LA BICICLETERA

14/06/2011

Elba Esther y el movimiento perpetuo

Miguel Ángel Granados Chapa

MÉXICO, D.F., 13 de junio.- La profesora Elba Esther Gordillo es creyente y practicante de la teoría de la bicicleta: sabe que debe constantemente pedalear, a riesgo de una caída cuando la velocidad disminuye hasta desaparecer. Por eso se halla en permanente movimiento. Hay épocas, sin embargo, en que su activismo se hace más notorio, como la actual, en que está acomodando piezas en su territorio y reafirmando o remendando sus alianzas.

El rumbo y el sentido de algunos de sus movimientos es fácilmente perceptible en general. A veces, sin embargo, se requiere reunir información a fondo sobre el curso de acontecimientos que modifican el dominio de la profesora. Tal es el caso de la disputa entre la federación burocrática encabezada por la lideresa magisterial y la Dirección General del ISSSTE, dos piezas controladas por la maestra a menos que algo haya ocurrido que explica su enfrentamiento.

Después de que fue defenestrada en la Cámara de Diputados, al perder la coordinación de los diputados priistas, la profesora se encaminó al pleno enfrentamiento con Roberto Madrazo, presidente del Comité Ejecutivo Nacional del PRI, del que era ella en 2004 todavía secretaria general. Osada, la lideresa magisterial llegó al extremo de dinamitar una de las columnas torales del partido al que pertenecía, la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado. Provocó una escisión en ella, aprovechando la presencia mayoritaria de su propia agrupación sindical y sonsacando a otras de menor relieve pero que sumaron la suya propia a la fuerza del SNTE. Apareció así en el escenario la Federación Democrática de Sindicatos de Servidores Públicos (Fedessp), que desafió a la FSTSE y fue ganándole terreno en diversos ámbitos. Conquistó primero la posibilidad de representar el interés de los empleados públicos adheridos a sus sindicatos ante el gobierno federal. Y después, uno a uno, conquistar espacios de representación en órganos como el Tribunal Federal de Conciliación y Arbitraje que de bilaterales pasaron a ser trilaterales, pues la presencia de los organismos gremiales se duplicó.

Ese cambio no se observó en el ISSSTE y sus organismos filiales. Pero no importaba porque esa institución formó parte de la factura pagada por el presidente Calderón a la profesora por servicios prestados en campaña, que fueron determinantes, con otros factores, para que Calderón habitara Los Pinos. Pero en febrero de 2010 Miguel Ángel Yunes, el caporal que cuidaba ese rancho en que el ISSSTE quedaba convertido en beneficio de Gordillo, se retiró en su intento, a la postre fallido, de gobernar a Veracruz.

Se quedó en su lugar, a título provisional, el director de Finanzas de la institución, una persona de la confianza de Yunes, que había trabajado con él en las encomiendas relacionadas con la seguridad pública que Yunes cumplió en el ámbito federal. Al no otorgar formalmente la titularidad de ese cargo a Jesús Villalobos tal vez se pensaba en el eventual regreso de Yunes o en la designación de alguien más directamente vinculado a la profesora. Pero transcurrió un año completo, y varios meses más, durante los cuales Villalobos siguió al mando. Desde allí, sea por desaprensión o ingenuidad, o por cálculo político fundado en instrucciones recibidas de lo alto pero no de Gordillo, dio señales de autonomía que incomodaron a la maestra.

Por ejemplo, rehusó cumplir órdenes judiciales de otorgar asientos en órganos directivos del ISSSTE a miembros de la Fedessp. Incómodos ellos con esa actitud, desconcertada tal vez la profesora por esa renuencia no dispuesta por ella, los líderes burocráticos amenazaron a Villalobos con parar las actividades de las dependencias cuyo personal se agrupa en esa federación. La amenaza no surtió efecto, de modo que pasaron a pelear en otra arena. Denunciaron a la dirección del ISSSTE por un desfalco de 8 mil millones de pesos. Con parsimonia, la dirección del Instituto explicó que no hay tal desfalco, sino que por acuerdo entre el propio ISSSTE y la Secretaría de Hacienda, esa cantidad se invirtió en partidas anuales, de 2007 a 2009, dedicadas a equipamiento de unidades médicas, obras nuevas, conservación y mantenimiento de las existentes y una pequeña porción a compras de medicamentos.

En el momento de escribir estas líneas, jueves 9 por la noche, así están emplazadas las piezas en esa porción del territorio gordillense. Tal vez la presión sindical se intensifique y se oriente a pedir el despido de Villalobos, sea que haya querido independizarse o se le haya instruido para hacerlo. Conoceremos la naturaleza de esa actitud del director interino del ISSSTE cuando se apruebe o rechace la auditoría que es en cualquier caso necesaria en una institución que se dijo a salvo en 2007 y que apenas cuatro años después muestra los defectos de una operación meramente cosmética, no sustantiva.

En su terreno más próximo y más cabalmente suyo, el SNTE, la presidenta del sindicato dispuso que una intervención quirúrgica pronta y en apariencia indolora suprimiera una verruga, que era la presencia del profesor Rafael Ochoa en la secretaría general. De 1989 a 1996, Gordillo asumió directamente ese cargo, que era entonces el máximo conforme a la legalidad interna del sindicato. Imposibilitada legalmente para reelegirse (aun desde la primera vez, no obstante lo cual lo hizo) tuvo que optar por personal de confianza que ejerciera formalmente la secretaría general mientras que el mando real se lo reservó ella. Así, fue el poder tras el trono de tres o cuatro secretarios generales, a cual más sometido a las instrucciones de la profesora. Hasta que resolvió retornar al trono, para lo cual hizo modificar el estatuto e instaurar la presidencia, como poder superior al de la secretaría general que siguió existiendo con capacidades menguadas.

Durante una década, Ochoa ocupó ese cargo, con posiciones precarias o fortalecidas según la coyuntura o el ánimo de la lideresa, que es conocido como versátil. En algunos momentos Ochoa creyó posible reemplazar en la presidencia a su jefa y, según hablillas en los corredores sindicales, hasta se aprestó a propiciar la salida de la profesora. Pero si la tentativa existió, terminó en fracaso y el secretario general se enmoheció en su posición. Habiendo sido elegido senador por Nueva Alianza, en 2006, la profesora lo conminó a hacerle espacio a su suplente Irma Martínez Manríquez, que actualmente ocupa el escaño.

El momento del desbancamiento definitivo de Ochoa llegó el miércoles 8, cuando se dio por concluida su gestión y se le reemplazó por otro más leal a Gordillo, el dirigente jalisciense Juan Díaz de la Torre. La decisión fue consumada apresuradamente, porque apenas el lunes se convocó a sesión extraordinaria del consejo nacional y en 48 horas quedaba consumado el relevo de Ochoa. Con su salida se alejan las posibilidades remotas pero existentes de una rebelión interna contra la presidenta a título perpetuo del sindicato, y se elimina la posibilidad de que Ochoa participe en la sucesión de Gordillo, en el sentido del derecho civil, es decir el traslado de dominio de una persona por causa de muerte.

En el ámbito político electoral y administrativo los movimientos de Gordillo están destinados a fincar un renovado equilibrio en sus alianzas. Ha iniciado un acercamiento al PRI, más allá de los coqueteos que nunca ha dejado de practicar con el partido al que perteneció antes de contar con el suyo propio. En vez de las veleidades que le permitían asociarse aquí con el PAN, más con el PRI, la profesora parece resuelta a dar vigor y permanencia a su vínculo con Enrique Peña Nieto. Lo hace ya evidente por la notoria participación del Panal en la campaña de Eruviel Ávila en el Estado de México, preámbulo de la que con Peña Nieto en la candidatura presidencial practicará el año próximo.

Para contrarrestar la contrariedad que esa opción puede significar en su relación con Calderón, la maestra dedicó varias fechas de mayo a mostrar la alianza que en torno a la relación laboral SEP-SNTE resulta provechosa a ambos aunque sea desastrosa para la educación mexicana. Entre elogios e intercambio de gajes Gordillo ha alejado el fantasma de una confrontación que perjudicaría a las partes sin que entrañara una mejoría para la enseñanza nacional.

La profesora no cesa de pedalear su bicicleta, una máquina de modelo estándar, nunca tándem.

La Caravana del Consuelo

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO

Entre el 4 y el 10 de junio se realizó la Caravana del Consuelo. Poco más de 500 personas recorrieron casi 3 mil kilómetros de distancia, cruzaron 12 estados de la República y celebraron actos públicos en nueve de ellos. A su paso, durante esos siete días, cientos de madres, esposas e hijos dieron testimonio de su dolor.

Caravaneros y víctimas buscaron en su recorrido el alivio de la pena, rabia y fatiga que aflige y oprime su ánimo. Al hacerlo, echaron a caminar una devastadora y auténtica crítica del poder nacida de la vivencia y la evidencia del sufrimiento injusto.

A su lado, miles de ciudadanos acompañaron a las víctimas en mítines, encuentros y reuniones. Mostraron así que, como decía Theodor Adorno, nuestros juicios valorativos más elementales se fundan en la compasión, en nuestro sentimiento por el dolor de otros.

Si el agravio es el perjuicio sobre el cual la víctima no puede rendir testimonio porque no es escuchada, entonces la Caravana del Consuelo fue, de entrada, un acto de justicia, la reparación inicial de un agravio donde los afectados hablaron y obligaron a que se les escuchara. Lo fue, porque su testimonio incursionó en la vida pública, en el imaginario, en las vivencias y concepciones de la política, y al hacerlo derrumbó las barreras que segregaban a las víctimas el derecho a comunicar a los otros las ofensas sufridas.

La Caravana del Consuelo –como antes la de la Paz– comenzó a abrir las puertas del diálogo. Lo hizo sin tener que renunciar a su idioma, o más bien, construyendo su propio lenguaje sobre el camino. Si, como afirman Deleuze y Guattari, es el déspota quien hace la escritura, es la formación imperial la que hace del grafismo una escritura propiamente hablando, la caravana ha logrado decir ¡no! a ese vocabulario. En una época de confusión y perplejidad, en un momento de miedo y desconfianza, ha tomado la palabra sin permiso y dicho algo distinto de lo que hasta ahora se había expresado sobre la militarización del país. La caravana ha conquistado para las víctimas de la guerra contra el narcotráfico simultáneamente el derecho a hablar y la legitimidad de su discurso.

En el catálogo de aflicciones que se levantó a lo largo del trayecto y del diálogo y la firma del Pacto Nacional Ciudadano con el que culminó la travesía en Ciudad Juárez, fue evidente que la voz del dolor tiene rostro de mujer. El desgarrador coro de sus lamentos mostró que, además de víctimas de la violencia, ellas enfrentan la adversidad de su condición de género, de su falta de poder, el ser botín de guerra.

María Herrero Magdaleno fue una de esas voces. Sujetaba una lona con la fotografía de sus cuatro hijos: Gustavo, Luis, Salvador y Raúl. Dos de ellos desaparecieron el 28 de agosto de 2008 en Atoyac, Guerrero, y los otros dos, el 22 de septiembre del 2010 en el camino a Vega de la Torre, Veracruz. Con el rostro cubierto de lágrimas le dijo a la multitud: Yo no sé hablar, pero con todo el dolor que tengo vengo a hablarles.

Sanjuana Martínez lo documentó en este diario el pasado domingo: “En lo que va del año, más de 65 mujeres, nueve de ellas menores de edad, han sido asesinadas en Nuevo León según métodos salvajes, primitivos; la mayoría, ultrajadas sexualmente. Se trata del feminicidio más cruel, el que va unido a la guerra contra el narco y está invisibilizado; el que mutila, destaza, cuece, descuartiza, desuella”.

La Caravana del Consuelo mostró también que la violencia se ha ensañado con los indígenas. Arrinconados en territorios deseados por el narco como zona de paso de mercancías ilícitas o lugar para la siembra de estupefacientes, o requeridos ellos mismos como mano de obra para el cultivo o como camellos para el trasiego de sustancias prohibidas, padecen, adicionalmente, la represión de militares y policías que, con frecuencia, actúan de común acuerdo con los cárteles.

Entre otras muchas denuncias de pueblos indios, a la marcha llegó un dramático llamado de los indígenas de Ostula, en Michoacán. El saldo de la guerra contra ellos es: 16 comuneros muertos o desaparecidos en los últimos seis meses, decenas de viudas, huérfanos y familias desplazadas y la suspensión indefinida de clases en las escuelas.

Ostula es una comunidad comprometida con la recuperación y defensa de sus tierras, así como con el ejercicio del derecho a la autonomía y la autodefensa indígena. Para ella la guerra contra el narcotráfico no es más que una mascarada para que ese jugoso negocio siga existiendo, mientras la violencia se riega más y más por todos los pueblos de este país que es México, con el fin de que unos se roben lo que queda del patrimonio de nuestras comunidades y de la nación.

La movilización fue un gran éxito. Hace apenas 77 días que fue asesinado en Cuernavaca Juan Francisco Sicilia, junto a seis personas más. A partir de entonces los sufrimientos desperdigados en el país, silenciados y desacreditados ante la opinión pública, han encontrado la forma de salir de su confinamiento y reconocer el valor de su dignidad. Los familiares de las víctimas de la guerra contra el narcotráfico han dejado de ser sospechosos de defender criminales, y han comenzado a ser reconocidos como lo que son: víctimas de una guerra absurda.

Miles de ciudadanos atemorizados por la acción combinada de bandas criminales, policía y militares han perdido el miedo de salir a las calles, decir su palabra y exigir el regreso de los soldados a los cuarteles. Otros han comenzado a ver que la acción colectiva tiene sentido. Como una y otra vez lo dijeron a lo largo de la marcha: ya no son los mismos.

El éxito de esta empresa, el sostenimiento de su impulso tiene frente a sí un reto fundamental: organizar a las víctimas, hacer que su voz se vuelva permanente. Las víctimas no están aún organizadas de manera autónoma. En ellas se encuentra la legitimidad y razón de ser del movimiento. En su organización permanente está la clave de la continuidad y la autoridad moral del movimiento.

El clembuterol y los tacos de chorizo

JAVIER FLORES

En el reciente debate entre los candidatos al gobierno del estado de México, el representante del Partido Acción Nacional, Luis Felipe Bravo Mena, propuso que se realizara a los tres aspirantes la prueba antidoping, sugiriendo con ello la posibilidad de que alguno de sus contrincantes fuera proclive al uso de alguna sustancia prohibida. Su propuesta, que seguramente nunca será llevada a la práctica –pues a cambio le exigieron revisar las cuentas bancarias–, resultó, sin embargo, profética. Al parecer, alguien lo tomó en serio, y realizaron este examen, no a los políticos, sino a los jugadores del equipo mexicano de futbol.

Cinco seleccionados para participar en la Copa Oro, competencia futbolística que se realiza actualmente en Estados Unidos, en la que el representativo nacional (como lo llaman los cronistas de este deporte) es uno de los favoritos, tuvieron que abandonar la competencia, al resultar sus muestras de orina positivas a una sustancia llamada clembuterol. El tema ha provocado gran escándalo, que ya tomó las proporciones de asunto de Estado, pues, con ánimos electorales, han expresado su apoyo incondicional a los deportistas implicados tanto el licenciado Felipe Calderón Hinojosa –quien dijo que son buenos muchachos– como el secretario de Salud, José Ángel Córdova Villalobos, quien llegó al extremo de afirmar que podía meter la mano a la lumbre por ellos.

Pero ¿qué es el clembuterol? Se trata de una molécula sintética que, por su estructura química, puede asociarse con sitios especiales en la superficie de las células, sobre los que normalmente actúan sustancias naturales producidas por el organismo, como la adrenalina y la noradrenalina. A estos sitios se les conoce como receptores adrenérgicos, y los hay de dos tipos: los llamados alfa y los beta. A las drogas que actúan sobre ellos y producen efectos semejantes a los de la adrenalina (aunque además pueden tener otros) se les denomina agonistas. Pues bien, el clembuterol actúa como agonista sobre los receptores beta adrenérgicos.

Al interactuar con los receptores beta se desencadenan distintos procesos celulares. Uno de sus efectos más conocidos es la relajación de la musculatura lisa en el aparato respiratorio, lo que lo convirtió durante algún tiempo en un medicamento importante para el tratamiento de padecimientos bronquiales, como el asma. Sin embargo, por sus acciones adversas en otras regiones del organismo, en particular sobre la musculatura cardiaca, su empleo se prohibió en la mayor parte del mundo.

Otra de sus propiedades es el aumento de la masa muscular, lo que se conoce como efecto anabólico. El mecanismo por el cual el clembuterol induce este cambio no se conoce con precisión, aunque algunos estudios sugieren que esta sustancia produce modificaciones a nivel genético que se traducen en el aumento de proteínas estructurales en el músculo esquelético (Por ejemplo, Spurlock y cols. BMC Genomics 7: 320, 2006). Esta capacidad convierte a la sustancia en una herramienta muy prometedora para el tratamiento de padecimientos o condiciones (como la inmovilización) en los que ocurre una atrofia muscular.

Por sus efectos anabólicos, el empleo del clembuterol se volvió frecuente entre algunos deportistas. El incremento del volumen de los músculos se traduce en mayor fuerza y rendimiento físico, lo que supone una ventaja frente a otros competidores, razón por la cual se incluyó entre las sustancias prohibidas por los organismos internacionales del deporte. A pesar de la prohibición, su uso es muy extendido en los medios deportivos, como revela la existencia en Internet de un amplio mercado negro dirigido a ellos. El precio en Europa por una caja de 50 tabletas es de 12 euros.

Pero existe una forma indirecta e involuntaria de ingerir esta sustancia. Aunque también está prohibida su utilización en la cría del ganado, el clembuterol proporciona enormes beneficios para algunos productores sin escrúpulos. El consumo de la carne y otros productos animales, cuya engorda se ha inducido con dosis elevadas de esta sustancia, puede ser muy nocivo para la salud humana. En México, donde los controles son aún muy laxos, se ha reportado la existencia de esta práctica en al menos 11 estados de la República, que incluye casos de intoxicación (al menos mil 357 en 2007). El propio secretario de Salud, en su defensa de los jugadores de la selección mexicana, tuvo que reconocer que en 2010 se presentaron 200 casos.

Así, el consumo de carne contaminada con clembuterol se ha convertido en la hipótesis oficial para explicar por qué las muestras de orina de los jugadores dieron un resultado positivo. Aunque la verdad quizá no la conoceremos nunca.

Por lo pronto, nuestros políticos del estado de México pueden estar tranquilos, pues de materializarse la propuesta de Luis Felipe Bravo Mena –de realizarles el antidoping– todos podríamos meter la mano al fuego por ellos, pues quizá sólo se detuvieron en la carretera de Toluca a comer unos tacos de chorizo.