CONFABULACION INDIGNANTE

03/12/2010

La agresión

LUIS JAVIER GARRIDO



La descomposición del régimen sigue acentuándose y el ataque que ha emprendido contra la revista Proceso es un nuevo error, de carácter histórico, del gobierno de facto calderonista.

1. La obsesión de Felipe Calderón de dejar a un panista en la silla presidencial en 2012 lo ha llevado a nuevas iniciativas desastrosas, pues tras el fracasado acto partidista del domingo 28 en el Auditorio Nacional para festejar 10 años de gobiernos panistas y cuatro de su llegada a Los Pinos, donde por enésima ocasión culpó al PRI del desastre actual –lo que le valió que algunos diputados le exigieran dejar ya el cargo, y su coordinador Francisco Rojas, tras reiterar que con el PAN el país retrocedió en una década perdida por el desempleo, la desigualdad y la inseguridad, lo calificó como un bipolar, que por un lado ataca y por el otro pide ayuda–, ahora arremete de manera violenta contra la libertad de expresión.

2. El ataque contra Proceso por evidenciar las relaciones del crimen organizado, que se dice combatir –desatado el miércoles primero–, no tiene paralelo en México desde la ofensiva del gobierno de Luis Echeverría para destruir el Excélsior de Julio Scherer y constituye un signo preocupante de que la ofensiva panista-fascista contra la libertad de expresión va en serio. En diversos espacios de Televisa se ha insistido en estos dos días en que el periodismo que hacen los reporteros de esta revista, que es uno de los principales espacios de libertad de expresión en México, se quedó en una mentalidad de hace 30 años, que el país ha cambiado y que lo que se necesita es, nada menos que un periodismo como el que se hace en Televisa.

3. La publicación en el número 1778 de Proceso de un adelanto del libro de Anabel Hernández Los señores del narco (588 pp., Grijalbo, 2010), en el que se exponen las relaciones del gobierno con El Chapo Guzmán a través del desaparecido Juan Camilo Mouriño, suscitaron una cólera desmesurada en Los Pinos, y se entiende por qué. A lo largo de estos años, y mucho más al acercarse 2012, el gobierno, que ha fracasado estrepitosamente en todos los órdenes, ha hecho de su supuesta “guerra contra el narco” la justificación de todas sus políticas, y a pesar de que muy pocos le creen, sigue pretendiendo que con el baño de sangre en el que ha hundido a muchas regiones busca terminar con el crimen organizado y moralizar al país y no otros propósitos, como se ha insistido desde muchas partes, ni mucho menos que esté en connivencia con algunos cárteles y limitándose a reordenar el mercado bajo el mando estadunidense.

4. La supuesta “guerra contra el narco” la inició Calderón en 2007 por órdenes de la administración Bush, creyendo que al militarizar a México adquiriría autoridad –y legitimidad–, y amedrentaría a los movimientos sociales, sin importarle que los halcones del Pentágono lo único que buscaban era subordinar a su mando a los aparatos de seguridad mexicanos, para al mismo tiempo que reorientaban el mercado en un escenario de violencia generalizada, generaban las condiciones para acelerar el desmantelamiento de un Estado fallido y poder intervenir abiertamente.

5. La violenta reacción contra Proceso se inició en El Noticiero, de Joaquín López Dóriga, el miércoles primero con un reportaje de más de 20 minutos sustentado en un video del narcotraficante El Grande, miembro de la organización Beltrán Leyva, detenido por la PGR, quien sin ninguna credibilidad acusó a Ricardo Ravelo, reportero de la revista, de haber recibido de él 50 mil dólares, tras lo cual le habría exigido entregas mensuales para no hablar de sus actividades. Siguió con el programa Tercer Grado, del Canal 2, en donde cinco locutores, coordinados por Leopoldo Gómez (vicepresidente de información), se dedicaron durante 40 minutos a descalificar en términos calumniosos a la revista con base en ese video. Y prosiguió el jueves 2 en todas las emisiones del consorcio y de buena parte de los medios afines al gobierno en un operativo sin precedente en la historia reciente del país.

6. La descalificación a Proceso por López Dóriga y sus colegas se olvidó, sin embargo, de que la nota que suscitó la ira de Los Pinos fue el adelanto de un capítulo de un libro escrito por una periodista ajena a la revista, que en el mismo número de ésta el reportero Ricardo Ravelo advertía que las afirmaciones de los testigos protegidos no son confiables pues la mayoría de los declarantes mienten y, sobre todo, que los reportajes de Proceso no se hacen sobre ese tipo de declaraciones (que sí son por el contrario la fuente primaria de la televisión) sino sobre otro tipo de pruebas.

7. La historia periodística de México no registra ningún caso en el que periodistas, sea cual fuere su vinculación con el régimen y con los poderes fácticos, se dedicaran con tanta irresponsabilidad y falta de ética a tratar de descalificar a una publicación de prestigio internacional, y eso es un signo muy grave de lo que está aconteciendo. Proceso, según Carlos Marín, Ciro Gómez Leyva, Joaquín López Dóriga, Denise Maerker y Adela Micha, “ha hecho de la calumnia su modus vivendi”, realiza un ejercicio deleznable del oficio periodístico, es uno más de los muchos pasquines que hay en el país, se ufana de su relación con narcotraficantes y ha llegado a cometer atrocidades. Los locutores no parecían escucharse en su diatriba insensata pues al referirse instantes después a otro tema y hablar de la persecución delirante que Washington y sus aliados han emprendido contra el editor australiano Julian Assange por la publicación en su portal de WikiLeaks de documentos que exhiben al gobierno estadunidense, pretendían horrorizarse por la que llamaron persecución estatal a un medio de información

8. Lo más significativo es que el juicio sumario a Proceso lo llevaron a cabo Joaquín López Dóriga y los locutores de Televisa cuando en el mismo noticiario del día 1º Azcárraga le había brindado una veintena de minutos a Calderón para que pudiera hacer sin cuestionamiento alguno una defensa de su gobierno, que prosiguió ayer, tras la violenta reacción de los priístas a su diatriba del domingo 28, y pretendiera, una vez más, que no existen ya en México, como durante los gobiernos priístas, crisis, corrupción, opacidad y censura. ¿Habrán estos locutores visto alguna vez cómo en otros países la prensa entrevista a los jefes de gobierno?

9. La libertad de prensa no existe en México como una regla sino como una excepción, y ello gracias a la tenacidad de muchos. No hay aquí un régimen de libertad de expresión sino espacios de libertad que han sido conquistados por los periodistas y los lectores tras muchas décadas de lucha. El gobierno sigue subsidiando a los medios, a sus directivos y a los periodistas, y como en el pasado subsisten el sobre y el embute, con una prensa que en su mayoría está sometida al poder y no transmite más que el punto de vista del gobierno y de los poderes fácticos. Los reporteros de Tercer Grado se preguntaban el día 1º al finalizar su emisión ¿qué tipo de periodismo queremos para México?, queriendo ignorar que la respuesta la han dado millones de mexicanos en los últimos años, en particular después de 2006: una prensa que no sea como la de Televisa, que sea libre, honesta e independiente del Estado.

10. La agresión del régimen a Proceso no va a prosperar porque la fuerza de una publicación la constituyen sus lectores y esta revista ha sido, es y seguirá siendo una de las publicaciones indispensables de un México que aspira a la libertad y a la democracia. Durante casi un siglo los gobiernos de la derecha francesa han buscado acabar con Le Canard Enchaîné, el hebdomadario satírico que semana a semana hace denuncias documentadas, y por esa misma razón no lo han logrado. Esta amenaza incalificable lo es, empero, no sólo contra un grupo de periodistas sino contra toda la sociedad y su derecho a la libertad de expresión, y ésta debe tomar nota de ello.

Peña Nieto, el inevitable

Sabina Berman



MÉXICO, D.F., 2 de diciembre (Proceso).- Viste y camina como un presidente, con trajes a la medida y pasos decididos y enérgicos. Es recibido como un presidente por los gobernadores y el Secretario de Defensa lo pasea en un jeep de pie, como a un presidente. De cierto, en el noticiario nocturno de Televisa, sus actos de gobierno (cortar listones, dar discursos, pasearse entre multitudes que lo aplauden), ocupan cada noche más tiempo que los del presidente en funciones. Y su boda de este domingo con la primorosa Gaviota, es un asunto que se trata con el recato, y sin embargo la difusión masiva, que ameritaría la boda de un presidente de la República.

Tratándose de Enrique Peña Nieto, conviene recordar el cuento de Mario Benedetti llamado La Expresión, y que acá parafraseo al vuelo.

El pianista consagrado entra al escenario en un frac y con un porte de pianista consagrado. Con ambas manos vuela hacia atrás las colas del frac, toma asiento ante el teclado, se calienta los dedos sobándolos entre sí, y entonces alza las manos en un gesto dramático para luego irlas bajando hasta posarlas en sus rodillas.

¿No sabe tocar el piano? ¿Nunca lo supo o piensa que no es ya indispensable? Nadie lo sabe, ni siquiera él mismo.

Pero sus hombros agachados, las sacudidas de su melena, sus ojos en éxtasis, dan cuenta de las maravillosas frases musicales que debieran estarse escuchando, y el público contiene la respiración ante un concierto inaudible, pero de seguro inolvidable.

Seamos francos: ¿qué ha hecho el gobernador Peña Nieto en su estado para ameritar ser el puntero indiscutible en la contienda por la presidencia de la República?

Formuló algunos compromisos y ha ido cumpliendo la mayoría, y que deslumbre que un gobernador fije objetivos y los cumpla, habla más del estado lamentable de nuestra clase política que de su promesa como presidente. Es justo en cambio preguntarse si ha transformado de fondo al estado de México, con consecuencias importantes. Si durante su mandato ha repuntado el producto interno bruto. Si la proporción de pobres ha cambiado. Si la educación mexiquense se ha vuelto excelente. Si hay una pléyade de toluqueños geniales, que revolucionan la empresa privada o las artes o la literatura mexicana. Si los feminicidios han desaparecido. Si la criminalidad ha sido abatida.

Por fin el pianista exhala y en un movimiento exasperado se alza, la melena revuelta, el rostro sudoroso, y el público, que nada ha escuchado, aplaude como hipnotizado, se pone en pie y ovaciona.

Lo que sí nos consta que ha hecho el gobernador Peña Nieto de forma incomparable, ha sido propagar su estampa por cada medio masivo del país y crear la sensación de inevitabilidad de su ascenso a la presidencia. Pero si atendemos con cuidado a las noticias que de él mismo ha propagado, nada nos dicen de su estilo personal de gobernar y mucho menos de un proyecto para el país acuñado detrás de sus pestañas.

En cambio, esto es lo que nos dan saber sus dichos y sus fotografías con los personajes más poderosos de México.

Nos hacen saber que Peña Nieto sabe tejer alianzas con todos y cada uno de los poderes fácticos del país. Igual sonríe junto a Elba Esther Gordillo que a Carlos Salinas que a los tres directores de los periódicos de mayor circulación. Igual frunce el cejo, en señal de enjundia, junto al Secretario de Defensa, que se inclina solícito, en señal de deferencia, junto al Papa Benedicto XVI.

Y también esto sabemos por sus declaraciones públicas. Aparte de querer ser nuestro presidente y de saber cómo lograr llegar a serlo, por lo pronto no ha tenido tiempo de articular un proyecto para la nación. De cierto, en su primer discurso dedicado precisamente a declarar sus ideas sobre el país, durante la comida de Líderes Mexicanos el pasado mes de septiembre, lo que inquietó a los comensales fue la retahíla desordenada de lugares comunes.

“Lo que hoy se dice de nuestro país en el extranjero no es bueno... Debemos hacer un mayor esfuerzo para que también lleguen las buenas noticias al extranjero”. “El esfuerzo (en educación) debe estar orientado de manera decidida a elevar su calidad”. “Además de que la cultura de respeto al medio ambiente perneé a toda la población… también las inversiones públicas deben estar encaminadas a impulsar un desarrollo sustentable”. “Se equivocan aquellos que suponen que el avance de la democracia debe pasar por el regreso al viejo régimen”. Y en cuanto a la terrible inseguridad que vivimos, “el gran reto es combatirla frontalmente, para dar seguridad a toda la población mexicana”.

Lo de Peña Nieto parece ser operar lo que ya existe. Mover las piezas del sistema tal y como está. De nuevo: pactar con los poderes existentes. En otras palabras, lo que hasta ahora Enrique Peña Nieto nos ha comunicado de sí mismo, es que él es el garante de que en México nada cambie.

“Cambiar para que nada cambie”. La frase no es de Confucio ni de un gurú Zen ni un acertijo medieval. Es de Jesús Reyes Heroles, el ideólogo principal del PRI de la segunda mitad del siglo pasado, y fue acuñado en tiempos en que la mayoría de los mexicanos creía que las desventajas de la dictablanda priísta eran compensadas por la paz social y un gradual progreso.

Ante nuestras condiciones actuales, no cambiar de fondo sería condenarnos a prolongar el declive que vivimos. Ante las oportunidades del siglo XXI, no cambiar para aprovecharlas, sería conformarnos con esta despaciosa caída.