PORQUE NO QUEREMOS MÁS DE LO MISMO
23 mar 2010
UNA APUESTA CIUDADANA.
Escrito por Eduardo Bautista /IISUABJO
De: http://oaxacalibre.org
Ante el escenario de que triunfe la coalición opositora en las elecciones por la gubernatura, resulta claro que los problemas y rezagos ancestrales que ha sufrido la población oaxaqueña no se van a resolver de manera mágica; por el contrario, es posible que las tensiones sociales se profundicen y se genere un escenario de descomposición, de fragmentación y conflictos creados por los grupos que dejen el poder para hacerle ver a los votantes que “se equivocaron”.
Por ello una apuesta ciudadana no es únicamente por el candidato menos peor ni limitada a la confianza en su talento; mucho menos a la rebatinga de posiciones siguiendo la lógica de las camarillas de los partidos políticos. Una apuesta se centraría en la apertura de posibilidades para construir un sistema de pesos y contrapesos institucionales con mayor participación ciudadana.
Desde esta perspectiva, la alternancia se observaría como un eslabón necesario para el cambio en la correlación de fuerzas y no como una meta en sí; se trata de darle mayor vigor a la sociedad civil para transformar la vida política de Oaxaca, más allá del eslogan de la “transformación” de quienes no tienen la mínima intención de que las cosas cambien porque atentaría contra sus privilegios personales y sus intereses creados.
Resulta indispensable pensar más allá de los partidos políticos; de recuperar las contribuciones de las asociaciones civiles desde los Diálogos por la Paz del año 2006 hasta los recientes Foros por la Transición Democrática, destacando la iniciativa de Ley de Participación Ciudadana. Las propuestas civiles serían difíciles de canalizar en un sistema cerrado, con controles rígidos y concentración unipersonal del poder, como el que se arrastra en Oaxaca desde hace ocho décadas.
Sería la oportunidad de promover la ciudadanización de instituciones de manera efectiva, como el Instituto Estatal Electoral, para construir un arbitraje más neutral; la Comisión Estatal de Derechos humanos, lejos de su funcionamiento a conveniencia de los grupos de poder; de la Auditoría Superior del Estado, que deje de perseguir a los adversarios políticos y de su complicidad con los afines; de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, para recuperar el sentido público de la comunicación masiva y no de mera difusora de propaganda del gobierno y su partido; del Instituto de Acceso a la Información pública para alentar una cultura de la transparencia en el manejo de los recursos, entre otras más.
También se trata de que los diputados y los presidentes municipales entiendan una situación muy sencilla, que son representantes populares, que se deben a la población de sus distritos y municipios, y que no son empleados del gobernador. Luego entonces se irían cerrando espacios a la coacción y el cobro de facturas que tanto vulneran los vínculos entre poderes y erosionan las relaciones intergubernamentales.
Sería una apuesta para una ciudadanización sin simulaciones, de tal manera que quienes lleguen a las posiciones de responsabilidad respondan a las necesidades y expectativas de los ciudadanos y no a la voluntad del gobernador en turno. Que esas posiciones dejen de observarse como “huesos” para pagar favores, para emplear a compadres incompetentes, subordinados agradecidos y toda esa maraña de lealtades torcidas que ha contaminado la vida política oaxaqueña.
Una apuesta ciudadana para rebasar el cerco de manipulación informativa centrado en que la coalición es alentada por ex gobernadores resentidos y priístas desahuciados que pretenden vengarse de quienes los desplazaron del poder; que pueden existir, pero las expectativas para el desmantelamiento del autoritarismo, del cambio democrático con justicia social van más adelante.
El cambio con justicia social es una condición indisoluble, puesto que no hay vida democrática en donde abunda la pobreza como en nuestra entidad, en donde unos cuantos usufructúan el beneficio de decidir e imponer su voluntad sobre muchos.
Aunque el actual grupo gobernante y su partido realizan promesas espectaculares en campaña, de presupuestos sin precedentes, la realidad es que aún cuando éste se diera, el impacto sería nulo debido al actual estado de cosas por la persistencia de un gobierno centralizado, y que los recursos pararían en el barril sin fondo de la corrupción y de los intercambios clientelares.
El cambio depende que se considere que la pobreza y la justicia social no son asuntos que podrían resolverse únicamente con más dinero, que no deja de ser importante; el cambio tienen que ver con el saneamiento y la responsabilidad institucional con contrapesos civiles. Por tanto, un proyecto ciudadano no se acota en la temporalidad del 2010 ó del 2012, coyunturas electorales que tanto preocupa a la clase política.
La apuesta va más allá de estos momentos y más allá de Oaxaca, puesto que la construcción de ciudadanía no se encierra en localismos ni en líderes iluminados, ni en el reposicionamiento de partidos políticos desacreditados, sino en la construcción de una de sociedad civil fuerte que contemple las diferencias de sus integrantes como una oportunidad y no como un problema que debe anularse.
La alternancia es sólo uno de los eslabones para recuperar la confianza y la credibilidad en las instituciones, para rebasar el clima de encono y violencia como el que se respira en las calles y en las plazas públicas, situación que ingenuamente los legisladores locales quieren detener con una ley para regular marchas y plantones.
Habría que señalar que para desactivar las movilizaciones de protesta bastaría con el buen funcionamiento institucional, con el compromiso y cumplimento de los burócratas para realizar el trabajo que les corresponde y por el que cobran muy bien, pero sobre todo con caminos abiertos para la participación ciudadana.
LA POLÍTICA DEL CAMBALACHE.
Escrito por Eduardo Bautista /IISUABJO
De: http://oaxacalibre.org
La definición del equipo de campaña del precandidato del PRI a la gubernatura de Oaxaca muestra que entre el partido y el gobierno estatal no existen fronteras; los operadores se acomodan de un lugar a otro para la defensa del feudo, saltan del gobierno al partido, o siguen cobrando como diputados y senadores pero haciendo funciones proselitistas. Esto ha sido natural en la historia de la maquinaria.
La agenda legislativa y los compromisos con los ciudadanos no les importan, ya que al único a quien le rinden cuentas es a su jefe superior; además, los legisladores serán premiados con recursos para ser ejercidos en intercambios clientelares durante la campaña proselitista que arranca, en lugar de rendir cuentas a la población que afectaron con la cascada de impuestos.
Se repite la vieja costumbre del “dedazo” en la designación del candidato, a la completa conveniencia del gran elector, luego de la comedia protagonizada con otros cinco aspirantes que al final del cuento terminaron digiriendo sus frustraciones, alineados y dispuestos a acatar las órdenes que siguen, aunque ahora tras posiciones menores a las que esperaban. Tampoco esta historia es nueva.
“Ningún proceso interno en el PRI ha sido equitativo”. La aseveración no es de algún adversario electoral o de un enemigo del tricolor, sino de un ex dirigente estatal de ese partido quien renunció a su cargo para contender por la candidatura a gobernador.
Las imposiciones, arbitrariedades y alineaciones de la estructura gubernamental y partidista ocurren al margen del creciente descontento de sectores de población, reflejados en las movilizaciones de todos los días, tanto de los que protestan por algo hasta los que son afectados en sus derechos de libre tránsito. Los burócratas son sordos a los reclamos ciudadanos y están más preocupados en alguna estrategia personal que les permita seguir viviendo del presupuesto público.
El panorama local es de arbitrariedad de quienes detentan el poder gubernamental, de impunidad ante sus excesos y del hartazgo de los ciudadanos. A quienes se benefician del feudo oaxaqueño no les importan las exigencias de justicia de quienes fueron vulnerados en sus derechos durante el conflicto del 2006 ni las resoluciones del máximo órgano de justicia del país, la Suprema Corte, porque saben que en el país domina la política del cambalache.
El margen de operación de las facciones locales es posible porque la misma clase política nacional se encuentra en un estado de descomposición. Basta remitirnos a las crónicas parlamentarias del pasado 10 de marzo publicadas en diversos medios informativos, en donde observamos acusaciones cruzadas entre los dirigentes de los partidos en torno al decadente intercambio de impuestos por votos, se dijeron “mentirosos”, “traidores”, hasta “asesinos”.
La congruencia y la convicción son pisoteadas por aquellos que dicen defenderla, involucrando en las negociaciones al Presidente de la República, a los Secretarios de Estado, a los líderes de los partidos políticos, a los legisladores y a los gobernadores. La poca credibilidad que se les tenía se cae a pedazos, al grado que ellos mismos proponen el uso de polígrafos o detectores de mentiras para validar sus argumentos.
El desfiguro de improperios protagonizado por una diputada priísta oaxaqueña que observamos en cobertura nacional hace algunas semanas no resultó ninguna excepción, es la norma, puesto que en el Congreso de la Unión el debate anda a ras de suelo, atascado entre descalificaciones, como si se tratara de un pleito de pandillas. En lugar de cultivar valores ciudadanos y una cultura de la ética, las prácticas de los dirigentes alientan el morbo, pues siempre existe la posibilidad de un escándalo más grande que rebasa al anterior.
En este clima, el Presidente Calderón hace un llamado a “dignificar la política” al mismo tiempo que le brinda cobijo a la estrella del salinismo, Elba Esther Gordillo, para imponer candidato del PAN en Veracruz, mostrando la habilidad de la eterna lideresa sindical para influir tanto en el presidente como en diferentes partidos, y al mismo tiempo tener su propia franquicia electoral.
La opinión de Calderón sobre las alianzas opositoras al PRI “que podrían provocar el desdibujamiento de los partidos y la confusión entre los electores” es solo eso, “opinión”, sus prácticas son otras en tanto se encuentra aliado a los poderes fácticos del viejo régimen. Habría que decir que los partidos ya estaban desdibujados, y que sus plataformas estaban ocupadas no por modelos de sociedad sino por intereses de sus diversas facciones.
El asunto del cambalache no es nuevo; los intereses de la nación valen un comino en el regateo entre priístas y panistas. La historia del co-gobierno PRI-PAN, de componendas y trueques ilegales, hechos a espaldas de los ciudadanos, tiene una historia de por lo menos 22 años. El primer punto de negociación fue el fraude electoral de 1988, concertado por Salinas de Gortari y la cúpula panista, según documenta Luis Javier Garrido (La Jornada, 12/03/10).
Otro momento. Desde el inicio de la alternancia en la presidencia de la República en el año 2000, Vicente Fox se dedicó a establecer alianzas con el PRI, de intercambiar favores por algunas reformas, como informó recientemente la entonces encargada de la Comisión de Desarrollo de los Pueblos Indígenas y quien se perfila como candidata al gobierno de Hidalgo, Xóchitl Gálvez.
Entre los mega cambalaches destaca el fraude electoral del 2006 que aseguró el reconocimiento de los priístas a Calderón, los mismos priístas que ahora le gritaron “espurio”, el adjetivo favorito de los perredistas. La propia Beatriz Paredes le recordó a Calderón que él no ganó la elección presidencial del 2006, sino que el panista llegó gracias al PRI ¿Entonces?
Escrito por Eduardo Bautista /IISUABJO
De: http://oaxacalibre.org
Ante el escenario de que triunfe la coalición opositora en las elecciones por la gubernatura, resulta claro que los problemas y rezagos ancestrales que ha sufrido la población oaxaqueña no se van a resolver de manera mágica; por el contrario, es posible que las tensiones sociales se profundicen y se genere un escenario de descomposición, de fragmentación y conflictos creados por los grupos que dejen el poder para hacerle ver a los votantes que “se equivocaron”.
Por ello una apuesta ciudadana no es únicamente por el candidato menos peor ni limitada a la confianza en su talento; mucho menos a la rebatinga de posiciones siguiendo la lógica de las camarillas de los partidos políticos. Una apuesta se centraría en la apertura de posibilidades para construir un sistema de pesos y contrapesos institucionales con mayor participación ciudadana.
Desde esta perspectiva, la alternancia se observaría como un eslabón necesario para el cambio en la correlación de fuerzas y no como una meta en sí; se trata de darle mayor vigor a la sociedad civil para transformar la vida política de Oaxaca, más allá del eslogan de la “transformación” de quienes no tienen la mínima intención de que las cosas cambien porque atentaría contra sus privilegios personales y sus intereses creados.
Resulta indispensable pensar más allá de los partidos políticos; de recuperar las contribuciones de las asociaciones civiles desde los Diálogos por la Paz del año 2006 hasta los recientes Foros por la Transición Democrática, destacando la iniciativa de Ley de Participación Ciudadana. Las propuestas civiles serían difíciles de canalizar en un sistema cerrado, con controles rígidos y concentración unipersonal del poder, como el que se arrastra en Oaxaca desde hace ocho décadas.
Sería la oportunidad de promover la ciudadanización de instituciones de manera efectiva, como el Instituto Estatal Electoral, para construir un arbitraje más neutral; la Comisión Estatal de Derechos humanos, lejos de su funcionamiento a conveniencia de los grupos de poder; de la Auditoría Superior del Estado, que deje de perseguir a los adversarios políticos y de su complicidad con los afines; de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, para recuperar el sentido público de la comunicación masiva y no de mera difusora de propaganda del gobierno y su partido; del Instituto de Acceso a la Información pública para alentar una cultura de la transparencia en el manejo de los recursos, entre otras más.
También se trata de que los diputados y los presidentes municipales entiendan una situación muy sencilla, que son representantes populares, que se deben a la población de sus distritos y municipios, y que no son empleados del gobernador. Luego entonces se irían cerrando espacios a la coacción y el cobro de facturas que tanto vulneran los vínculos entre poderes y erosionan las relaciones intergubernamentales.
Sería una apuesta para una ciudadanización sin simulaciones, de tal manera que quienes lleguen a las posiciones de responsabilidad respondan a las necesidades y expectativas de los ciudadanos y no a la voluntad del gobernador en turno. Que esas posiciones dejen de observarse como “huesos” para pagar favores, para emplear a compadres incompetentes, subordinados agradecidos y toda esa maraña de lealtades torcidas que ha contaminado la vida política oaxaqueña.
Una apuesta ciudadana para rebasar el cerco de manipulación informativa centrado en que la coalición es alentada por ex gobernadores resentidos y priístas desahuciados que pretenden vengarse de quienes los desplazaron del poder; que pueden existir, pero las expectativas para el desmantelamiento del autoritarismo, del cambio democrático con justicia social van más adelante.
El cambio con justicia social es una condición indisoluble, puesto que no hay vida democrática en donde abunda la pobreza como en nuestra entidad, en donde unos cuantos usufructúan el beneficio de decidir e imponer su voluntad sobre muchos.
Aunque el actual grupo gobernante y su partido realizan promesas espectaculares en campaña, de presupuestos sin precedentes, la realidad es que aún cuando éste se diera, el impacto sería nulo debido al actual estado de cosas por la persistencia de un gobierno centralizado, y que los recursos pararían en el barril sin fondo de la corrupción y de los intercambios clientelares.
El cambio depende que se considere que la pobreza y la justicia social no son asuntos que podrían resolverse únicamente con más dinero, que no deja de ser importante; el cambio tienen que ver con el saneamiento y la responsabilidad institucional con contrapesos civiles. Por tanto, un proyecto ciudadano no se acota en la temporalidad del 2010 ó del 2012, coyunturas electorales que tanto preocupa a la clase política.
La apuesta va más allá de estos momentos y más allá de Oaxaca, puesto que la construcción de ciudadanía no se encierra en localismos ni en líderes iluminados, ni en el reposicionamiento de partidos políticos desacreditados, sino en la construcción de una de sociedad civil fuerte que contemple las diferencias de sus integrantes como una oportunidad y no como un problema que debe anularse.
La alternancia es sólo uno de los eslabones para recuperar la confianza y la credibilidad en las instituciones, para rebasar el clima de encono y violencia como el que se respira en las calles y en las plazas públicas, situación que ingenuamente los legisladores locales quieren detener con una ley para regular marchas y plantones.
Habría que señalar que para desactivar las movilizaciones de protesta bastaría con el buen funcionamiento institucional, con el compromiso y cumplimento de los burócratas para realizar el trabajo que les corresponde y por el que cobran muy bien, pero sobre todo con caminos abiertos para la participación ciudadana.
LA POLÍTICA DEL CAMBALACHE.
Escrito por Eduardo Bautista /IISUABJO
De: http://oaxacalibre.org
La definición del equipo de campaña del precandidato del PRI a la gubernatura de Oaxaca muestra que entre el partido y el gobierno estatal no existen fronteras; los operadores se acomodan de un lugar a otro para la defensa del feudo, saltan del gobierno al partido, o siguen cobrando como diputados y senadores pero haciendo funciones proselitistas. Esto ha sido natural en la historia de la maquinaria.
La agenda legislativa y los compromisos con los ciudadanos no les importan, ya que al único a quien le rinden cuentas es a su jefe superior; además, los legisladores serán premiados con recursos para ser ejercidos en intercambios clientelares durante la campaña proselitista que arranca, en lugar de rendir cuentas a la población que afectaron con la cascada de impuestos.
Se repite la vieja costumbre del “dedazo” en la designación del candidato, a la completa conveniencia del gran elector, luego de la comedia protagonizada con otros cinco aspirantes que al final del cuento terminaron digiriendo sus frustraciones, alineados y dispuestos a acatar las órdenes que siguen, aunque ahora tras posiciones menores a las que esperaban. Tampoco esta historia es nueva.
“Ningún proceso interno en el PRI ha sido equitativo”. La aseveración no es de algún adversario electoral o de un enemigo del tricolor, sino de un ex dirigente estatal de ese partido quien renunció a su cargo para contender por la candidatura a gobernador.
Las imposiciones, arbitrariedades y alineaciones de la estructura gubernamental y partidista ocurren al margen del creciente descontento de sectores de población, reflejados en las movilizaciones de todos los días, tanto de los que protestan por algo hasta los que son afectados en sus derechos de libre tránsito. Los burócratas son sordos a los reclamos ciudadanos y están más preocupados en alguna estrategia personal que les permita seguir viviendo del presupuesto público.
El panorama local es de arbitrariedad de quienes detentan el poder gubernamental, de impunidad ante sus excesos y del hartazgo de los ciudadanos. A quienes se benefician del feudo oaxaqueño no les importan las exigencias de justicia de quienes fueron vulnerados en sus derechos durante el conflicto del 2006 ni las resoluciones del máximo órgano de justicia del país, la Suprema Corte, porque saben que en el país domina la política del cambalache.
El margen de operación de las facciones locales es posible porque la misma clase política nacional se encuentra en un estado de descomposición. Basta remitirnos a las crónicas parlamentarias del pasado 10 de marzo publicadas en diversos medios informativos, en donde observamos acusaciones cruzadas entre los dirigentes de los partidos en torno al decadente intercambio de impuestos por votos, se dijeron “mentirosos”, “traidores”, hasta “asesinos”.
La congruencia y la convicción son pisoteadas por aquellos que dicen defenderla, involucrando en las negociaciones al Presidente de la República, a los Secretarios de Estado, a los líderes de los partidos políticos, a los legisladores y a los gobernadores. La poca credibilidad que se les tenía se cae a pedazos, al grado que ellos mismos proponen el uso de polígrafos o detectores de mentiras para validar sus argumentos.
El desfiguro de improperios protagonizado por una diputada priísta oaxaqueña que observamos en cobertura nacional hace algunas semanas no resultó ninguna excepción, es la norma, puesto que en el Congreso de la Unión el debate anda a ras de suelo, atascado entre descalificaciones, como si se tratara de un pleito de pandillas. En lugar de cultivar valores ciudadanos y una cultura de la ética, las prácticas de los dirigentes alientan el morbo, pues siempre existe la posibilidad de un escándalo más grande que rebasa al anterior.
En este clima, el Presidente Calderón hace un llamado a “dignificar la política” al mismo tiempo que le brinda cobijo a la estrella del salinismo, Elba Esther Gordillo, para imponer candidato del PAN en Veracruz, mostrando la habilidad de la eterna lideresa sindical para influir tanto en el presidente como en diferentes partidos, y al mismo tiempo tener su propia franquicia electoral.
La opinión de Calderón sobre las alianzas opositoras al PRI “que podrían provocar el desdibujamiento de los partidos y la confusión entre los electores” es solo eso, “opinión”, sus prácticas son otras en tanto se encuentra aliado a los poderes fácticos del viejo régimen. Habría que decir que los partidos ya estaban desdibujados, y que sus plataformas estaban ocupadas no por modelos de sociedad sino por intereses de sus diversas facciones.
El asunto del cambalache no es nuevo; los intereses de la nación valen un comino en el regateo entre priístas y panistas. La historia del co-gobierno PRI-PAN, de componendas y trueques ilegales, hechos a espaldas de los ciudadanos, tiene una historia de por lo menos 22 años. El primer punto de negociación fue el fraude electoral de 1988, concertado por Salinas de Gortari y la cúpula panista, según documenta Luis Javier Garrido (La Jornada, 12/03/10).
Otro momento. Desde el inicio de la alternancia en la presidencia de la República en el año 2000, Vicente Fox se dedicó a establecer alianzas con el PRI, de intercambiar favores por algunas reformas, como informó recientemente la entonces encargada de la Comisión de Desarrollo de los Pueblos Indígenas y quien se perfila como candidata al gobierno de Hidalgo, Xóchitl Gálvez.
Entre los mega cambalaches destaca el fraude electoral del 2006 que aseguró el reconocimiento de los priístas a Calderón, los mismos priístas que ahora le gritaron “espurio”, el adjetivo favorito de los perredistas. La propia Beatriz Paredes le recordó a Calderón que él no ganó la elección presidencial del 2006, sino que el panista llegó gracias al PRI ¿Entonces?

