MIGUEL HERNANDEZ, UNIVERSAL.

18/11/2010



A Miguel Hernández, en el centenario de su natalicio.
Redacción del Blog.

"Miguel Hernández murió de franquismo en una cárcel de España y el Gobierno tiene pendiente anular su condena a muerte" Marcos Ana.
Patricia Rivas. Rebelión

Repleto hasta la última localidad, el teatro del Centro Cultural de Valdebernardo, distrito de Vicálvaro, fue escenario el pasado 14 de noviembre de la representación de "Sino Sangriento", el "Homenaje a voz ahogada al poeta Miguel Hernández", que los presos políticos del penal de Burgos montaron en la clandestinidad con ocasión del 50 aniversario de su nacimiento, en 1960.

Miguel Hernández fue uno de los grandes representantes de la Generación del 36. No le dejaron siempre estar en primera línea como poeta. Luis Aragon decía que libros como La Capital de la Gloria, España en el Corazón o España, aparta de mí ese cáliz, habían alcanzado la gloria de la poesía épica española. Miguel Hernández escribió a pie de guerra. A la luz de una vela en una tronera, en el rincón del patio de una prisión. No es justo que no se señale, con la estatura que tuvo.

Murió asesinado. Murió de franquismo en una cárcel de España. Lo dejaron morir de tisis.

Hoy se quiere presentar a Miguel Hernández como un hombre de la "poesía pura". Tratan de despojarle de su compromiso político y de su militancia comunista. Tratan de presentarle como un poeta en las nubes. En la exposición que sobre su persona realiza la Biblioteca Nacional puede verse su carnet del V Regimiento, del Partido Comunista de España.

La deuda del Gobierno con Miguel Hernández: anular su condena a muerte

Hace unos meses me llamó la Vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega. Me dijo que iban a ir a Alicante a ofrecer a la nuera de Miguel Hernández y a su nieta una reivindicación moral, un escrito firmado por el Ministerio de Justicia. Yo acompañé a esa delegación, y quise decirle a nuestro Gobierno que todavía tiene cuentas pendientes: la anulación de la condena a muerte de Miguel Hernández y de todas las condenas contra los represaliados por la dictadura.

Tenemos presentada una querella al Tribunal Supremo para que se revise la causa de Miguel Hernández y se anule su condena a muerte. Esta obra que hicimos los presos políticos es una aportación. Tras el escenario había una banda de música. Elaboramos flautas con los palos de las escobas, y con ellas íbamos tocando "La Cucaracha", "La Marsellesa" o "La Internacional" en sucesivos momentos de la obra. Nuestras familias eran un puente entre nuestras cárceles y el mundo.

Cuando llevaba 22 años encarcelado, me di cuenta de que me costaba recordar las cosas más sencillas de la vida. Antes volvía a la vida a través del sueño, pero llegó un momento en que la cárcel se impuso como la protagonista de mi vida y de mis noches. Salí en libertad en 1961, pero no tenía tiempo de escribir. No podía sentirme libre mientras quedara un solo hermano mío encarcelado.

Me visitaban muchos nietos de abuelos fusilados, reunidos en la asociación "Memoria y Libertad". Me impresionó que la juventud de hoy no supiera lo que ha pasado en España. Escribí este libro para contribuir a la memoria histórica, para que lo que hemos vivido nosotros no sea posible nunca más.

Lo que está más viva es la memoria de los vencedores, que está en los engranajes del Estado, que está en el Tribunal Supremo, que depende más del pasado que del presente. Hay jueces que formaban parte del Tribunal de Orden Público. Eso no quiere decir que nos lleve un espíritu de venganza. No se puede establecer un juicio salomónico. Lo que pasó en la zona republicana en los primeros meses fue producto de la tensión desatada por el pronunciamiento fascista y no formaba parte de la política del gobierno republicano. El otro bando se pasó 40 años matando: era el ideario del régimen franquista, arrancar de raíz cualquier asomo de idea diferente.

La venganza no es un ideal político. Lo único que queremos es que se reconozca a los hombres y mujeres que lucharon por la democracia en nuestro país.

Es capital que tomemos contacto con la juventud. Los veteranos hemos luchado mucho, tenemos cicatrices. Es necesario diferenciar entre las ideas y los instrumentos. Los instrumentos son los hombres, y son necesariamente imperfectos. La bondad de las ideas está ahí. Por eso sigo siendo comunista.

A veces los veteranos no somos capaces de encontrar el lenguaje para llegar a la juventud. Muchos jóvenes están esperando un mensaje que los ponga en línea y que les permita luchar por algo que vaya más allá de ellos mismos.

Al futuro no podemos ir solos

No he escrito el libro pensando sólo en los camaradas, sino en aquella gente que todavía no nos comprende.

Quería hacer la segunda presentación del libro en Burgos. Quedé sorprendido cuando el alcalde del PP, Aparicio, dijo que el homenaje a Marcos Ana lo hacia el Ayuntamiento. Me di cuenta de la amplitud que puede tener un mensaje. Hay matices en el pensamiento de la gente. Me regalaron 7 rosas rojas (los años en que estuve condenado a muerte, los más difíciles) y 14 rosas blancas, por los años que pasé preso en Burgos, ya sin que mi vida estuviese amenazada de muerte.

Tenemos que ser muy amplios. Al futuro no podemos ir solos.

Una vez en Cuba me encontré con el Che. Era un hombre austero. Me habían preparado una pequeña recepción en Santiago de Cuba. Algo modesto, pero era un momento muy difícil en el que la gente estaba pasando por muchas privaciones. El Che llegó y reprendió a los compañeros. Digo esto como ejemplo de que los comunistas tenemos que ser austeros y sencillos, sobre todo cuando estamos en el poder.

Los jóvenes están agrupados a su manera, porque no se fian de los partidos. La política es un circo. Requieren una ética distinta para hacer política. Están activos en los movimientos alternativos.

Hace falta tiempo para ser joven: soy un chaval de 90 años.

La solidaridad no sólo es una palabra hermosa. Antiguamente, los pueblos vivían lejos los unos de los otros. Pero hoy son muy cortos, terriblemente cortos, los caminos que unen lo que sucede en Afganistán con nuestras casas. Nadie puede sentirse seguro en su pequeña libertad si considera lejana la esclavitud de los demás.

Hay que dignificar la política, y por eso hay que exigir mucho a nuestros representantes,

Soy un chaval de 90 años. Sigo viviendo en una vorágine.
Yo salí libre a los 42 años. Llegué tarde a mi juventud. Pero, como dijo Pablo Picasso: "Hace falta tiempo, mucho tiempo, para ser joven".