Jóvenes Oaxaqueños resisten embestida de la PFP en la Universidad Benito Juárez de Oaxaca.

2 nov 2006





Eduardo García, ciudadano oaxaqueño

JOVENES OAXAQUEÑOS RESISTEN EMBESTIDA DE LA PFP EN LA UABJO


Y gracias al poder de una palabra,
recomienzo mi vida,
he nacido para conocerte,
para nombrarte: Libertad

Paul Eluard


En una jornada de resistencia de connotaciones épicas este día la juventud oaxaqueña apoyada por miles de colonos defendió la dignidad de su universidad y de la voz que de ella sale.

La desigual batalla que se prolongó por más de 6 horas inició al filo de las ocho de la mañana cuando cientos de efectivos de la PFP apoyados por la policía ministerial del estado y a bordo de decenas de tanquetas y tres helicópteros arribaron a la avenida universidad, en donde comenzaron a remover una de las más mblemáticas barricadas de este movimiento: la barricada de Cinco Señores, ubicada justo a la entrada de las arterias que conducen a la Radio Universidad. Los uniformados iniciaron la agresión lanzando decenas de bombas de gas lacrimógeno hacia el interior del campus para luego desplegar unidades motorizadas y elementos frente a la rectoría.

De inmediato se dio la voz de alerta y miles de estudiantes armados con cohetones, piedras y bombas caseras comenzaron la defensa de lo que es el bastión más importante del movimiento y sede de Radio Universidad, hoy más que nunca “La voz de la verdad”, desde cuyos micrófonos las locutoras con una enorme serenidad llamaban a resistir.

“… les decimos a la PFP y a los agentes del gobierno que si vienen por nosotros solo nos van a llevar muertos, que de aquí nadie se mueve, que la razón nos asiste y que en esta lucha que hemos iniciado no nos van a callar” lanzaban al aire estoicas unas mujeres que además llamaban a los habitantes de Oaxaca a apoyar la defensa de la única emisora que permanece al lado de este movimiento ciudadano que exige la salida del tirano Ulises Ruiz,

Afuera cientos de proyectiles de gas eran lanzados al interior de la universidad, a los estudiantes que resistían y a las colonias circunvecinas causando bajas que inmediatamente eran sustituidas por jóvenes cuya bravura y determinación iba en aumento.

La ferocidad del ataque de los federales era terrible y en la impunidad total llegaron a instalarse en el deportivo universitario en una flagrante violación a la autonomía de la máxima casa de estudios. Aquí y allá se reportaban heridos y escaramuzas que ocurrían cuando la policía y los sicarios de Ulises Ruiz trataban de detener al pueblo que iba en defensa de la universidad. El rector Neri llamó a la radio para condenar el ataque y exigió que se respetara la autonomía, como respuesta los ataques se agudizaron. Los helicópteros guiaban a los contingentes por delante, atrás y a los lados del recinto educativo. En el extremo sur, en el Instituto de Ciencias de la Educación, la policía rompió los cerrojo para iniciar el ingreso mientras ministeriales del estado al amparo de sus colegas federales tiroteaban a la juventud agazapada en la facultad de derecho…la toma era inminente.

De todas partes se recibían informaciones del salvajismo de la acción policiaca. Por la radio, una persona que apenas podía hablar daba cuenta del bombardeo del que había sido objeto la parroquia de cinco señores. Otros más denunciaban que en el periférico los federales habían golpeado y llevado a manifestantes, a dos niñas las secuestraron. La lista de desaparecidos iba en aumento. Los centros de socorro que fueron abiertos en diversas partes se saturaban, en el de la iglesia de los siete príncipes los médicos voluntarios no se daban abasto con tantos heridos.

La zona sur de la ciudad era cubierta por una densa nube negra de humo de camiones incendiados y gas lacrimógeno que presagiaba peores cosas. En el panteón general, el más tradicional de Oaxaca, los federales se apersonaron para reorganizarse y para ello obligaron a las personas que ahí acudían a visitar a sus difuntos a abandonar el lugar. Todo era un atropello de colosales dimensiones.

Pero en medio de toda la violencia institucional el pueblo, encabezado por sus juventudes, por esas benditas juventudes que ya son su más grande gloria, comenzó a ganar terreno. A las fuerza de los fusiles al servicio de la mezquindad se fue sobreponiendo el arrojo de Los muchachos con sus veintes plenos de valentía. Y también se fue imponiendo la reacción de muchas personas en México y todo el mundo que comenzaron a realizar acciones en solidaridad con el pueblo de Oaxaca. Palmo a palmo los pasos del pueblo volvieron a ganar el territorio, hicieron retroceder a un enemigo que nunca vino en son de paz y que ante lo burdo de sus acciones tuvo que abandonar la plaza. A las dos y media los grises con sus tanquetas dieron media vuelta y se retiraron.

A las tres de la tarde las emociones eran inmensamente encontradas, los jóvenes, las mujeres y ancianos que participaron no daban crédito a lo que veían sus ojos, pero el corazón les latía de prisa y fuerte y les decía que sí, que habían ganado la Batalla del Dia de Muertos, que Radio Universidad estaba al aire, que en este Oaxaca convulsionado de otoño ha vuelto a ganar la palabra dignidad.