BICENTENARIO, COPETESAURIO A LA VISTA

15/09/2010

Peña Nieto, dinosaurio con copete
Jenaro Villamil

MÉXICO, D.F., 14 de septiembre (apro).- Ni todos los spots en medios electrónicos, ni todo el gel y el maquillaje para mantener intacta su figura, ni los besos fotogénicos de La Gaviota en busca de su boda perdida, pueden ocultar el hecho de que el régimen de Enrique Peña Nieto representa lo más arcaico de la vieja cultura priista.
Así se demostró este martes cuando la mayoría de 45 diputados, formada por el PRI, PVEM, Nueva Alianza y Convergencia en el Congreso mexiquense, decidió aprobar una batería de reformas constitucionales que representan un serio retroceso democrático.
La más publicitada de estas reformas es la presentada por el Partido Verde –esa extraña franquicia al mejor postor priista o televisivo-- para eliminar la figura de las candidaturas comunes, para que sólo exista la figura de la coalición electoral; es decir, eliminar la posibilidad de que distintos partidos tengan un solo candidato conservando su propio logotipo.
Es la más publicitada porque tiene una clara dedicatoria hacia el PAN y el PRD que pretenden hacer alianza en el 2011 en el estado de México, aunque no esté muy claro con qué candidato ni bajo qué plataforma.
Sin embargo, la iniciativa del diputado local Adrián Fuentes, a quien se le ve el copete por todos lados, no es la única ni la más grave en la batería de reformas exprés que pretenden mayoritear los diputados de la coalición Peña Nieto.
Junto con esa iniciativa, el Panal –partido que cuenta con seis diputados locales, gracias a ese mecanismo de transferencia de votos de un partido más grande a otro--, presentó modificaciones al órgano técnico de fiscalización del Instituto Electoral del Estado de México (IEEM) para que el organismo responsable de la rendición de cuentas dentro del instituto dependa directamente del gobierno.
La autonomía del IEEM vuelve a ser dinamitada. Algunos recuerdan que en su discurso del décimo aniversario del IEEM, Peña Nieto había advertido que iban por controlar este organismo.
Por su parte, el PRI –que tiene una cómoda mayoría de 39 diputados de un total de 75 en el Congreso local-- presentó otra iniciativa para disminuir el financiamiento público a los partidos, así como reducir los tiempos de campaña y de precampaña, de tal manera que, en lugar de los 72 días actuales, todo se haga en 45 días, mes y medio, tiempo suficiente para quien tenga más dinero privado para financiar spots o encuestas a modo, se imponga, sin necesidad de pasar por debate públicos, mucho menos por comparecencias más largas.
A su vez, Convergencia –partido con tres diputados dominados desde la casa de Gobierno de Toluca-- presentó otra iniciativa de reformas electorales para aumentar el porcentaje de ciudadanos insaculados que pueden integrarse en las mesas de casilla, con lo que se puede garantizar un control corporativo y clientelar en los centros de votación.
Todas y cada una de estas iniciativas, que serán discutidas y aprobadas en menos de 15 días, acompañan el discurso del quinto informe de gobierno de Enrique Peña Nieto. En aquella ocasión, Peña afirmó que las alianzas electorales entre partidos distintos constituyen una amenaza mayor a la delincuencia organizada.
Es claro que sólo hablaba de las alianzas opositoras a su gobierno, no las alianzas que lo llevaron a él al poder y las que ha tejido en torno al PRI, Partido Verde, Panal y Convergencia para mantener un dominio completo del Congreso de su entidad.
El líder de los ocho diputados del PRD en el Congreso mexiquense, Ricardo Moreno, advirtió que esta batería de reformas rompen “el pacto democrático” en el estado de México. Aludía así al pacto que los opositores negociaron al inicio del gobierno de Arturo Montiel, en 1999, para garantizar gobernabilidad en la entidad más poblada del país, a cambio de que el PRI abriera los espacios para una reforma electoral.
Aquel pacto fue negociado por Manuel Cadena, entonces secretario general de Gobierno y uno de los políticos priistas desplazados por los bebesaurios: es decir, los Golden Boys autoritarios del entorno Peña Nieto. Cadena ha quedado marginado dentro de este retroceso que significa la administración peñista.
Los opositores del PAN y del PRD advierten que esta es la primera reforma electoral que no se negocia con los partidos políticos, antes de presentarse, y también una clara contrarreforma que está inspirada más en las propuestas de algunos exasesores de Carlos Salinas, como José Córdoba Montoya, quien insiste que, para gobernar eficazmente, hay que eliminar la proporcionalidad y retornar a las maquinarias de los grandes partidos clientelares.
A Peña Nieto y a sus asesores no los guía sólo el miedo a perder el estado de México en 2011. Los guía una naturaleza profundamente autoritaria. La concentración del poder sin necesidad de pasar por la negociación y la negación misma de la disidencia o de la crítica son características esenciales de esta clase política mexiquense.
Ellos dicen que así se gobierna con eficacia y así se garantiza “orden y progreso”. Como lo hizo Porfirio Díaz hace más de 100 años. Hasta que una revolución social lo desbancó.
Antes de que eso suceda, esta contrarreforma puede llegar a la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) por ser anticonstitucional y contraria a las reformas de 2007 y 2008, a nivel federal.

¿Qué tenemos que celebrar?
ADELFO REGINO MONTES

Ante los actos conmemorativos del bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución Mexicana convocados por el gobierno federal, los pueblos indígenas no tenemos nada que celebrar. Antes bien, hay mucho que reflexionar sobre la delicada situación de marginación, exclusión, explotación, racismo y discriminación en la que perviven nuestros pueblos en todos los ámbitos de la vida cotidiana y, desde luego, mucho que trabajar y luchar para resolver nuestras ancestrales reivindicaciones de autonomía, justicia, desarrollo y reconstitución.
Nada hay que festejar cuando a 200 años de iniciada la llamada Independencia mexicana y a 100 años de la primera revolución social del siglo XX, México sigue en deuda con nuestros pueblos indígenas. Esto es así ya que, pese a la gran participación de estos mismos en el movimiento de la Independencia, al triunfo de la referida gesta histórica los pueblos indígenas fuimos excluidos en la conformación estructural y organizativa del Estado mexicano. Pero no sólo eso, sino que a los llamados padres de la patria se les ocurrió darnos el trato de extranjeros en nuestra propia tierra, similar a lo acaecido en los Estados Unidos de América, donde se llevó a cabo una guerra de exterminio en contra de las tribus indias y la consecuente creación de las denominadas reservaciones indígenas.
Lamentablemente, con el movimiento de Independencia los pueblos indígenas nos liberamos del yugo de la corona española, pero desde entonces vivimos sometidos y sojuzgados por los nuevos amos y señores de México, por aquellos que heredaron el poder y el dinero de los conquistadores. La anhelada libertad, consustancial a cualquier movimiento libertario, para los pueblos indígenas de México y América Latina, sólo fue un sueño que pronto se tornaría en pesadilla. Desde esta óptica, en la Constitución de 1824 quedamos tajantemente excluidos en lo que concierne a nuestros derechos y aspiraciones, como hasta hoy.
Esta lógica de negación y exclusión rotundas continuaron vigentes durante toda esa etapa de la vida nacional, muy especialmente en el movimiento de la Reforma, en el que, en nombre de la libertad y la igualdad, de la homogeneidad y del individualismo, quiso ser borrado todo vestigio de diversidad y heterogeneidad, y fueron considerados nuestros pueblos un serio obstáculo hacia los afanes de orden y progreso de los poderosos de aquellas épocas. Según los connotados liberales, el individuo era el centro de todo y cualquier vestigio de vida comunitaria y colectiva debía ser sacrificado. Fue así que se desamortizaron los bienes comunales de los pueblos indígenas en diversas partes del país, dando origen al más aberrante latifundismo que más tarde daría origen al grito de ¡tierra y libertad!
La inercia de la exclusión y la negación sembradas 100 años atrás y la excesiva polarización de la sociedad mexicana, entre ricos y pobres, entre grandes latifundistas y los incontables peones acasillados que habían proliferado en diversas partes del país, harían brotar en el seno de la sociedad indígena y campesina, en el norte y en el sur, el grito de ¡tierra y libertad! en 1910. La falta de libertad, pese a que presumíamos ser independientes, la exaltación del individualismo en sociedades comunitarias, la excesiva concentración de la riqueza en manos de los caciques y latifundistas frente a la terrible pobreza de millones de mexicanos habían hecho germinar la posibilidad y realización de la hoy llamada Revolución Mexicana. Tal como había sucedido en los ejércitos insurgentes de Hidalgo y Morelos en el movimiento de Independencia, al frente de batalla de los ejércitos de Zapata y Villa, entre otros líderes revolucionarios, iban los habitantes de los pueblos indígenas y campesinos. Quizás lo hacían porque no había absolutamente nada que perder, ya que de por sí su vida era totalmente insignificante a los ojos de los poderosos, y sí mucho que ganar, al menos la posibilidad de morir soñando que sus hijos tendrían una vida mejor, con tierra, dignidad y libertad.
Pese a que muchos de estos valientes y anónimos revolucionarios ya no verían la materialización de sus sueños y aspiraciones, la Constitución de 1917 consagraría muchas de las legítimas reivindicaciones que en vida habían enarbolado. En la revisión del nuevo pacto social mexicano se reconocería la vigencia del municipio libre y soberano en el artículo 115 constitucional, para poner un alto a la barbarie y al autoritarismo de los jefes políticos del porfiriato, poniendo con ello un serio dique al centralismo mexicano. Con la aprobación del artículo 27 se daría paso al reconocimiento y la titulación de los bienes comunales, la restitución agraria y la dotación de tierras a los desposeídos frente a la ignominia del cacique, el latifundio y las muy diversas formas de explotación campesina e indígena fomentada por la ambición y la avaricia. Los derechos básicos de los trabajadores urbanos y rurales serían consagrados en el artículo 123 de la nueva Carta Magna. Así, parados en la sangre y en el dolor del pueblo, presumiríamos al mundo una renovada normatividad con gran contenido social y libertario.
Hoy muchas de estas conquistas históricas permanecen incumplidas y el estado de cosas no ha cambiado sustancialmente para nuestros pueblos y la gran mayoría de la sociedad mexicana. Aunque pervivimos alrededor de 15 millones de habitantes indígenas pertenecientes a 62 pueblos ubicados en la geografía nacional, estamos sometidos a un lamentable proceso de exterminio y muerte. Así nuestras lenguas y culturas están desapareciendo constantemente; nuestras tierras, territorios y recursos naturales están seriamente amenazados por la imposición de proyectos de las empresas nacionales y trasnacionales; la marginación, la pobreza y la migración han aumentado debido a la caída de la producción agrícola y la falta de valorización de los productos del campo; nuestros procesos de autonomía indígena y democracia comunitaria están siendo violentados y fragmentados para evitar su supervivencia y fortalecimiento; la criminalización del movimiento indígena y social se ha convertido en parte de la cotidianidad de nuestras organizaciones e instituciones comunitarias.
Ello como consecuencia de una política de Estado etnocida, excluyente, racista y discriminatorio, así como de un modelo económico mundial basado en la avaricia, la mercantilización de la vida, la violación de los derechos fundamentales y la explotación irracional de los recursos naturales, que invariablemente nos están llevando a la destrucción y a la muerte. Con este panorama no tenemos nada que festejar; antes debemos hacer memoria histórica, para que sobre esa base podamos refundar el país y volver a sembrar esperanza en estas tierras.
México: apuntes al pie de un osario
JOSÉ STEINSLEGER
Opciones
Para ser distinto de lo que era, Fausto vendió su alma al Diablo y se abrió camino sin reparar en los costos. Prometeo, en cambio, buscó la verdad de lo que somos.
Murales
Diego Rivera pintó con rostros violáceos la saga faustiana de los gobernantes mexicanos. En otro fresco, José Clemente Orozco mostró a un Hidalgo prometeico y luminoso, ofreciendo la tea encendida de la liberación, con el puño en alto.
Dialéctica
La verdadera Noche Triste de México empezó cuando los hombres de Castilla apresaron a Cuauhtémoc. A partir de aquel momento, las historias de México y España se entrelazaron.
En ambas orillas del mar, la impostura. El conquistador español farfullaba la lengua nativa, y se negó a entender su lenguaje. El habsburgo Carlos V, rey de España, tartamudeaba un mal español y declaró loca a Juana, su madre, reina de Castilla.
Conquista
En 1520, mientras Hernán Cortés sitiaba a Tenochtitlán, las empobrecidas comunidades de Castilla empuñaban las armas contra el avasallamiento de los fueros comunales. Apoyados por el clero bajo y la incipiente burguesía, los comuneros dudaron de la insania de Juana y reivindicaron la monarquía nacional.
El imperio hispanogermano aplastó a la plebe comunera, y los orgullosos guerreros aztecas fueron obligados a levantar las columnas del reino universal cristiano.
Saqueo
Frente a los avances científicos y tecnológicos, los grandes señores castellanos y altos dignatarios eclesiásticos cavilaron con aire doctoral: ¿para qué sudar la camiseta del capitalismo si somos dueños de las inagotables riquezas del Nuevo Mundo?
Frotándose las manos, los banqueros alemanes asintieron: “¡oh, sí, sí! Nosotros ‘encargar de números’, y vosotros descansar”. Concentrando el poder y la distribución del dinero, la disciplinada contabilidad de los Fugger instaura la miseria universal.
Colonia
El incentivo de lucro, motor de la Conquista, fue paradójico. En menos de 30 años (y más allá de la devastación causada por las epidemias importadas y los métodos crueles de sometimiento), los españoles recorrieron a caballo 24 millones de kilómetros cuadrados fundando ciudades en todas las direcciones.
La organización colonial resultó notable y de doble vía: con el saqueo, los grandes artistas y científicos de Europa encontraron sosiego para el intelecto, y la sociedad colonial adquirió identidad con el genio creativo de culturas milenarias.
Política
Jurídicamente, la gobernabilidad dependía de los ayuntamientos (cabildos, alcaldías, municipios), que no salían de la nada, sino de los Señoríos ya existentes (calpullis, en el caso de los aztecas), y se regían por un Consejo de ancianos.
El calpulli tenía una organización social y territorial autosuficiente, integrada por las familias que producían bienes necesarios para la subsistencia. Y los ayuntamientos se fueron conformando por pueblos que debían tener una cabecera llamada Alcaldía Mayor, siendo obligatorio establecer un Concejo municipal.
Democracia
Por su naturaleza (y dependiendo de la distancia de los centros urbanos), los ayuntamientos eran democráticos y populares. En los cercanos al centro predominaban criollos y mestizos; en los alejados, los llamados cabildos indígenas cortaban el pastel.
En el lento proceso de emancipación, gran parte de los caudillos buenos y malos surgieron de los ayuntamientos. Martí observó: Por los municipios, en las más de las colonias, entró la libertad de la América. Esa es la raíz de la sal y la libertad: el municipio, lo más tenaz de la civilización romana, y lo más humano de la España colonial.
Insurgencia
El primer pistoletazo contra el sueño guajiro de vivir sin trabajar lo disparó el rey borbón Carlos III (1760). Sus reformas fueron la simiente del liberalismo español y apuntaron contra el país feudal. El rey quería el capitalismo en España, pero financiándolo con la esclavitud de sus colonias en América.
Con todo, las reformas borbónicas relajaron los controles del poder monopólico colonial. En las universidades se empezó a discutir las obras de Montesquieu, Voltaire, Locke, Rousseau, Diderot, Smith, Paine: soberanía, emancipación, independencia. América estalló, y los ingleses pescaron a río revuelto.
Independencia
Para algunos, la invasión de Napoleón levantó el bloqueo español a la modernidad en América. Para otros, agravó las cosas. La independencia fue obra de la aristocracia criolla, que quiso seguir siendo española y los pueblos la obligaron a ser americana. Hidalgo, Morelos, Mina, Guerrero.
Exhaustos, los caudillos democráticos y populares de México y la América hispana fueron al paredón, el ostracismo o murieron en la miseria. Y otros salvaron el pescuezo con el amo de turno. Por esto, el concepto de independencia fue confuso y formal, caótico y clasista, seudoaristocrático y racial. Imperio fallido de Iturbide, pérdida de Texas con Santa Anna.
República
Vuelta de campana. Ahora, el dilema era dirimir entre liberales o conservadores. Triunfaron Juárez y los liberales. Un ideólogo conservador alzó la voz con angustia patriótica: Perdidos somos sin remedio, si la Europa no viene pronto en nuestro auxilio.
Creyendo que todos eran iguales, los conservadores importaron a un noble que resultó ser culto y liberal: Maximiliano, otro habsburgo. Pero ya Guerrero había dicho: la patria no se vende. La derrota de la intervención francesa y el fusilamiento del usurpador le representó a México la admiración y el respeto entre los pueblos del mundo colonial y semicolonial.
Revolución
En su arenga al pueblo de Tenochtitlán, Cuauthémoc dijo: Por tanto, oh valerosos mexicanos, no desmayéis ni os acobardéis. Esforzad ese pecho y corazón animoso para salir con una empresa, la más importante que jamás se os ha ofrecido. Mirad que sin con ésta no salís, quedaréis para esclavos perpetuos, y hecho pedazos. Emiliano Zapata y Pancho Villa le tomaron la palabra.
Sugerencia
En su casa de Cuernavaca, el embajador de Estados Unidos en México, Dwight Morrow, platica con el líder de Sonora, Plutarco Elías Calles: “Míster Plutarco… mucha sangre corriendo en su país. Estados Unidos preocupadou con México bronco. Queremos seguridad muy segura. ¡Un partido único!”
Encrucijada
A 42 años de la masacre de Tlatelolco… ¿cuántos muertos hubo? En 1978, el general José Hernández Toledo dijo: ninguno. Otras fuentes estimaron entre 200 y mil 500. ¿Cómo se llamaban?
Tlatelolco cerró un largo periodo de luchas sociales: ferrocarrileros, campesinos, maestros, electricistas, petroleros, guerrilleros. En tanto, el petróleo fluía con celeridad. Ahora toca administrar la abundancia, dijo un funcionario. Diez años después, la deuda del país era impagable e incobrable.
En 1989, en la floresta lacandona fue descubierta una lápida maya que simboliza la figura de Tzotz Choj: el señor de la dualidad y los cuatro rumbos. Cinco años después, en Chiapas, se alzaron los indígenas zapatistas: Nunca más un México sin nosotros.
Muros
El muro del Bravo, levantado por ellos, advierte: somos distintos. Y el del Suchiate, levantado por nosotros, también. ¿Distintos de quiénes?
Muerte
En Cuernavaca, frente al mall de la ciudad, aparecieron dos cadáveres colgados de un puente. La manta suscrita por el llamado cártel del Pacífico Sur decía que su organización se dedica ‘únicamente’ (sic) al comercio de drogas. “Nosotros –sigue– nunca haríamos daños a las familias morelenses y de otros estados. El señor de la ‘resistencia’ (sic) nos tiene estrictamente prohibido hacer esto (jamás nos meteríamos con personas que llevan su vida normal y que trabajan honradamente para llevar sustento a su familia)”.
¿En qué época cercana leímos algo similar? Sin tersura, México se desangra en las opacidades de una guerra importada. Hillary Clinton la califica de insurgencia. ¿Lapsus? Así empezó la acumulación primitiva del pirata William Paterson, fundador del Banco de Londres.
La crítica a los mitos de la historia de bronce dio paso a la historia de mierda. Ninguna es inocente. Pero si la primera cantaba a la patria, el historiador oficial de Televisa rescribe la segunda.
México requiere de un cambio pacífico. Sólo que en Puerto Vallarta un magnate criollo tiene anclado un yate valuado en 120 millones de dólares. Y cuando llena el tanque del navío desembolsa 335 mil dólares. O sea, 4 millones de pesos, que equivalen a 76 mil 923 salarios mínimos. ¿A quiénes responsabilizar de la violencia y la inseguridad?
Esperanza
Los dioses castigaron a Prometeo picándolo con un enjambre de bichos alados llamados enfermedad, locura, rencor, pasión, peste, vicio, hambre.
A pesar de ello, un bichito insólito, de alas brillantes, se había colado en la caja de Pandora. La criatura se llamaba Esperanza, y consiguió que los mortales no se mataran por pura desesperación.