SIGUE LA DANZA CHINESCA

19 jul 2007

Critican expertos el edicto sobre el dinero incautado
LAURA POY SOLANO
Politólogos y especialistas en derecho constitucional calificaron de ''grave error'' y ''acción inconstitucional'' el que la Procuraduría General de la República (PGR) publicara un edicto en el Diario Oficial de la Federación (DOF) con el que se declaran propiedad de la nación los 205 millones de dólares localizados el pasado 17 de marzo en el domicilio de Zhenli Ye Gon, contra quien se abrió una investigación por su presunta participación en delitos contra la salud, delincuencia organizada, posesión de armas de fuego de uso exclusivo del Ejército y operaciones con recursos de procedencia ilícita.
Aseguraron que sólo después de que un juez dictamine la inocencia o culpabilidad de los presuntos responsables, las autoridades federales podrán recibir una disposición jurídica para ''determinar qué hacer con el dinero, de lo contrario ni la PGR puede disponer de ese efectivo, porque tampoco tiene facultades para ello''.
El abogado constitucionalista Elisur Arteaga Nava aseguró que a pesar de que los recursos localizados en la residencia de Ye Gon ''aparentemente podrían ser resultado de un delito, pueden obrar como prueba de cargo o descargo contra presuntos implicados. Por ello es responsabilidad de las autoridades competentes conservar los billetes y servir de probanza para exculpar o probar responsabilidades en el caso''. Insistió en que la PGR no puede ''requisar o confiscar'' estos recursos hasta en tanto no se emita una disposición jurídica, pues mientras exista una investigación en proceso ''no se puede determinar el abandono de bienes a favor de la Federación''.
En tanto, Miguel Angel Eraña, académico y experto constitucionalista de la Universidad Iberoamericana (Uia), aseguró que pese a que se cumplió el plazo de 90 días para manifestar la propiedad de los recursos, aún falta resolver las ''impugnaciones por vía extraordinaria, es decir, cuando se notifique a los involucrados, en este caso al mexicano de origen chino, Ye Gon puede iniciar, haciendo uso de todos sus derechos jurídicos, un juicio de amparo para impugnar la decisión de una autoridad federal''.
Destacó que el marco jurídico mexicano señala que mientras se realice una investigación y se presente un caso ante un juez, ''no se puede disponer de propiedades o recursos de presuntos implicados hasta en tanto un juzgador emita una decisión, ya que el sistema penal establece el derecho a un debido proceso''.
Por su parte, Martha Singer, politóloga de la UNAM, destacó que la falta de transparencia y rendición de cuentas en el ejercicio del poder ha generado un creciente ''deterioro de la credibilidad y legitimidad de las instituciones, que sólo podrá remontarse con una reforma de fondo del Estado, en que se garantice la transparencia en la toma de decisiones''.
Al respecto, Carlos Lugo, especialista de la Uia en el sistema político mexicano, afirmó que ante el ''descrédito'' en que se encuentran las instituciones públicas es ''urgente'' que el presidente Felipe Calderón solicite ''cuanto antes que se realice una investigación a fondo, porque no sólo involucra su campaña, sino la legitimidad de su propio gobierno en una coyuntura delicada''.

Detrás de la Noticia
Ricardo Rocha
19 de julio de 2007

Fu Manchú vs. Zhenli Ye Gon
Sin presencia física, aun sin las esperadas pruebas, sigue arrojando explosivas acusaciones
¡Ahí viene el chino! ¡Ya llegó el chino!, comenzaban los gritos en la vecindad, y ahí íbamos la parvada de escuincles a ver el espectáculo de aquel hombre enjuto, sin edad ni tiempo y venido desde la distancia. Llegaba en una vieja bicicleta con la canasta enorme sobre la cabeza y el grito inconfundible en la garganta: ¡Cooobata pan! ¡Cooobata pan! Zonzo de mí, al principio no le entendía, hasta que alguien me cargó para asomarme a la canasta y ver los panes de corbata que el chino vendía.
El segundo chino de mi vida fue mucho menos simpático: era el temible Verdugo Chino. Entre las brumas de la memoria juro haberlo visto junto con el Cavernario Galindo, ambos contra La Pareja Atómica de El Santo y Gori Guerrero en una lucha sangrienta en la arena Coliseo. Palabra que daba miedo hasta en los “larines” que coleccionábamos de nuestros ídolos de la lucha libre: el rostro fiero, el bigote largo, colgante; el cráneo pelón y la trenza que se salía de aquel gorrito tan peculiar. Igual era de Xochimilco, pero en el ring siempre fue El Verdugo Chino.
Pero el chino más memorable es sin duda Fu Manchú. De niño vi todas sus películas: recuerdo, como si fuera ayer, sus ojos penetrantes que taladraban la pantalla a punto de hipnotizarte; luego, al conjuro de sus manos crispadas surgía una nube de humo y apenas un instante después ya no estaba… Fu Manchú había desaparecido ante nuestros ojos desorbitados y seguido de un largo ¡Aaahhh! de asombro de todos los que atascábamos las matinés dominicales del cine Florida en el mero Tepito, dónde más. Años después, mi memoria insiste en haberlo visto en la tele con el gran Paco Malgesto, apareciendo y desapareciendo todo tipo de artilugios fantásticos. Siempre rodeado de aquel peculiarísimo halo de misterio.
La crueldad de internet me hace saber ahora que Fu Manchú en realidad nació en Inglaterra, se llamó David Bamberg y se consagró en Argentina, de donde vino a México para triunfar en el cine y en algunos teatros y centros nocturnos de los 40 y 50. Hasta que se desapareció. En compensación, Wikipedia me ilustra con que el nombre de Fu Manchú es una creación literaria de Sax Rohmer para una serie de novelas policiacas desde 1913. Sólo que ahí se trataba de un poderoso villano chino que odia a la civilización occidental contra la que emplea igual ejércitos de ninjas que ondas destructoras de radio y miríadas de serpientes, arañas y escorpiones. Un personaje tan exitoso que se llegó a escribir un libro: Fu Manchú vs. Sherlock Holmes.
Bueno, pues éste y el otro Fu Manchú se me hace que no le sirven ni para el arranque a mi cuarto personaje chino inolvidable: el ya celebérrimo Zhenli Ye Gon, cuyos actos de prestidigitación y magia superan por mucho a los de sus precursores. Con la cara imperturbable del “coobata pan”, la fiereza del Verdugo Chino y los desplantes de Fu Manchú, Zhenli ha aparecido 205 millones de dólares y decenas de toneladas de seudoefedrina para producir drogas sintéticas; un tronar de dedos y le dieron pasaporte y la nacionalidad mexicana. Y en un rasgo de originalidad, en lugar de flores o conejos sacó de la chistera fajos de millones de pesos para acabar de corromper a los forajidos que manejan las aduanas de todo el país y a otros tantos policías y funcionarios de Hacienda, Salud, PGR y anexas que han sido cómplices de “el chino”.
Lo malo para el gobierno mexicano es que Ye Gon no es un cuento. El dinero y las evidencias de una gigantesca fortuna basada en una enorme red de corrupción son pruebas irrefutables de crimen organizado que —como siempre— sólo se explica con la complicidad oficial. Mas allá de que sea o no cierta la amenaza panista de “coopelas o cuelo”, ya se va haciendo tarde para investigar no sólo a Zhenli, sino a sus cómplices en el gobierno pasado y en éste.
Por lo pronto, ayer en Washington, Ye Gon derrotó al fantasma de Fu Manchú en las artes de la magia. Y es que aun sin presencia física, aun sin las esperadas pruebas, sigue arrojando explosivas acusaciones: que los 205 millones de dólares —ahora desaparecidos— iban a la campaña presidencial panista y que el gobierno mexicano tiene videos que prueban la extorsión en su contra. En suma, nuevas descargas contra la credibilidad de las instituciones en este país.