CENSURA, UNA REALIDAD.

09/02/2011

Calderón-Aristegui, el método de la censura
Jenaro Villamil

MÉXICO, D.F., 8 de febrero (apro).- Ante la pregunta ¿por qué fue despedida Carmen Aristegui de MVS?, el 89.77% opinó que fue “por presión de Felipe Calderón” y sólo 2.84% cree en la versión oficial de la empresa: “por faltas al código de ética” (www.jenarovillamil.wordpress.com). Una proporción similar aparece en la encuesta que realiza la empresa Univisión en su portal de internet. Y en las redes sociales, especialmente en Twitter, una proporción de 9 contra 1 de cada diez comentarios aluden a la censura de Los Pinos contra la conductora.
En otras palabras, la percepción social es contundente: Aristegui fue despedida de MVS por presiones de Los Pinos, a raíz de su incómoda pregunta sobre el presunto alcoholismo de Felipe Calderón.
La percepción crece en la medida que la empresa que presumió durante todos estos meses que Aristegui ocupaba el primer lugar de rating en los noticiarios matutinos del Distrito Federal, la convirtió en innombrable en menos de un fin de semana. Como si se tratara de una purga estalinista, el nombre de Carmen Aristegui desapareció en el sitio online y hasta en las promociones de Dish, la empresa de televisión restringida de MVS.
Esta vulgar manera de volver innombrable a una periodista que ha recibido reconocimientos internacionales coincide con los mensajes que han lanzado los voceros oficiales y oficiosos del gobierno federal, desesperados por tratar de revertir esta percepción social.
Alejandra Sota, vocera de Los Pinos, quiso ser contundente y le declaró a CNN, empresa que ha defendido a su conductora: “no interferimos en lo absoluto para que MVS tomara la decisión que tomó”. Pero en su negativa, Sota cometió una pifia que alentó más la especulación: “Es una decisión que tomó la empresa y nos la comunicaron una vez que fue tomada”. Y narró que “durante el fin de semana ejecutivos de MVS confirmaron su decisión de terminar el contrato laboral con Carmen Aristegui, por haber incumplido el código de ética que había firmado con la empresa”.
¿Desde cuándo una empresa radiofónica mantiene tal nivel de información y comunicación con Los Pinos sobre el futuro de su conductora estelar? ¿Por qué fue necesario que “comunicaran” a la Presidencia de la República el cese de Aristegui? MVS no ha respondido a estas preguntas y en su silencio ha alentado la percepción mayoritaria de que se doblegó ante presiones del gobierno de Calderón.
Este martes, Héctor Villarrreal, subsecretario de Normatividad de Medios de la Secretaría de Gobernación siguió el guión de Sota, pero ni siquiera pronunció el nombre de Carmen Aristegui. ¿Será que violaba un código no escrito en el equipo calderonista?
“El gobierno federal no hace presiones… se trata de una decisión de la empresa”, insistió Villarreal. Su mensaje carece de credibilidad porque a lo largo del sexenio se han documentado una y otra presión contra medios críticos o periodistas incómodos para la línea que a Calderón le interesa promover. El expediente es numeroso: desde la suspensión de los contratos de publicidad pública a medios como Proceso, advertencias a periodistas como José Gutiérrez Vivó de que debía “portarse bien” para que Calderón le diera una audiencia, amenazas a la periodista Anabel Hernández o demandas en contra de revistas como Contralínea.
Alégico a la crítica, irascible ante las manifestaciones en contra de su guerra contra el narcotráfico, Calderón ha dado la orden a los embajadores mexicanos en casi todo el mundo de que respondan a todas aquellas críticas que dañan “la imagen del país”. Este tipo de presiones se han dado con varios corresponsales extranjeros, lo mismo en Francia que en Gran Bretaña y hasta en Japón.
Frente a estos antecedentes, no es casual que la percepción social frente al despido de Aristegui se oriente a un acto de censura gubernamental. La organización Reporteros sin Fronteras razonó así el caso:
Ante la falta de explicaciones claras se “acreditaría la hipótesis que sugiere que esto se debe a presiones políticas –incluso censura- contra la periodista”.
Carmen “no es culpable de rumor. ¿De qué debía disculparse?”, se cuestiona Reporteros sin Fronteras. Y en su declaración, divulgada por la agencia AFP, advirtió que “el rumor debe convertirse en información o desaparecer tras un justo examen de los hechos o un debate digno de ese nombre. La censura no hace sino amplificarlo”.
Esto es justo lo que ha sucedido frente al presunto problema de alcoholismo del presidente. En vez de atajarlo de manera clara, explícita y sin mandar a periodistas oficiosos a criticar a quienes planteen esta duda, en el gobierno federal creen que volviendo innombrables a los mensajeros desaparece el mensaje.
El caso de las redes sociales es el mejor ejemplo de cómo el gobierno federal ha logrado el efecto inverso al que pretendía. En lugar de mejorar su percepción social ésta ha empeorado, sobre todo, a raíz del caso de Carmen Aristegui.
El periódico El Universal documentó en su reciente edición que Los Pinos contrató por 3 millones de pesos a la empresa Lunave Multimedios S.A. de C.V., para asesorar a la Presidencia de la República “en análisis de contenido de opinión pública en redes sociales”. ¿Realmente han analizado bien lo que ha ocurrido con el caso MVS-Aristegui? ¿Crearán millones de trolls (cuentas anónimas en Twitter dedicadas a contrarrestar las críticas o a desviar la atención) para demostrar su eficacia?
El episodio de Aristegui demuestra que la intolerancia se convierte en el principal método de censura de un gobierno que olvidó su pasado opositor.
Guerrero a la distancia
LUIS LINARES ZAPATA
Las elecciones de Guerrero merecieron profusa atención de las usuales voces y caras empleadas por los medios masivos de comunicación. La abrumadora parte de ellos afines y obedientes a los intereses del oficialismo. Pocos han sido los que pudieron, fuera de este círculo que ahora se le llama opinocracia, exponer distintos análisis, al menos más informados sobre el sobado caso. De esta ordenada manera, la versión dominante versó, casi como un ritornelo inacabable, sobre los ganadores y perdedores de la contienda.
Del lado triunfador colocaron, claro está, al senador con licencia y candidato de la coalición de izquierda (PT, PRD, Convergencia) Ángel Aguirre. A este reciclado dizque paladín de las masas le adjuntan, en galardonado sitial, al jefe de Gobierno del DF, Marcelo Ebrard. Fue él quien movilizó recursos para asegurar un triunfo que, de otras legítimas maneras, se hubiera conseguido sin tales auxilios. Le siguen otros de menor calado, como los chuchos que, como ya es su costumbre, asistieron a los ágapes y comelitonas de siempre. Apareció de nueva cuenta en las discusiones mediáticas un conspicuo personaje al que atribuyen influencia creciente en este círculo de selectos maniobreros: Manuel Camacho, teórico y taumaturgo concertador de alianzas. En el lado perdidoso se colaron, en la disminuida historieta estilo medios, los siguientes personajes. El candidato del PRI y anexas, Manuel Añorve en primer lugar. Luego aparecen en escena los priístas Manlio Fabio Beltrones, padre de la desvencijada criatura; Enrique Peña Nieto, a quien le abollaron su aureola de invencible y Beatriz Paredes, la ausente presidenta del PRI. En un tono de menor cuantía destacaron al emergente golpeador priísta Humberto Moreira. Y, aunque nada tenga que hacer en esta categoría de culpables de la derrota colocan, siempre contagiados de inocultable saña, a López Obrador. Lo es, según estos enredosos vocingleros, por tener la osadía de condenar las alianzas entre el PRD y el PAN y no gustarle la figura, la historia y desplantes del presunto ganador.
Una narrativa adicional se condensó a través de los micrófonos y las pantallas: el señor Calderón, aseguraron, despliega sus compulsivas pasiones para no permitir que el PRI acumule dominancia en el panorama electoral nacional. Para tal descubrimiento de sus intenciones profundas, el señor Calderón indujo u ordenó la renuncia del candidato panista que fungió de señuelo. Con esta atrevida maniobra, el michoacano se trepó al carro del éxito, concluyeron sin gracia alguna. Sin embargo, los réditos fueron cobrados, de manera rimbombante y ridícula, por el defenestrado líder panista de carisma indubitable, César Nava. Quedó así plasmada, ante la distraída mirada de los mexicanos, una etapa más de la genial estrategia triunfadora de alianzas entre el PAN y el PRD. Una categoría de praxis política que ha sido catalogada como el empuje definitivo a los altares de la eficacia electoral en esta despiadada lucha por el poder. Dichas alianzas se han convertido en el vértice de toda acción política en ascenso. Fuera de ella, todo sería, según los atinados y penetrantes analistas consentidos del sistema imperante, crujir de mandíbulas y penar de opositores irredentos.
Los actores marginales que se resistan al encanto de juntar a la derecha con la izquierda son, y serán, erradicados del cártel de las verdades consumadas inducidas desde el poder. Las que han convertido en referentes obligados del buen pensar y el quehacer político presentable. Alianzas destinadas a domar inquietos. Esas que, difundidas por doquier, amansan las pasiones de unos cuantos desertores e inveterados rejegos de siempre. La torcida vista, claro está, se dirige hacia el estado de México y, de ser posible la claudicación total de los chuchos, marcelos, demás troupe y consejeros áulicos que pasan por representar a la izquierda, las elecciones de 2012.
La palabrería ha sido circular y sólo rasca en la superficie de lo que en Guerrero sucedió. Deja, el análisis de los comentaristas y superficiales locutores, el mero factor principal de lo sucedido: el votante guerrerense de izquierda. Ese conjunto casi heroico de personas que, contra viento y marea, han hecho ganar hasta aquellos apadrinados por los burócratas que ahora controlan el aparato partidario del PRD. No importa si tales candidatos son propios, embozados, impuestos, menores o indignos de apoyo. La consigna que han diseñado y siguieron al pie de la letra en ésta y otras ocasiones, corriendo los muchos riesgos inherentes, fue: ni un voto al PRI ni un voto al PAN. La izquierda guerrerense, la más aguerrida de la República junto con la del DF, como afirma Arnaldo Córdova en un artículo que va al núcleo de los sucesos, es la fuerza triunfadora de la contienda. Lo es a pesar de los maniobreros que les presentaron un candidato que, de verdad, en nada contribuirá al avance de ese postrado estado y, menos aún, para que esos hombres y mujeres que votaron por sus insignias, vean realizados los mínimos suspiros de progreso y bienestar.
Los que ahora se pavonean por los medios dando entrevistas a montón son y serán responsables de lo que vendrá a continuación cuando Aguirre asuma el mando estatal. Este personaje será, sin duda, un priísta digno de los blasones de esa especie que afirma saber cómo hacerlo. Es decir, conectar los múltiples intereses de sus colegas y patrocinadores con los haberes y favores públicos. Aguirre es, y será, uno más de los oscuros gobernantes de indecorosa memoria. Esos que han ocupado la posición de mando y que nunca rellenaron las expectativas del pueblo. Un embozado simulador, traidor a los suyos y preocupado en hacer proliferar oportunidades de negocios a sus cercanos. Las alianzas concertadas, tanto en Oaxaca como ahora en Guerrero, estaban casi aseguradas por la militancia de izquierda y ese otro contingente de alienados por el mal gobierno en sus estados. Fueron los intereses concretos de candidatos, y los de sus patrocinadores improvisados, los que indujeron la mezcolanza de juntar lo que es, no sólo dañino para la dignidad política, sino una afrenta inaceptable para millones de votantes a los que nunca consultaron.
Egipto: Las claves
Olga Pellicer

MÉXICO, D.F., 8 de febrero.- La rebelión popular que se ha desatado en el norte de África representa uno de los cambios más inesperados en el mapa político del mundo. Sus orígenes, la manera en que se ha desarrollado y sus consecuencias para la seguridad internacional, no sólo de aquella parte del mundo sino de todo el planeta, son indudablemente importantes pero todavía inciertos. Sólo se puede adelantar que obligan a pensar sobre las fuerzas que mueven al siglo XXI, los peligros y posibilidades del orden internacional del futuro y las lecciones que se pueden derivar para nuestra realidad más inmediata.
Egipto es el caso más interesante por su peso económico, densidad demográfica, dimensiones y, sobre todo, relevancia para el mantenimiento de la frágil estabilidad que hoy impera en el Medio Oriente. La rapidez con que se extendió allí la revuelta popular, la dificultad para identificar quiénes son o llegarán a ser sus principales portavoces, y la resistencia del presidente Mubarak a dejar el poder –esto último condición sine qua non para que se inicie el cambio de régimen político– no permiten todavía definir las fuerzas principales que orientarán dicho cambio. Es posible, sin embargo, hacer referencia a los elementos centrales que no se pueden perder de vista. ¿Cuáles son las claves que ayudan a entender el Egipto del futuro?
La primera clave se refiere al papel de la religión. La inquietud que domina entre los observadores occidentales de la Unión Europea o Estados Unidos es el temor a la influencia del islamismo, en particular sus sectores radicales, en un gobierno que, hasta ahora, se había distinguido por su carácter laico.
Las opiniones difieren según los medios de comunicación, los analistas y los prejuicios que alberguen unos y otros. Lo cierto es que, a pesar de los temores, nadie puede afirmar que la revuelta popular ha sido conducida mayoritariamente por organizaciones islámicas. Son otros motivos: el hartazgo con la corrupción de los dirigentes, la falta de oportunidades para la juventud, las nuevas formas de comunicación –como Twitter y Facebook, así como los valores y actitudes que éstas promueven–, los que desencadenaron las movilizaciones. Esto no significa que en el camino no se organicen y posicionen mejor para el acceso al poder movimientos religiosos, como el de la Hermandad Islámica, que hasta ahora han mantenido una posición muy prudente.
La segunda clave tiene que ver con el papel del ejército, pieza fundamental de la vida política egipcia, cuyo comportamiento, de un alto profesionalismo, ha sorprendido al mundo. Su posición expresada en la frase “no dispararemos contra el pueblo” ha sido definitiva para mantener viva la movilización popular. Obliga, por lo tanto, a reflexionar sobre la naturaleza de un ejército fuertemente vinculado a la ayuda de Estados Unidos.
Las fuerzas armadas de Egipto son las más bien entrenadas y equipadas del Medio Oriente (con excepción de las de Israel, con las que aquéllas mantienen, sin embargo, paridad en términos de tanques y otros armamentos). La ayuda de Estados Unidos es el factor definitivo para entender la conformación de ese ejército. Se ha mantenido en el orden de los mil 500 millones de dólares anuales y se ha expresado, también, mediante el entrenamiento de numerosos oficiales egipcios en Estados Unidos. Desde la perspectiva estadunidense, es importante que el armamento proporcionado al ejército no vaya a ser usado para reprimir al pueblo. Así lo han manifestado diversos legisladores y miembros del Pentágono (Washington Post, 29/01/2011); consideran que el efecto sería esencialmente negativo para la relación con el mundo árabe en general.
El poder de las fuerzas armadas egipcias es un factor sobre el que descansa el acuerdo de paz con Israel. Las relaciones con este país son la tercera clave para entender los escenarios posibles para Egipto en los próximos años. Una de las preguntas abiertas se refiere a las condiciones para que se mantenga la ayuda militar de Estados Unidos, tomando en cuenta que ésta se pondría en duda si se ponen en peligro los términos de dicho acuerdo. Así, no se puede imaginar el futuro político de Egipto sin colocar al ejército, y, a su vez, no se puede colocar esa pieza en el tablero sin mantener, o alterar, la relación con Estados Unidos y con Israel.
La cuarta clave es, entonces, la relación con Estados Unidos. Ésta ha tomado un nuevo rumbo desde que Obama apareció en televisión el martes 1 de febrero anunciando que había pedido a Mubarak “una transición ordenada, significativa, pacífica y que debe empezar de inmediato”. Su declaración habla, sin duda, de la determinación de apoyar el cambio en Egipto; sin embargo, no fue lo suficientemente enérgica al no hacer referencia a la salida inmediata de Mubarak, como lo exigen millones de manifestantes en las calles. Las divergencias entre el sentir popular y la posición de Estados Unidos están, por lo tanto, presentes.
Mientras, el tiempo corre con efectos contradictorios. De una parte, agravando los riesgos de enfrentamientos violentos, los cuales ya han comenzado al momento de terminar este artículo; de la otra, permitiendo una primera fase de organización en los movimientos de oposición al crearse, por ejemplo, un Comité de Sabios que se ha convertido en el interlocutor para dialogar sobre los múltiples puntos que requieren de negociaciones y definiciones más claras.
Organizar las instituciones del Egipto del futuro será una tarea muy compleja, cuya comprensión escapa por muchas razones al mundo occidental, donde estamos acostumbrados a ver a los países árabes bajo la óptica del terrorismo y los comportamientos fanáticos que nos han transmitido los medios de comunicación. Existen, sin embargo, ciertos elementos clave, a los que hemos hecho alusión, cuyo seguimiento puede ayudarnos a entender la etapa fascinante de transformación que se ha iniciado en el norte de África.