REVELACIONES.

12/02/2011

Washington intentó incluir en el plan Mérida un acuerdo contraterrorista.

BLANCHE PETRICH
Periódico La Jornada
Estados Unidos vio en abril de 2008 la oportunidad de introducir en el contexto de la Iniciativa Mérida un acuerdo contraterrorista, alegando la posibilidad de que grupos del crimen organizado que ya utilizaban tácticas terroristas pudieran ser instrumentalizados por las organizaciones terroristas globales. El tema fue incluido como punto de agenda para una visita oficial del secretario de Defensa Robert Gates, el 29 y 30 de abril de ese año, en una carpeta informativa que le preparó el embajador Antonio Garza, tal como figura en uno de los cables filtrados por Wikileaks, cifrado como confidencial.

En ese comunicado, Garza advierte al jefe del Pentágono que el gobierno mexicano no concede demasiado énfasis a la amenaza potencial que representan grupos como Al Qaeda en la región. Y la diplomacia de Irán, que intenta tener más influencia diplomática, económica y política en la zona, no los pone tan nerviosos como a nosotros.

A pesar de que en el texto se admite que en México no residen ni operan integrantes de las redes terroristas internacionales (idea que repetiría el embajador Carlos Pascual en un despacho posterior, en enero de 2010, publicado por La Jornada el pasado jueves), el representante del gobierno de George W. Bush sugiere que se aproveche la oportunidad de esta visita para programar el uso inmediato de los fondos del rubro 1206 del año fiscal 2008 para incrementar el potencial militar antiterrorista. Esto comprende un apoyo de 30 millones de dólares.

En la información periodística que generó aquella visita del jefe del Pentágono, sólo se mencionaron los temas de cooperación en el combate al narcotráfico. No se habló públicamente de terrorismo. Incluso hubo un intento por desviar la atención de este asunto, en una alusión del propio Gates, quien declaró a la prensa que el proyecto de financiar equipo para la Iniciativa Mérida no está relacionada con las operaciones (militares) en Irak y Afganistán, según lo reportó un despacho de la agencia American Forces Press Service (30 abril, 2008).

Atentados del EPR

La preocupación de hacer a México partícipe de dichas ideas sobre antiterrorismo aparece ampliada en un despacho informativo de la embajada estadunidense a la Subsecretaría de Asuntos Hemisféricos en Washington, con fecha 4 de enero de 2008, en el que se informa que el año anterior, 2007, la Marina y el Ejército mexicanos reforzaron su potencial para combatir el terrorismo.

Lo anterior, a pesar de que en el mismo texto se reitera que no hay ningún terrorista internacional residiendo u operando en México, ni se han registrado ataques contra intereses o personal estadunidenses.

El cable menciona los atentados del Ejército Popular Revolucionario contra los gasoductos perpetrados en julio y septiembre de 2007 como hechos que despertaron el fantasma del terrorismo local.

La amenaza que representa para México esa prática violenta se centra básicamente en el tránsito de terroristas. Ahí tenemos que enfocar nuestros esfuerzos bilaterales, apunta.

El gobierno estadunidense expresa su aprecio por la forma en que el gobierno de México ha facilitado la cooperación bilateral, particularmente con la constitución de una nueva fuerza de la Armada ya desplegada para controlar los puertos.

El considerable despliegue de militares para combatir la violencia del narco puede servir en un futuro para esfuerzos contraterroristas, señala.

Hay también progreso sostenido en el área de la seguridad fronteriza para la detección de extranjeros de atención especial (special interest aliens, SIAS, les dicen) en el contexto de la Alianza para la Seguridad y el Progreso de América del Norte (ASPAN), vigente desde marzo de 2005.

El comunicado reconoce que, en el pasado, el despliegue del Ejército a gran escala despertó preocupaciones por los antecedentes de abusos de soldados del año anterior (2007). Todo esto eventualmente salió a colación en las conversaciones de Gates con el general Guillermo Galván, titular de la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena).

Heridas en la sique del mexicano

“Debe usted saber –advierte Garza– que aunque sus interlocutores tienen interés en reforzar lazos con nosotros, muchos en las fuerzas armadas son reticentes a identificarse demasiado con los intereses de EU”, ya que la historia de intervenciones entre los dos países dejó heridas en la sique de los mexicanos, generándoles un sentimiento de inseguridad nacional y suspicacia.

También lo previene: Muchos de sus interlocutores tienen una perspectiva muy bien definida sobre las cuestiones de seguridad global y regional que no necesariamente coincide con la suya. Por ejemplo, cita, México no comparte con nosotros la idea de desarrollar una defensa de nuestros intereses de seguridad robusta y preventiva en el Medio Oriente y el sur de Asia. Otro ejemplo: Los gobiernos de México, incluido el de Felipe Calderón, buscan mantener relaciones cordiales con Cuba y la actual administración intenta evitar conflictos con Venezuela.

Entre los rubros en los que Gates puede avanzar en la relación militar bilateral se habla de procurar el desplazamiento de personal de la Sedena y la Secretaría de la Marina en instalaciones militares estadunidenses, incluido el Comando Norte, ya que nosotros ya tenemos oficiales trabajando dentro de las instituciones homólogas mexicanas.

Sedena, suspicaz; la Armada, jugador entusiasta

El documento de preparación de la visita de Gates se distingue por algunos matices de otro documento similar, pero anterior. Es otra panorámica que preparó el mismo embajador Garza, pero para el ex secretario de Defensa Donald Rumsfeld, uno de los políticos más identificados con el ala belicista de Bush, en abril de 2006, durante el sexenio foxista.

México es un socio esencial para la defensa interna estadunidense, y mientras que la Marina mexicana participa como un jugador entusiasta, la Secretaría de la Defensa apenas ahora empieza a admitir que esta cooperación puede ser benéfica, señala Garza.

Esta visita brinda la oportunidad de darle a nuestras estrategias de seguridad la estatura que merecen, pero también para que el gobierno mexicano acepte plenamente jugar el estratégico papel que le corresponde en América del Norte.

Repite, de manera menos sutil, la observación que dos años después haría a Gates: Tradicionalmente la Sedena es suspicaz y distante, en parte para disimular su incapacidad. Sin embargo en los últimos meses hemos visto una mayor apertura en su relación con el Comando Norte. Recuerda su participación como observador en los ejercicios navales y el apoyo brindado en Nueva Orleáns con motivo del huracán Katrina.

En los párrafos donde se analizan las perspectivas políticas de una elección histórica (la de 2006) en la que cualquiera de los candidatos de los tres principales partidos puede ganar, el diplomático explica a Rumsfeld que en ninguno de los tres escenarios se alterarían las relaciones militares. Pero que en cuanto a la posibilidad de que México deponga su histórica negativa de participar con sus fuerzas armadas en operaciones militares multilaterales en el extranjero, la diferencia la podría hacer el candidato panista, no el priísta ni el perredista.

En la edición digital de La Jornada hay una sección especial dedicada al tema de los despachos diplomáticos filtrados, que incluye los vínculos a los cables, videos, sitios de Internet relacionados y archivo histórico, entre otros.

Crece la tensión México-Francia por rechazo de amparo a Cassez

La francesa pudo recurrir a todas las instancias previstas en la Constitución: Carlos de Icaza

París no debe sobredimensionar la sentencia a Florence, dice Espinosa a diplomático galo

CAROLINA GÓMEZ, AFP DPA Y REUTERS
Periódico La Jornada
La decisión de un tribunal colegiado de rechazar el amparo interpuesto por la francesa Florence Cassez, condenada a 60 años de prisión por tres secuestros, portación y posesión de armas, agudizó la tensión entre México y Francia, al grado de que ambas naciones llamaron a consultas a los representantes diplomáticos. Primero París llamó al embajador mexicano, horas después la Secretaría de Relaciones Exteriores (SRE) adoptó la misma medida.

El embajador de México en Francia, Carlos de Icaza, defendió la absoluta independencia del Poder Judicial mexicano y afirmó que la ciudadana francesa pudo recurrir a todas las instancias acordadas por la Constitución.

El sistema jurídico mexicano dispone de pesos y contrapesos que permiten que una persona acusada disponga de los medios y las instancias para hacer valer sus derechos, afirmó a la prensa el diplomático mexicano, tras reunirse con la ministra francesa de Relaciones Exteriores, Michele Alliot Marie, que lo convocó a la cancillería gala.

La jefa de la diplomacia francesa calificó de deplorable e inicua la decisión judicial mexicana, que, según la funcionaria, es además una denegación de justicia.

Interrogado sobre el tenor de la reunión, el diplomático dijo que por tratarse de una conversación de carácter privado no haría ningún comentario, ya que primero informaría al gobierno mexicano sobre lo ocurrido.

Caso sobredimensionado

Horas más tarde, el representante diplomático de Francia en México, Daniel Parfait, se presentó en la cancillería, a donde fue convocado por la titular de la SRE, Patricia Espinosa Cantellano.

En la reunión, la cual se llevó a cabo al mediodía y se extendió por 45 minutos, Espinosa Cantellano le expresó al embajador francés que su gobierno no debe sobredimensionar el caso de su compatriota Cassez, informó Fernando Morales, director general de comunicación social de la SRE.

En entrevista, Morales detalló que la convocatoria hecha a Parfait respondió a que la canciller mexicana consideró que ante la notoriedad que le ha dado el gobierno de París al asunto, era importante reiterar, de manera personal, al diplomático la postura del gobierno de México.

Por la mañana, la subsecretaria de Relaciones Exteriores, Lourdes Aranda, adelantó a la prensa que se había determinado citar a Parfait ante el tono de las declaraciones de la ministra de Asuntos Exteriores de Francia, quien la víspera advirtió de consecuencias para México a raíz de la resolución del séptimo tribunal colegiado en materia penal del Distrito Federal, el cual negó el amparo interpuesto por la defensa de Cassez contra la sentencia dictada en marzo de 2009 por un tribunal unitario de circuito.

En entrevista, Aranda insistió en que la relación entre ambos países es mucho más que un juicio a una ciudadana francesa y especificó que el caso Cassez se debe ubicar en su justa dimensión, porque la relación bilateral es prioritaria y no creemos que pueda empañarse por un asunto jurídico y coyuntural.

Por la tarde, el responsable de comunicación social de la SRE comentó que Espinosa Cantellano le expresó al embajador francés el deseo de México de que este caso no afecte las relaciones entre ambos países, y le aclaró que no se entendieron los dichos de Alliot-Marie respecto a las posibles repercusiones para nuestro país.

Morales remarcó que la canciller expuso su deseo de que no se afecten otras esferas. Dijo que desconoce si la canciller solicitó que no se efectúe boicot alguno contra México.

Posible boicot a evento cultural

En tanto, ayer, la dirigente del Partido Socialista francés, Martine Aubry, instó a boicotear el Año de México en Francia y anular la exposición de obras mexicanas en Lille, ciudad de la que es alcaldesa, anunció la municipalidad.

La exposición de estampas y grabados de José Guadalupe Posada (1852-1913), célebre por sus calaveras, debía inaugurarse el jueves por la noche y permanecer abierta al público desde ayer y hasta el 3 de abril en el Espace Le Carré de la ciudad de Lille.

En este ambiente, la ministra Michele Alliot-Marie anunció también que se abstendría de participar en cualquier actividad del Año de México en Francia, el cual se celebrará a lo largo de 2011.

Sobre la posibilidad de que se perjudique la conmemoración, la subsecretaria Aranda comentó: El Año de México en Francia fue una invitación del gobierno francés para realizar esta serie de actividades de carácter cultural, económico, de promoción turística y cooperación; nosotros estamos revisando con todo detenimiento las reacciones de Francia y serán los anfitriones los que deben tomar la decisión; sin embargo, para México es un evento fundamental para la relación bilateral.

Recibirá Sarkozy a padres de Florence

En París, el presidente Nicolas Sarkozy anunció que recibirá el lunes próximo a los padres de Cassez, quien perdió el último recurso legal para apelar a su libertad, informó la televisión francesa, la cual recordó que el mandatario, cuando realizó una visita de Estado a México en marzo de 2009, pidió a su homólogo mexicano que se permitiera el traslado de Cassez a su país para que allí cumpliera su condena.

Ese año, la justicia mexicana había condenado a Cassez a 96 años de prisión, pero luego hubo una reducción de la pena a 60 por complicidad en secuestro.

Recreación polémica

Cassez, de 36 años, fue detenida en 2005 como presunta integrante de la banda de secuestradores Los Zodiaco, la cual lideraba su novio Israel Vallarta, junto al cual fue aprehendida en el rancho Las Chinitas. El caso fue polémico desde el principio porque la policía la detuvo el 8 de diciembre de ese año, pero al día siguiente hizo una recreación para la televisión con el fin de mostrar, supuestamente en vivo, el operativo y la liberación de secuestrados.

Justamente uno de los argumentos de Francia para poner en tela de juicio la determinación judicial fue este episodio, en el que se efectuó un montaje un día después de la captura. No obstante, el gobierno mexicano ha insistido en que la determinación se apega a derecho.

Entre las pruebas que han incriminado a Cassez están las declaraciones realizadas por las víctimas Ezequiel Elizalde Flores, Cristina Ríos Valladares y su hijo, el cual al momento del secuestro tenía 11 años.

Ezequiel, quien fue plagiado en octubre de 2005, manifestó en una entrevista a medios que Cassez le dio a elegir entre cortarle un dedo o una oreja. Ante el Ministerio Público dijo que reconocía la voz de Florence como la de la mujer de acento francés que durante su cautiverio le llevó un emparedado y le advirtió: No hagas pendejadas para que no te pase nada (...) Ella me inyectó el dedo meñique de la mano izquierda y me dijo que le iban a mandar un regalito a mi familia.

Cristina fue secuestrada, junto con su esposo e hijo, y aunque en la primera diligencia ministerial dijo no identificar la voz de Cassez, posteriormente sostuvo que había escuchado a una persona extranjera con acento peculiar y dijo reconocerla como la misma voz de la persona que le sacó sangre del brazo.

Estalla júbilo por la renuncia de Mubarak

El ejército egipcio toma el control del gobierno

Finalizan 30 años de autocracia tras 18 días de protestas

ROBERT FISK

Periódico La Jornada
El Cairo, 11 de febrero. De pronto todos se pusieron a cantar. Y a reír, a gritar y orar, arrodillándose en el suelo y besando el sucio pavimento frente a mí, danzando y alabando a Dios por librarlos de Hosni Mubarak –un rapto de generosidad, porque fue más su valor que la intervención divina lo que derrocó al dictador–, y derramando lágrimas que salpicaban sus ropas. Fue como si todo hombre y mujer acabara de contraer matrimonio, como si el júbilo pudiese ahogar las décadas de tiranía, dolor, represión, humillación y sangre. Ésta será conocida para siempre como la revolución egipcia del 25 de enero –el día que comenzó– y será para siempre la historia de un pueblo en pie de lucha.

El anciano se había ido por fin, entregando el poder no al vicepresidente –signo ominoso, aunque esta noche los millones de revolucionarios no violentos no estaban de ánimo para apreciarlo–, sino al consejo del ejército egipcio, a un mariscal de campo y un montón de generales, garantes por ahora de todo aquello por lo cual los manifestantes y por lo que algunos dieron la vida.

Hasta los soldados estaban felices. En el momento mismo en que la noticia de la partida de Mubarak cundió como el fuego entre los manifestantes fuera de la sede de la televisión estatal, a orillas del Nilo, resguardada por el ejército, el rostro de un joven oficial estalló en regocijo. Todo el día los manifestantes habían estado diciendo a los soldados que son hermanos. Bueno, ya veremos.

Decir que fue un día histórico es restar magnitud a lo que esta victoria en verdad significa para los egipcios. Mediante la mera fuerza de voluntad y el valor frente a la odiada policía de seguridad de Mubarak; mediante la conciencia –sí– de que a veces hay que combatir con más que palabras y redes sociales para derrocar a un dictador; mediante el solo acto de luchar con puños y piedras contra policías provistos de pistolas aturdidoras, gas lacrimógeno y balas de verdad, lograron lo imposible: poner fin –deben rogar a su Dios que sea permanente– a casi 60 años de autocracia y represión, 30 de ellos con Mubarak.

Los denostados árabes, maldecidos, sujetos a abuso racial en Occidente, tratados como retrasados e ignorantes por muchos de los israelíes que deseaban mantener el imperio despiadado de Mubarak, se pusieron en pie, abandonaron el miedo y echaron al hombre a quien Occidente amaba como un líder moderado que haría lo que ellos mandaran al precio de mil 500 millones de dólares al año. No sólo los europeos del este pueden alzarse contra la brutalidad.

Que este hombre, menos de 24 horas antes, hubiera anunciado en un momento de delirio que aún quería proteger a sus hijos del terrorismo y que se mantendría en el poder hizo aún más preciada la victoria de este viernes. La noche del jueves, hombres y mujeres habían alzado sus zapatos en el aire para mostrar su desprecio al líder decrépito que los trataba como niños incapaces de tener dignidad política y moral. Luego este viernes él partió como si tal cosa para Sharm el-Sheikh, centro vacacional de estilo occidental en el Mar Rojo, un lugar que tiene tanto en común con Egipto como Marbella o Bali.

Así pues, para la noche del jueves la revolución egipcia quedó en manos del ejército, cuando una serie de confusas y contradictorias declaraciones de los militares indicaba que mariscales de campo, generales y brigadieres se disputaban el poder en las ruinas del régimen de Mubarak. Israel, según varias prominentes familias castrenses cairotas, trataba de persuadir a Washington de promover a su egipcio favorito –el ex capo de la inteligencia y vicepresidente Omar Suleiman– a la presidencia, en tanto el mariscal Tantawi, ministro de Defensa, quería que su jefe del estado mayor, el general Sami Anan, gobernara el país.

Cuando Mubarak y su familia fueron llevados a Sharm el-Sheikh la tarde del viernes, ello sólo confirmó la impresión de que su presencia era más irrelevante que provocadora. Los cientos de miles de manifestantes en la plaza Tahrir olían la misma descomposición del poder y hasta Mohamed El Baradei, el ex inspector de armas de la ONU y ambicioso premio Nobel, anunció que Egipto estallará y debe ser salvado por el ejército.

Los analistas hablan de una red de generales dentro del régimen, aunque es más como una telaraña, un amasijo de altos oficiales en competencia que ganaron su riqueza personal y sus celosamente guardados privilegios sirviendo al régimen, cuyo líder parece hoy tan demente como senil. La salud del presidente y las actividades de los millones de manifestantes por la democracia en todo Egipto son ahora menos importantes que el encarnizado combate dentro del ejército.

Sin embargo, si bien han descartado al rais –el presidente–, los altos mandos militares son de la misma vieja guardia. De hecho, la mayoría fueron absorbidos hace mucho en el entramado de poder del régimen. En el último gobierno de Mubarak el vicepresidente era un general, al igual que el primer ministro, el viceprimer ministro, el ministro de la Defensa y el de Interior. El propio Mubarak era comandante de la fuerza aérea. El ejército llevó a Nasser al poder. Apoyó al general Anwar Sadat. Apoyó al general Mubarak. Introdujo la dictadura en 1952 y ahora los manifestantes creen que se convertirá en el agente de la democracia. Vaya esperanza.

Toma de plazas

Por tanto –tristemente–, Egipto es el ejército y el ejército es Egipto. O al menos, ay, eso le gusta pensar. Por tanto, quiere controlar –o proteger, como constantemente reiteran sus comunicados– a los manifestantes que exigen la partida final de Mubarak. Pero los cientos de miles de revolucionarios democráticos –enfurecidos por la negativa de Mubarak a abandonar la presidencia el jueves por la noche– comenzaron este viernes su propia toma de El Cairo, desbordando la plaza Tahrir, no sólo alrededor del edificio del parlamento, sino también frente a la sede de la radio y televisión estatal, en la ribera del Nilo, en las avenidas principales que llevan a la lujosa residencia de Mubarak y en el suburbio residencial de Heliópolis. Miles de manifestantes en Alejandría llegaron a las puertas de uno de los palacios de Mubarak, donde la guardia presidencial repartió agua y comida en un tibio gesto de amistad. Los activistas también tomaron la plaza Talaat Haab, en el centro comercial de El Cairo, mientras cientos de académicos de las tres principales universidades de la ciudad marchaban hacia Tahrir a media mañana.

Luego de las expresiones de ira durante toda la noche ante el paternalista e insultante discurso de Mubarak –se extendió hablando de sí mismo y de sus servicios en la guerra de 1973, haciendo sólo vagas referencias a los deberes que supuestamente iba a reasignar a su vicepresidente Omar Suleiman–, las manifestaciones de este viernes comenzaron entre muestras de buen humor y extraordinaria civilidad. Si los esbirros de Mubarak esperaban que su casi suicida decisión del jueves induciría a la violencia a los millones de manifestantes, se equivocaban: por todo El Cairo, los jóvenes hombres y mujeres que son el fundamento de la revolución egipcia se comportaron con la prudencia que el presidente Obama pidió este viernes con tan escasa convicción. En muchos países habrían quemado edificios de gobierno luego de un mensaje presidencial tan pleno de soberbia; en la plaza Tahrir organizaron recitales de poesía, y luego oyeron que el odiado antagonista se había ido.

Pero los versos en árabe no ganan revoluciones, y todo egipcio sabía este viernes que la iniciativa ya no estaba con los manifestantes ni con la remota y levemente demencial figura del ex dictador de 83 años. El futuro cuerpo político del país reside en unos 100 militares cuya vieja fidelidad a Mubarak –puesta a dura prueba por el espantoso discurso del jueves por la noche, para no hablar de la revolución en las calles– ha sido abandonada del todo. La mañana del viernes, un comunicado militar –leído, cosa por demás extraña, por un anunciador civil de la televisión estatal– llamó a realizar elecciones libres y justas y añadió que las fuerzas armadas están comprometidas con las demandas del pueblo, el cual debe reasumir un modo normal de vida. Trasladado al lenguaje civil, esto significa que los revolucionarios deben empacar sus cosas mientras una camarilla de generales se divide los ministerios de un nuevo gobierno. En algunos países a esto se llama golpe de Estado.

En torno del abandonado palacio de Mubarak en El Cairo, la mañana de este viernes, miembros de la guardia personal, poderosa fuerza paramilitar separada del ejército –sus miembros visten una extraña mezcla de boinas rojas y cascos verdes de acero con ribetes plateados– tendieron alambre de púas en todo el perímetro, instalaron enormes parapetos de arena y pusieron detrás soldados armados con ametralladoras. Tanques y vehículos blindados fueron emplazados en torno a la alambrada. Era un gesto vacío, digno del mismo Mubarak, porque ya había huido.

Con todo, las instrucciones impartidas a los soldados de cuidar a los manifestantes parecen haber sido seguidas al pie de la letra en las horas anteriores a la victoria. Un teniente primero del tercer ejército, joven de 25 años con altos estudios y dominio del inglés, ayudaba a los manifestantes a revisar las identificaciones de los que ingresaban a las cercanías del Ministerio del Interior, aunque reconocía de buen talante que no estaba seguro de que las protestas en la capital fueran la mejor forma de lograr la democracia. No había dicho a sus padres –su padre es ingeniero– que estaba en el centro de El Cairo para que su madre no se preocupara; les dijo que estaba de servicio en el cuartel.

Pero, en una confrontación, ¿abriría fuego contra los manifestantes?, le preguntamos. “Muchas personas me preguntan eso –contestó–. Yo les digo: ‘no puedo disparar a mi padre, a mi familia… ustedes son como mi padre y mi familia’. Y tengo muchos amigos aquí.” ¿Y si llegaran órdenes de disparar a los manifestantes? “Estoy seguro de que no ocurrirá –respondió–. Todas las demás revoluciones (en Egipto) han sido sangrientas. Yo no quiero sangre aquí.”

Su memoria histórica es correcta. Los cairotas se levantaron en armas contra el ejército de Napoleón en 1798, combatieron a la monarquía en 1881 y 1882, lanzaron insurrecciones contra los británicos en 1919 y 1952 y se rebelaron contra Sadat en los disturbios por hambre de 1977 y contra Mubarak en 1986, cuando hasta la policía abandonó al gobierno. Por lo menos cuatro soldados se unieron a los manifestantes en Tahrir el jueves. Un coronel me dijo hace una semana que uno de nuestros camaradas trató de suicidarse en la plaza. Así pues, los generales que hoy pelean como buitres sobre los restos del régimen de Mubarak deben tener cuidado de que sus soldados no hayan sido infectados por la revolución.

En cuanto a Omar Suleiman, su propio discurso posterior al de Mubarak, el jueves por la noche, fue casi tan infantil como el del presidente. Dijo a los manifestantes que se fueran a casa –tratándolos, en palabras de uno de ellos, como ovejas– y culpó como de costumbre a las estaciones de radio y televisión por la violencia en las calles, idea tan ridícula como la enésima afirmación de Mubarak de que hay manos extranjeras detrás de la revolución. Tal vez las ambiciones de Suleiman de ser presidente también han terminado: otro anciano que creía poder liquidar la revolución con falsas promesas.

Tal vez la sombra del ejército es una imagen demasiado oscura para invocarla después de una revolución tan monumental en Egipto. La alegría de Siegfried Sassoon el día del armisticio de 1918, que puso fin a la Primera Guerra Mundial –cuando también todo el mundo de pronto se puso a cantar–, era genuina y merecida. Sin embargo, esa paz condujo a un sufrimiento más intenso. Y los egipcios que han luchado por su futuro en las calles de la nación en las tres semanas pasadas tendrán que cuidar su revolución de enemigos tanto internos como externos, si quieren lograr una verdadera democracia. El ejército ha decidido proteger al pueblo, pero, ¿quién acotará el poder del ejército?