EL IMPERIO TRAS BAMBALINAS

15/04/2011

Los beneficiarios

LUIS JAVIER GARRIDO

La pregunta de a quién beneficia la “guerra contra el narco” de Felipe Calderón tiene una respuesta evidente: al proyecto intervencionista de Washington y a los intereses económicos, financieros y políticos del grupo yunquista-calderonista en el poder en México. De ahí la negativa violenta de Calderón a detener la escalada de violencia en la que funda sus políticas de ambición transexenal.

1. El clamor nacional de ¡Ya basta!, dirigido al gobierno del PAN, más intenso tras la ejecución del joven Juan Francisco Sicilia y sus compañeros el 28 de marzo en Temixco, Morelos, está siendo desvirtuado por una virulenta campaña propagandística y de desinformación del gobierno, pretendiendo que debe ser dirigido al crimen organizado y no a los panistas, que son, como todo mundo sabe, quienes han generado la violencia y la están administrando en función de sus intereses económicos y políticos, y que para muchos mexicanos forman parte de una mafia que debe ser calificada también como parte del crimen organizado.

2. Tras de que un grupo de trabajo de Naciones Unidas recomendó al gobierno el retiro, a corto plazo, del Ejército de este escenario (31 de marzo), un vocero oficial respondió que los militares continuarían en las calles, pero ahora que ha crecido la movilización promovida por el poeta Javier Sicilia –que al no obtener respuesta exige la renuncia de las autoridades de Morelos y anuncia una marcha a la capital–, el propio Calderón reiteró fúrico su negativa a terminar con la violencia en un discurso desbocado el martes 12, en el que pretendió eximirse de responsabilidad por haber llevado a México a un baño de sangre en función de intereses privados.

3. Las sinrazones del gobierno calderonista para seguir administrando la violencia y confundiendo a los mexicanos son muy claras: cumplir sus compromisos entreguistas con Washington, a fin de conseguir el respaldo de la Casa Blanca para que Acción Nacional siga en Los Pinos en 2012 y los beneficiarios de la violencia continúen adueñándose del país.

4. La cuestión de ¿cuál es el sentido de la supuesta guerra de Felipe Calderón contra el narcotráfico? se la formula también, entre otros, Noam Chomsky en su último libro Esperanzas y realidades (Tendencias Editores, Barcelona, 2011), respondiéndose que para interpretarla habría que responder a la cuestión de ¿a quien beneficia?, y no duda en afirmar, coincidiendo con diversos especialistas de Naciones Unidas, que esta guerra es una caricatura, pues ha dejado intactos los poderes económicos privados que participan masivamente en el tinglado.

5. El endurecimiento fascistoide del gobierno entraña por lo mismo una serie de señales a esos beneficiarios de la guerra de Calderón que son las grandes corporaciones trasnacionales, que él busca no lo abandonen en el año 2012. De ahí el perverso intento oficial por criminalizar al movimiento electricista y al SME, torpemente secundado por Marcelo Ebrard, también por ambiciones futuristas, o la desesperación de Los Pinos por hacer aprobar al Congreso la contrarreforma laboral que pretende dejar en letra muerta el artículo 123 y cancelar los derechos de los trabajadores mexicanos.

6. La política intervencionista de Estados Unidos en la era postbushiana se ha sustentado en cuatro argumentos que han quedado evidenciados en lo que va del siglo XXI como pretextos mal fundados: la defensa de los derechos humanos (Libia) y la lucha contra el terrorismo (Irak), la guerrilla (Colombia) y el narcotráfico (México), calificados alternativamente como narcoterrorismo. La pretendida lucha contra el narcotráfico es ahora el más utilizado, y por eso a pocos especialistas extrañó que la 28 Conferencia Internacional contra las Drogas, auspiciada por la DEA, se efectuara en Cancún del 5 al 7 de abril, ni que su presidente fuese Genaro García Luna, titular de Seguridad Pública –señalado en diversas ocasiones por sus vínculos con el narcopoder–, ni mucho menos que la principal conclusión de esta reunión fuese la tesis intervencionista de la administración Obama: que la lucha contra el narcotráfico debe ser en el futuro global, para obviamente legalizar la entrada de las agencias estadunidenses armadas a los países en los que Washington tenga intereses estratégicos.

7. Las sospechosas matanzas de días recientes, atribuidas sin fundamento al narco, inciden en este escenario de intervencionismo, pues tras el descubrimiento a principios de mes de por lo menos 120 fosas en San Fernando (Tamaulipas) –donde en agosto de 2010 fueron ejecutados 72 migrantes–, el miércoles 13 varios legisladores estadunidenses, tras reiterar el argumento de que México es un Estado fallido y que la situación representa un peligro para el pueblo de Estados Unidos, se plantearon la posibilidad de enviar tropas a nuestro país.

8. El senador Michael McCaul, tras pretender que no hay una estrategia integral de Washington sobre México y sugerir en una audiencia ante el Subcomité de Asuntos Hemisféricos de la Cámara de Representantes, se apliquen aquí los esquemas de Colombia, recordó que ahora hay un gobernante en México que quiere trabajar con ellos, pero que al desconocerse en Washington que acontecerá en las próximas elecciones y si seguirán teniendo, tras 2012, las mismas oportunidades, era la hora de diseñar una nueva estrategia que debería iniciarse con lo que llamó una operación militar conjunta.

9. Muy significativo es que el miércoles 13 en su programa nocturno los locutores de Televisa coincidieran con la tesis del desastre institucional que permite justificar el intervencionismo y que, como lo hicieron algunos diarios mexicanos del 14, sostuvieran que Tamaulipas no es ya parte del Estado mexicano, que no ejercen ahí sus funciones el gobierno estatal ni las autoridades municipales (Loret de Mola), que existe un gobierno del crimen organizado y estamos ante un Estado fallido (López Dóriga). A casi un año del homicidio no aclarado de Rodolfo Torre Cantú, candidato del PRI a la gubernatura, el 28 de junio de 2010, se busca arrebatar a los priístas la entidad, llevarla a un estado de excepción y, con vistas a 2012, utilizarla como el escenario de ensayo de un abierto intervencionismo estadunidense.

10. El consenso nacional que se ha ido generando en estos meses es muy claro frente a todo esto. La estrategia del gobierno panista de facto para supuestamente luchar contra el narco, ha generado una espiral de violencia y está permitiendo a las fuerzas más oscuras del yunquismo-calderonismo auspiciar matanzas brutales para justificar la tesis del Estado fallido y el intervencionismo de Washington, y no puede ser considerada como una estrategia equivocada, como suponen ciertos sectores. Es abiertamente una estrategia perversa, con objetivos económicos y políticos muy evidentes, y por eso se le está espetando a Calderón, señalado como responsable del desastre, ese contundente: ¡Ya basta!.

Falacias educativas

Axel Didriksson
MÉXICO, D.F., 14 de abril.- Cuando se comparan los resultados y el desempeño de los sistemas educativos alcanzados por otros países, o la manera como desarrollan innovaciones tecnológicas, inventos, patentes y nuevos conocimientos, la pregunta obligada es: ¿Por qué esto no ocurre en México?

La respuesta, por supuesto, no es el carácter de los mexicanos, ni sus creencias, ni lo que come, ni las condiciones en las que vive, porque todo ello, siendo importante, no es determinante. Las causas centrales han sido y son las decisiones y políticas que se han definido en materia de prioridades y estrategias a nivel gubernamental, así como las concepciones, interpretaciones y acciones en el ámbito de lo educativo.

En ese sentido, en el país se padece de una gran cantidad de decisiones equivocadas, que se han vuelto falacias repetidas sin descanso y que explican los magros alcances que se tienen en la educación, en la investigación y en el desarrollo tecnológico. Aquí señalamos algunas de ellas.

Las políticas y las decisiones educativas han sostenido la idea de que lo único que se tiene que hacer es garantizar el acceso y la permanencia de niños y jóvenes en el sistema de educación formal. Con todo y que los niveles de desigualdad e iniquidad en el acceso a la educación son verdaderamente alarmantes (34 millones de mexicanos no han alcanzado a cubrir lo que se considera “educación básica”), lo principal se ha dejado al garete, esto es, que el derecho a la educación es sobre todo el derecho a aprender.

Quienes se encuentran en el sistema escolar pueden decir que pasan pruebas o suben escalones de grado a grado, pero no que están aprendiendo conocimientos fundamentales para su vida, para sus relaciones sociales y económicas, ni valores para su futura ciudadanía. Los que alcanzan a culminar una licenciatura tienen tan pocos aprendizajes polivalentes y tan elementales capacidades, que apenas egresan ya deben empezar a tomar cursos de actualización o de reciclaje, y se enfrentan a un mercado laboral y a una sociedad que les parecen muy alejados respecto de lo que se les inculcó de forma rígida en sus planes y programas de estudio.

Se ha creído, también, que repartiendo becas a diestra y siniestra se garantiza la permanencia en los estudios y se abate la deserción. Hasta ahora esto no ha ocurrido de forma sostenida, porque intervienen factores múltiples que no pueden resarcirse con una mensualidad. Y aunque algunos, con o sin beca, pueden tener permanencia en los estudios, ello no incide ni en la calidad de los mismos ni garantiza una trayectoria escolar exitosa ni permanente.

La idea de que con ciertas exenciones fiscales o devolución de impuestos mejorará la educación es también una falacia, al igual que la creencia de que el nivel educativo se elevará haciendo muchas pruebas y evaluaciones. Tampoco esto es cierto, porque mientras no se usen las evaluaciones para poner en marcha cambios en los componentes que sí inciden en la calidad de los aprendizajes (currículum, desempeño de los profesores y su profesionalización, infraestructura, gestión de los conocimientos, y puesta en marcha de programas masivos para superar las deficiencias de origen socioeconómico con un aprendizaje significativo y para toda la vida), las cosas no van a cambiar por más pruebas que se realicen.

El modelo de formación de profesores tampoco cambiará sólo con la aplicación de pruebas controladas, y que nadie sabe cómo se evalúan, para la asignación de plazas. La única manera será orientando la práctica profesional de los docentes a la resolución de problemas centrados en la escuela, en el desarrollo de una nueva estrategia de descentralización que haga posible integrar su formación con su práctica, en propiciar el trabajo de equipos combinados, y en el impulso a la investigación educativa que apoye la innovación académica, pero no la que sirve para justificar decisiones burocráticas o políticas.

Las falacias que se inventan y reproducen en el país han ocasionado que el derecho a la educación no se cumpla para todos en igualdad de condiciones y calidad, que el acceso y la permanencia en la escuela sea para los menos y no para los más, y que el derecho de aprender para toda la vida sea un privilegio limitado, al punto de que con el paso del tiempo no han mejorado los indicadores de desarrollo humano. Ocurre exactamente lo contrario: Las decisiones políticas en materia educativa apuntan a un modelo de país cada vez más antihumano, anticivilizatorio, de ficción y, efectivamente, de telenovela…

Coordenadas históricas del intervencionismo de EU en México

GILBERTO LÓPEZ Y RIVAS

México es el único país del capitalismo del subdesarrollo que tiene una frontera territorial con Estados Unidos, la cabeza hegemónica del sistema imperialista mundial. También es un caso singular en América Latina por haber tenido lugar una guerra convencional entre ambas naciones (1846-1848). Es significativo que Joel R. Poinsset, primer embajador estadunidense en nuestro país, se distinguiera por su injerencia en los asuntos nacionales y su insistencia en adquirir las provincias norteñas o internas, que después fueron ciertamente conquistadas por la fuerza de las armas y entregadas formalmente a Estados Unidos a través del Tratado de Guadalupe Hidalgo, firmado en febrero de 1848.

Gastón García Cantú, en su libro clásico Las invasiones norteamericanas en México (Editorial ERA, 1971), cita la opinión de Félix María Calleja, comandante de la brigada en San Luis Potosí y gran conocedor de las provincias internas, quien ya en 1808 consideraba que Estados Unidos, por su proximidad, intereses y relaciones deben ser siempre nuestros enemigos naturales y permanentes. También su obra ofrece una cronología que se extiende de 1799 a 1918 en la que se detallan 285 acciones de agresión a nuestro país, antes de la Independencia y durante la República, que comprenden: planes de ocupación temprana de territorios novohispanos-mexicanos; expediciones armadas con milicias o aventureros; captura de goletas de bandera mexicana y prisión ilegal de sus tripulantes; sublevación de colonos anglos contra el gobierno con fines separatistas; secuestro y vejación de soldados acantonados en la frontera; actos de filibusterismo con la toma de poblados y el ingreso constante de tropas yanquis a territorio nacional; robo de ganado, saqueos y quemas de casas protegidos por autoridades de ese país; intervenciones diplomáticas con demandas inaceptables y violatorias de la soberanía; presencia de buques de guerra y desembarco de marines en varios puertos del Golfo y del Pacífico, etcétera. García Cantú sostenía que la política con respecto a Estados Unidos era uno de los parámetros para caracterizar el desempeño del gobierno en turno.

Así, aunque México comparte con Cuba, Nicaragua, Haití, República Dominicana, Panamá, Argentina, Paraguay, Puerto Rico, Guatemala, Granada y Honduras invasiones, ocupaciones y ataques militares directos, sin contar las operaciones clandestinas sufridas en ésos y otros países de America Latina, la larga frontera común ha dado pie a considerar a nuestro país como un caso paradigmático del ya secular intervencionismo estadunidense en el mundo entero.

Lázaro Cárdenas, fundador del Movimiento de Liberación Nacional, en la declaratoria final de la Conferencia latinoamericana por la soberanía nacional, la emancipación económica y la paz, que tuvo lugar en marzo de 1961, afirmó: La fuerza fundamental que bloquea el desarrollo de América Latina es el imperialismo estadunidense. Su estrecha alianza con las oligarquías nacionales, los ruinosos efectos de su penetración económica y cultural, lo señalan como causa principal del estancamiento general que prevalece en la realidad latinoamericana. La derrota del imperialismo es condición fundamental de cualquier plan de desarrollo para nuestros países.

No existe acontecimiento importante de la vida nacional contemporánea en que Estados Unidos no haya estado involucrado negativamente. Desde el golpe de Estado de Victoriano Huerta contra Madero, en el que el embajador de ese país jugó un papel determinante; la invasión y ocupación militar de Veracruz durante varios meses, en 1914, y el robo de los ingresos de la aduana, nunca restituidos; el ingreso de tropas en la fracasada persecución de Francisco Villa en Chihuahua en 1916; el llamado Tratado de Bucareli, por el que Álvaro Obregón se comprometía a pagar indemnizaciones a estadunidenses afectados por el movimiento armado revolucionario (1910-1917) y obligaba a no aplicar retroactivamente el artículo 27 constitucional en lo relativo a las compañías petroleras estadunidenses; su activa presencia en el movimiento estudiantil-popular de 1968, analizada en el documental del canalseisdejulio La conexión americana, a través del numeroso personal de su embajada, una de las más grandes e importantes del mundo.

La oportuna publicación de los documentos de Wikileaks, en La Jornada, ha puesto al desnudo los alcances actuales de esa intervención diplomática, militar y de organismos de inteligencia en los asuntos nacionales, y ha exhibido el colaboracionismo del gobierno de Felipe Calderón, quien emulando a Santa Anna ha entregado la soberanía a sus mentores estadunidenses, al igual que sus antecesores priístas y panistas. El Tratado de Libre Comercio (TLC), la Alianza para la Seguridad y Prosperidad de América del Norte (Aspan) y la Iniciativa Mérida constituyen los documentos de capitulación formal de México frente a su contraparte estadunidense al incorporar a nuestro país –en condiciones de dependencia económica estructural, sin consultar a los pueblos y con la obsecuencia omisa del Senado– a la economía estadunidense y a la política belicista y de terrorismo global de Estado que George W. Bush impuso al mundo y que Barack Obama con sus acciones políticas y militares desarrolla a plenitud.

El grupo Paz con Democracia, en su Llamamiento a la nación mexicana, advertía en noviembre de 2007 sobre el proceso de ocupación integral que ha refuncionalizado nuestra nación al proyecto globalizador y hegemónico del imperialismo colectivo que hoy domina una inmensa región del mundo, encabezado por Estados Unidos de América. Cuatro años después, ese proceso se profundiza y extiende y, sin duda, constituye el reto más temible para cualquier proyecto de nación que surja de las profundidades del México de abajo.