia, los grandes empresarios y los medios de información (que se han fortalecido enormemente en los últimos) son ahora un aparato de dominación mucho más poderoso que el que hace algunas décadas existía. Las masas tendrán ahora que luchar con más fuerza e intensidad porque el poder unido de la clase política y económica dominante posee mejores elementos para defenderse.



Las falacias de la agricultura y el libre comercio

Luis Hernández Navarro
La Jornada
Los productores y el agro marchan bien, dicen desde el poder. Alberto Cárdenas, el secretario de Agricultura conocido como El dos neuronas por su deslumbrante inteligencia, asegura que el Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) ha traído más beneficios que males. La aseveración es falsa. Las cifras así lo muestran.
Según información del Departamento de Agricultura estadunidense (USDA, por sus siglas en inglés), la balanza comercial agroalimentaria entre México y Estados Unidos es claramente deficitaria para nuestro país. Así ha sido año tras año desde el inicio del TLCAN. Hasta octubre de 2007 las importaciones mexicanas sumaban más de 10 mil 487 millones de dólares, mientras las exportaciones apenas alcanzaban 8 mil 479 millones de dólares.
Lo mismo ha sucedido desde 1994. Las compras nacionales de productos agroalimentarios a nuestro vecino fueron de casi 10 mil 881 millones de dólares en 2006 y las ventas llegaron a 9 mil 390 millones de dólares. Durante 2005 importamos 9 mil 429 millones de dólares y exportamos 8 mil 330 millones de dólares.
Las cifras no son peores gracias a la cerveza. Convertida en nuestro principal producto agroalimentario de exportación, su éxito no le debe nada al TLCAN. Las ventas mexicanas de la bebida alcohólica en Estados Unidos durante 2005 sobrepasaron los mil 300 millones de dólares. Representaron 18 por ciento del total de las exportaciones alimentarias nacionales del sector hacia su principal socio comercial.
Las ventas de cerveza, vegetales y frutas concentran las tres cuartas partes de las exportaciones de México hacia su vecino del norte. Los tomates son el segundo producto agroalimentario de exportación y los pimientos el tercero. Limones, papayas, mangos, pepinos, espárragos frescos y verduras congeladas le siguen en importancia.
Granos, oleaginosas, carnes y productos derivados concentran las tres cuartas partes de las importaciones agroalimentarias mexicanas de Estados Unidos. Aunque se asegura que muchas de estas compras buscan cubrir un déficit de los agricultores mexicanos, centenares de toneladas de maíz, soya, sorgo, arroz y trigo han llegado a los mercados mexicanos con precios por debajo de sus costos reales de producción, dañando gravemente la planta productiva nacional. El impacto entre campesinos y agricultores ha sido devastador.
Un caso, entre otros más, es el del arroz. México es el primer destino de las exportaciones estadunidenses de este cereal. En un momento en el que los grandes agricultores de ese país han perdido importantes mercados en India, Tailandia y África subsahariana, el acceso preferencial al mercado mexicano avalado por el TLCAN ha servido al imperio como la tabla de salvación que ha hundido a los productores nacionales.
El TLCAN ha impulsado la inversión extranjera directa en las cadenas agroalimentarias mexicanas. De acuerdo con la Secretaría de Economía, tan sólo entre enero de 1999 y junio de 2006 este sector recibió inversiones por 11 mil 700 millones de dólares, de los cuales casi la mitad proviene de la patria del Tío Sam. Las estadísticas estadunidenses señalan que en 2005 la inversión de esa nación en la industria alimenticia, excluyendo la producción agrícola y las bebidas, era de casi 3 mil millones de dólares.
Estas inversiones son importantes en las empresas que comercializan granos, elaboran harinas y tortillas, así como en el procesamiento de carne. Por ejemplo, de las tres compañías que controlan casi 50 por ciento del mercado avícola en México, dos son grandes consorcios estadunidenses.
Las compañías multinacionales de base estadunidense establecidas en México tuvieron aquí ventas por 6 mil 100 millones de dólares, casi el doble del valor de las exportaciones de alimentos procesados provenientes del país de las barras y las estrellas. La mayoría de las marcas más conocidas en el otro lado se comercializan dentro de nuestro territorio.
La dieta de los mexicanos se ha transformado aceleradamente a raíz del TLCAN y de la enorme presencia de gigantes corporativos como Wal-Mart, Cotsco y Sam’s Club en las cadenas minoristas. Ningún médico se atrevería a decir que este cambio en el patrón de consumo ha sido para bien de la población.
Pero el secretario de Agricultura no es el único que en estos días falta a la verdad. Es falso, como afirma Fidel Herrera, gobernador de Veracruz, que la negociación del capítulo agropecuario del TLCAN haya sido correcta, pero las medidas que se tomaron posteriormente hayan sido malas. Por supuesto, las políticas de compensación, reconversión y fomento a la productividad que debieron acompañar la firma del acuerdo han sido pésimas, pero la negociación del tratado fue desastrosa para el país, para el campo y para los campesinos.
Cuando menos, México podía haber dejado el maíz y el frijol fuera del trato. Canadá y Estados Unidos excluyeron de su pacto lácteos, cacahuates, mantequilla de maní, algodón, azúcar, pollos, pavos, huevos y margarina. Pero el gobierno de Carlos Salinas no quiso hacerlo y metió maíz y frijol a la mesa de negociación con el objetivo de forzar, por esta vía, el drenado de la población rural hacia las ciudades.
Es equivocado suponer que ya nada puede hacerse, salvo pelear por quedarse con la bolsa del programa especial para paliar los efectos de la liberalización comercial. El capítulo agropecuario del tratado es renegociable, más aún si forma parte de la agenda bilateral sobre migración y narcotráfico.
No tiene sustento afirmar que lo peor de la apertura comercial en el agro ya pasó. No, al menos, en la percepción de su población. Los tiempos de la sociedad rural, la forma en la que se procesa en ella la acción reivindicatoria, poco tienen que ver con los de las dinámicas de la tecnoburocracia neoliberal y las coyunturas electorales o legislativas de los políticos.
El libre comercio en el campo ha causado severos estragos en el mundo campesino. Más temprano que tarde los labriegos pasarán la cuenta.