MVS, AL SERVICIO DEL PODER

14/02/2011

La ética y el caso Carmen Aristegui

BERNARDO BÁTIZ V.

Siempre he pensado que hablar de un código ético es un contrasentido; en la Facultad de Derecho, con profesores de primera, como Eduardo García Máynez y Óscar Morineau, aprendí que la diferencia entre la ética y el derecho consiste en que la norma ética es unilateral y autónoma, mientras la norma jurídica es bilateral y heterónoma. En el derecho hay un obligado a cumplir y alguien que tiene la facultad de exigir el cumplimiento; el derecho es dictado y sancionado por el Estado, se plasma en leyes y códigos.

En la ética o moral, en cambio, hay un deber para consigo mismo; el Estado no interviene, no hay en la ética otro juez que la propia conciencia o Dios, si se es creyente. Por ello, que la empresa MVS haya argumentado una falta al código ético como razón para despedir a Carmen Aristegui me parece un abuso y un pretexto. Hay códigos jurídicos y hay principios éticos.

Estoy seguro de que con la propuesta de la misma periodista y conductora, apoyada por miles o decenas de miles de ciudadanas y ciudadanos, la empresa tendrá que rectificar. Como todos los seguidores del programa, no tengo duda en que la profesional, impecable, valiente periodista, como juez de su propia conducta, en el análisis introspectivo de lo que hizo y dijo ante la noticia que tenía que comunicar, está tranquila. Cumplió con su deber de comunicadora de noticias y de comentarista política, lo hizo con pulcritud y con tino, dio a sus oyentes datos corroborables, citó un reportaje anterior de una revista de prestigio y dio cuenta de opiniones que circulaban ya profusamente en las redes sociales; pidió también que la oficina de la Presidencia aclarara y tomara la palabra.

Actuó como lo que es, una periodista libre, independiente, responsable, y su conciencia seguramente le confirma que su conducta fue correcta, actuó cumpliendo con un imperativo ético y, por tanto, debe estar tranquila.

Si MVS no rectifica, ¿podrá decir lo mismo quien tomó la decisión de suprimir el programa? Seguro que no; hace dos años la empresa abrió las puertas del programa a la periodista, en un rasgo de valor y de audacia; demostró entonces independencia frente al Estado y profesionalismo. Carmen había salido de otra empresa que no soportó que en sus programas se dijera la verdad y con ello se incomodara a los poderosos.

Quien le abrió las puertas de su radiodifusora actuó bien entonces; se arriesgó y llevó a cabo un acto de justicia, una acción gallarda de libertad y de dignidad. Ahora dio marcha atrás y si, como se ha dicho, sacrificó el mejor programa de su estación por intereses económicos, su conciencia debe estarle reclamando.

Pareciera un abuso entrar a estos terrenos de lo inmanente y de la conciencia, pero fue la misma MVS o su representante quien nos autorizó a juzgar su acción al tratar de justificar el despido invocando precisamente valores éticos; con ello, la discusión pública se trasladó, legítimamente, del ámbito en que todo podía haber quedado, de tan sólo cuestiones y términos jurídicos y políticos, debates sobre el derecho a expresarse y a informar, a cuestiones éticas, para el despido fulminante; la actitud autoriza a la misma conductora y a su auditorio a exigir la rectificación por razones precisamente de moralidad social.

Al cerrar este artículo no tengo información de lo que haya resuelto la radiodifusora; sin embargo, no salen sobrando las anteriores reflexiones y la siguiente: fuera de la jurisdicción de la moral, y pensando sólo bajo las frías reglas del pragmatismo, MVS habrá dejado su propio futuro en manos ajenas. Si no hay rectificación oportuna, quien decidió el despido apresurado queda en una situación muy comprometida. Si se le concede la ratificación o prórroga de la concesión de que ahora disfruta, creeremos todos que es el pago por la acción que colectivamente descalificamos, pero si a pesar de esa acción la autoridad no le confirma la concesión, su situación será peor; habrá frustración en lo económico y quedará con el desprestigio a cuestas.

Si para cuando se publique este texto hubo ya eco al clamor público y se reanudó el programa, qué bueno para todos; si no, qué lamentable para MVS, pues para Carmen Aristegui y su público, que no se quedarán callados, se abrirán otras oportunidades; en cambio, quienes toman las decisiones en la empresa en su propia conciencia encontrarán un juez persistente y severo.

Carmen Aristegui: ¿Qué hacer?

Miguel Ángel Granados Chapa

MÉXICO, D.F., 12 de febrero.- Una vez más Carmen Aristegui ha sido arrojada fuera del circuito radiofónico. La coartada que esta vez sirvió para que MVS resolviera separarla partió de un hecho cuyo alcance y significado admite diversas interpretaciones pero que tenía importancia noticiosa: un escándalo en la Cámara de Diputados por un señalamiento de legisladores de la oposición al presidente de la República. La periodista, al presentar el suceso en su emisión del viernes 4 de febrero, situó en un contexto necesario el mensaje de los impugnadores del presidente y concluyó con una pregunta y una petición: ¿Hay problemas con el modo de beber del presidente? Sería sano que Los Pinos lo aclarara.

La Presidencia lo negó el miércoles 9 de febrero, ya tarde. El secretario particular de Felipe Calderón, Roberto Gil Zuarth, dio respuesta a la interrogante de la aguerrida pero sobre todo inteligente periodista. Bastó que describiera la laboriosidad presidencial, lo apretado de su agenda, su diligencia notoria, atestiguada por toda suerte de personas que lo han visto pleno de salud. Lo que pudo decirse el viernes mismo se aplazó hasta cinco días más tarde, cuando ya se habían amontonado los acontecimientos: Carmen Aristegui no condujo su emisión matutina en el 102.5 del cuadrante capitalino de FM; se generó una vastísima, multitudinaria protesta en las calles y en las redes sociales, y la periodista, al sentar su posición, anunció estar dispuesta a retomar el micrófono (ella dijo que el lunes 14, lo que sería simbólico, aunque podría ser otro día próximo) si se lavaba su nombre, ensuciado por la afirmación de que rompió el código de ética al presentar como noticia un rumor.

A pesar de que la dignidad de Carmen Aristegui la condujo a poner muy alta la cota de actitudes a tomar, los protagonistas del suceso respondieron al acicate que resultó de su mensaje. La Presidencia, que había negado tener que ver con el despido de la periodista (pero que cándidamente aceptó que la concesionaria le dio cuenta de lo ocurrido, lo cual sólo es comprensible como si se le ofreciera una satisfacción), produjo el informe sobre la agenda presidencial, de cuyo conocimiento se desprende que Felipe Calderón goza de cabal salud. Y MVS, en vez de rechazar la disposición de su estrella hasta el viernes anterior (que estaba en ascenso, cada vez con más estaciones interesadas en repetir el noticiario), sólo anunció que tomaría decisiones en los próximos días.

En la noche del jueves 10, cuando se escriben estas líneas, esa era la situación. Cabe esperar una rectificación y que Carmen vuelva al aire la próxima semana, no necesariamente el lunes, si su reputación queda a salvo. Parece haber quedado claro que el episodio generó sólo pérdidas para todos, que son remediables con buena voluntad (tener presente la cual no es por fuerza candor pueril).

Pero todos, y no sólo Carmen Aristegui, debemos pensar en qué hacer. Todos, digo, porque el problema laboral de la periodista no es sólo un problema laboral, sino un desgarramiento en el tejido social, tan en mal estado por el amontonamiento de crisis que padece nuestro país, en medio de las cuales es imprescindible la información y el análisis, al mismo tiempo lúcido e independiente que ejerce Carmen Aristegui.

Algunos pasos en la solución que todos debemos generar le corresponden a ella directamente, por supuesto. Si no se concretara el entendimiento sugerido por las posiciones de las partes, queda a la periodista el camino legal para buscar su reinstalación. Ella y MVS firmaron en enero de 2009 un contrato cuyos términos tal vez fueron violados por la empresa. Es que, anexo al contrato, forma parte de la relación profesional el código de ética al que se refirió la concesionaria, pero que incluye un mecanismo que dejó de observarse en la actitud empresarial. Cuando una de las partes juzgue que se ha violado el código, ha de acudir a un árbitro cuya actuación está prevista en los propios documentos, nombrado con la aquiescencia de las partes y cuya labor consiste en determinar si se violó el código y el modo de enmendar su vulneración, que ni por asomo incluye la ruptura laboral. Aunque la ruina de José Gutiérrez Vivó se gestó en amplia medida en la lentitud y lenidad de los tribunales, que bendijeron o fueron incapaces de impedir el abuso del Grupo Radio Centro, una vía a la mano, si no se recapacita, es el ejercicio de acciones legales.

Otra vía a recorrer, de difícil trazo y práctica aún más complicada, consiste en que la sociedad que ahora airada protesta se organice en torno de Carmen para dotarla de los instrumentos propios de su trabajo. Lo propuse cuando en enero de 2008 los grupos Prisa y Televisa la despidieron de XEW. Se trata de aprovechar la movilización que crece a causa de esta nueva arbitrariedad para constituir una sociedad anónima en que miles de accionistas integren un capital suficiente para emprender tareas de comunicación electrónica. Claro que el gobierno que irritado reprime a Carmen no le facilitará un acceso de este género. Pero sin dejar de intentar que la sociedad mercantil imaginada adquiera su propia concesión, es de investigar la posibilidad de tomar en arrendamiento tiempos en emisoras carentes de programación propia que obtienen ganancias vendiendo tiempo a adquirentes responsables de los contenidos. La producción radiofónica así lograda debería encontrar salidas paralelas y simultáneas en internet y otras formas de conexión. No es ciertamente una empresa sencilla, pero otros lances de represión editorial encontraron en esta vía el camino para su construcción. Es muy difícil, pero no imposible.

Pensemos también en que Carmen tenga acceso a canales de difusión públicos, como Radio UNAM. Cuando en 2008 la periodista fue despojada de su micrófono se exploró esa posibilidad, también difícil de concretar porque técnica y financieramente las frecuencias universitarias no están habilitadas para la competencia comercial. Pero si fuera preciso, es posible imaginar fórmulas que con respeto pleno a la legislación universitaria permitan, a través de asociaciones civiles y aun sociedades mercantiles no lucrativas, la presencia de una voz libre como la de Carmen en el espacio universitario.

Fórmulas de la misma naturaleza se pueden poner en práctica en canales de difusión que existen sólo virtualmente ahora y que podrían aprovechar la experiencia y el talante profesional de Carmen. Por sólo aventurar ejemplos, puede pensarse en el canal digital de televisión concesionado por la Cofetel al gobierno de la Ciudad de México o el permiso para operar una radioemisora a la Universidad Autónoma Metropolitana. La estipulación de condiciones claras para una tarea conjunta en que los intereses de las partes queden escrupulosamente protegidos, y los de la periodista a salvo de coyunturas políticas, sería una fórmula que daría sentido desde el principio a esas iniciativas de difusión que no se han echado a andar.

Muchas otras personas tendrán sin duda muchas otras ideas sobre cómo trascender de la cólera civil a la práctica de una comunicación democrática. Lo importante es que el pasmo no nos venza y superemos la etapa de la neurosis contemplativa y la denuncia flamígera.

Algo, mucho, tendremos que hacer.

El triunfo de la oposición en Egipto

GONZALO MARTÍNEZ CORBALÁ

Finalmente se decidió en Egipto el sentido y el alcance de la primera etapa de la lucha política de la oposición a Hosni Mubarak. El viernes 11 pasado presentó su renuncia a la presidencia, tan exigida tanto por las muchedumbres abigarradas en la plaza de la liberación como por Mohamed El Baradei, personaje de talla internacional por su atinada actuación como delegado de la Organización de Naciones Unidas, en la oficina que se ocupa de la vigilancia del uso de la energía nuclear, actuación que valió a El Baradei el Premio Nobel de la Paz. El Baradei se enfrentó a los gobernantes de Estados Unidos, de España y de Gran Bretaña, quienes justificaron la invasión a Irak alegando la existencia de armas de destrucción masiva en el país árabe, lo que fue clara y enfáticamente desmentido por El Baradei.

De esta manera Mubarak, llamado popularmente El último faraón de Egipto, dio término a su gobierno de tintes autoritarios –casi 30 años–, habiendo sucedido a Anuar Sadat, asesinado por sus propias fuerzas militares en un desfile en El Cairo, de una manera verdaderamente dramática, pues en el momento adecuado para el saludo de rigor, los soldados y oficiales que pasaban frente a la tribuna de honor, bajando de las tanquetas apresuradamente, pero sin perder la disciplina propia de los soldados, ametrallaron a Sadat y a sus acompañantes en la parada militar.

Esto sucedió poco después de que Sadat firmó la paz con Israel en los acuerdos de Campo David. Más tarde, durante la Guerra de los Seis Días, Mubarak se destacó por su actuación dentro de la fuerza aérea egipcia, aunque es bien conocido que los aviones de guerra israelíes ametrallaron en tierra, antes de despegar, a los de Egipto, entre los que había algunos simulados, los cuales no fueron tocados por las balas de Israel, en un alarde de información que le permitió hacer blanco con gran precisión, únicamente en los aviones verdaderos, aunque todavía no habían despegado siquiera cuando ya los israelíes estaban sobrevolando el aeropuerto de El Cairo.

El día que se desataron las hostilidades entre Israel, Egipto y Siria, en el aeropuerto de París, empezó a circular la versión vespertina de los diarios parisinos, como France Soir, que destacaban en la primera plana: Les egipcians attaque Israel. Esta nota no podía sustentarse enteramente a la luz de los acontecimientos que se citan; lo cierto es que, como se relata, los aviones egipcios fueron ametrallados en tierra por las fuerzas aéreas de Israel. Incluso, quienes estábamos en los primeros momentos de la Guerra de los Seis Días, en un homenaje que se les rendía a los soldados de este país muertos, presenciamos el gran entusiasmo que despertaron en el monte Gertz los aviones israelíes que sobrevolaron la ceremonia, pues ya en esos momentos a esos pilotos se les consideraba los héroes de la breve, pero trascendental Guerra de los Seis Días, que tuvo una importancia definitiva en la composición de fuerzas en Medio Oriente.

También la configuración de los territorios se modificó, pues cambiaron sus fronteras y los nuevos mapas ya eran vendidos en Tel Aviv y en Jerusalén cuando la guerra aún no terminaba. En el recorrido que hicimos por el norte de Israel recogimos algunos casquillos, todavía calientes, de las ametralladoras en los búnkers, abandonados ya, en las colinas de Al Magore, arriba del mar de Kineret. Fue Siria el último país de los participantes en esta guerra en caer ante en embate de Israel. Es conocido el hecho de la combatividad de Siria, y de la capacidad de su equipo bélico, como la de sus soldados.

El hoy ex presidente Mubarak fue un soldado entrenado en la Unión Soviética como piloto de modernos aviones de guerra. Y fue también, en 1973, el jefe de los pilotos egipcios, combatientes en la guerra, y de esta manera fue que el presidente Sadat lo nombró vicepresidente en 1975. Seis años después se perpetró el asesinato de Sadat, después de haber tomado la difícil decisión de hacer la paz con Israel. Uno de los primeros pasos que dio Mubarak fue declarar el estado de emergencia, que eliminó la asamblea nacional, y se restringieron las libertades de expresión, permitiendo mediante facultades extraordinarias a la policía el encarcelamiento indefinido.

Mubarak hizo uso de estas facultades extraordinarias, como presidente del país, en las siguientes décadas, manteniéndose así en el poder autoritariamente, disolviendo manifestaciones con la policía y encarcelando aproximadamente, con sentencias indefinidas, a unos 30 mil yihadistas cuando éstos atacaron a turistas en El Cairo. Se dice que los mecanismos de investigación utilizados fueron tales, que cuando alguna conspiración se fraguaba por cinco miembros de la Yihad, antes de que se incorporara el quinto de ellos escribía un reporte dirigido a Mubarak, traicionando a su propia organización y abortando el movimiento (CNN, 11/2/11).

Hosni Mubarak triunfó en cuatro procesos electorales, como presidente, mientras que la economía se estancaba los primeros 20 años, y mientras que entraban al país miles de millones de dólares por turismo, que no se repartían según alguna política social, sino cuyos destinos de inversión se determinaban por criterios muy personales del presidente. Así se amplió la pobreza extrema hasta 40 por ciento de la población.

El otro renglón de ingresos muy importante fue el de las aportaciones para ayuda militar que le proporcionaba Estados Unidos, a raíz de su colaboración con efectivos de guerra en el conflicto Irak-Kuwait. Aunque, por otra parte, se opuso a la invasión a Irak por la alianza Estados Unidos, Gran Bretaña y España.