RECUPERAR CONCIENCIA Y DIGNIDAD

18/04/2011

Carta a Javier Sicilia

GUSTAVO ESTEVA
Perdona, Javier. Como te dije, no puedo compartir tu dolor. No puedo siquiera imaginármelo. Sólo puedo dolerme de tu dolor.

Al desgarrar el velo del lenguaje encubridor, lograste que de pronto los 40 mil muertos empezaran a tener cara y cuerpo de Juanelo. Dejaron de ser daños colaterales… Empezamos a verlos y vivirlos en carne y hueso. Sus muertes, que eran ya costumbre cotidiana, se volvieron de pronto insoportables.

Lograste dar expresión clara al estado de ánimo general. Estamos hasta la madre. Personas muy propias, que jamás se hubieran atrevido a decir eso en público, fueron ahora capaces de proclamarlo a voz en cuello. Adquirió legitimidad y valor político un sentimiento general que no nos atrevíamos a expresar.

Me pareció admirable, Javier, tu gandhiana apelación a la moralidad de los criminales y políticos que nos tienen hasta la madre. No se trata del perdón cristiano a quien ofende, sino del respeto a la condición humana del otro, a pesar de sus infamias o irresponsabilidades.

Salimos a la calle a manifestar nuestra solidaridad contigo y nuestro estado de ánimo. Fue un auténtico movimiento, con su dispersión, su iniciativa múltiple, su impulso desde abajo, su carencia de líderes y cuadros. Creo que en ninguna parte tomó la forma de movilización, como la que dirigen y controlan desde arriba los líderes, los partidos, los sindicatos –movilizaciones en que la gente es movida como se mueve un paquete y las personas mismas quedan in-movilizadas, expuestas a la instrucción, a las indicaciones dadas desde arriba. No fuiste un dirigente presto a llevar agua a su molino político e ideológico. Tu voz era una invitación feroz y dolorosa, con la cualidad peculiar de la poesía, en la que cada lectura y cada lector encuentran un sentido diferente… En cada geografía, por eso, la iniciativa tomó perfil distinto.

Fue espléndido, catártico, expresar libremente lo que sentíamos y ver a tantos, en tantas partes, con una voluntad común. Sabíamos que era sólo el primer paso. No se trataba solamente de desahogarnos y enviar un mensaje a los causantes de nuestra rabia. Salimos a la calle decididos a actuar, aunque el camino a seguir fuese aún difuso.

Como dices, Javier, debemos mantener viva la unión que empezó a manifestarse ese día, para romper miedos y aislamientos. No basta la indignación. Estamos en emergencia nacional. Es hora de actuar. Tenemos que parar esta guerra insensata que hasta sus patrocinadores estadunidenses reconocen perdida; atar las manos de esta clase política que sigue destruyendo lo que queda de país; regresar el Ejército a los cuarteles…

Tu discurso del día 6 aclaró el siguiente paso. Tu valiente escalpelo fue revelando los tumores: los poderes constituidos; las policías; los partidos políticos; el capital; los medios; las iglesias; los sindicatos… Acotaste bien sus omisiones y complicidades en la destrucción de nuestros ámbitos de convivencia, nuestro suelo, nuestras relaciones de soporte mutuo, hundiéndonos en el horror de la violencia, la miseria y el miedo. No olvidaste, Javier, nuestras propias traiciones, nuestra propia irresponsabilidad.

Se hizo evidente lo que necesitamos hacer: remendar el tejido social que desgarraron. Apelaste a la inspiración zapatista para decirnos cómo: desde abajo, podemos tener asambleas constituyentes y reconstituyentes en cada colonia, en cada barrio, en cada comunidad. Sólo así podemos conseguir auténtica gobernabilidad y seguridad en las calles y crear una oportunidad de vida distinta para nuestros jóvenes.

Propones que cuantos denuncias, las elites políticas y económicas, se comprometan ante nosotros a celebrar un pacto. Nos citas para el 8 de mayo, en el Zócalo de la ciudad de México. Porque vivimos un tiempo límite, vamos a ir también allí a preguntarles: ¿cómo pretenden ir a las elecciones si no son capaces de ponerse de acuerdo entre ustedes para defender la vida de los hijos y las hijas de nuestro amado México?

Me conmueve la propuesta, Javier. Eso significa que me pone en movimiento contigo. Espero que muchos se con-muevan también y el día 8 estemos ahí hasta aquellos, como yo, que no podemos creer en esos poderes y jerarquías y les tenemos bien fundada desconfianza.

Calderón, probablemente, seguirá esperando la gloria del triunfo. Surgirán los desacuerdos de costumbre en esas clases políticas y económicas que nos tienen al borde del desastre. Hagan o no lo que les toca, Javier, nosotros debemos hacer lo nuestro. Ningún truco de ingeniería social puede enfrentar la emergencia. Pero desde abajo, unidos en la pasión amorosa por todo lo que es nuestro, nos podremos entregar a la inmensa tarea de reconstituirnos. Empezaremos por resanar el tejido social desgarrado, para salvar lo que queda del país y transformarlo.

Fosas clandestinas

Jorge Carrasco Araizaga



MÉXICO, DF; 17 de agosto (apro).- Las imágenes son terribles, atroces: cadáveres amontonados, cuerpos mutilados y torturados de cientos de mexicanos abandonados en fosas clandestinas.

Se parecen a las que se descubrieron en Chile, Argentina, Guatemala y demás países centro y sudamericanos al final de las dictaduras militares de los años setenta y ochenta del siglo pasado. Eran las víctimas de la violencia del Estado contra sus disidentes.

Son las mismas imágenes que dejaron la guerra nacionalista en la antigua Yugoslavia y la guerra tribal en Ruanda, en los años noventa.

Ahora, desde San Fernando, Tamaulipas, México da al mundo el mismo espectáculo fiero, inhumano. No es la primera vez, ni será la última, para vergüenza de un país sumido en una irracional guerra contra el narcotráfico.

Aquellos países pasaron del horror y la estupefacción a la indignación y al establecimiento de responsabilidades. Unos hicieron justicia, “en la medida de lo posible”, en sus propios tribunales. En otros casos, los responsables fueron juzgados en tribunales internacionales como criminales de guerra.

En México, los responsables de la barbarie también tendrán que ser procesados, juzgados y sentenciados. Pero la Procuraduría General de la República (PGR) está muy lejos de tal imperativo, pues es parte de esta trama violenta.

Como doble víctima, de la delincuencia organizada y de sus autoridades, a la sociedad mexicana no le queda más que organizarse para superar esa violencia parecida por sus resultados a una guerra civil y buscar que se impongan castigos.

Tarde o temprano tendrá que suceder si es que se quiere que el país salga del círculo vicioso de la violencia. Pero no como ahora se hace, atribuyéndole a una sola persona decenas y decenas de muertes.

Dice la Marina, por ejemplo, que Omar Martín Estrada Luna, El Kilo, supuesto jefe del cartel de Los Zetas en San Fernando, es el “autor intelectual” de por lo menos 200 muertes en ese municipio de triste testimonio.

Lo mismo hizo la PGR en enero de 2009 cuando le atribuyó a Santiago Meza López, El Pozolero, la muerte de unas 300 personas contrarias al cartel de Tijuana. Pero no pasa de esas acusaciones espectaculares. Nadie puede pensar que por sí solas dos personas sean las responsables de medio millar de muertes.

Hasta ahora, el gobierno mexicano no ha realizado, que se conozca, una investigación para dar con las cadenas de mando y protección, lo cual supondría la detención y procesamiento de quienes ordenaron y ejecutaron tales asesinatos, así como de las autoridades civiles, policiales o militares que han protegido a las organizaciones delictivas.

El resultado de esa impunidad es que los ciudadanos sientan cada vez más cerca la violencia. Al principio estaba circunscrita a las áreas tradicionales de producción y tráfico de drogas. Después, se extendió a nuevas “rutas” que prácticamente abarcan a todo el país en búsqueda de caminos para llegar al mayor mercado consumidor del mundo de sustancias ilegales, Estados Unidos.

Exacerbada de por sí esa disputa de rutas, Felipe Calderón quiso apagar el fuego con gasolina. A la violencia enfermiza de los carteles de la droga que rompieron toda regla de confrontación, se respondió con la violencia legal e ilegal del Estado. A la barbarie, le siguió la violencia necia, obstinada.

Hoy la violencia pende sobre cada mexicano. Nadie se salva. A cualquiera le puede pasar. Ya no es estar en el momento y en el lugar inadecuados. Todo México, en cualquier momento, es propicio para la muerte. Ya por un choque entre narcotraficantes, ya por la acción de las fuerzas federales, policiales y militares, ya por la fuerza que hace tiempo dejó de ser monopolio del Estado mexicano.

Por eso las tumbas clandestinas brotan en cualquier punto del territorio. El horror es el signo del tiempo mexicano que ahora dejamos como testimonio al mundo.

Los conflictos del tribunal electoral

JOHN M. ACKERMAN

Con el caso de la polémica cena en casa de María del Carmen Alanís Figueroa, los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) han vuelto a demostrar que su preocupación principal no está en la impartición de justicia, sino en la protección de intereses inconfesables. En lugar de aprovechar la discusión suscitada la semana pasada para establecer nuevas reglas de comportamiento, los magistrados garantizaron no sólo la total impunidad de la magistrada presidenta, sino que sentaron un muy negativo precedente para que otros funcionarios electorales actúen libremente sin temor a represalias frente a acusaciones sobre posibles conflictos de interés.

De ahora en adelante, todos los servidores públicos, tanto del TEPJF y el Instituto Federal Electoral (IFE) como de los institutos y tribunales de las entidades federativas, tienen permiso para reunirse con cualquier actor político, social o gubernamental en el momento que sea, hora o lugar para tratar todo tipo de asuntos. El único límite será cuidar las formas para que no parezca que se estén presentando alegatos jurídicos ante el funcionario correspondiente.

Asimismo, de acuerdo con la decisión del TEPJF, habría que tomar todas las medidas necesarias para asegurar la más absoluta opacidad respecto del contenido de las reuniones. De lo contrario, algún periodista latoso podría cometer el sacrilegio de insinuar conductas indebidas que pongan en duda la pureza de los más altos juzgadores en materia electoral del país.

Así como el Acuerdo para la Cobertura Informativa de la Violencia de Iniciativa México busca meter la sangre bajo la cama en lugar de acabar con ella, hoy la resolución del TEPJF (SUP-IMP-1/2011) busca esconder los conflictos de interés en lugar de expulsarlos de raíz en la impartición de justicia. Se ratifica así, una vez más, la República de la Simulación que impera en México y que tanto daño ha causado a las instituciones y a la población.

Alanís jamás ha negado la celebración del convite en su casa el 9 de marzo con Luis Videgaray –ahora presidente del PRI en el estado de México y coordinador de la campaña de Eruviel Ávila–, Sebastián Lerdo de Tejada, representante del PRI ante el Instituto Federal Electoral (IFE); Marco Antonio Baños, ex socio de Alanís en DEMOS consultores y hoy consejero electoral del IFE cercano a Manlio Fabio Beltrones, y Enrique Ochoa, subordinado de Alanís, ex integrante del Consejo Político Nacional del PRI y aspirante a un lugar en el Consejo General del IFE. Incluso, la magistrada se precia de realizar este tipo de reuniones, que pomposamente define como esfuerzos para tender puentes institucionales con diversos actores políticos, así como para intercambiar opiniones o puntos de vista sobre temas relacionados con el contexto político, institucional o social del país, sin una agenda temática fija y sin escuchar alegatos sobre asuntos jurisdiccionales pendientes de resolución.

Alanís espera que los ciudadanos seamos suficientemente ilusos para creer que a lo largo de aquella cena los invitados no hablaron en ningún momento de uno de los casos más importantes que hoy examina el TEPJF, y que involucra directamente al PRI: el señalamiento realizado por el IFE a Enrique Peña Nieto por violar la Constitución con la transmisión nacional de los promocionales de su quinto informe de labores.

En lugar de simplemente endurecer el gesto y negar categóricamente cada uno de los señalamientos, Alanís debería informar sobre todos y cada uno de los detalles de la cena en cuestión. ¿Quiénes exactamente estuvieron en la reunión? ¿Cuáles fueron específicamente los puentes institucionales construidos? ¿Cuáles fueron los puntos de vista y opiniones expresados sobre el contexto nacional?

Igualmente, habría que comparar las respuestas de la magistrada con las de los otros asistentes en la reunión, a quienes habría que llamar a comparecer, para confirmar sus dichos o, en su caso, descubrir contradicciones.

Por ejemplo, un detalle de suma importancia es que Alanís afirma que ella sufragó todos los gastos de la cena. Por lo tanto, supuestamente no se actualiza el causal de impedimento incluido en el artículo 146, IX de la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación que prohíbe asistir, durante la tramitación del asunto, a convite que le diere o costeare alguno de los interesados. No obstante, la magistrada no ha entregado las facturas de los gastos u ofrecido prueba alguna de su dicho. Es más, no existe siquiera una referencia general a este encuentro en la agenda pública de la magistrada correspondiente al 9 de marzo.

Lo que sí está a los ojos de todos es que Alanís, por lo menos, violó de manera flagrante el Código de Ética del Poder Judicial de la Federación, que explícitamente exige a los juzgadores abstenerse de citar a las partes o personas vinculadas con ellas, fuera de las oficinas del órgano jurisdiccional en el que ejerza su función. Sin embargo, en lugar de reprender a su colega por esta violación o investigar los detalles del encuentro para juzgar sobre la existencia de violaciones aún más graves a la normatividad, el pleno del TEPJF simplemente ha decidido dar carpetazo al asunto.

Con decisiones como la comentada, Alanís Figueroa podrá participar en la resolución del caso de los espots de Peña Nieto, pero será cada vez más difícil que el TEPJF en su conjunto recupere la confianza de la ciudadanía.