PERO DESTINAN PRESUPUESTO

14/12/2010

Decisiones educativas

JOSÉ BLANCO

La Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados aprobó incluir en la Constitución el derecho a la educación media superior, para tratar de combatir dos temas prioritarios, que preocupan a la comisión: los llamados ninis y los niños sicarios. La comisión reformó los artículos tercero y 31 constitucionales para hacer obligatorio el bachillerato y garantizar una educación de calidad con mayor cobertura en todo el país. El presidente de la Comisión de Puntos Constitucionales, el perredista Juventino Castro y Castro, celebró el acuerdo pues permitirá a los jóvenes recibir educación gratuita, acceder a un servicio de calidad y evitar que se incorporen a las filas del crimen organizado, dijo.

Es de celebrarse que, con muchos años de retraso, finalmente se haya aprobado esa medida indispensable. Pero es el colmo que las razones de los diputados hayan sido los ninis y el crimen organizado. Ni la menor referencia a la educación como tal, a su relación con la cobertura de la educación superior, y con la escuela secundaria.

Por supuesto los diputados son muy astutos. Primero aprueban el presupuesto, y después la ley que hace obligatorio el bachillerato. ¡Lástima, Margarito!, no tenemos plata con qué echarla andar. Total, a lo mejor el año siguiente.

La prueba PISA 2009, que mide los competencias de los jóvenes de 15 años en comprensión de lectura, matemáticas y ciencias, trajo algunas novedades. Corea del Sur pasó a ser el primer lugar absoluto superando este año a Finlandia, que durante varios años ocupó la primera posición.

Una de las características del sistema educativo sudcoreano, de acuerdo con los expertos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), es su apuesta educación de alta calidad, entre otras medidas a los alumnos muy brillantes, se intenta ofrecerles vías ad hoc de manera que exploten toda su capacidad. También hay que tener en cuenta que Sudcorea es uno de los países en los que los estudiantes más trabajan fuera de clase. Dos de cada tres alumnos sudcoreanos acuden a clases de refuerzo. Un estudiante de ese país trabaja 10 horas al día.

Finlandia aún mantiene unos resultados altísimos, consecuencia de la autonomía de sus escuelas y de que los profesores se eligen entre los mejores estudiantes universitarios.

De cualquier forma, la sorpresa de este informe PISA ha sido el altísimo resultado de la provincia de Shanghai, que por primera vez entraba en este tipo de prueba. Sus alumnos rompieron las clasificaciones en matemáticas, superando los 600 puntos de media, algo nunca visto. La OCDE resalta un dato: 25 por ciento de los alumnos de Shangai han sido capaces de resolver un tipo de problema matemático complejo. El mismo problema sólo fue resuelto por 3 por ciento de los estudiantes de la OCDE.

¿Están enterados los señores diputados de la relación entre los niveles educativos y el desarrollo de la economía del conocimiento de nuestros días?

El aberrante gobernador de Jalisco, que no ha sido descubierto por la Secretaría de Gobernación ni por la de Hacienda y Crédito Público, continúa hurtando los recursos federales asignados a la Universidad de Guadalajara (UdeG). Cada año, durante los últimos tres, se ha embolsado recursos federales de la universidad hasta sumar más de 700 millones. Fue respetuosamente exhortado por ocho respetables rectores, encabezados por el de la UNAM, a actuar dentro de la ley, pero el desgobernador respondió que los rectores se coluden para pedir dinero, y que en la UdeG una mafia se roba el dinero de la institución; por eso ha preferido robárselo él.

El señor desgobernador Emilio González probablemente dijo esa barbaridad bajo los efectos del alcohol, al que es tan aficionado; no se entiende de otra manera tamaña irresponsabilidad de –seguramente–, tener las pruebas de los manejos de los funcionarios de la UdeG, y no haber echo las denuncias judiciales correspondientes.

El otro caso emblemático es el del inefable desgobernador de Durango. Directores, académicos y estudiantes y trabajadores de las 27 escuelas y facultades que integran la Universidad Juárez del Estado de Durango se han cansado de acusarlo de violar flagrantemente la autonomía universitaria y cometer una lista interminable de actos fuera de la ley. Junto con sus diputados, hizo aprobar por sus pistolas una nueva ley orgánica, reventó el proceso de sucesión de la rectoría que se desenvolvía dentro de los cauces de la legislación universitaria, designó a una rectora a quien ordenó llevar a cabo un proceso de elección de un rector que fuera fiel servidor del desgobernador. Ninguna exhortación, ningún intento de intermediación de la ANUIES, han servido para nada, frente a un señor montado en su macho, frente a los ojos aprobatorios del Secretario de Gobernación.

No hay duda que con estos cultos e informados dirigentes políticos pronto estaremos alcanzando los niveles de desarrollo de Corea del Sur, de Finlandia y de Shangai.

Salinas, falso activista ciudadano

Álvaro Delgado
MÉXICO, D.F., 13 de diciembre (apro).- Con un mamotreto de casi mil páginas, volumen análogo a sus otras dos obras propagandísticas editadas en la reciente década, Carlos Salinas irrumpe este fin de año en México para hacerse pasar como activista de la participación ciudadana y encubrir su condición de matraquero de Enrique Peña Nieto y gurú del priismo.

Democracia Republicana. Ni Estado ni mercado: una alternativa ciudadana, es el título del más reciente libro de Salinas, que en realidad representa un instrumento de su propósito supremo: Reinsertarse de manera abierta en la vida pública de México y diluir su reputación de destructor del país.

Apenas el martes 12 de octubre, cuando su amigo Leonardo Valdés, presidente del Instituto Federal Electoral (IFE), lo invitó a impartir una conferencia en el Palacio de Minería como invitado estelar del 20 aniversario de ese organismo, en cuyo sexenio se creó con todo el control de su gobierno, le pregunté a Salinas si creía que ya no era repudiado por los mexicanos.

Guardó silencio y, con la sonrisa cínica que lo caracteriza, se escabulló hacia el Palacio de Minería donde impartió la conferencia en la que disertó sobre la creación del IFE y pontificó sobre el poder ciudadano, justamente el tema de su nuevo libro.

A las preguntas que se le formularon sobre su gestión como responsable del gobierno de México les sacó la vuelta y ofreció responderlas. “Seré veraz, seré autocrítico, pero sobre todo me gustará conocer la respuesta de ustedes a mi propia respuesta”, ofreció Salinas.

--Yo me quedé esperando la respuesta suya a la autocrítica. No me la dio, espero que algún día me la dé –le reprochó la periodista chilena Mónica González, que moderó la mesa.

--Se la voy a dar hoy en la tarde en que le voy a mandar un libro de mil 400 cuartillas, que es una primera autocrítica a mi responsabilidad como presidente de México. Obsequiado, por cierto.

Pero en ese libro de mil 400 páginas --mil 392 exactas— que es México, un paso difícil a la modernidad, editado en el año 2000, no hay ninguna autocrítica a su catastrófica gestión --que sentó las bases del actual capitalismo de cuates-- y sí una catarata de autoelogios por haber impulsado reformas, pese a la “nomenclatura” de su partido.

En su siguiente libro La década perdida, 1995-2006 neoliberalismo y populismo en México, editado en 2008, tampoco hay asomo de autocrítica a lo largo de las 959 páginas, más de un tercio de las cuales dedica a su nueva obsesión: El neopopulismo.

Las referencias que hace Salinas a personajes son reveladoras: A Felipe Calderón, que ya tenía dos años den el cargo cuando apareció ese libro, no lo menciona ni una sola vez, pero a Andrés Manuel López Obrador lo refiere por su nombre 50 veces.

Ni siquiera a quien identifica como su principal enemigo, Ernesto Zedillo, le dedica tanto espacio, porque sólo hace 17 menciones, poco menos que a Vicente Fox, 22 citas, una más que a su hermano Raúl Salinas, quien goza de una fortuna mal habida con impunidad absoluta, que resultó –como él mismo confesó-- del saqueo al patrimonio de los mexicanos.

Una fortuna que también tendría su origen en el crimen organizado si nos atenemos a lo que llegó a afirmar Alfredo Elías Ayub, director general de la Comisión Federal de Electricidad (CFE), en conversaciones grabadas en las que afirma que Raúl Salinas “entregó el país al narco”.

En fin, ahora Salinas --en su papel de activista ciudadano-- postula que, a doscientos años de la Independencia y cien de la Revolución, la República está en riesgo, según el sitio animalpolitico.com, que difundió fragmentos de su nuevo libro.

La clave para salir de la crisis, según él, es apostar por la acción ciudadana, y pasar de “sólo votar y comprar”, a grupos que se organicen para transformar su realidad y formar una democracia republicana. “Es el momento de los ciudadanos participativos”, dice Salinas de Gortari, quien postula la democracia republicana de los ciudadanos para los ciudadanos.

Neoliberal vergonzante, Salinas condena “los efectos nocivos que sobre el país han tenido el neoliberalismo y el populismo”. Salinas se presenta también como una especie de ideólogo del PRI.

“A partir del 2000, año del triunfo de un candidato presidencial no priista, el PRI perdió también la batalla de las ideas, olvidó la capacidad de su gran movimiento para generar los mitos fundadores”, dice, y propone reactivar el Programa Nacional de Solidaridad (Pronasol), el esquema clientelar de su gobierno.

“Solidaridad no sólo consiguió acrecentar el capital humano: consolidó la fuerza social que durante varias generaciones se había conformado en diversos ámbitos del país, sobre todo en las comunidades rurales, las clases medias urbanas y las colonias populares.”

Hay algo muy claro con el nuevo libro de Salinas: Le apuesta no sólo a capitalizar la ineptitud suprema de los panistas, socios suyos, por cierto, sino a la desmemoria de los mexicanos para reinsertarse en la vida pública para ejercer, abiertamente, el poder, por ejemplo a través de su pupilo Peña Nieto.

Que los mexicanos opinen…

López Dóriga, la inmoralidad mediática

Javier Sicilia



MÉXICO, D.F., 13 de diciembre.- Poco antes de la maquillada transición democrática, cuando el gobierno señoreaba abiertamente al país como una dictadura, los medios noticiosos –en particular los de Televisa, encabezados entonces por Jacobo Zabludovsky– estaban perdidos en los principios y en la moral. El apetito del dinero y la indiferencia por la dignidad habían actuado para dar a México medios cuyo único objetivo era aumentar el poder del gobierno, el lucro de las empresas mediáticas y el envilecimiento de todos.

En esos tiempos, el Excélsior de Julio Scherer y –después del golpe perpetrado por el gobierno de Echeverría– la revista Proceso, que se fundó con el apoyo de una ciudadanía indignada, eran la excepción. Sus batallas, su periodismo de investigación, su devoción por la verdad, su negativa a pactar con los poderes, no sólo mantuvieron viva la voz de la nación, sino que sentaron las bases de lo que ahora es la libertad de prensa en nuestro país.

En medio de esa libertad, Proceso, dirigida ahora por Rafael Rodríguez Castañeda, ha seguido el mismo camino y continúa siendo una referencia incómoda para el poder y para esos medios que, como los auspiciados por Televisa, no han dejado de ser lo que siempre han sido: la vergüenza de este país. No es otra cosa lo que López Dóriga –ese periodista inescrupuloso, continuador del Zabludovsky del antiguo régimen– mostró cuando –días después de la publicación del reportaje de Ricardo Ravelo Testigo estelar (Proceso 1777), y de la publicación de un capítulo del libro de Anabel Hernández Los señores del narco (Proceso 1778)– divulgó y magnificó en su noticiario que Sergio Villarreal, El Grande –testigo protegido que en el reportaje de Ravelo había manifestado conocer a Calderón a través del senador Guillermo Anaya–, decía haber dado al periodista 50 mil dólares para que guardara silencio con respecto a su persona.

Se trataba –como lo dijo el propio López Dóriga en un alarde de servilismo avalado por los periodistas que lo acompañaban en el programa Tercer Grado– no de una noticia, sino de un lección: mostrarle a Proceso, primero, que la fuente de Ravelo, El Grande, que dice conocer al presidente, se volvía ahora contra él; segundo, que si en ese caso la fuente mentía, también mentía en relación con sus declaraciones sobre Calderón y Anaya; tercero, que Proceso, el cual recurre a testimonios de testigos protegidos, se ha convertido en un semanario corrupto que tiene relaciones con el narcotráfico y que utiliza cualquier tipo de información para desprestigiar al gobierno; cuarto, que a partir de ese momento todo lo que ha dicho o diga Proceso es sospechoso de falsedad. Se trataba, bajo una moralina seudoperiodística, de linchar a Proceso, de desprestigiarlo, de reducirlo a un periodismo de calumnia, a un pasquín que dejó de ser lo que fue para mentir.

La evidencia más clara de esta bajeza está en la manera en que el propio López Dóriga manipuló los argumentos que Ravelo utilizó en su reportaje Testigos protegidos: creerles a conveniencia (Proceso 1778). Según Ravelo –palabras que el propio López Dóriga utilizó para darle esa supuesta lección a Proceso– los testigos protegidos “mienten”. Lo que, sin embargo, López Dóriga omitió es, primero, que mienten porque “en manos de las autoridades sufren presiones económicas, malos tratos y frustración”; segundo, que cuando esos mismos testigos “se refieren a funcionarios poderosos del gabinete federal no se les toma en cuenta”; tercero, que “con frecuencia los testigos protegidos se quejan de que en la SIEDO son obligados a declarar en contra de gente que no conocen…”.

Ni López Dóriga, quien sí ha difamado muchas veces para servir a sus patrones –recordemos sus ataques contra el diario Reforma por denunciar los beneficios obtenidos por Televisa y Nextel en la asignación de frecuencias radioelectrónicas y la reciente divulgación de una supuesta corrupción entre directivos de la industria farmacéutica y del Seguro Social porque así convenía a esa empresa televisiva–, ni quienes lo acompañaban en Tercer Grado tuvieron el profesionalismo de verificar si los señalamientos de El Grande sobre su encuentro con Calderón eran falsos; ni si la acusación de ese testigo protegido contra Ravelo era el producto de una coerción de la SIEDO para golpear a Proceso.

Reunidos en el foro televisivo, Dóriga, Marín, Maerker, Gómez Leyva y Micha habían dejado de ser periodistas para convertirse en los inquisidores de Proceso, en servidores de esas Iglesias degeneradas llamadas Gobierno y Televisa, y en verdugos impolutos de un periodismo que no ha dejado de denunciar sus corrupciones y desaciertos. Habían dejado de honrar la palabra, a la que un día sirvieron con dignidad, para volver al viejo objetivo de los medios verdaderamente corruptos: aumentar el poder autoritario del gobierno, el lucro de las empresas mediáticas de las que viven y el envilecimiento de todos.

A los que hacemos Proceso nunca nos ha interesado caminar apoyándonos en los pobres privilegios de los que saben arreglárselas con el poder. Nuestra ambición es y ha sido dar testimonio y gritar cada vez que es posible en nombre de aquellos a quienes los poderes aplastan. Eso, para honra de la verdad, jamás podrán acallarlo.

Además opino que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés, liberar a todos los zapatistas presos, derruir el Costco-CM del Casino de la Selva, esclarecer los crímenes de las asesinadas de Juárez, sacar a la Minera San Xavier del Cerro de San Pedro, liberar todos los presos de la APPO y hacerle juicio político a Ulises Ruiz.