¡YA BASTA DE TANTA SANGRE!

06/05/2011

Caminar en silencio para gritar ¡ya basta de la guerra!

Pietro Ameglio
MÉXICO, D.F., 5 de mayo.- Caminar como expresión de una determinación moral y material, de la firmeza de un objetivo: no dejar pasar más la raya de la “frontera moral” nacional en lo inhumano y violento; caminar como sinónimo de un hartazgo y dolor ya insoportable ante una guerra civil (Montemayor dixit) que como sociedad civil nunca aprobamos.

Desde de finales del siglo pasado hay un vuelco radical en torno de la identidad de las bajas humanas en las guerras. En la Primera Guerra Mundial, por ejemplo, 15% de los muertos fueron civiles; en la Segunda, la cifra aumentó a 50%, y en la primera de Irak –la de 1991–, se elevó dramáticamente a 90%.

En las tres iniciativas que lanzó al país el pasado 13 de abril en el Zócalo de Cuernavaca, el poeta y activista no violento Javier Sicilia propone que nuestra sociedad civil asuma un mayor protagonismo para detener esta etapa de la guerra que nos atraviesa; su propósito es, lo antes posible, hacerla regredir al terreno de las soluciones no armadas.

Para lograrlo, es preciso seguir los consejos de Gandhi, quien dijo: “Por mucho tiempo pensamos que el poder venía sólo de las asambleas legislativas… (Pero) esta creencia es un grave error causado por la inercia o por una especie de hipnotismo. Un estudio superficial de la historia inglesa nos ha hecho pensar que todo el poder llega al pueblo por los parlamentos.

“La verdad radica en que el poder está en la gente y es confiado momentáneamente a quienes ella puede elegir como representantes propios. Los parlamentos no tienen ningún poder y ni siquiera existencia independientemente del pueblo. Convencer al pueblo de esta sencilla verdad ha sido mi tarea en los últimos 21 años. La desobediencia civil es el depósito del poder.”

Es claro que la suma mecánica de estas acciones no constituye una estrategia para detener tanta violencia en el país. Nos toca enriquecer las acciones entre sectores de la sociedad cada vez más amplios; es un punto táctico en la acumulación de fuerza moral y material para frenar la impunidad e inhumanidad que priva en el país.

La primera acción propuesta es comenzar a darle nombre e identidad a los muertos y desaparecidos durante esta guerra; ir construyendo una memoria viva y activa desde abajo para que esos muertos dejen de ser anónimos, culpabilizados, o se reduzcan a la simple estadística de los “daños colaterales”. Lo deseable es que se sepa a nivel masivo cómo murieron y se les haga justicia.

Así, la tarea de llenar las plazas y lugares públicos simbólicos con placas e historias de esos jóvenes (que son la mayoría de las víctimas), niños, ancianos, hombres y mujeres a lo largo del país, es sólo un primer paso. El segundo consiste en una marcha-caminata de cuatro días (que se realizará del jueves 5 al domingo 8) al corazón de la nación mexicana, al centro de sus poderes: al Zócalo-Tenochtitlan.

Caminatas largas y simbólicas ha habido muchas: la de la sal de Gandhi en la India; la de los comunistas en China; la del millón de Martin Luther King; la del líder chicano César Chávez a Sacramento; la de la Minga colombiana; la de la Dignidad del doctor Salvador Nava; la del Color de la Tierra de los zapatistas… No se trata sólo de una marcha de Cuernavaca al Distrito Federal, sino de movilizaciones y acciones paralelas no violentas en muchas ciudades del país y el mundo, que ayuden a crear una gran presión social.

La movilización a la que convocó Sicilia es importante para crear un estado de agitación y reflexión colectiva continua durante esos días en todos los rincones del país. El propósito es que, como bola de nieve social, contribuya a ampliar una gran columna de la protesta y propuesta nacional que avance desde Cuernavaca; que, como una marea de la dignidad y la firmeza de la sociedad civil nacional, bajo el lema “Estamos hasta la madre. ¡Alto a la guerra! Por un México justo y en paz”, en otros puntos de nuestro territorio también haya actividades.

Cada día de marcha se irá corriendo la voz en todos los rincones del país: “Ahí va la ‘bola’ hacia el DF”, similar a la expectativa que generó la marcha gandhiana de la sal; en la medida en que avanzaban los días en la India, la gente decía: “Ya están cerca, qué pasó hoy… En esta ocasión será un levantamiento nacional de la indignación moral.

A partir del asesinato de Juan Francisco Sicilia Ortega y sus amigos, la sociedad civil está pasando del terreno de la solidaridad al de la lucha, pues los cuerpos están en una situación distinta, ya que todos hemos podido visualizar más de cerca nuestra propia vulnerabilidad. Se “tocó” a la clase media, y entonces la gran determinación de ese cuerpo agredido hizo que ésta y los demás sectores salieran masivamente a la calle, sobre un piso de gran hartazgo social.

La muerte de estos jóvenes significó la acumulación de las 40 mil muertes que permanecían en el silencio, la amenaza, la vergüenza y el terror. Esta convocatoria significó la ruptura de ese terror y la posibilidad de que el dolor social se hiciera acción colectiva.

Javier Sicilia ha insistido también en que sea una marcha-caminata de silencio. El silencio es un arma moral y no violenta que habla; no es el “silencio de los sepulcros”, sino el grito de indignación de los vivos que luchan para que no haya más sepulcros inútiles. No se trata de un silencio pasmado, aterrado, sino activo, de lucha. Es un silencio incluyente que une, que ayuda a escuchar y organizarnos, a tomar conciencia de la catástrofe o emergencia nacional en que nos hallamos, una señal de luto por el piso de sangre de 40 mil muertos sobre el que todos caminamos en México. Un ejemplo reciente en nuestra historia de un silencio combativo y esperanzador es el de las comunidades indígenas autónomas chiapanecas desde 2003.

A este silencio va unida otra idea central: la búsqueda de la verdad. Gandhi llamaba a la no violencia justamente “la fuerza de la verdad” y eso es lo que gran parte de la sociedad mexicana está buscando: saber la verdad. ¿Por qué hay 40 mil muertos, 10 mil huérfanos y 250 mil desplazados sólo en Juárez, miles de desaparecidos, y el gobierno habla de paz? ¿Quiénes son los asesinos de los cuatro jóvenes de Cuernavaca, de los seis miembros de la familia Reyes, de Marisela Escobedo y de Susana Chávez; de los 16 jóvenes en Salvárcar, Chihuahua; de Betty Cariño y de Jiri Jaakkola; de los 48 niños de la guardería ABC de Hermosillo, Sonora?

¿Por qué se destinan seis veces más fondos a la guerra que al combate a la pobreza, si hay 8 millones de jóvenes que no pueden estudiar ni trabajar? ¿Por qué no se ha enfrentado seriamente el lavado de dinero y la autonomía del Poder Judicial?

A lo largo de la historia las masas siempre han tenido la capacidad de identificar símbolos, así como objetivos claros y sencillos a corto plazo. Dos símbolos clásicos de grandes marchas han sido la de la sal en la India (marzo 1930) y la del Color de la Tierra emprendida por los zapatistas (2001). En estos momentos el símbolo es otro: los muertos y desaparecidos. Iremos a la marcha con los nombres de los muertos y desaparecidos de cada estado, con sus fotos, para “visibilizarlos”. Marcharemos juntos vivos y “muertos” para exigir paz, verdad, con justicia y dignidad.

Pero también es importante no autoengañarnos ni crear falsas ilusiones, o reforzar un mesianismo que todos sabemos que no lleva más que a caciquismos y caudillismos estériles y aun violentos. Con estas acciones no se va a detener la guerra en el corto o mediano plazo, pero sí se va a ir, como bien señala Javier Sicilia, “reconstruyendo el piso de la nación, que está totalmente desgarrado por tanta violencia, en un estado de emergencia nacional”, sobre el cual se podrán situar todas las demás demandas sociales.

Sin embargo, este nuevo ¡Ya basta! civil y pacífico tiene como desafío irse transformando en algo organizado y estratégico, que no puede depender de la iniciativa, como en parte hasta ahora, de una o varias figuras centrales con alta acumulación moral pública. Lograr esta articulación y suma organizada positivamente, con pluralismo, respeto, libertad y creatividad, será la posibilidad de pasar de una etapa de movilización a una de movimiento social.

El paso final de esta etapa de lucha civil y pacífica será construir una especie de “pacto”, como sostienen muchos, primeramente entre la sociedad civil, y luego con las otras fuerzas sociales del país, con una serie de pocas y muy concretas acciones básicas sobre la seguridad, economía, justicia…, que hay que asegurarse sean cumplidas por los responsables. El pacto nace de la crisis del modelo de representatividad política, donde la clase política no representa ni escucha a nadie.

Estamos ante un parteaguas en nuestra historia actual, la foto de la disyuntiva es: por un lado, el sistema trata de imponer la ley de seguridad nacional que atenta contra toda forma de los derechos humanos y militariza más al país; por el otro, estas movilizaciones masivas civiles y no violentas por la paz con justicia. Guerra o paz.

Por eso hay que marchar ¡ya! Es hora de levantar la voz y el cuerpo, unirnos en un ¡Alto a la guerra en México!



“La Ley de Seguridad Nacional convertía al frágil Estado de derecho en dictadura”



Mario Casasús

Clarín de Chile/Rebelión





En entrevista con Clarín.cl Eduardo Gallo, habla desde la Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad: “No podemos pensar todo el tiempo en términos de guerra y muertes, tenemos que pensar en un país diferente, en un país de paz, de construcción y desarrollo”. Junto a Javier Sicilia, Emilio Álvarez Icaza, Julián Le Barón y otros activistas por los derechos humanos, lograron frenar la Ley de Seguridad Nacional: “Lo que buscaba el PRI era legalizar la actuación del Ejército en labores de policía que no le competen, para darle una serie de facultades y privilegios. Era una Ley que convertía al frágil Estado de derecho en Estado dictatorial”

El 9 de julio de 2000, su hija Paola Gallo (de 25 años) fue secuestrada en el poblado de Tepoztlán (Morelos), una década después, don Eduardo aporta la experiencia para no cometer los mismo errores: “Las marchas anteriores –de 2004 y 2008- se quedaron en eso, en marchas; no prosperaron como movimientos sociales, sólo se logró subir a la agenda nacional el tema de la inseguridad. Por otro lado se hicieron pactos que no se cumplieron, porque fueron imposiciones disfrazadas de pactos, de tal suerte que la Secretaría de Seguridad Pública Federal diseñó los diferentes puntos del clausulado y cuando recolectó las firmas nadie se sintió comprometido, el gobierno federal incumplió parte de los acuerdos que ellos habían redactado y otros se sintieron con la libertad de incumplir, se multiplicó el incumplimiento y los perjudicados fuimos nosotros, la ciudadanía”.

MC.- ¿Por qué decidió acompañar al poeta Javier Sicilia en la Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad?

EG.- Tenemos amigos en común Javier Sicilia y yo, teníamos cierta cercanía desde hace tiempo, hemos dialogado, yo ya pasé por la tragedia de perder a una hija –secuestrada y asesinada-, así que tengo una experiencia en el manejo del dolor y sé lo que Javier estaba enfrentando, por esa razón decidí acercarme e involucrarme en la Marcha Nacional; mientras avanzamos en la discusión encontramos coincidencias –tal vez tenemos diferencias en temas de apreciación-, desde hace un año vengo criticando la pésima estrategia de la guerra contra el narcotráfico, en cada evento al que fui invitado para dialogar con el presidente Felipe Calderón dije que la violencia se detona a partir de la propia violencia del Estado, si bien es cierto que los delincuentes son violentos, sus crímenes: asesinatos y secuestros los incrementan en función de las circunstancias del fracaso y corrupción del gobierno federal, estamos cayendo en un círculo vicioso y han sido asesinadas 40,000 personas en lo que va del sexenio de Calderón.

MC.- ¿Qué otros temas están debatiendo con Javier Sicilia, con la familia Reyes y con Julián Le Barón?

EG.- Hemos conversado de otros temas fundamentales, que van quedándose rezagados en nuestro país, cada vez son más agudos los problemas de educación, cada vez es más difícil para los jóvenes conseguir un empleo, cada vez salen peor preparados de las escuelas, cada vez los salarios son menos dignos, cada vez nuestra democracia está más amenazada por los partidos políticos y no se toman en cuenta a los ciudadanos; hemos conversado y analizado hasta llegar al consenso de que si teníamos puntos de acuerdo teníamos que navegar en el mar de coincidencias para tratar de encontrar a otras personas con las que compartamos preocupaciones y puntos.

MC.- ¿Por qué encontraron en un poeta al mejor interlocutor para multiplicar las voces de las víctimas?

EG.- Javier Sicilia se expresa a base de simbolismos que te dan una comprensión profunda y sensible del tema, yo soy más técnico con el lenguaje legal, él está enviando un gran mensaje, devolviéndole la dignidad a la palabra, se despertó un movimiento hacia la conciencia. Muchos intentamos despertar la conciencia del país, pero desde aspectos legales, con frases fuertes, con cifras e indicadores del contexto, pero los poetas lo expresan de otra manera y el pueblo lo percibe muy bien, eso es lo que importa.

MC.- ¿Qué experiencias aportará para no cometer los errores de otras marchas por la paz y las fallas de la ONG donde usted trabajó?

EG.- Tenemos que prestar atención a muchos aspectos, las marchas anteriores –de 2004 y 2008- se quedaron en eso, en marchas; no prosperaron como movimientos sociales, sólo se logró subir a la agenda nacional el tema de la inseguridad. Por otro lado se hicieron pactos que no se cumplieron, porque fueron imposiciones disfrazadas de pactos, de tal suerte que la Secretaría de Seguridad Pública Federal diseñó los diferentes puntos del clausulado y cuando recolectó las firmas nadie se sintió comprometido, el gobierno federal incumplió parte de los acuerdos que ellos habían redactado y otros se sintieron con la libertad de incumplir, se multiplicó el incumplimiento y los perjudicados fuimos nosotros, la ciudadanía. No vimos en su momento que el Pacto de Felipe Calderón era una imposición, ya tenemos esa experiencia, ya vimos cómo actúan para bloquearnos el gobierno inventa 29 comités y te invitan a 25 comités para programarte 3 reuniones al día, para atiborrarte y no digas que no se hace nada para combatir la inseguridad.

El gobierno federal y las administraciones locales intentan cooptar a cada ONG, recuerdo que en el 2004 decían: “vengan a Veracruz para que vean cómo solucionamos la inseguridad, les enviaré un avión privado”, yo nunca abordé un avión de ningún gobierno, pero otras organizaciones sí los tomaron, sí viajaban en el avión del gobernador y los hacían sentir útiles, mediante la cooptación. Ahora podemos distinguir a las organizaciones serviles y a las organizaciones civiles que no se dejan cooptar, yo siempre digo lo que pienso y sabemos quiénes por compromiso no dicen las cosas, para seguir quedando bien con el gobierno. Es bueno saber quién es quién, porque tienes la certeza de construir con los que sí participan y no tienen compromisos con los gobernantes, es bueno conocer las áreas de especialización de las organizaciones con las que sí puedes colaborar.

MC.- ¿Debemos tomar en cuenta a las autoridades omisas?, lo pregunto porque el gobernador Marco Adame Castillo dijo que adhería al Pacto de Javier Sicilia, omitiendo que el poeta exige la renuncia del gobernador y alcalde por incompetentes…

EG.- Algunos panistas no saben de lo que están hablando, tú decías que el gobernador se suma al Pacto Nacional convocado por Javier Sicilia y los políticos afirman: “estamos de acuerdo con lo que la ciudadanía plantea”, entonces: ¿están de acuerdo que sus gobiernos no sirven? (risas); salen con discursos tratando de quedar bien, pero si analizas lo que dicen los políticos piensas: “este burro no rebuznó porque no se sabía la tonada” (risas). Eso pasa con mucha frecuencia, sobre todo en gobiernos locales.

MC.- ¿Cuáles eran las observaciones puntuales que hicieron -Javier Sicilia y usted- a la Ley de Seguridad Nacional?

EG.- La Ley de Seguridad Nacional lo que buscaba era legalizar la actuación del Ejército en labores de policía que no le competen, para darle una serie de facultades y privilegios. No podemos legalizar lo ilegal, no podemos pensar todo el tiempo en términos de guerra y muertes, tenemos que pensar en un país diferente, en un país de paz, de construcción y desarrollo. Nadie asumía la responsabilidad del documento legislativo que circulaba, el Senado envió una iniciativa a la Cámara de Diputados en junio de 2010, ahí se asignó a 5 comisiones: Derechos Humanos, Seguridad, Justicia, Defensa Nacional y la de Gobernabilidad, las comisiones legislativas de Derechos Humanos, Justicia y Seguridad se deslindaron de dictaminar, declinaron –pero para declinar tienen 5 días hábiles, no 11 meses.

Fuimos a ver a los diputados de la Comisión de Defensa Nacional que no habían dicho nada, “nosotros no conocemos el proyecto de Ley de Seguridad Nacional”, tuvimos que regalarles las fotocopias del documento con la Ley de Seguridad Nacional, era demasiada ignorancia, así que al día siguiente en una reunión les expliqué: “el proyecto de Ley de Seguridad Nacional lo está elaborando el diputado del PRI Alfonso Navarrete Prida, que es el presidente de la Comisión de Presupuesto que nada tiene que ver con esto y los que están declinando son diputados del PRI del Estado de México y los 3 trabajan para el gobernador Enrique Peña Nieto”, no legislan para la ciudadanía, sólo les interesan los temas electorales y jaloneos partidistas, así que propusimos discutir la parte técnica, para iniciar no es posible legalizar las nuevas funciones del Ejército: entrar a las casas sin orden de cateo emitida por un Juez, la intervención de comunicaciones telefónicas y mucho menos es posible que el Presidente de la República declare “estado de excepción” sin ningún límite, que no comparta la responsabilidad con otro poder de la unión, el Ejército no es una ficha de dominó que se mueve al capricho del presidente, el Ejército no está previsto -en la Constitución de la República- que haga patrullajes policíacos. La Ley de Seguridad Nacional pretendía atropellar los derechos humanos por el hecho de la sospecha, les permitía retenerte y detenerte sin orden judicial, se hablaba de una Fuerza Militar permanente, pero los derechos humanos no están sujetos a negociación.

MC.- ¿Era una “Ley Patriótica” al estilo George Bush?, ¿el PRI asumió la paternidad de la Ley de Seguridad Nacional?

EG.- Era una Ley que convertía al frágil Estado de derecho en Estado dictatorial; no asumieron la paternidad intelectual de la Ley de Seguridad Nacional, la diputada del PRI Claudia Ruiz Massieu dijo que sí se tenía que discutir la Ley para aprobarla a como diera lugar, cuando lo analizas objetivamente resulta que si Peña Nieto lograba que se aprobara la Ley de Seguridad Nacional tendría los favores del Ejército y podría gobernar tranquilamente, convirtiéndose en un dictador con el apoyo de las Fuerzas Armadas. Pero al regresar la iniciativa al Senado, Manlio Fabio Beltrones hubiera tenido que cargar con el peso de la negociación con el Ejército, quedando mal ante las Fuerzas Armadas en sus aspiraciones presidenciales. A los legisladores les quedó claro que nosotros entendimos lo que pretendían hacer, en el PRI querían congratularse con el Ejército y logramos frenar -por el momento- la Ley de Seguridad Nacional.

MC.- El epicentro de la violencia parece ser Ciudad Juárez, por las desaparecidas, los levantones y escuadrones de la muerte, ¿cuál es el simbolismo al trasladar la Marcha Nacional desde Cuernavaca a Ciudad Juárez para convocar un Pacto Nacional?

EG.- No quisiera ver a Ciudad Juárez como el epicentro de la violencia, porque ya no existiría; pero sin duda es la ciudad que individualmente ha sufrido los mayores embates de la inseguridad, de la impunidad, de la corrupción, por eso, porque las personas que habitan Ciudad Juárez han pagado un precio demasiado alto por seguir viviendo ahí, tenemos que darle un reconocimiento a la ciudad y mover las conciencias para exigir que no vuelva a suceder nunca más.

MC.- La Marcha Nacional por la Paz con Justicia y Dignidad ha contado con una gran cobertura mediática, vemos a teleSUR, CNN, Univisión, Telemundo y a los corresponsales de la prensa escrita, ¿han iniciado el contacto con organismos internacionales de derechos humanos?,

EG.- Déjame apuntar algo, tenemos cobertura de los medios internacionales, pero prácticamente parecía que el tema de la Marcha Nacional estaba vetado, prácticamente no salió en Televisa o TV Azteca, sólo algunas menciones en Milenio Televisión. A veces les funciona al revés, hemos dicho ellos pueden tener el control de los medios, pero nosotros tenemos las redes sociales, finalmente la convocatoria a la Marcha Nacional –en 37 ciudades del país y 14 en el extranjero- se difundió a través de las redes sociales. Demostramos que a pesar de que ellos decidan que no, podemos darle la vuelta. Mario, me preguntaste sobre organismos de derechos humanos a nivel internacional, te diría que no hemos tenido tiempo para contactarlos, la verdad es que la velocidad aquí es impresionante.

Por razones anteriores yo sí he tenido oportunidad de conversar con expertos mexicanos en derechos humanos que trabajan en Tribunales Internacionales, incluso cuando yo trabajaba en una ONG planteé la conveniencia de consultar la opinión de los expertos para conocer si teníamos posibilidades de recurrir a instancias internacionales para parar el baño de sangre, pero veíamos que la respuesta en los organismos internacionales es muy lenta, se tienen que reunir elementos y transcurrir un año antes de que admitan una queja y probablemente pasarán dos años antes de que existan una resolución de la Corte Interamericana de Derechos Humanos; analizamos la posibilidad de recurrir al Parlamento Europeo, donde el trámite es más rápido y el efecto es que se suspende el Tratado de Libre Comercio con la Unión Europea, estudiaremos cómo lograr una condena y la reparación del daño, no lo descarto, lo analizaremos el próximo mes para aprender a sumar.

MC.- Finalmente, ¿los caminantes y dolientes de la Marcha Nacional serían los cimientos de una Comisión de la Verdad?

EG.- Nos interesa saben quiénes eran las víctimas y por qué murieron; para el gobierno es muy fácil catalogarlos como “daños colaterales” o decir: “son homicidios vinculados a la delincuencia organizada”, pero eso no los hace delincuencia, no sólo el crimen organizado tiene armas de alto poder, también están armados los dueños de fundos y ejidatarios, así que cabe la posibilidad de homicidios por conflictos de tierras u homicidios sentimentales, pero las autoridades no están investigando, recurren a la “patente del crimen organizado”. Tenemos que identificar a las víctimas, sus historias, sus nombres y apellidos, identificar quién los asesinó y el móvil, los supuestos mensajes del narcotráfico pueden ser para desviar la atención, vamos aclarando todos los puntos.

El 8 de mayo

ELENA PONIATOWSKA

Somos muchos los que esperamos la marcha del día 8, somos muchos para quienes el día 8 es una esperanza, somos muchos quienes queremos caminar al lado de Javier Sicilia, el sobreviviente, el que sabe que nuestros muertos alimentan las obras de los hombres.

Somos muchos los que creemos a pie juntillas que nuestros muertos, los jóvenes ejecutados en cada esquina de Morelos, de Chihuahua, de Guerrero, de Sonora, del Distrito Federal, de Sinaloa, de Nuevo León, son quienes nos echan a andar. De Hermosillo son los niños quemados y sus padres que marchan con las carriolas vacías; México vive una gran calamidad, México vive al borde del precipicio, los mexicanos vivimos abusos, somos amenazados, ultrajados, asesinados y sepultados por una guerra hipócrita y estúpida, como la califica Jaime Avilés, sepultados bajo más de 18 millones de armas.

Durante el terremoto de 1985, la sociedad, los mexicanos de la calle, los de todos los días tomaron el mando. Mientras el regente Ramón Aguirre llegaba con los ojos desorbitados al lugar del siniestro, ya los voluntarios habían vaciado las tlapalerías y sacaban de los escombros a niños, hombres, mujeres y ancianos. Solos, los mexicanos habían iniciado el rescate de sus compadres, sus amigos, sus vecinos, sus conocidos y sus desconocidos.

Las señoras del mercado cerraron sus puestos y llegaban a los edificios caídos a regalar grandes ollas de arroz que cargaban sobre su cabeza. “Ven m’hijo, ven a comer”. A pesar del horror, el espectáculo conmovía. Entre los voluntarios conocí a alguien cuya capacidad organizativa me llenó de admiración: Gustavo Esteva. Sus órdenes eran claras, todos lo consultábamos, él sabía qué hacer y cómo hacerlo. El sufrimiento vibraba en cada poro, en cada escombro, pero ver actuar a los voluntarios era una lección de vida.



El poeta Javier Sicilia en la Marcha por la Paz con Justicia y Dignidad, la cual se dirige al Zócalo capitalino por la autopista Cuernavaca-MéxicoFoto Francisco Olvera

Desde el primer instante, Miguel de la Madrid ordenó la vuelta a la normalidad. En diciembre, cuatro meses después, aunque mucha gente seguía durmiendo en la calle, el impulso había disminuido, y le pregunté a Gustavo Esteva por qué, y por que todos los lugares siniestrados estaban vigilados por el Ejército. Porque al gobierno no le conviene que nos organicemos –respondió.

Ahora, en torno a la tragedia que Javier Sicilia ha sabido convertir en combate, como en su tiempo lo hizo Rosario Ibarra de Piedra, tenemos una nueva oportunidad. ¡La imaginación al poder!, dijeron los estudiantes en 1968, como también dijeron que bajo los adoquines estaba la playa. Somos un mar, no de agua salada, sino de creatividad que ha sido reprimida; un mar de soluciones personales porque si nos dan la oportunidad sabremos cómo actuar, no sólo en el momento del desastre, como en 1985, sino ahora mismo, cuando vivimos en estado de guerra. Somos un mar de amor hermoso y grande, como escribió Rosario Castellanos.

Ojalá y sepamos reunirnos, regenerarnos, responsabilizarnos a futuro; ojalá el eco de las voces que han sido silenciadas estalle como fuegos de artificio, la de los niños maltratados, la de los indígenas y la de Durito; la de las mujeres, la de los condenados, la de las víctimas de la guerra contra el crimen organizado. Ojalá podamos repetir una y otra vez que ya no podemos vivir los unos sin los otros.

Ojalá y esta atmósfera de esperanza que produce el solo anuncio de la marcha nos haga abrir grande la ventana a la propuesta de Rius hace meses: NO + SANGRE, y ahora a la de Sicilia, que en vez de encerrarse con su dolor da la máxima prueba de civilidad: la de la entrega.