LA GRILLA PRIÍSTA

17/05/2011

Moreira vs. Peña

MARCO RASCÓN

Si Enrique Peña Nieto escucha los espots del PRI y lo hace con el recelo instintivo de quien está tocando los dinteles de la gloria (como diría el bolero), se daría cuenta de que su partido no hace campaña por él, sino por Humberto Moreira.

La promoción de Moreira por Moreira da para mucho más que un presidente de partido haciendo culto a su falta de personalidad e intentando posicionarse como el dirigente del PRI emergente que necesitan, no sólo los priístas, sino el país entero. Humberto Moreira ya está en campaña por su candidatura presidencial; ya olió las debilidades de Enrique Peña Nieto que sirve para atraer los golpes y desgastar a los contrarios, mientras a él le crece la fantasía de quedarse dueño de todo el circo.

Humberto Moreira seguramente se considera mejor gobernador que Peña Nieto y con más poder. Su hermano lo sucederá en el gobierno de Coahuila, como prueba de control y continuidad; formas que, por cierto, gustan a los priístas y les dan seguridad.

Si él llegó a la presidencia del PRI gracias a su mentora, la maestra Elba Esther Gordillo, quien lo proyectó en la danza política nacional (ya era maestro de danza folclórica), hoy quiere llevarse al baile a Enrique Peña Nieto, presentando su dirigencia como símbolo del regreso de la maestra descarriada; la gran ganadora de 2006; la que derrotó a los tabasqueños Roberto Madrazo y Andrés Manuel López Obrador con su genial política de alianzas; convirtiéndose en el personaje más influyente del sexenio de Felipe Calderón y espina clavada en el corazón de Acción Nacional; bisagra entre las estructuras del viejo régimen y los gobiernos débiles de la transición pactada.

De ahí viene el poder central y originario de Humberto Moreira; de ahí el margen para presentar su estilo chabacano, alegre, agresivo, sin traumas. Él es un producto de la política triunfante, de los que se beneficiaron con el fracaso de Calderón y López Obrador como sepultureros del viejo régimen, del que ahora Moreira ofrece restauración.

Para Enrique Peña Nieto, cómodo y atado en su gubernatura, ayudado por sus opositores, su enemigo no es Manlio Fabio Beltrones, sino Humberto Moreira, que tuvo la capacidad de reunirlos, cicatrizar sus lenguas. ¿Si Moreira pudo conciliar los enfrentamientos priístas por el poder, por qué no podría conciliar los enfrentamientos nacionales, incluidos los de la violencia?

Ya desde su tierra, en Saltillo, Sócrates Rizzo como filósofo neoclásico del narco-estatismo, dibujó cómo debe mantenerse la estabilidad, pactando con el crimen organizado, en vez de ejecutarlo, como ha hecho el PAN.

Humberto Moreira esta hoy en las primeras planas de los medios; le disputa espacio en primer lugar a Enrique Peña Nieto. La fuente de su poder: la maestra, el sindicato magisterial, su Partido Nueva Alianza, que se considera bastión para la candidatura de Peña Nieto. ¿Por qué no esa fuerza, para él?

Detrás de la maestra Elba Esther esta también Carlos Salinas, con el poder suficiente para inclinar la balanza en su favor. No sería la primera vez que Salinas y los Atlacomulco se enfrentaran y los regresara a ser una fuerza con mucho poder, pero regional.

Para la ambición infinita de la maestra están empezando a generarse preguntas: ¿quién conviene más? ¿Moreira o Peña Nieto? ¿Qué ambición le conviene más?

Humberto Moreira y Carlos Salinas tienen afinidades ideológicas y juntos amplían sus conexiones políticas en el campo de los adversarios. Coincidieron en tiempos con todo aquello que la izquierda conoció como Línea Proletaria y que hoy en su último libro, Carlos Salinas reivindica como de su autoría, presentándolo como ejemplo de organización social autónoma, estratégica y base de su proyecto republicano.

Si Elba Esther y Carlos Salinas lo lanzaron, ¿por qué no apoyarlo como candidato presidencial? Basta escuchar los espots institucionales en favor de él, para entender que se gesta un golpe de mano y dedo, que dejaría en desperdicio todo lo que se ha dicho y hecho en favor o en contra de Enrique Peña Nieto que una vez presidente, podría convertirse en la mano vengadora de Arturo Montiel.

Viendo y oyendo los movimientos de Humberto Moreira, entre ellos su estrategia de crear interlocutores a manera de rivales débiles, escogidos a modo, sus estímulos son: que ya se consideran vencedores de 2012 y eso los hace salivar la candidatura y trastocar el escalafón. Ante la debilidad panista y lopezobradorista, aumentará la disputa priísta que hundió a Roberto Madrazo. A diferencia de Peña Nieto, Moreira se considera capaz de dividir a PAN, PT y PRD desde dentro, pues tanto Elba Esther como Carlos Salinas tienen aliados en los tres partidos, aliados históricos que podrían apoyarlo a él.

La ambición de Enrique Peña Nieto sólo ha sido opacada en las últimas semanas por la de Humberto Moreira y sus promotores. Por eso Peña Nieto ha de sentir que un peligro lo acecha y ya no se ve tan claro como antes.

Para Peña Nieto, el enemigo no es Morena, es Moreira.

La impertinencia de Arturo Montiel

LUIS HERNÁNDEZ NAVARRO



La imagen quedó grabada para la posteridad. En la albera de una residencia de lujo con vista al mar de Acapulco, Arturo Montiel, con el torso desnudo y lentes oscuros, y Maude Versini, su entonces esposa, en topless, sonríen a la cámara seguros de que el futuro les pertenece.

La foto, publicada en un diario de circulación nacional, fue parte de una demoledora campaña de desprestigio político. Noticieros Televisa divulgó el 10 de octubre de 2005, documentos que probaron diversas operaciones financieras realizadas por la familia Montiel, investigadas por el gobierno federal. Los papeles mostraron depósitos por más de 35 millones de pesos realizados entre 2000 y 2001 a distintas cuentas, a nombre de Juan Pablo Montiel Yáñez, hijo del gobernador del estado de México. También el contrato de compraventa de un terreno ubicado en Metepec, valuado en 21 millones de pesos, efectuado por Arturo Montiel Yáñez, otro hijo del fracasado aspirante a la candidatura tricolor.

El golpeteo fue tan despiadado como demoledor. Montiel se vio obligado a abandonar la lucha por la candidatura presidencial del PRI el 20 de octubre de ese mismo año, a pesar de ser el líder del sindicato de gobernadores conocido por sus siglas como Tucom (Todos unidos contra Madrazo). Roberto Madrazo tuvo, a partir de entonces, la vía libre para ser nominado por su partido como aspirante a la primera magistratura.

Años después de aquel descalabro, el contador público y administrador de empresas difundió a través del libro Atlacomulco, testimonio del ex gobernador del estado de México, escrito por la periodista Norma Meraz, su tercera esposa, su versión de lo sucedido entonces. Según él, fue víctima del gobierno panista de Vicente Fox y Marta Sahagún, y de un grupo de priístas encabezados por Roberto Madrazo, quienes orquestaron a través de Televisa (específicamente de Víctor Trujillo, Brozo, y de Carlos Loret de Mola) una campaña para descalificarlo y deslegitimarlo.

Arturo Montiel es el libro de un político en tiempos de sucesión presidencial. Fue publicado en febrero de este año, apenas un mes antes de que Eruviel Ávila Villegas fue designado candidato del PRI a la gubernatura del estado de México. La carrera del abanderado priísta ha estado estrechamente asociada con Montiel. Eruviel fue diputado local por primera vez entre 1997 y 2000, cuando el contador era presidente del comité directivo estatal del PRI. Entre 2001 y 2002 Ávila fue subsecretario de Gobierno del estado de México, y en 2003 fue electo presidente municipal de Ecatepec por primera ocasión en el periodo 2003. Montiel gobernaba entonces la entidad.

A buen entendedor, pocas palabras. Más allá de reivindicar la figura y trayectoria del hijo de Atlacomulco, el escrito pretende meterse de lleno en la coyuntura. Sin ambigüedad, busca hacer explícitas las enormes coincidencias que Eruviel Ávila y Arturo Montiel tienen. Según el ex gobernador, ambos son producto de la cultura del trabajo y del esfuerzo; han sabido recuperar espacios políticos que el PRI había perdido, y los dos comenzaron en el tricolor desde abajo.

El libro muestra el relevante papel que Montiel tuvo en el encumbramiento de Enrique Peña Nieto. Comienza contando que la relación suya con Peña Nieto tiene muchos años, y que los unen viejos lazos de amistad personal, surgidos, en mucho, del agradecimiento del padre del hoy gobernador mexiquense a Montiel porque éste le salvó la vida en un accidente automovilístico pocos días antes de casarse.

Montiel menciona que Peña Nieto participó en el área de finanzas de su equipo de campaña como candidato a gobernador, junto a Juan Monroy Pérez. No oculta que desempeñó un papel fundamental en la designación del copete boy como futuro mandatario mexiquense, al punto de que fue objeto de severas críticas e intentos de sanción del Instituto Estatal Electoral. Con modestia se adjudica el triunfo: “cumplí –dice– otro de mis objetivos: dejar la gubernatura en manos priístas”.

Arturo Montiel es generoso en los halagos a Elba Esther Gordillo, con quien, según diversas denuncias periodísticas, le unen importantes negocios. Asegura que siempre tuvo con ella una relación de respeto y cordialidad. Niega que haya sido víctima de la maestra y que ella lo hubiera utilizado en su pleito con Roberto Madrazo.

El ascenso político del ex gobernador fue obra, en buena parte, del entonces presidente Ernesto Zedillo. Montiel fue parte del comité nacional del PRI dirigido por Ignacio Pichardo Pagaza durante la campaña presidencial de Zedillo, dirigente estatal tricolor en territorio mexiquense y funcionario público del sucesor de Carlos Salinas.

Montiel reconoce el papel que el mandatario jugó para que pudiera acceder a la gubernatura de su estado. Aunque lo responsabiliza de desestabilizar la unidad del partido y debilitarlo, lo justifica en cada momento, explicando muchos de sus errores como acciones de buena fe.

Durante años, el escritor Germán Dehesa publicó un apéndice a su columna al que tituló ¿Qué tal durmió? Con harta frecuencia, el destinatario de su pregunta fue Arturo Montiel. Con el libro, Montiel parece querer librarse de las culpas que le impiden el sueño, pero sobre todo, y más importante, pretende, de manera impertinente, reclamar para sí una rebanada del pastel que los priístas esperan repartir a partir de 2012.

Seis desacuerdos entre la sociedad y el presidente

Sabina Berman



1.

La guerra del presidente ha sido contra los grandes criminales del país. Replica el nuevo movimiento civil: la guerra que necesitamos debiera ser por la seguridad de los ciudadanos.

La diferencia es semántica, como ha insistido en señalar el presidente a últimas fechas. Pero trasciende la semántica. Implica un cambio de objetivo para la guerra y por tanto pide una nueva estrategia. Una nueva estrategia con el énfasis no en matar criminales sino en impedir que los criminales dañen a la población civil.

Es asombroso, luego de billones de dólares gastados en esta guerra, no se ha creado un solo mecanismo de protección para los civiles.

2.

La seguridad de los ciudadanos será un corolario de la captura de los grandes capos, ha prometido el presidente. No es así, dicen los ciudadanos: El factor que determina la inseguridad actual es la ausencia de justicia.

O para parafrasear el documento que se leyó en el mitin recién ocurrido el 8 de mayo en la Plaza de la Constitución de la Ciudad de México: El Estado no puede seguir pretendiendo que el hecho de que el 98% de los crímenes del país quedan impunes, no es el factor determinante de la inseguridad.

Cuestión aritmética: 98 de cada 100 delincuentes pueden volver a delinquir. Cuestión probabilística: Si es casi seguro que un crimen no será castigado, la tentación de delinquir, cuando emerge en un civil, es casi imbatible. Cuestión moral: Cuando en una sociedad el daño al prójimo sistemáticamente no es castigado por la autoridad, la distinción entre el bien y el mal se desvanece.

Sin una regeneración del sistema de justicia, cualquier guerra contra el crimen será inservible.

3.

Los malos, ha explicado el presidente a un grupo de niños, el recién pasado Día del Niño, están ahí afuera y los estamos combatiendo los que gobernamos. Replica el movimiento ciudadano: Los malos están también adentro de las instituciones de gobierno.

Es consabido. Durante el siglo XX, en México los transgresores de la ley operaron con la anuencia, la cooperación y el beneficio de personas concretas que ocupaban puestos de autoridad del Estado. Recientemente, con el debilitamiento del autoritarismo, el equilibrio varió: Ahora los malos de afuera de las instituciones, ya sean los narcos o los señores del gran dinero, transgreden la ley ordenando a las “autoridades” las formas de su complicidad.

De ahí la exigencia del movimiento ciudadano de suspender los fueros entre los funcionarios y ejercer la justicia también entre ellos. ¿Cuántos gobernadores han sido juzgados por su cooperación o anuencia ante el crimen? ¿Cuántos alcaldes? ¿Cuántos congresistas o jueces? Ninguno. Ninguno. Ninguno.

4.

Esta guerra, ha dicho el presidente, es para limpiar a México de malhechores. Contesta el movimiento ciudadano que encabeza Javier Sicilia: Esta guerra donde mexicanos matan a mexicanos, es el síntoma de una enfermedad antigua y esparcida por la sociedad entera.

Una enfermedad que deriva de la impunidad. De la pobreza. De la desigualdad económica. De la falta de crecimiento económico y por tanto de oportunidades. De una educación inepta. De un bien común raquítico. Y del aislamiento de la sociedad civil de las decisiones públicas.

Así el Estado opere contra los síntomas de la enfermedad, debe atender sus causas profundas.

5.

Tengan paciencia y comprensión, ha pedido el presidente a los civiles. Los civiles replican luego de cuatro años de guerra: Basta ya de soluciones puramente balísticas donde somos el paisaje para los fuegos cruzados, las víctimas colaterales, los muertos anónimos que se cifran en números abstractos, los receptores mudos de spots, los votantes engañados por la propaganda de cada seis años.

La democracia no es tal sin que los civiles tengan a su disposición correas de transmisión con sus representantes. Por ello la exigencia de figuras como el referendo, las candidaturas independientes y la reelección de alcaldes y legisladores.

6.

Esta guerra se gana con metralletas, granadas y tanques, que destruyan al cabo de cinco o siete años al enemigo, ha dado a entender el presidente. Esta guerra, corrige el movimiento ciudadano, se gana construyendo otro país sobre los destrozos de aquel en que habitamos.

Consideremos este momento como el de una emergencia nacional, pide Javier Sicilia. Como él lo ha hecho con su tragedia personal, démosle sentido a los 40 mil muertos de esta guerra dejándonos invadir por la urgencia del cambio.