UN BRAVUCON DE PLAZUELA.

20/01/2011

De la intolerancia al insulto.
Por Javier Corral Jurado.
Nada puede la llamada ecuanimidad, la soberbia impone su cuota y la mejor estrategia, la más cuidada, puede sucumbir y resbalar en el fracaso, caer en el error. Esto parece suceder en el caso de Enrique Peña Nieto al haber negociado con la profesora Elba Esther Gordillo —se asegura que por sugerencia de altos directivos de Televisa—, hacer presidente del PRI a un bravucón de plazuela, como lo ha demostrado ser el gobernador con licencia Humberto Moreira.

El presidente electo del PRI se distingue por un lenguaje lleno de adjetivos para insultar a sus adversarios políticos, llamar la atención de los medios, generar la confrontación sin sentido, y desprestigiar, aun más, la imagen negativa de la política. Parece lo suyo la argumentación de baja ralea.

El pobre uso del lenguaje de Moreira Valdés se ha mostrado en las recientes confrontaciones que sostuvo con el gobierno federal y los secretarios de Gobernación, Educación Pública, y de Desarrollo Social, para los que mencionó: “me los estoy llevando al baile” (Crónica, 13 de enero). El pasado 5 de enero en una reunión con organizaciones afines al PRI, parafraseó al presidente Vicente Fox, al mencionar: “vamos a sacar a todas las víboras prietas, a las tepocatas y las alimañas” de los Pinos.

En su campaña como candidato único para la presidencia del tricolor, decidido, el ex gobernador de Coahuila arremetió contra el gobierno federal, en vez de hacer lo que el país necesita: establecer puentes de comunicación que generen los grandes acuerdos entre las fuerzas políticas.

El 10 de enero, Moreira Valdés respondió un comunicado de la Secretaría de Gobernación, sobre evaluación de las perspectivas del país y reviró contra el secretario Francisco Blake Mora al señalar que a quien debe responder es “a los millones de pobres y jóvenes sin oportunidades en lugar de poner una cortina de humo a los problemas del país con críticas al viejo régimen” (El Universal, 10 de enero).

Se lanzó contra el Secretario de Educación Alonso Lujambio, llenándolo de insultos, y en el sector social señaló que durante los gobiernos del PAN, los programas sociales han fracasado, ya que se han generado más de 6 millones de nuevos pobres en México. Las críticas de Moreira tuvieron respuestas puntuales por parte del titular de la Sedesol, Heriberto Félix, y del de la SEP, quienes demostraron contundentemente que las cifras de Moreira son falsas.

Como respuesta a las declaraciones de los secretarios de Estado, el 13 de enero, Moreira calificó de nini al gabinete del presidente Felipe Calderón porque “ni saben, ni pueden”, y señaló que los miembros del gabinete “son unos montoneros, ¡cómo se vienen todos, pero para todos tengo! (EL UNIVERSAL, 14 de enero).

Sí es lamentable que en la hora compleja que vive el país, el nuevo presidente del PRI haga descender el nivel del debate político y atize el fuego de la confrontación político-electoral. Actitud que contrasta con el lenguaje sí, duro y a veces ríspido de Beatriz Paredes, pero nunca insolente, y menos rebajándose a la descalificación personal. No es con diatribas como se conseguirá convencer, sino con la fuerza de las ideas y la frescura de las propuestas como se logra en política influir realmente en la opinión de los ciudadanos. Tengo para mí que, la gente en general, ya desecha y deplora esa conducta.

Vale la pena analizar la gestión del profesor Moreira para darnos cuenta que su talante pendenciero no lo adquirió apenas fue ungido dirigente del priísmo nacional, sino que es una de las características intrínsecas de personalidad.

Su carrera profesional inició en 1985, como profesor de secundaria. Entre 1988 y 1994 fungió como mando medio en la Secretaría de Educación Pública en diversos encargos, entre otros ellos, secretario particular de Gilberto Guevara Niebla, mentor de la ahora líder magisterial Elba Esther Gordillo. La maestra nunca ha ocultado su preferencia por el profesor y ha apadrinado a éste y a sus hermanos Rubén y Carlos en sus respectivas carreras políticas, baste decir que el dirigente estatal en Coahuila del Partido Nueva Alianza es nada menos que Carlos Moreira.

La cima de la carrera política de Humberto Moreira llegó en 2005, cuando fue elegido gobernador. En 2006 ocurrió la explosión en la mina Pasta de Conchos, ubicada en piedras Negras, Coahuila. En ese entonces, la actuación del mandatario estatal se limitó a reprochar al gobierno federal la responsabilidad del incidente, pero nunca demostró un interés por auxiliar a los 65 mineros atrapados. Tampoco por los deudos de los que perecieron.

En 2008, envió al Congreso local una iniciativa que tenía como objetivo implementar la pena de muerte a los secuestradores que dieran muerte a sus víctimas. El Congreso de mayoría priísta aprobó la iniciativa e inició el procedimiento para poder solicitar al Congreso de la Unión la reforma al párrafo segundo del artículo 14 y adicionar un segundo párrafo al artículo 22 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.

Debido a que el Estado mexicano ha suscrito diversos Acuerdos y Tratados internacionales para abolir la pena de muerte, esta iniciativa fue rechazada y no se aplicó en Coahuila, quedando la pena de veinticinco a cincuenta años de prisión y multa, según marca el Código Penal de la entidad.

Con estas medidas se llegaría a pensar que el gobernador Moreira se lanzaría contra los secuestradores para abatir los índices de este delito en su estado. Sin embargo, el secuestro es uno de los flagelos que azotan con vehemencia a los coahuilenses.

Datos aportados por el Sistema Nacional de Seguridad Pública muestran que Coahuila se encuentra marcado como un foco rojo en materia de secuestro debido al crecimiento exponencial que se ha dado en la entidad de este ilícito. De enero a agosto del año pasado, se denunciaron 66 secuestros, cuando en años anteriores la cifra no rebasaba los 10. De igual manera, es preocupante que hasta octubre de 2010, sólo se había aplicado 17% del presupuesto dedicado a seguridad pública.

Muestra de su propensión a la intolerancia son sus declaraciones en contra de la Reforma Electoral de 2007, cuando declaró que esta modificación “atenta en contra del federalismo”, al grado de dar “facultades plenipotenciarias” al Instituto Federal Electoral (IFE) para que sancione los comicios en estados y municipios. Nada más alejado de la realidad. Tan errado fue su entendimiento que, a la postre, 31 estados aprobarían las modificaciones, y sólo Coahuila se negó a signar esta propuesta.

Humberto Moreira, mal acostumbrado a obtener la aprobación de sus propuestas e ideas por un Congreso local a modo, sólo utiliza el insulto como último, o acaso único recurso, para saltar a la palestra nacional. Es una pena.